Chapter
El sonido del teléfono al vibrar contra la mesa de noche rompió el silencio de la habitación.
Jimin ni siquiera tuvo que mirar la pantalla, ya sabía quién era, solo una persona le escribía con esa urgencia a esas horas de la noche.
Estiró el brazo perezosamente, sus dedos rozando la madera fría antes de encontrar el aparato.
—¿Llegaste? —leyó en voz alta con una sonrisa, dejando al descubierto sus colmillos superiores, apenas más grandes y un poco más afilados que los de cualquier otra persona.
No eran monstruosos, solo distintos; una peculiaridad que Jungkook adoraba.
Jimin se incorporó en la cama, la sábana resbalando por su cuerpo, su piel pálida contrastaba con el cabello castaño desordenado.
Se estiró como un gato arqueando la espalda, haciendo que sus grandes tetas se movieran bajo la tela fina de su camiseta.
Tecleó una respuesta rápida con el pulgar.
“Sí, sube de una vez.”
No pasaron ni dos minutos cuando escuchó el suave golpe en la puerta.
Jimin se levantó sintiendo el aire fresco en sus muslos gorditos que asomaban por debajo de la camiseta de dormir, no llevaba nada más.
Abrió la puerta y ahí estaba Jungkook con el cabello oscuro cayéndole sobre la frente y el cuerpo marcado bajo una camiseta blanca.
—Hola, bonito —dijo él, su voz un susurro ronco mientras sus ojos viajaban directamente a sus labios, buscando ya el destello de sus colmillos.
—Hola, insoportable —respondió Jimin, dando un paso a un lado para dejarlo pasar. —Son las doce de la noche, ¿sabes?
—No podía dormir —Jungkook cerró la puerta tras de sí con un movimiento suave del pie, sin apartar la mirada de él. —Me pasé todo el día pensando en anoche, no podía concentrarme en nada.
Jimin soltó una pequeña carcajada, un sonido suave que llenó el pequeño apartamento.
Caminó hacia la cocina, balanceando sus caderas; Jungkook lo siguió, sus ojos clavados en cómo sus nalgas redondas se movían bajo la tela.
—¿Quieres agua o algo? —preguntó, abriendo el refrigerador, la luz fría iluminó su figura, dejando ver la silueta de sus pezones duros contra la camiseta.
—Sí —dijo él, parándose justo detrás de Jimin, pegó su cuerpo, su pecho firme contra su espalda.
Jimin sintió la presión inconfundible de su verga ya medio dura contra la curva de su trasero. —Pero no agua.— dijo Jungkook.
Jimin cerró el refrigerador y se giró, quedando atrapado entre la encimera fría y el cuerpo caliente de él, levantó la barbilla y lo miró, sus colmillos brillaron tenuemente bajo la luz amarillenta de la cocina.
Jungkook gimió bajito, un sonido que venía directo de su garganta.
—Ahí están —murmuró, levantando una mano para acariciar su labio inferior con el pulgar, lo presionó un poco sintiendo la punta del colmillo. —Joder, me vuelven loco.
—Eres un rarito —susurró Jimin, pero sus ojos delataban la excitación que le producía esa adoración.
—Seré un rarito, pero tú eres él que me va a hacer una mamada con ellos —dijo sin rodeos con la voz cargada de necesidad.
El aire en la cocina se volvió pesado.
Jimin no dijo nada; simplemente apoyó las palmas de sus manos en el pecho de él y lo empujó con suavidad, guiándolo hacia la sala de estar.
Jungkook se dejó llevar, caminando hacia atrás hasta que sus piernas chocaron con el sofá y se dejó caer, con las rodillas abiertas y la verga marcando una tienda de campaña obscena en sus pantalones de chándal.
—Sácala —ordenó el castaño, su voz un murmullo caliente.
Jungkook obedeció al instante, sus dedos bajaron la cintura elástica y liberaron su verga, era grande, gruesa, con una vena pronunciada que latía visiblemente en el lateral, la punta rojiza e hinchada ya brillaba con una gota de líquido preseminal. La agarró por la base, ofreciéndosela.
