Prólogo

—Park Jimin es un ángel... pero también da un miedo terrible.
Esa era la frase que más se repetía entre los estudiantes de la preparatoria Seika, generalmente en voz baja y cuando el presidente del consejo estudiantil no se encontraba cerca para escucharla.
A primera vista, Jimin parecía demasiado dulce para provocar miedo. Tenía facciones delicadas, una sonrisa encantadora y siempre estaba dispuesto a ayudar a quien lo necesitara.
Sin embargo, bastaba con verlo recorrer los pasillos con la espalda recta y la libreta de sanciones entre las manos para comprender que detrás de aquella apariencia angelical se escondía alguien a quien era mejor no hacer enfadar.
Como presidente del consejo estudiantil, Jimin tenía fama de tomarse su trabajo demasiado en serio.
Siempre llegaba antes que todos, conocía el reglamento casi de memoria y rara vez dejaba pasar una falta sin llamar la atención del responsable.
Más de un estudiante había terminado con una advertencia por olvidar parte del uniforme, llegar tarde a clases o causar problemas en los pasillos.
Los profesores confiaban plenamente en él.
Las estudiantes lo admiraban por la forma en que siempre estaba dispuesto a escucharlas, ayudarlas y protegerlas cuando alguien intentaba incomodarlas.
Y la mayoría de los estudiantes... prefería no cruzarse con él cuando llevaba la libreta de sanciones en la mano y aquella expresión seria que anunciaba problemas.
Park Jimin parecía tener su vida completamente bajo control.
Siempre impecable.
Siempre responsable.
Siempre perfecto.
O, al menos, eso era lo que todos creían.
Porque, cuando el reloj marcaba las seis de la tarde, el estricto e impecable presidente del consejo estudiantil desaparecía sin dejar rastro.
Nadie sabía por qué abandonaba la preparatoria con tanta prisa ni por qué nunca aceptaba las invitaciones de sus compañeros después de clases.
Jimin siempre tenía alguna excusa preparada y nadie parecía sospechar que, mientras los pasillos de la preparatoria quedaban vacíos, él atravesaba media ciudad para convertirse en una persona completamente diferente.
Horas después, bajo las luces cálidas del Maid Lily, una deslumbrante maid llamadaMimirecibía a los clientes con una sonrisa dulce y una delicada reverencia.
Una larga peluca rubia de ondas suaves caía sobre su espalda, adornada con pequeñas trenzas que transformaban por completo su apariencia.
Un vestido negro de maid se ajustaba delicadamente a su figura y unas medias hasta el muslo dejaban al descubierto parte de su piel. Una gargantilla de terciopelo rodeaba su cuello, adornada con un pequeño cascabel dorado que tintineaba con cada uno de sus movimientos.
A simple vista, Mimi y Park Jimin no podían ser más diferentes.
En Seika, Jimin podía silenciar un pasillo entero con una sola mirada.
En el Maid Lily, Mimi debía sonreír, hablar con dulzura y recibir a cada cliente como si su llegada fuera lo mejor que le hubiese ocurrido durante el día.
Lo más humillante era que se le daba demasiado bien.
Su cuerpo esculpido, su carita angelical y la facilidad con la que sus mejillas se teñían de rojo cuando alguien lo elogiaba lo habían convertido rápidamente en una de las maids más populares del café.
Sin embargo, Jimin no trabajaba allí por diversión.
Su padre había abandonado a la familia dejando tras de sí una cantidad colosal de deudas y, aunque Jimin detestaba usar aquel vestido, en el Maid Lily ganaba casi el triple de lo que recibiría en cualquier otro trabajo de medio tiempo.
Ese era el precio que debía pagar para mantener a su familia a flote.
Y también era su secreto mejor guardado.
Nadie lo sabía.
Nadie lo sospechaba.
Nadie... excepto una persona.
—Mírate, presidente... —murmuró una voz grave, baja y rasposa a su espalda, tan cerca que el aliento cálido le erizó la piel del cuello.
Jimin se congeló en el acto.
El estrecho callejón detrás del café estaba sumido en la penumbra. Sobre el frío suelo de cemento yacía la larga peluca rubia que se le había desprendido tras el tropiezo, dejando al descubierto su verdadero cabello, más corto, desordenado y tan inconfundible como el del presidente del consejo estudiantil de la escuela.
