Customize readability
Aa

ADELINE

Summary

Su cabello ondulado y de color negro como la noche aún era hermoso; su andar elegante, su voz, aunque ahora más baja, pero sin duda de ella. Cuántas noches, cuántos días no la había anhelado, soñado, deseado. Pero eran solo el eco de un recuerdo. Hoy, ahora, en este fragmento de eternidad, ella era mía. Vlad la ha buscado una eternidad, Jhonathan parece haberla protegido toda su vida, Van Helsing tiene un objetivo muy aparte pero al verla y conocerla es imposible ignorarla... Varios caminos disponibles, una decisión que debe ser clara o le costará toda su vida.

Status
2mo ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

ADVERTENCIAS DECONTENIDO

Querido lector, es nuestro deber informarte que esta historia contiene escenas adultas y que podrías llegar a encontrar en minúsculas ocasiones el siguiente tipo de contenido:

- contenido fanfict libre.

-Relaciones abusivas (en ocasiones chocantes)

-escenas explicitas +18 (sanas, no pretendemos que todo sea un abuso)

Se pide precaución y respeto por le contenido, avance bajo su propia responsabilidad y sobre todo.. DISFRUTE DEL CAPITULO.

Aquel que quiera ser amado, debe querer la libertad del otro, porque de ella emerge el amor, si lo somete, se vuelve objeto y de un objeto no se puede recibir amor.

Jean-Paul Sartre

I

Las calles húmedas por la reciente lluvia manchan los tacones de Adeline, quien camina sosteniendo su brazo en el de Jonathan, quien, indiferente, mira el pórtico frente a él, mientras Adeline apresura el paso para tocar la campanilla. Van tarde a la cena.

Al llamado responde abriendo la puerta una mujer rubia de ojos verdes, que de inmediato se fijan en Jonathan. Adeline, quien aún es imperceptible ante los ojos de aquella mujer, queda sin aliento ante su belleza, pues nunca había visto a una mujer más hermosa en toda su vida.

— ¡Bienvenidos! ¡Qué gusto poder recibirlos! — dice la rubia con una voz chillona y amigable que se interrumpe a sí misma al notar a Adeline.

— Pero mira qué hermoso retoño tenemos aquí.

La rubia les da paso a la casa. Jonathan le da la mano y la rubia la recibe con un aura confianzuda, sin dejar de observar a Adeline. Al mismo tiempo, Adeline no deja de observar a la rubia.

— Adeline, te presento a María -le dice Jonathan a Adeline con una sonrisa— . Ella es mi gran amiga.

— ¡Basta, Jonny! Me halagas -una sonrisa socarrona se dibuja en su rostro— . Por cierto, el señor Louis te estaba buscando, cariño. Está muy desesperado por verte.

— ¡Oh! Siempre salvándome.

Hace una reverencia exagerada que pretende ser un juego interno entre ambos y besa su mano como un príncipe a su princesa; gesto que no agrada a Adeline, pues ese tipo de actos solo deberían pertenecer a ella.

Adeline, ahora abandonada por su esposo en una cena donde no conoce a nadie, dedica su tiempo a observar los extravagantes adornos y aburridas vestimentas de los asistentes e invitados. Parecen tan inmersos en pláticas igual de aburridas que sus vestimentas, y Adeline no tiene más opción que prestar atención a la rubia a su lado, quien sigue mirándola como si fuera algún pájaro exótico jamás visto.

— Jonathan me ha hablado mucho sobre ti, querida — dice María, tomando el brazo de Adeline con fuerza.

Adeline siente la incómoda presión en su brazo y levanta una ceja ante el gesto tan confiado de María, a quien apenas conoce.

— ¿Ah, sí? -cuestiona Adeline con evidente incomodidad— . ¿Qué te ha contado?

María le da una sonrisita.

— Nada que no se pueda revelar con un par de copas de vino encima — da un suspiro rápido y dice— . Hablando de copas y de vino, ¿has viajado a Rumanía? Conozco a alguien ahí que, sin duda, te ofrecería una copa de vino por una buena plática.

— ¡Además! Es demasiado apuesto. Es más, en un par de semanas tendré el honor de su visita.

