Efecto Mariposa 𐦍 || Kookmin by Minggukie1108 at Inkitt
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Efecto Mariposa 𐦍 || Kookmin

Summary

Diecinueve años atrás, un embarazo destruyó los planes de Jungkook y convirtió su relación con Jimin en una convivencia llena de reproches y frustraciones. Cansado por haber arruinado sus sueños, Jungkook lanza un deseo al aire tras una discusión de divorcio: 𝒏𝒐 𝒉𝒂𝒃𝒆𝒓𝒍𝒐 𝒄𝒐𝒏𝒐𝒄𝒊𝒅𝒐 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂. Cuando despierta, es un idol famoso rodeado de lujos, dinero y mujeres, habiendo borrado a Jimin y a su hijo de su realidad. Pero el éxito se vuelve insoportable cuando se reencuentra con el rubio, quien lo mira como a un extraño y es feliz con otra persona, obligándolo a enfrentar el vacío de lo que destruyó. ..𓂃 🦋་༘࿐ ꕤ Kookmin ꕤ Angst / Drama ꕤ mpreg ꕤ Historia completamente mía, prohibido copiar/adaptar.

Status
Complete
Chapters
18
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 01

El despertador en la mesa de noche comenzó a sonar a las seis. Jungkook abrió los ojos y miró el techo con fastidio, soltando un suspiro largo mientras apartaba las sábanas con brusquedad para ponerse de pie.


Caminó hacia el baño, metiéndose bajo el agua helada sin poderse quitar el mal humor de encima.


Al salir envuelto en una toalla baja a la cadera, se detuvo junto al borde de la cama para mirar a Jimin, inmóvil bajo las sábanas con los ojos cerrados. Una mueca de desprecio se instaló en sus labios; la simple cercanía del rubio le agotaba la paciencia antes de empezar el día.


Jimin escuchó los movimientos en la habitación y apretó los ojos con fuerza, aguantando la respiración mientras el pecho le dolía por los desplantes que soportaba cada mañana.


Al terminar de arreglarse, Jungkook salió de la habitación dando un portazo. Jimin abrió los ojos al instante, soltando el aire retenido mientras se incorporaba con lentitud de la cama para caminar hacia el baño.


Se quitó la ropa frente al espejo y observó su reflejo. Sus dedos se detuvieron sobre la cicatriz de la cesárea y las estrías que adornaban su abdomen, el cual ya no conservaba la firmeza de antes. Esas marcas coincidían con los años en que Jungkook había dejado de buscarlo en la cama. Apartó la vista, consciente de que su cuerpo ya no servía para despertar deseo.


Se vistió con ropa cómoda, salió del dormitorio y caminó en silencio directo a la cocina para comenzar a preparar el desayuno. Al entrar, Jungkook ya estaba ahí, sentado frente a la mesa con una taza de café entre las manos y absorto en la pantalla de su celular, ignorándolo por completo.


— ¿Quieres que te prepare algo de desayunar? — preguntó el rubio en voz baja.


Jungkook ni siquiera lo miró, manteniendo el silencio como única respuesta.


Jimin suspiró, sacó una sartén del gabinete inferior, encendió la estufa y vertió un chorro de aceite que comenzó a chisporrotear de inmediato. Dejó la cocina a medias y caminó por el pasillo hasta la habitación de su hijo, abriendo la puerta con suavidad para recorrer las cortinas y dejar que la luz matutina iluminara el cuarto.


Beomgyu se acurrucó un instante entre las sábanas antes de abrir los ojos, buscando de inmediato el rostro de su papá con una tierna sonrisa que logró calmar momentáneamente la opresión en el pecho del mayor.


Se incorporó con lentitud para abrazar al rubio por la cintura, aferrándose a él con fuerza, consciente de que su nacimiento había arruinado la vida de sus padres.


— ¿Quieres desayunar algo en especial? — preguntó Jimin en un susurro, acariciándole la mejilla con ternura mientras apartaba los mechones revueltos de su frente.


— Huevos fritos con pan tostado, por favor. — respondió Beomgyu con la voz aún ronca debido al sueño.


Jimin le regaló una sonrisa suave, salió de la habitación y regresó a la cocina para retomar la tarea en silencio, sintiendo la mirada de Jungkook en su nuca de vez en cuando.