—Ven aquí —dijo Jungkook.
Jimin negó con la cabeza, un mechón de cabello cayendo sobre su ojo. Se arrodilló lentamente en la alfombra mullida, justo entre sus piernas.
La posición hacía que sus muslos gorditos se expandieran, pálidos y suaves.
Jungkook se relamió los labios, viendo el espectáculo.
Jimin juntó sus grandes tetas con los brazos, presionándolas y soltándolas, un gesto involuntario que a Jungkook lo hizo gemir.
—Mira nada más esa puta verga —susurró Jimin acercando su rostro, su aliento caliente chocó contra la piel sensible. Usaba ese lenguaje sin filtro porque sabía que a Jungkook lo destrozaba. Tomó la base con una mano, sus dedos apenas rodeándola por completo y la mantuvo firme. —Está que se revienta.
—Toda para ti, precioso —gruñó él, echando las caderas un poco hacia adelante. —Bésala.
Jimin no la besó, fue directo; sacó la lengua plana y ancha y lamió desde la base, justo donde sus dedos sujetaban, hasta la punta. Recogió el líquido salado con la punta de la lengua, saboreándolo.
Jungkook soltó un siseo, su mano fue directo a su cabello pero sin apretar, solo descansando ahí.
—Mierda, sí, así —jadeó.
Jimin repitió el movimiento esta vez más lento, paseando la lengua por la vena hinchada que recorría el tronco. Su otra mano subió para acariciar sus bolas, pesadas y calientes, las sintió contraerse bajo sus dedos.
Jungkook arqueó la espalda, su otra mano aferrándose al cojín del sofá.
—Me encanta como sabes —murmuró Jimin contra su piel, la vibración de su voz viajándole directo a la base de la columna.
—Deja de jugar, Jimin. Muerde.
Ahí estaba la súplica.
Jimin levantó la mirada hacia él, sus ojos se encontraron; los de Jungkook estaban oscuros casi negros por la dilatación de sus pupilas.
El castaño sonrió mostrando los colmillos largos y ligeramente filosos, posicionó la punta de la verga contra sus labios y los abrió, dejando que la cabeza carnosa pasara al interior cálido y húmedo de su boca.
El gemido de Jungkook fue profundo, su cabeza cayó hacia atrás por un segundo antes de volver a mirar hacia abajo, negándose a perderse un solo detalle.
Jimin empezó a succionar, moviendo la cabeza hacia adelante y hacia atrás en un ritmo constante, el sonido húmedo y obsceno llenó la sala. Su lengua jugaba con el frenillo justo debajo de la punta, ese punto que lo hacía temblar.
Fue entonces cuando lo hizo; en un movimiento descendente tomó más de lo que podía casi hasta la mitad y dejó que sus colmillos rozaran la piel tersa del tronco, un leve arañazo, una presión calculada. No era dolor real, sino una sensación en el límite, un pinchazo filoso que se transformaba inmediatamente en un shock de placer.
—¡Joder! ¡Ahí, justo ahí! —rugió Jungkook, su cuerpo entero dando un espasmo. Su mano en el cabello de Jimin se cerró en un puño, tirando con fuerza. Sus caderas empujaron hacia arriba involuntariamente.
Jimin lo calmó colocando una mano firme en su cadera para controlarlo, se retiró un poco, un hilo de saliva conectando su labio inferior con la punta húmeda de su verga.
Lo miró con los ojos entrecerrados, la respiración agitada.
—Te gusta, ¿verdad, pervertido? Que te arañe la verga con los colmillos.
—Me encanta, me vuelves loco, Hazlo otra vez, métetela toda.
Jimin volvió; esta vez, bajó la cabeza con más decisión, relajó la mandíbula y sintió la verga grande y gruesa llenarle la boca, presionando el fondo de su garganta.
