El modelo que no debía mirar
La empresa Blackwood International era una de las compañías de moda más prestigiosas del país.
Tenía diseñadores reconocidos, fotógrafos famosos y modelos que aparecían constantemente en revistas y campañas internacionales.
Pero había un modelo que destacaba sobre todos los demás.
Alexander Black.
Tenía veintiocho años.
Medía casi un metro noventa y cinco, tenía hombros anchos, brazos musculosos y una presencia que hacía que prácticamente todos voltearan a mirarlo cuando caminaba por los pasillos.
Era el rostro principal de varias campañas de la empresa.
También era millonario.
Hijo del dueño de Blackwood International.
Y, para muchas personas, el hombre perfecto.
Pero Alexander no estaba interesado en ninguna de las personas que constantemente intentaban acercarse a él.
Hasta que conoció a alguien que ni siquiera parecía saber que él existía.
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Ethan Rivera, de veinticinco años, trabajaba como fotógrafo en la empresa.
Su vida era bastante sencilla.
Vivía en un departamento pequeño pero agradable, tenía un auto usado y podía permitirse una vida cómoda gracias a su trabajo.
No era millonario.
Tampoco quería serlo.
Para Ethan, tener tranquilidad era mucho más importante que tener una mansión.
Además, había una razón por la que ya no buscaba relaciones.
Su antiguo novio le había roto el corazón.
Después de aquella experiencia, Ethan había decidido no volver a confiar fácilmente en ningún hombre.
No importaba si era rico.
Guapo.
Famoso.
O aparentemente perfecto.
Para Ethan, todos podían terminar haciéndote daño.
Por eso prefería mantenerse al margen.
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Aquella mañana, Ethan entró al estudio fotográfico cargando dos cámaras.
—Buenos días.
—¡Ethan! —gritó una de las encargadas—. Llegas justo a tiempo.
—¿Qué pasó?
—Necesitamos que hagas la sesión de Alexander.
Ethan dejó su mochila sobre una mesa.
—¿Alexander Black?
—Sí.
Ethan hizo una pequeña mueca.
—¿No puede hacerlo otro fotógrafo?
—No. Tú eres el mejor para este tipo de campaña.
Ethan suspiró.
—Está bien.
Tomó su cámara y se dirigió al estudio.
Al entrar, comenzó a revisar las luces.
Entonces escuchó varias voces detrás de él.
—¡Ya llegó Alexander!
Ethan continuó trabajando.
No le interesaba.
Hasta que una sombra enorme apareció frente a él.
—¿Tú eres el fotógrafo?
Ethan levantó la mirada.
Y por primera vez vio a Alexander Black de cerca.
Era incluso más impresionante que en las fotografías.
Alto.
Musculoso.
Elegante.
Su cabello oscuro estaba ligeramente despeinado y sus ojos tenían una expresión segura.
Ethan lo observó durante unos segundos.
Luego bajó la cámara.
—Sí.
Alexander sonrió.
—Soy Alexander.
—Lo sé.
—¿No vas a presentarte?
—Ethan.
—Encantado.
—Igualmente.
Alexander esperó.
Ethan no dijo nada más.
—¿Eso es todo?
Ethan levantó una ceja.
—¿Qué esperabas?
Alexander soltó una pequeña risa.
—Nada.
Pero por alguna razón...
Esa respuesta le había gustado.
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La sesión comenzó.
—Ponte ahí.
Alexander obedeció.
—Mira hacia la izquierda.
Click.
—Ahora hacia mí.
Alexander levantó la mirada.
Click.
—Sonríe.
Alexander sonrió.
Ethan revisó la fotografía.
—No.
Alexander frunció el ceño.
—¿No?
—Esa sonrisa se ve falsa.
El estudio quedó en silencio.
Todos miraron a Ethan.
Nadie solía hablarle así a Alexander.
Pero Ethan simplemente continuó revisando su cámara.
Alexander, en cambio, sonrió de verdad.
—¿Y qué quieres que haga?
Ethan levantó la mirada.
—Nada.
—¿Nada?
—Solo mírame.
Alexander obedeció.
Durante unos segundos, sus ojos se encontraron.
Ethan levantó lentamente la cámara.
Click.
La fotografía quedó perfecta.
Alexander no apartó la mirada.
—¿Ya?
—Sí.
—¿Puedo verla?
Ethan le mostró la pantalla.
Alexander observó la fotografía.
Luego miró a Ethan.
—Me gusta.
—Es solo una foto.
—No.
Alexander sonrió.
—Creo que es la primera vez que alguien consigue que parezca una persona normal.
Ethan soltó una pequeña risa.
—No exageres.
Pero Alexander se quedó mirándolo.
Aquella pequeña sonrisa...
Era hermosa.
Y, sin saber por qué, quiso verla otra vez.
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Después de la sesión, Ethan comenzó a guardar sus cámaras.
Alexander seguía allí.
—¿Necesitas algo?
—No.
—Entonces, ¿por qué sigues aquí?
Alexander se quedó pensando.
La verdad era que no tenía ninguna razón.
Simplemente quería seguir hablando con él.
—Me gusta cómo trabajas.
Ethan asintió.
—Gracias.
—¿Siempre eres tan serio?
—Casi siempre.
—¿Y conmigo?
—Especialmente contigo.
Alexander soltó una carcajada.
—Vaya.
Ethan se colocó la mochila al hombro.
—Tengo que irme.
—¿Ya?
—Sí.
—¿Puedo acompañarte?
Ethan lo miró con sospecha.
—¿Por qué?
Alexander sonrió.
—Porque quiero conocerte.
Ethan negó con la cabeza.
—Mala idea.
—¿Por qué?
—Porque no estoy buscando nada.
Alexander se quedó en silencio.
Ethan caminó hacia la salida.
—Buenas noches, Alexander.
—Buenas noches, Ethan.
Cuando Ethan desapareció por la puerta, Alexander siguió mirando el lugar por donde se había ido.
Uno de sus compañeros se acercó.
—¿Qué te pasa?
Alexander respondió sin apartar la mirada.
—Creo que me gusta.
—¿Quién?
Alexander sonrió.
—El fotógrafo.
Su compañero abrió los ojos.
—¿Ethan?
—Sí.
—Pero acabas de conocerlo.
Alexander tomó su chaqueta.
—Lo sé.
—¿Y qué vas a hacer?
Alexander sonrió.
—Conocerlo.
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Esa noche, Ethan llegó a su departamento.
Dejó las llaves sobre la mesa y se quitó los zapatos.
Se preparó algo de comer y se sentó frente al televisor.
Intentó distraerse.
Pero su mente seguía regresando a la sesión.
A Alexander.
A sus ojos.
A aquella sonrisa.
Ethan negó con la cabeza.
—No.
Se levantó rápidamente.
—Ni pensarlo.
No volvería a cometer el mismo error.
No volvería a enamorarse.
No importaba lo atractivo que fuera Alexander.
No importaba cuánto dinero tuviera.
No importaba que pareciera diferente.
Ethan había aprendido que las apariencias podían engañar.
Así que tomó una decisión.
Mantendría a Alexander lejos de su corazón.
Lo que Ethan no sabía era que Alexander acababa de tomar una decisión completamente diferente.
Conseguiría entrar en él.