Adeline suelta su brazo del agarre de María.

— Me alegro por usted. Supongo que, de esta forma, Jonathan no la visitará con tanta frecuencia.

María solo da una media sonrisa y sus ojos saltan por un segundo de impresión.

— ¡Oh, no te preocupes! -minimiza María— . Encontraré la manera de invitar a Johnny... y, por supuesto, a ti también.

Adeline solo muestra una sonrisa de cortesía ante las palabras de María, quien responde de igual forma.



VLAD

El frío sopla y cala los huesos, mientras una mano de deforme complexión golpea en rítmico movimiento la mesa del gran salón, en total oscuridad. Un cuco repiquetea en la cornisa de su ventana, haciendo que Vlad se levante de su lugar en la mesa para recibir el mensaje que lleva en la pata.

Lo desdobla con las manos temblorosas, y la información que lleva aquel pequeño trozo de papel lo inunda de ansiedad. Por primera vez en siglos, el aire vuelve a sus pulmones, que se contraen y se expanden, dejándole no solo la sensación de respirar, sino de estar vivo.

— Dragostea mea... al fin, viva — dice con voz melancólica, casi como susurrando al viento y esperando que, de alguna forma, ella respondiera.

Vlad de inmediato recobra el sentido de su amena ensoñación y, caminando a paso apresurado hacia su habitación, ignora las miradas ajenas y perdidas de los súbditos, a quienes apenas puede describir como seres vivos. Debe prepararse para salir lo antes posible.

Mientras toma algunas cosas de su baúl, alcanza a ver su reflejo en un espejo. Necesita beber sangre; su aspecto es horroroso por los años de encierro, indigno de estar al lado de su amada.




ADELINE

Doy otro paso más dentro del exuberante salón, cuya lujosa decoración deja en claro lo poco que sé de esto que llaman alta sociedad. Es cuando me arrepiento de no haber atendido con suficiente atención a mis clases de etiqueta.

No hay vuelta atrás. Debo encontrar a Jonathan entre la multitud. Se ha adelantado nuevamente con esa íntima amiga y yo aquí no conozco ni a las moscas.

Recorro el salón esquivando los vestidos pomposos y a los altos caballeros indiferentes a mi intención de pasar sin chocarlos. Al llegar a la orilla de la pista, donde las mesas ya no abundan, un sentimiento llena de frío mi espalda y mis instintos me obligan a girar deprisa para intentar ver desde dónde es que siento esta abrumadora y pesada mirada sobre mí.

Pero noto que nada ni nadie me está observando. De hecho, mi presencia es tan absurdamente invisible que un mesero choca sin querer su hombro con el mío, apenas disculpándose mientras sigue con su camino.

El empujón me provoca un tropezón y una mano helada me sujeta para regresarme un ligero sentido de equilibrio.

— La servidumbre de ahora ya no es lo que era antes -murmura una voz amable detrás de mí— . ¿Se encuentra bien, my lady?

El frío de su mano desaparece y sus ojos ámbar, que no han apartado su mirada de mí, me dan un inusual suspiro de calidez.

De inmediato me aparto unos centímetros y lo miro con vergüenza mientras asiento, bajando la mirada.

No sé cuál es su expresión, ya que evito elevar la vista. Después de todo, a nadie le gusta que una mujer sea demasiado atrevida; al menos eso es lo que Jonathan suele decirme. Dejo mi vista tan baja como para no poder darme una idea de la expresión en su rostro.

— ¿Dragostea mea? ¿Está todo bien?

Lo miro con confusión.

— ¿Dragón qué?

El hombre suelta una risita y mi vista por fin se atreve a viajar a su rostro, en el que ya hay una sonrisa bien plantada. De nuevo, sus ojos me impresionan cuando me vuelve a hablar.

— Es solo una expresión de mi país -su sonrisa sigue ahí— Se usa para referirse a las damas inusualmente bellas.

— Ah... — es lo único que sale de mi boca.

Su gesto se alarga por toda su cara; sus mejillas se estrujan con su sonrisa por la extraña felicidad que le causa mi confusión.

Intentando formular una respuesta, decido que no puedo y cambio el tema, ya que su comentario, lejos de parecerme inoportuno, me parece halagador.