La sensación de sus propios colmillos rasgando con suavidad las paredes venosas del miembro de Jungkook era embriagadora.
El mayor estaba deshecho, temblando, soltando maldiciones y palabras sucias sin parar.
—Sí, puta, así, con esos colmillos, mierda, me vas a hacer venirme en tu boca, ¿Eso quieres? ¿Quieres que te llene la boca de leche?
Jimin respondió gimiendo alrededor de su verga, la vibración llevándolo al borde.
Aumentó la velocidad, la cabeza moviéndose de forma obscena mientras una de sus manos masajeaba sus bolas y la otra se metía entre sus propios muslos, tocándose por encima de la ropa interior de algodón que ya estaba empapada, su coño jugoso pedía atención, pero él estaba concentrado, disfrutando cada gemido, cada contracción del cuerpo de Jungkook.
Justo cuando sintió que la verga se hinchaba aún más, una señal de que estaba a punto de correrse, se retiró con un sonido húmedo.
Jungkook abrió los ojos desorientado y al borde del orgasmo pero sin llegar a él, una gota de sudor le corría por la sien.
—No —dijo Jimin, limpiándose la saliva de la barbilla con el dorso de la mano. Se puso de pie, sus mejillas estaban sonrosadas. —Ahora quiero que me cojas.
—Pues claro que voy a cogerte —gruñó Jungkook todavía jadeante, la verga erecta y brillante de saliva apuntando al techo. —Pero quítate esa mierda de ropa ya.
Jimin se llevó las manos al dobladillo de su camiseta y se la quitó por la cabeza, sus tetas grandes y pálidas saltaron libres, los pezones rosados y duros apuntando hacia él. Su cintura se estrechaba antes de abrirse en unas caderas y muslos generosos que lo hacían ver curvilíneo y perfecto, se quitó la ropa interior empapada dejándola caer al suelo sin ninguna vergüenza, su coño mostraba sus labios vaginales gorditos e hinchados de excitación.
—Ven aquí, precioso —la voz de Jungkook era un ronroneo peligroso. Se puso de pie, quitándose la camiseta y dejando al descubierto su torso y abdomen marcado, los tatuajes se extendían por su brazo derecho.
Jungkook lo tomó de la cintura y lo giró, inclinándolo sobre el brazo del sofá. La piel fría del cuero contra sus tetas lo hizo jadear.
Jungkook le dio una palmada fuerte en una nalga, viendo cómo la carne pálida se enrojecía al instante.
—Mira este culo —dijo, agarrando sus nalgas con ambas manos, separándolas para ver su coño mojado y ese otro agujero rosado y apretado. —Esto es mío, todo mío.
—Entonces deja de mirar y úsalo —respondió Jimin arqueando la espalda, empujando su trasero hacia él en una invitación descarada.
Jungkook no se hizo de rogar, se inclinó sobre él, pegando su pecho a su espalda. Su verga se acomodó entre sus nalgas, caliente y dura como una piedra, dejó un beso húmedo en su hombro y luego lamió su cuello justo donde su pulso latía con fuerza; con una mano guió la punta de su miembro hacia la entrada de su coño.
—No voy a ser suave —advirtió Jungkook contra su oído, mordiendo el lóbulo.
—No quiero que seas suave, quiero que me rompas —susurró el castaño empujando sus caderas hacia atrás.
Él entró de una sola estocada, un solo movimiento brutal y profundo que hizo a Jimin gritar y aferrarse a los cojines del sofá.
La verga grande y gruesa lo llenó por completo, estirando sus paredes de una manera dolorosa pero que también era puro placer.
Jimin sintió cómo lo invadía, cómo sus jugos resbalaban por sus muslos gorditos.
Jungkook se quedó quieto un segundo, disfrutando la sensación del coño jugoso y caliente apretándolo como un puño.
—Joder, qué apretado estás —gruñó, echando la cabeza hacia atrás.
—Muévete ya, Jungkook, por favor —rogó el castaño, su voz temblorosa.