El pequeño cascabel dorado de su gargantilla tintineaba sin control, siguiendo el ritmo desbocado de su pecho, que subía y bajaba con violencia.
Su secreto acababa de quedar al descubierto.
Frente a él, emergiendo lentamente de las sombras, se encontraba Jeon Jungkook. El estudiante más popular de la preparatoria, el atleta estrella, el chico de hombros anchos y mirada oscura que traía a todos de cabeza.
Y, sin duda alguna, la tentación más insoportable y peligrosa que Jimin había tenido enfrente.
Jungkook dio un par de pasos hacia él con absoluta calma, como si encontrar al estricto presidente del consejo estudiantil vestido de maid en un callejón oscuro fuera la cosa más normal del mundo.
La tenue luz de la luna hizo brillar el pequeño aro negro que atravesaba su labio inferior mientras una sonrisa lenta y sumamente maliciosa comenzaba a dibujarse en su rostro.
Se inclinó sobre él hasta dejar sus rostros a escasos milímetros de distancia.
—Así que esta es tu verdadera cara... —susurró Jungkook, bajando la voz hasta adoptar un tono ronco que hizo temblar a Jimin. Sus ojos oscuros recorrieron lentamente los labios carnosos del mayor, el delicado encaje del vestido y la piel descubierta de sus muslos—. El estricto presidente del consejo estudiantil... convertido en una maid.
Jimin apretó los puños contra la tela de su falda, sintiendo cómo el calor comenzaba a extenderse por sus mejillas y cómo cada músculo de su cuerpo se tensaba ante la cercanía del menor.
—Si te atreves a tocarme... o a decírselo a alguien... —amenazó Jimin en un hilo de voz agitado, aunque la intensidad de su mirada dejaba claro que hablaba completamente en serio.
Jungkook dejó escapar una risa baja y vibrante que resonó directamente contra la piel de Jimin. Sin pedir permiso, levantó una mano y rozó con la yema de sus dedos la gargantilla de terciopelo, haciendo sonar suavemente el cascabel antes de deslizar la mano con lentitud hasta la cintura del vestido.
Jimin contuvo la respiración.
—¿Decirlo? —murmuró Jungkook, pasando la punta de la lengua sobre el piercing de su labio mientras lo observaba con una intensidad devoradora—. Sería un desperdicio arruinar un secreto tan delicioso.
El suave aroma a menta y el calor del cuerpo de Jungkook envolvieron a Jimin, dejándolo completamente acorralado contra la fría pared del callejón, sin espacio para retroceder y con el corazón golpeándole con tanta fuerza que temió que el menor pudiera escucharlo.
—Tu secreto está a salvo conmigo,mi lindopresidente... —susurró Jungkook, rozando apenas la comisura de sus labios antes de apartarse lo suficiente para regalarle una sonrisa ladina—. Aunque, desde hoy... voy a cobrarme muy caro el silencio.
Jimin permaneció inmóvil, con el pequeño cascabel todavía temblando alrededor de su cuello y la desagradable sensación de que Jungkook acababa de encontrar una nueva forma de convertir su vida en un verdadero infierno.
Y fue en ese preciso instante cuando el mundo perfectamente controlado de Park Jimin comenzó a desmoronarse.
¡Hola! Gracias por darle una oportunidad a esta historia.🥹💜
Este fanfic está inspirado en el anime Kaichō wa Maid-sama!, pero es una adaptación hecha a mi manera, con cambios en la trama y en el desarrollo de los personajes.
Algunas cositas antes de empezar:
🌸Esta historia es +18 y contiene romance, tensión, lenguaje fuerte y, más adelante, contenido explícito.
🌸Los capítulos serán largos. Si alguno supera el límite, lo dividiré en dos partes. Y si en algún momento sienten que son demasiado largos, ¡avísenme! No quiero aburrirl@s.🥹
🌸No soy escritora profesional, así que puede que encuentren algunos errores. Aun así, estoy escribiendo esta historia con mucho cariño y espero mejorar con cada capítulo.
Si esta historia no es de tu gusto, no hay ningún problema. Gracias por haberle dado una oportunidad.💜
¡Ahora sí... disfruten la lectura!✨