— Entiendo... ehm, gracias por tan oportuna intervención — suelto, intentando buscar algo que decir— . Señor, usted es...

El hombre de inmediato relaja los músculos de su cara y se inclina. Su mano toca la mía y es inevitable no seguir su ligero tirón, que exige un digno saludo. De forma sorprendente, sus fríos labios chocan con el dorso de mi mano, y el frío que sentí al inicio, combinado con el calor en mis mejillas, me da ese sentimiento que, otra vez, no sé explicar.

Su mirada sube sin soltar mi mano ni dejar su inclinación, y mi corazón da un inexplicable latido extra.

— Conde Vlad III Drácula de Rumania, mi dama.

Sin soltarme, sus labios besan mis dedos y una diminuta sonrisa aparece en su gesto antes de ser interrumpidos por María.

— ¡Pequeña florecilla! — se escucha a lo lejos.

Ambos miramos al origen de la voz y vemos a María venir en nuestra dirección, haciendo rebotar sus grandes cualidades, que amenazan desde el interior de su poco apropiado escote.

El conde, sin soltar mi mano, solo deja que ambas se deslicen suavemente unidas una a la otra, mientras las puntas de sus dedos juguetean con los míos en un acto que me distrae de María, quien, al llegar a nuestro lado, no desaprovecha un instante para comenzar a parlotear.

— ¡Ah! ¡Parece que mi florecilla ya conoció a mi conde! — su entusiasmo desaparece, dejando un suspiro de falsa decepción— . Y yo que iba a presentarlos.

María baja la mirada y nota el gesto de las manos que el conde no se ha dignado a dejar y del que yo no sé cómo escapar. Una sonrisa burlona sale de su rostro y nos da una broma totalmente fuera de lugar.

— Hacen una increíble pareja.

Su tono se vuelve más una afirmación, y el conde, lejos de corregirla, solo da una risita.

Mi vista se desvía un poco y veo a Jonathan venir hacia nosotros con dos copas en la mano. Cuando llega con su sonrisa deslumbrante, le da la copa a María y eso, de alguna forma, me toca los nervios; debería dármela a mí, pero ahora que está ella aquí solo piensa en su comodidad.

Mi querido Jonathan abandona su gesto alegre de forma notable y abrupta.

— Parece que ya es cercano a mi mujer, conde Vlad — suelta Jonathan con una notable molestia.

El conde deja en paz mis dedos y yo junto mis manos al frente.

— Es solo un gesto amable — se justifica el conde— . Uno nunca sabe cuándo podría apreciar tan de cerca a una bella dama.

Jonathan suelta una risa que me parece escandalosa y me estira su mano libre para tomarla. Obedezco y me lleva a su lado bajo la atenta vista del conde.

— No es necesario que aprecie tan de cerca a una mujer bella — interfiere Jonathan— . En especial, las casadas. Este tipo de damas suelen tener fijaciones únicamente por sus hombres.

El conde de nuevo le da una sonrisa y, con un suspiro que externa su pensar, dice:

— Eres un increíble hombre — halaga a Jonathan con burla que, al parecer, solo yo logro detectar— . Qué envidia me da tu paz mental... debe ser maravilloso vivir sin el peso de la autocrítica.

Mi corazón revolotea. Le ha llamado idiota frente a un mundo de gente, pero veo a Jonathan y parece no haberlo discernido.

María nota la incomodidad de la situación e interviene, dejando de lado el agudo comentario del conde:

— ¡Vieron la increíble vajilla que he encontrado! Es de porcelana galesa.

Asiento con una falsa sonrisa y parece que la tensión se ha aliviado cuando Jonathan desvía la mirada, cautivado solo por su voz.

— Acompáñenme a verla; les va a encantar. Además, tengo otros artilugios que de seguro les darán curiosidad ver — nos asegura, comenzando a caminar con Jonathan a su lado y yo detrás de ellos, viéndolos convivir.

El conde está detrás de nosotros, avanzando a paso lento y medido, sin dejar de hacerme sentir su presencia.