Jungkook empezó a embestirlo con un ritmo duro y rápido desde el principio. Sus caderas chocaban contra sus nalgas con un sonido repetitivo que se mezclaba con los jadeos de ambos y el ruido húmedo y obsceno del coño de Jimin siendo penetrado una y otra vez.
Jungkook lo agarraba de las caderas con tanta fuerza que sabía que dejaría moretones en su piel pálida, pero a Jimin le gustaba; el mayor miraba hacia abajo, hipnotizado por la imagen de su verga desapareciendo dentro del coño, brillante por sus fluidos.
—Te gusta cómo te cojo, ¿verdad? —decía él, con la voz entrecortada. —Di que te gusta, dime que te gusta cómo te parte esta verga grande.
—Me encanta, me encanta tu verga… —gimió Jimin, volviendo la cabeza. Su rostro era de placer, los ojos en blanco, los colmillos mordiendo su propio labio inferior. —Me estás rompiendo todo, no pares.
Jungkook sintió una oleada de posesión. Sin dejar de embestirlo, se inclinó y metió una mano por debajo de su cuerpo para agarrar una de sus tetas, esta llenó su mano, era tan suave y pellizcó el pezón duro entre sus dedos, estrujándolo.
El gemido de Jimin fue agudo.
—Más… —pidió.
Jungkook le dio más, metió la otra mano entre sus cuerpos sudorosos y encontró su clítoris que estaba duro e hinchado, asomando de su capuchón; empezó a frotarlo en círculos rápidos y descoordinados, sincronizando el movimiento de sus dedos con cada embestida de su cadera.
Era un ataque sensorial por todos lados.
La verga llenándolo, los dedos en su clítoris, la mano en su teta.
—Te voy a sacar toda la leche, perra, vas a venirte en mi verga —escupió Jungkook, su ritmo se volvió errático, salvaje. Dejó de frotarle el clítoris para agarrarle las dos caderas y darle con todo.
Las embestidas eran tan fuertes que el sofá se movía unos centímetros con cada embestida.
—Voy a… voy a acabar… —anunció Jimin, y su cuerpo empezó a temblar, un espasmo lo recorrió de pies a cabeza, su coño se apretó alrededor de la verga de Jungkook, ordeñándola. Un chorro de líquido caliente empapó la base del miembro del mayor y sus bolas.
Jimin se había venido, y se había venido fuerte, gritando sin importarle los vecinos.
Sentir ese apretón y esa humedad extra fue demasiado para Jungkook, que lo hizo ver estrellas.
—Me corro, me corro dentro de ti… —rugió Jungkook clavando sus dedos en la carne de sus caderas, dio tres embestidas profundas y descargó su semen caliente dentro de su coño. Sintió cada chorro, cada espasmo de su verga liberando todo lo que tenía, se quedó quieto enterrado hasta el fondo jadeando como un animal, sintiendo el calor de su propio semen mezclándose con los jugos de Jimin y escurriendo lentamente por sus muslos.
Se quedaron así un minuto eterno, pegados, sudorosos, recuperando el aliento.
La verga de Jungkook aún medio dura, palpitaba dentro del coño de Jimin.
Finalmente, el pelinegro se incorporó con cuidado y se retiró, el ruido húmedo fue explícito y una mezcla blanca y viscosa empezó a gotear del coño bien follado.
Jimin se giró apoyando la espalda en el sofá, estaba despeinado, las mejillas encendidas, el cuerpo exhausto pero satisfecho.
Jungkook se dejó caer a su lado y lo atrajo hacia él, besándole la frente con una ternura que contrastaba brutalmente con lo que acababan de hacer.
—Eres increíble —murmuró Jungkook contra su cabello.
Jimin rio bajito.
—Tus colmillos son lo mejor que me ha pasado en la vida —añadió, levantando su barbilla con un dedo para mirarlo a los ojos.
Jimin le mostró una sonrisa completa, dejando que viera sus colmillos en todo su esplendor.
