¿Un Cambio?
Al principio fueron pequeños detalles.
Tsukishima dejó de buscar su mano al caminar.
Dejó de mandarle mensajes primero.
Sus respuestas, que antes tenían aunque fuera un poco de interés, comenzaron a ser cada vez más cortas.
—¿Quieres salir después del entrenamiento?
—No puedo.
—¿Estás ocupado?
—Sí.
—Ah... ¿todo bien?
—Sí.
Pero claramente no lo estaba.
Una tarde, y/n lo esperó afuera del gimnasio.
Cuando Tsukishima salió, ella se acercó.
—¿Podemos hablar?
—Estoy cansado.
—Solo será un momento.
Él suspiró.
—¿Qué pasa?
—Eso quiero preguntarte yo.
Tsukishima la miró.
—¿A qué te refieres?
—Últimamente estás diferente.
—No estoy diferente.
—Sí lo estás.
—Estás exagerando.
Ella bajó la mirada.
—Ya casi no hablas conmigo.
—Tengo cosas que hacer.
—Antes también las tenías.
Silencio.
Tsukishima apartó la mirada.
—No quiero discutir.
—Yo tampoco.
—Entonces déjalo.
Aquellas palabras le dolieron más de lo que esperaba.
—Está bien.
y/n dio un paso atrás.
—Entonces te dejo.
Comenzó a alejarse.
Tsukishima la observó marcharse, pero no la llamó.
Y eso fue precisamente lo que hizo que todo se sintiera peor.
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Durante los siguientes días, la situación empeoró.
En la escuela apenas hablaban.
Cuando estaban con sus amigos, Tsukishima actuaba como si todo estuviera normal.
Pero cuando se quedaban solos...
El silencio era insoportable.
Hasta que una tarde y/n finalmente se cansó.
—¿Ya no quieres estar conmigo?
Tsukishima levantó la mirada.
—¿Qué?
—Eso parece.
—No digas tonterías.
—Entonces dime qué pasa.
Él guardó silencio.
—Tsukishima.
—...
—Por favor.
Finalmente suspiró.
—No sé qué me pasa.
y/n se quedó quieta.
—¿Entonces por qué me tratas así?
Él apretó ligeramente las manos.
—Porque no sé cómo arreglarlo.
—Podrías empezar hablándome.
Tsukishima la miró.
Esta vez no tenía su típica expresión burlona.
Solo parecía confundido.
—Tengo miedo de arruinarlo.
—Ya lo estás arruinando al alejarte.
Silencio.
Aquello pareció golpearlo.
Porque por primera vez entendió que su manera de protegerse estaba lastimando precisamente a la persona que no quería perder.
—Lo siento.
murmuró.
y/n no respondió inmediatamente.
Solo lo miró.
—No necesito que seas perfecto.
—Lo sé.
—Solo necesito que no me apartes cuando algo te pase.
Tsukishima bajó la mirada.
—Lo intentaré.
—No.
Ella negó suavemente con la cabeza.
—Hazlo.
Él la miró durante unos segundos.
Y finalmente extendió su mano hacia ella.
No dijo nada.
Pero y/n entendió.
Tomó su mano.
Todavía había problemas.
Todavía no estaba todo arreglado.
Pero al menos, por primera vez en varios días, Tsukishima había dejado de alejarse.