VLAD

Su cabello ondulado y de color negro como la noche aún era hermoso; su andar elegante, su voz, aunque ahora más baja, pero sin duda de ella.

Cuántas noches, cuántos días no la había anhelado, soñado, deseado. Pero eran solo el eco de un recuerdo. Hoy, ahora, en este fragmento de eternidad, ella era mía.

Lo único que me saca de mi anhelado momento es la insufrible voz del hombre junto a María, que resuena entre nosotros. Con su forma tan abrupta de soltar estupideces en público, no podría jamás imaginar lo que dice cuando no se está conteniendo en la privacidad de su hogar.

Sigo a mi dama por detrás. Mantengo mi paso firme, admirando cuya hermosura resalta en esta reunión de tan baja categoría que María osa apreciar como una fiesta. Antes todo tenía más estatus; no éramos salvajes como estos... Bueno, no éramos tan indecentes.

— Entonces... ¿Hace mucho que conoce a Lady María? — su voz delicada me saca de mis pensamientos.

¡Fir-ar!

Su voz sigue siendo tan melodiosa como la primera vez. Sus dulces labios aún pronuncian las palabras con una dicción tan estupenda que me hipnotiza.

Incluso me atrevo a decir que la forma en que sus labios se mueven al hablar me parece sensual, pero debo regresar en mí, porque sus ojos me piden una respuesta.

— Oh, bueno, intentó seducirme y robarme en uno de mis viajes a Escocia — divago sobre mis recuerdos referentes a María, que son algo borrosos por el tiempo— . En realidad, no quería, pero como me era útil, me la quedé.

— Disculpe, ¿a qué se refiere con que se la quedó? — preguntó mi dama con evidente confusión.

— No, disculpe. Me refería a que somos asociados desde hace ya bastante tiempo — me apresuré a corregirme.

Su confusión me puso nervioso, un sentimiento que no tenía hacía ya muchos siglos.

— ¿Son socios de un negocio en particular? — cuestiona mi amor con sus ojos brillantes.

— En realidad, podría decirse que ella vela por mi salud y desarrolla mi curiosidad — admito, sin dejar de lado el pensamiento de que, en realidad, no sé cuántas veces María me ha sacado de mi castillo para fomentar mi curiosidad hacia las novedades del mundo.

Me aprovecho de la conversación para ponerme a su lado y ella me deja espacio para avanzar juntos. Parece que los viejos hábitos no se olvidan.

— Creo que es usted más cercano a Lady María de lo que quisiera admitir — intuye, y me río en mis adentros. Me encanta su ingenuidad, que reluce solo en momentos específicos.

Una vez más, nuestra convivencia se interrumpe por ese nefasto, que se aparece recordando que mi querida existe más allá de los encantos de María.

Es absurdo que se fijara en ella siendo acompañante de mi dama. Cuando era mía, me era imposible dejarla un minuto en paz.

— ¡Oh! Mi amada, mira qué elegantes cubi...!

Aquel hombre no termina su frase cuando nos observa con seriedad.

Deja el cubierto de plata que sostiene en la mesa más cercana y se aproxima a nosotros.

— Adeline, creo que es hora de irnos — le ordena, pronunciando su nombre con una agresividad y firmeza que me hace querer arrancarle la garganta de un mordisco.

Noto a mi amada tensarse ante la voz de ese nefasto y, como un cachorrito, lo sigue sin siquiera despedirse, mientras María se pone a mi lado para colocar su mano en mi hombro en el intento de apaciguar mi disgusto.

Los miro marcharse hasta perderlos de vista y dirijo mi mirada a María, quien, sin dudarlo, ya espera órdenes.

— El mesero que chocó con ella... sabes qué hacer — le ordeno y me alejo para salir de ese lugar lo antes posible.





MARÍA

Mi dulce Jonathan parloteaba sobre los irrelevantes cubiertos que yo misma elegí, su voz llegando a mis oídos sin retener información alguna.

Detrás de nosotros, mi amo, mi señor, compartiendo su dulce voz con aquella mortal, con ese gesto tan increíblemente inusual en él. Tan sensual.

Johnny y yo recorremos el lugar admirando el resto de objetos. Mientras tanto, mi señor ya se encuentra compartiendo una caminata con Adeline.