—Entonces, ¿quieres la segunda ronda en la cama? —preguntó Jimin, sus ojos brillando con una chispa traviesa.
Jungkook lo miró, sintiendo cómo su cuerpo agotado empezaba a reaccionar de nuevo al ver esos dientes, negó con la cabeza incrédulo, pero sus ojos ya estaban otra vez teñidos de deseo.
—Vas a acabar conmigo, pero sí, llévame a la cama —dijo, levantándose y ofreciéndole la mano. —Pero esta vez quiero que te sientes en mi cara antes, quiero ver ese coño jugoso y cómo te corres en mi boca mientras me clavas los dientes en el muslo.
Jimin tomó su mano y se levantó, sintiendo el semen de él correr por la parte interna de su pierna.
—Eso está hecho —dijo, tirando de él hacia la habitación, dejando atrás el sofá manchado y la ropa tirada.
La luz de la lámpara de la mesita de noche iluminaba apenas la habitación.
Las sábanas estaban revueltas a los pies de la cama, como si una tormenta hubiera pasado por ahí.
Y en el centro de ese caos de tela blanca, estaba Jungkook tumbado boca arriba completamente desnudo con la piel brillando por una fina capa de sudor y el pecho subiendo y bajando a un ritmo todavía agitado, su verga descansaba pesada y húmeda sobre su muslo.
Jimin se detuvo un segundo en el umbral de la puerta para saborear la imagen, su hombre musculoso y tatuado esperándolo con una mezcla de adoración y lujuria en los ojos oscuros. Le gustaba verlo así de necesitado, después de haberlo reventado contra el sofá.
—Deja de mirarme así o me pongo nervioso —dijo Jungkook, aunque la sonrisa en sus labios decía todo lo contrario, levantó una mano y le hizo un gesto con dos dedos, llamándolo. —Ven aquí, precioso. Tengo una deuda contigo.
—¿Ah, sí? —Jimin avanzó hacia la cama, contoneando sus caderas, el rastro de jn poco de semen espeso le corría por la parte interna del muslo de manera obscena y a Jungkook se le fue la vista directo ahí abajo. Jimin lo notó y sonrió, mostrando esos colmillos que tanto le fascinaban. —¿Y qué deuda es esa? no recuerdo haberte prestado nada.
—Una deuda de placer —ronroneó, incorporándose sobre los codos para verlo mejor. —Dije que quería que te sentaras en mi cara y que te corrieras en mi boca; y yo siempre cumplo lo que digo.
Jimin sintió un escalofrío de anticipación recorrerle la columna; su coño, todavía sensible e hinchado dio un pequeño latido.
Se subió a la cama gateando sobre el colchón, sus grandes tetas balanceándose con el movimiento.
Jungkook lo vio acercarse como un depredador observa a su presa, con el ansia brillándole en las pupilas dilatadas.
—Date la vuelta —ordenó Jungkook con esa voz grave que le ponía la piel de gallina. —Quiero verte bien.
Jimin obedeció, girando su cuerpo y posicionando sus rodillas a ambos lados del torso de él, de espaldas a su rostro.
Jungkook le agarró las caderas gorditas con ambas manos, clavando los dedos en la carne suave y pálida, y tiró de él hacia atrás. Jimin soltó un jadeo sorprendido al sentir que lo arrastraba prácticamente sobre su boca.
—Más arriba —murmuró el pelinegro, su aliento caliente chocando contra la piel mojada de sus muslos. —Eso es, justo aquí.
Y sin más dio un lametón de abajo arriba, desde el clítoris hasta el ano, pasando por la entrada de su coño, fue un lametón lento y profundo, como si saboreara el mejor manjar del mundo.
Jimin gimió, echando la cabeza hacia atrás y se agarró instintivamente de los muslos del pelinegro.
—Joder, Jungkook… —suspiró Jimin, sintiendo cómo la lengua se introducía en su coño recogiendo la mezcla de sus fluidos y el semen que aún escurría; el sonido que hizo al sorber fue sucio, animal, y lo excitó todavía más.