Sirvió los dos platos humeantes y los dejó sobre la mesa, acomodando el de Beomgyu frente a la silla vacía. El menor entró con las manos en los bolsillos, deteniéndose junto a su asiento al notar la presencia de su padre. Bajó la vista hacia el piso.


— Buenos días. — murmuró con la voz apagada.


El pelinegro dejó caer la taza contra la madera con un golpe que resonó en la pequeña cocina.


— La entrega de calificaciones es mañana. — soltó Jungkook, sin dignarse a mirarlo. — Espero que obtengas diez en todas las materias. No sacrifiqué mi futuro por alguien que ni siquiera es capaz de ser el número uno en la escuela.


Beomgyu apretó los labios, encogiéndose mientras se dejaba caer en la silla y asentía en silencio.


— Sí, padre.


Jimin apretó la mandíbula, dándole una mirada llena de reproche a su esposo, antes de acariciar con suavidad el cabello de su hijo mientras deslizaba un vaso de leche frente a él.


El sonido de los cubiertos fue lo único que se escuchó durante los primeros minutos, hasta que Jungkook bufó con fastidio y se puso de pie.


— ¿Tienes el dinero de la luz? — preguntó, mirando al rubio.


— Cobró a fin de mes, Jungkook.


— ¿Y qué se supone que haremos? ¿Dejarás que corten el servicio?


— Podrías pagarlo tú y... — sugirió el rubio, pero fue interrumpido de inmediato.


— ¿Pagarlo yo? ¿Es que crees que cago el dinero? — gritó Jungkook, golpeando la mesa con la palma de la mano.


Jimin contuvo el aliento, alternando la mirada entre la expresión de su esposo y su hijo, quien desayunaba con la vista fija en el plato, aguantando la respiración.


— Son solo tres mil wones. — murmuró, tratando de controlar el temblor en su voz.


— Son tres mil malditos wones que no tenemos. — soltó Jungkook con desprecio. — Esto no estaría pasando si no lo hubieras jodido todo hace diecinueve años.


— ¿Yo fui el que lo jodió? — preguntó Jimin, soltando una risa corta, incrédulo.


A su lado, Beomgyu estiró la mano por debajo de la mesa para aferrarse con fuerza al brazo del rubio, clavando los dedos en su manga. Jungkook los miró a ambos, negando con la cabeza antes de tomar su maletín del respaldo de la silla.


— Ni creas que pagaré tu parte. Consigue el dinero, de lo contrario olvídense del servicio lo que resta del mes.


El portazo resonó por todo el departamento, haciendo temblar los cuadros de las paredes. Jimin soltó un suspiro tembloroso, tragando saliva para mirar a su hijo con los labios apretados.





El ruido de la cafetería escolar se extendía sobre la mesa. Beomgyu movía la comida en el plato con el tenedor mientras hablaba con sus amigos sobre la situación económica en su casa.


Yeojun, sentado frente a él, dio un sorbo al jugo y chasqueó la lengua antes de hablar.


— La tienda de conveniencia cerca de mi casa está solicitando un empleado. — mencionó, inclinándose sobre la mesa. — Deberías ir a preguntar.


Beomgyu frunció el ceño de inmediato, haciendo una mueca mientras negaba con la cabeza.


— No lo sé. Si mi padre se entera de que estoy trabajando, me matará. — suspiró. — A él solo le importa que me gradúe con honores. Si invierto el tiempo en un empleo, no podré estudiar, y ya me va bastante mal en las materias.


Yeojun hizo una mueca, tamborileando los dedos contra la mesa.


— ¿Y si solo trabajas los fines de semana? — propuso Seoyeon, dejando el tenedor sobre la charola.


Beomgyu parpadeó, considerándolo.


— ¿Creen que el dueño de la tienda me contrate siendo menor?


Seoyeon se encogió de hombros.


— Podríamos ir a preguntar saliendo de clases. No perdemos nada con intentar.


Los tres asintieron mientras el timbre sonaba para anunciar el fin del receso. Tomaron las bandejas de la comida y se pusieron de pie.


* * *


Las horas de clases pasaron con rapidez. Ahora los tres amigos se encontraban en la tienda de conveniencia iluminada por tubos fluorescentes. El encargado observaba a Beomgyu con los ojos fijos en su rostro.