Mi atención, por un momento, se ve interrumpida por Jonathan, pero mis oídos no pueden evitar escuchar mi nombre en la boca de esa mujer. Si bien odio que los mortales pronuncien o hablen de mí, el hecho de que ella crea que soy cercana a mi amo me hace estremecer y no puedo evitar sonreír.

— ¡Oh! Mi amada esposa, mira qué elegantes cubi...!

Johnny se aparta de mi vista y se aleja de la nada con un gesto de desagrado.

Veo a Jonathan llevarse a su mujer apresuradamente y a mi señor tensarse mientras los ve marcharse, con una mirada oscura donde desearía hundirme. Un cosquilleo recorre mi cuerpo ante su presencia, pero no es el momento ni el lugar para dejarme llevar.

Me acerco a él porque sus intenciones de dar el paso al descontrol son obvias y no podemos permitirnos un arranque como ese, y mucho menos por una mujer como ella.

Toco su hombro suavemente. El gesto parece ser ignorado, pero obtiene efecto; no se mueve hasta que me mira de reojo y, por fin, me da una orden, una que esperé mucho antes de su regreso.




X

Terminando mi ronda, me dirijo a la puerta tercera de la cocina. El callejón me da la paz para respirar y sacar mi cigarrillo, que había estado en mi bolsillo, aplastándose con el movimiento y con el chocar de toda la nobleza.

— Sabes, fumar puede ser malo para la salud... o eso me han dicho.

La mujer más llamativa de la fiesta se acerca a mí, bajando los escalones del desnivel frente a la entrada de la cocina.

Llega a mí y el vapor de su respiración se combina con el humo de mi cigarro. Me da una sonrisa con los labios pintados finamente de rojo.

Su mano sube lentamente y, cuando creo que va a pasearla por mi pecho, llega a mi cigarrillo y me lo quita de los dedos sin que yo pueda desobedecer.

— Si planeas morir pronto, deberíamos compartir este pequeño momento y, tal vez, también un poco de diversión.

Le da una calada y, en lugar de dejar ir el humo, se aproxima a mi rostro.

Apenas unos milímetros de mi boca, suelta el humo, pasa su mano por mi pecho lenta y sensualmente hasta llegar a mi cuello, donde la dirige por detrás de mi nuca. Sus dedos se deslizan por la solapa de mi camisa y se aleja de nuevo, caminando hacia atrás mientras me indica con un gesto que la siga hacia la oscuridad del callejón.

No dudo en hacer lo que me pide.

¿Qué podría perder?





ADELINE

Bajo del carruaje y Jonathan ni siquiera me ha volteado a ver. El aire esta noche promete una frescura húmeda que me estremece al tocar el suelo.

El cochero espera a que yo me aleje lo suficiente para arrancar de nuevo.

Jonathan ya ha llegado a la puerta y yo me doy el tiempo de mirar las flores que delimitan el camino hasta la puerta de nuestro jardín delantero.

Me encanta ese jardín. El pasto brilla incluso por las noches, los arbustos albergan pajarillos que por las tardes cantan y los grillos acompañan mi camino hasta la entrada, donde la ama de llaves ya me espera con esa sonrisa amable que para nada se nota falsa.

El calor de casa cubre mi cuerpo completamente. Jonathan ha ido directamente a su despacho; lo puedo notar por la luz al final del pasillo principal.

Puedo ignorarlo por completo o ir con él para arreglar las cosas, pero sé bien que, en ocasiones como esta, lo mejor es esperar a que su enfado pase.

Subo las escaleras iluminadas por los pequeños candelabros en las paredes. El piso de arriba está finamente iluminado por hermosas lámparas cálidas y la alfombra ámbar le da un toque tan cálido que me alegra por completo estar en casa.

Nuestra habitación está como cuando nos retiramos. Una fina colcha de algodón cubre la cama y los detalles dorados en los cabezales le dan ese toque tan fino que me encanta.

se que mi baño está listo pero me siento en mi banquillo frente al tocador para quitarme el maquillaje con un paño limpio y aceite de ricino lujoso que Jonathan me ha proporcionado .