—Sabes a gloria —gruñó Jungkook contra su coño, la vibración de su voz viajando directamente a su clítoris. —Y mezclados, sabes a mí. Me encanta.
Jungkook trabajaba su coño con la lengua como si fuera un experto, jugaba con sus labios gorditos, los succionaba, pasaba la punta de la lengua por cada pliegue y volvía una y otra vez a su entrada, metiéndola y sacándola para imitar lo que le haría después con la verga. Sus manos no se quedaban quietas; subieron hasta sus nalgas, las separó, y empezó a masajearlas con fuerza, abriéndolo por completo para que nada se le escapara.
Jimin sentía que se derretía, miró hacia abajo y se encontró con la imagen de la verga de Jungkook que ya no estaba flácida, estaba despertando de nuevo alzándose poco a poco contra su vientre, la punta rojiza y brillante apuntando hacia el techo.
Solo de pensar en todo el placer que le quedaba por delante, sintió otra oleada de humedad empapándole el coño.
—Mírala —dijo Jimin, alargando una mano para rodear la erección creciente con sus dedos. —Ya está lista otra vez, ¿tan rápido te pongo?
Jungkook soltó una carcajada ronca que se transformó en un gemido cuando Jimin empezó a masturbarlo despacio, no podía responder con palabras porque tenía la boca ocupada lamiendo su coño como un posesivo; así que redobló sus esfuerzos, encontró su clítoris hinchado y lo rodeó con los labios succionando con fuerza y castigándolo con la punta de la lengua en movimientos rápidos y precisos.
El grito de Jimin fue inmediato, su mano se cerró involuntariamente alrededor de la verga de él y su cuerpo empezó a temblar.
—Ahí, ahí, no pares… —suplicó, moviendo sus caderas instintivamente contra su boca, follándole la cara; estaba tan cerca que veía manchas de colores explotando detrás de sus párpados.
Pero el pelinegro paró, justo en el último segundo cuando sus muslos ya estaban tensos y su respiración era un jadeo errático, Jungkook retiró la boca y le dio una palmada fuerte en una nalga.
—Ahora, bonito, ahora quiero los dientes —dijo, con la voz empapada en sus jugos. —Clávamelos en el muslo, muerde fuerte.
Jimin todavía temblando por el orgasmo negado, no necesitaba que se lo pidiera dos veces; se recolocó ligeramente, se inclinó sobre su muslo derecho, justo en la zona donde la piel era firme y el músculo se tensaba bajo la tinta de sus tatuajes.
Podía oler su propia excitación en el rostro de Jungkook, ver el brillo de su barbilla y sus mejillas, el pelinegro lo miraba expectante con la boca entreabierta y la verga dura como una roca.
—No sabes cuánto me excita esto —confesó el pelinegro en un susurro. —Desde que te conocí no he podido dejar de pensar en cómo se sentirían tus colmillos en mi verga, en mi cuello, en mis muslos. Anda, muerde.
Jimin abrió la boca rozando la piel con los labios primero, dejando un beso húmedo, luego presionó sus colmillos superiores contra la carne.
Sintió cómo Jungkook contenía la respiración.
Aplicó presión hasta que notó el punto justo donde el dolor se transformaba en placer, y mordió.
No fue una mordida para sacar sangre, sino un pellizco largo y electrizante que hizo que Jungkook soltara un rugido gutural, su verga dio un latido tan fuerte en su mano que Jimin lo sintió, todo su cuerpo se tensó como un arco bajo él.
—Joder, sí… —gimió echando la cabeza hacia atrás contra la almohada, los ojos cerrados con fuerza. Una de sus manos subió a su propio pecho, arañándose sin querer. —Otra vez, muérdeme otra vez.
Jimin obedeció, le dejó una pequeña marca roja en el muslo y se movió un poco más arriba, peligrosamente cerca de la ingle, justo al lado de la base de su verga. Volvió a clavar los dientes, esta vez con un poco más de fuerza sintiendo la piel ceder ligeramente bajo sus colmillos, fue un mordisco acompañado de un chupetón, y el efecto en él fue explosivo.