— ¿Cuántos años tienes? — preguntó, cruzando los brazos sobre su pecho.


— Cumpliré diecinueve en seis meses — respondió en voz baja.


El encargado negó de inmediato con la cabeza, chasqueando la lengua.


— No puedo contratarte. Si descubren que tengo a un menor trabajando sin registro me cerrarán el local.


— Por favor. — balbuceó el menor, dando un paso al frente hasta apoyar las manos sobre el mostrador. — No causaré problemas, se lo juro.


— No importa si prometes portarte bien, muchacho, no arriesgaré mi negocio. Búscate otro lugar.


Beomgyu agachó la cabeza y asintió. Al salir a la acera, Yeojun y Seoyeon se acercaron de inmediato, observando el rostro de su amigo.


— ¿Y bien? ¿Te dieron el empleo? — preguntó Yeojun.


Beomgyu negó con la cabeza, dejando caer los hombros.


— Soy muy joven para trabajar.


Yeojun hizo una mueca, mientras la chica le daba una palmada suave en el brazo.


— Ánimo, Beom. Ya encontraremos algo más. — intentó animarlo.


— Gracias, chicos, pero creo que buscaré por mi cuenta. — respondió él con una sonrisa breve mientras echaba un vistazo a su teléfono. — Se me hace tarde, debo ir al supermercado con mi papá. Nos vemos mañana.


Se despidió de sus amigos con un gesto de mano y comenzó a caminar rumbo al centro comercial en medio de la tarde fría.


Mientras avanzaba por la banqueta, su mente le trajo de nuevo la pelea de sus padres esa mañana. La frustración lo abrumó por completo, mientras pensaba desesperadamente en alguna opción legal para conseguir dinero rápido. Cerró las manos con fuerza dentro de los bolsillos al comprender que sus dieciocho años lo convertían en un completo inútil.


Se detuvo de golpe y despeinó su cabello, rascándose la cabeza con desesperación mientras soltaba un suspiro largo que se perdió entre el ruido del tráfico, antes de acelerar el paso.


Entró al supermercado, sintiendo la calefacción golpeando en su espalda y el aroma a detergente industrial en su nariz. Suspiró y avanzó con pasos lentos por el pasillo. Al fondo, junto al mostrador de atención a clientes, reconoció la silueta encorvada de su papá frente a un hombre de traje gris.


Caminó con sigilo, arrastrando las suelas sobre el piso encerado hasta detenerse tras un estante, aguantando la respiración para alcanzar a escuchar el murmullo.


— Solo un adelanto, por favor. — suplicaba Jimin, con las manos aferradas al borde del mostrador y los nudillos completamente blancos. — Se lo devolveré con el próximo sueldo.


El gerente negó con la cabeza sin apartar la vista de su libreta.


— Las políticas de la tienda son claras, Jimin. No hay excepciones ni adelantos. Si no te gusta cómo manejamos las cosas, ya sabes dónde está la salida. — respondió tajante. Sin darle tiempo al rubio de decir algo más, dio media vuelta y se marchó.


Jimin exhaló un suspiro tembloroso, tragándose la humillación antes de girar sobre sus talones. Sus ojos se abrieron de par en par al ver a su hijo de pie a pocos metros, pero de inmediato forzó una sonrisa.


— Mi turno acaba en quince minutos. — dijo en voz baja, sacando unos billetes arrugados del bolsillo para dárselos. — ¿Por qué no buscas algo para la cena?


Beomgyu observó el dinero en la mano de su papá, sintiendo una punzada en el pecho; asintió en silencio con una mueca y se adentró entre los pasillos sin decir nada.


Minutos más tarde, tras comprar un par de sopas instantáneas, se entretuvo observando unos llaveros colgantes cerca de las cajas registradoras. El sonido de un golpe contra el mostrador lo hizo levantar la vista de inmediato.


— ¡Te dije que quería el cambio en billetes, imbécil! ¿O es que además de lento estás sordo? — un cliente corpulento le gritó al rubio, arrojándole las monedas sobre la bandeja de plástico.


Las monedas rebotaron y cayeron al suelo. Jimin bajó la cabeza de inmediato, apretando los ojos con fuerza mientras sus labios temblaban.