Me quito el vestido sin prisa y lo dejó recargado en la silla a un lado de la cama, mi camisón de fondo me cubre de la desnudez y me siento en la orilla de la cama para quitarme con comodidad los aretes.

Jonathan entra en la habitación pero se queda parado observando mientras aliso mi cabello con los dedos.

— Estas hermosa — afirma y se que ha bebido más de una copa en su oficina, lo cual me alivia .

se acerca a mi poniendo su mano en mi mejilla deslizándola hasta que sus dedos tocan mis labios dulcemente aplicando una presión en ellos se acerca mas y me besa haciendo que nuestros labios choquen y nuestros dientes se estrellen, introduce su lengua moviéndola de un lado al otro dentro de mi boca y obligándome a responderle de una forma similar.

— Mi diosa , mi amor— dice entre besos cada vez más demandantes

me agarra del brazo y me voltea haciendo que mi rostro se estrelle en la cama dejándome por un momento aturdida pero no lo suficiente como para no oír el sonido de su cinturón cayendo y su cremallera abriéndose, se lo que sigue no es la primera vez pero tampoco la última.

Se posiciona detrás de mí con su miembro justo donde debe estar, y no espera solo toma lo que es suyo y mío penetrándome de una sola vez, callo mi grito que aparenta ser gemido con las sabanas de mi cama donde no a dejado de presionar mi rostro y donde él desciende para susurrar a mi oído

— solo un momento mas, solo un poco mas mi amor— dice entre gemidos y susurrando a mi oído

cada ves que el se mueve un poco duele si duele pero es mi esposo mi amor y se que parte de este acto es mi deber como su esposa y por mantener esa trivial conversación con Vlad con su voz que era hermosa dulce como ninguna otra

— ah, mi esposa ah mi ángel — gime Jonathan a mi oído está cerca

mueve sus caderas más brusco y más rápido mientras que aprieta mi cuerpo contra mi cama casi asfixiándome y dejándome momento después sacando su miembro tan bruscamente como entro, muerdo la sabana y siento como su semen cae en mi espalda, Jonathan no quiere hijos aún, no al menos no conmigo.







Dragostea mea: Mi amor

Fir-ar maldición




NOTAS DE LOS AUTORES

Rain y Ehécatl a la obra, esperamos este primer capítulo sea de su agrado. Nos hemos esforzado mucho por qué este fanfict quedé bien, recibirá una actualización pronto y podrán ver nuestras redes sociales y otras páginas de publicación muy pronto.

No olviden comentar, su opinión es importante para nosotros Háganos saber si es que les gustó.

Gracias por leer.

Let rainehecatl115 know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

How To Tame A Beast- An MC Romance

sanriosoul929: I really liked this story there were some grammatical errors like missing commas in a list but it didnt take away from the story and they are so cute together!

Read Now
ASHER - Original Version

JSK: This one was my first book on inkitt. I love it. I really like the plot twist

Read Now
Craving the Captains

Danielle: Luv this book

Read Now
Purple Heart

Daphne Anders: I love how A Duncan writes she masterfully combines humor, reality, and HEAT❤️‍🔥. She makes her readers feel what her characters do: sorrow, attraction, interest, pain. She’s talented through and through!

Read Now
The Offside Arrangement

Deonna: Another wonderful book from JaneAnne! Lacey and Kaid were absolutely perfect for each other from the very beginning. The character growth and emotional roller coaster were excellent. Definitely worth reading and adding to my favorite books reading list. 🩶❤️

Read Now
We Only Fake It on the Weekends

Ashley Pierce: Loved this story!! Awesome work!!

Read Now
Three Crowns for an Omega

AS: Even though it’s not exactly my cup of tea, I liked it. It’s the first book on here that I actually read from cover to cover. The characters were funny at times, dramatic at times, and overall pretty decent. For its genre, it turned out pretty good.

Read Now
How To Kidnap A Mafia Boss

Ashton Bagattin: I like everything about it, it’s soooo exciting, I’d recommend it to anyone who enjoys dark romance

Read Now
BLACKBIRD

Oranna: This was a fun read. Satisfying balance of humor, drama, smut. Fun without sacrificing depth.

Read Now