Jungkook se incorporó de golpe ciego de placer y deseo, lo agarró de la cintura y lo tiró sobre el colchón, poniéndose sobre él en un abrir y cerrar de ojos, su cuerpo musculoso cubrió el de Jimin por completo, su pecho aplastando sus tetas.
Le separó las piernas con la rodilla y se colocó entre sus muslos gorditos, su verga caliente y dura, se colocó en la entrada de su coño, pero no llegó a entrar.
—Ahora te voy a hacer yo una pregunta a ti —dijo él, mirándolo desde arriba con una intensidad que derretía, le sostuvo la barbilla con una mano obligándolo a mirarlo a los ojos. —Mientras te estoy dando, ¿quieres que te muerda yo a ti? ¿En el cuello? ¿Quieres que te deje una marca, precioso?
La respiración de Jimin se entrecortó, sus colmillos brillaron cuando sus labios se estiraron en una sonrisa de pura lujuria.
—No se te ocurra parar hasta que lo hayas hecho —respondió Jimin levantando las caderas para que la punta de su verga lo penetrara apenas un centímetro, una provocación.
Eso fue todo lo que Jungkook necesitó oír.
Entró en él de nuevo esta vez de una manera distinta, no fue la embestida brutal y rápida del sofá, sino una penetración lenta, profunda y deliberada.
Quería sentir cada milímetro de su coño jugoso apretándolo, quería ver la expresión en su rostro cuando lo llenara por completo.
Jimin arqueó la espalda, sus tetas se aplastaron contra su pecho y sus piernas rodearon su cintura, enganchándose en la parte baja de su espalda.
—Así… —suspiró Jimin, sintiéndose lleno y completo. —Muévete ya, no me tortures.
Jungkook empezó a embestirlo pero mantenía el ritmo bajo control, un vaivén pausado y profundo, las manos de él recorrían su cuerpo, desde las curvas de sus caderas hasta sus tetas que amasaba con devoción mientras bajaba la cabeza para lamerle un pezón, lo succionó, lo mordió con sus dientes arrancándole un jadeo.
—Dime qué quieres —murmuró Jungkook contra su piel, moviendo las caderas en un ángulo que sabía que rozaba ese punto exacto dentro de él.
—Quiero que me muerdas el cuello ahora, no me hagas esperar más.
Jungkook bajó la cabeza hacia la curva de su cuello, podía ver el pulso latiendo bajo su piel pálida, podía oler el aroma de su excitación, mezclado con el champú de su pelo y el sudor de sus cuerpos.
Apoyó los labios justo en la unión del cuello y el hombro, y empezó a chupar, creando un moretón. Sintió cómo Jimkn se aferraba a su espalda clavándole las uñas.
—No —protestó Jimin, aunque su voz era un gemido. —No me chupes el cuello, muérdemelo con ganas. Ya.
Él obedeció.
Abrió la boca y atrapó un buen pedazo de piel y carne entre sus dientes. Mordió, aplicando presión de forma gradual, justo como Jimin le había enseñado al hacerlo en su muslo. No era un mordisco para hacer sangre, pero sí lo suficientemente fuerte para que sintiera esa fina línea entre el dolor y el placer.
La reacción de Jimin fue instantánea y hermosa, su coño se apretó de forma convulsiva alrededor de su verga y todo su cuerpo se sacudió bajo él en un orgasmo que lo tomó por sorpresa, arrancándole un grito agudo que se perdió contra el hombro de él.
—¡Me vengo, me vengo, me vengo…! —gritó Jimin, fuera de sí, mientras sus caderas se movían erráticamente contra él. Las sacudidas de su clímax lo hacían apretarlo de una forma tan deliciosa que a Jungkook se le nubló la vista.