— Lo siento mucho, señor. — murmuró con la voz quebrada.


El gerente apareció de inmediato tras el mostrador, interviniendo.


— Mejor vete a casa, Jimin. Hoy no estás rindiendo como se debe.


El rubio asintió en silencio, desabrochando con torpeza el delantal antes de caminar hacia donde Beomgyu lo esperaba con los puños cerrados.


— ¿Estás bien? — preguntó el castaño.


Jimin asintió.


— Ese idiota... debería aprender a respetar.


Jimin estiró la mano para tomarlo del brazo, calmándolo con un toque suave.


— Tranquilo, mi amor, no es nada. — respondió en un susurro cansado. — Mejor dime... ¿cómo te fue en la escuela?


Beomgyu miró las ojeras marcadas en el rostro de su papá. Tragó saliva y dio un paso al frente para rodearle los hombros, pegándolo contra su costado sin decir nada. Suspiró tragándose el coraje y comenzó a caminar despacio, a la par del rubio.


— Mi profesor de aritmética dijo que lo había hecho bien y me regaló dos puntos extra.


Jimin sonrió sin mostrar los dientes.


— Mi pequeño es muy inteligente. — dijo, apretándole la mejilla con ternura, disimulando el temblor de sus manos.


Beomgyu rió. Salieron del supermercado, mientras la impotencia continuaba oprimiéndoles el pecho sin descanso.


Después de cenar, el menor se dirigió a su recámara, metiéndose entre las sábanas con el cuerpo adolorido por el cansancio. Jimin se sentó a su lado, deslizando su mano por los mechones castaños de su hijo, peinándolos hacia atrás con dulzura.


— Papá... ¿te arrepientes de algo en tu vida? — murmuró de la nada, mirándolo directo a los ojos.


Jimin detuvo el movimiento de los dedos un segundo, frunciendo el ceño.


— ¿A qué te refieres, mi amor?


— Si tuvieras la oportunidad de cambiar algo... ¿lo harías?


Jimin soltó un suspiro suave; una media sonrisa adornó sus labios mientras retomaba la caricia en su cabello.


— Nunca cambiaría nada, Beomgyu.


— ¿No te gustaría volver en el tiempo y no haber conocido a mi padre? — preguntó el menor, enfrentando los ojos cansados del rubio.


Una risa corta escapó de la garganta de Jimin.


— No, porque entonces tú no existirías. No podría ser feliz en un lugar donde tú no estás, mi vida.


El pecho de Beomgyu se estrujó con fuerza; estiró los brazos para aferrarse al cuello del rubio, escondiendo el rostro contra su hombro con brusquedad.


— Te amo, papá.


Jimin cerró los ojos, depositando un beso sobre su frente mientras disipaba el nudo en su garganta.


— Yo te amo más, mi niño. Ahora a dormir.


Se levantó de la cama con lentitud, abandonando la habitación para adentrarse en la suya propia. Se quitó la ropa, sintiendo la espalda tensa y adolorida.


Abrió el cajón del buró buscando la crema, pero lo único que encontró al fondo fue una vieja libreta de apuntes gastada por los años. La abrió despacio. Entre las páginas amarillentas reposaba una hoja doblada con el presupuesto de su primer año de casados, escrito con la letra torpe y apresurada que Jungkook tenía a los diecisiete.


Una punzada le oprimió el pecho.


Observó la fotografía que adornaba el pequeño mueble y la levantó despacio bajo la luz tenue de la lámpara. En ella, Jimin sonreía con inocencia vistiendo un traje blanco, con el vientre abultado de cuatro meses; a su lado, Jungkook vestía de negro, riendo a carcajadas con los ojos semicerrados y la mano sobre el vientre del rubio con un cariño que hoy sonaba a mentira.


El recuerdo le llegó de repente: el sabor dulce del pastel embarrado en los labios del otro, las risas compartidas frente a los amigos y la familia, y la seguridad de que el mundo les pertenecía.


Eran felices.


Sonrió con nostalgia y suspiró, dejando la fotografía y la libreta en su lugar. Apagó la lámpara y se dejó caer sobre el colchón, abrazando la almohada hasta que se quedó dormido.

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