Él todavía lo estaba mordiendo cuando sintió el calor húmedo de su liberación empapándole la verga y escurriendo sobre sus bolas. Gimió contra la piel de su cuello, y eso, la vibración del gemido combinada con la mordida, extendió el orgasmo de Jimin unos segundos más, haciéndolo temblar como una hoja.
Cuando por fin Jimin se quedó agotado debajo de él, jadeando, Jungkook soltó su cuello y se incorporó un poco para ver su obra.
Una marca perfecta, roja y profunda, adornaba su piel pálida; era una marca de posesión, de "es mío".
Jimin levantó una mano temblorosa para tocársela y sonrió con sus colmillos al descubierto, agotado pero radiante.
—Ahora… —dijo, con la voz ronca y rota. —Ahora fóllame hasta que te corras tú, quiero que me llenes otra vez.
A Jungkook no le hizo falta que se lo repitiera, agarró sus caderas esta vez sin delicadeza y la giró poniéndolo de lado.
Le levantó una pierna y se la enganchó en el antebrazo, abriéndolo, y empezó a embestirlo con un ritmo duro y desenfrenado.
Lo miraba directamente a los ojos mientras se lo follaba, mientras veía sus tetas rebotar con cada embestida y su boca abierta en un círculo perfecto de placer.
—Eres mío, Jimin. Toda entero, estos colmillos, estas tetas, este coño jugoso y este culo redondo. Todo es mío —decía él con la respiración entrecortada, estaba tan cerca que sus palabras eran casi un gruñido ininteligible.
—Tuyo… —confirmó, aferrándose a la almohada. —Córrete dentro, hazlo.
Jungkook enterró la cara en la curva de su otro hombro justo al lado de la mordida, y con una última embestida profunda, se corrió, un chorro caliente y espeso que llenó su coño por segunda vez en la noche, mientras gemía su nombre contra su piel.
Se quedó quieto dentro de su coño, con pequeñas embestidas instintivas, vaciando hasta la última gota.
Su cuerpo se desplomó sobre él, pesado y satisfecho, y Jimin lo recibió con gusto, acariciándole el cabello sudoroso y la espalda llena de arañazos.
Pasaron varios minutos en silencio, solo el sonido de sus respiraciones agitadas llenaba la habitación.
La verga de Jungkook ahora blanda, se deslizó hacia afuera con un ruido húmedo, y un nuevo reguero de semen se derramó sobre las sábanas.
A ninguno de los dos le importó.
Jungkook fue el primero en hablar, sin levantar la cabeza del hueco de su cuello.
—Definitivamente, esta ha sido la mejor noche de mi vida.
Jimin sonrió contra su sien.
—Espera a la tercera ronda, necesito una ducha y tengo otra idea para usar los colmillos.
Jungkook levantó la cabeza de golpe, sus ojos marrones brillando con una mezcla de incredulidad y anticipación, estaba agotado pero el simple pensamiento de lo que Jimin pudiera tramar era suficiente para remover algo en su interior.
—Tú acabas conmigo, de verdad —dijo, negando con la cabeza. —Pero avisa, ¿eh? Que por verte feliz, yo muero en el intento.
Jimin se rio, le dio un beso corto en los labios y luego con un movimiento juguetón, le mordisqueó el labio inferior con sus colmillos.
—Tú no te mueres sin mi permiso. Ahora, deja de protestar y llévame al baño, que tengo tu semen corriendo por mis muslos y empieza a hacer frío.
Jungkook se levantó de la cama de un salto, con energías renovadas solo por la promesa de una tercera ronda bajo el agua caliente.
Lo tomó en brazos con sus nalgas redondas apoyadas en sus manos, y Jimin le rodeó el cuello con los brazos, riendo de esa manera que a él tanto le gustaba.
Camino al baño, Jungkook le dio un beso en la marca roja de su cuello.
—Tus colmillos son una maldición —murmuró contra su piel.
—Y te encanta —respondió, mientras la puerta del baño se cerraba tras ellos, dejando entrever solo el sonido del agua al comenzar a correr.








