Prรณlogo
๐๐๐๐๐๐๐ แตแต
โคท ๐ฃ๐๐ฟ๐พ๐๐พ๐๐ผ๐๐บ ๐ฝ๐พ ๐พ๐ฝ๐บ๐ฝ, ๐๐๐๐ ๐พ๐๐ผ๐๐บ ๐ฟรญ๐๐๐ผ๐บ, ๐๐บ๐๐๐๐พ, ๐ ๐พ๐๐๐๐บ๐๐พ ๐ฟ๐๐พ๐๐๐พ, ๐๐บ๐๐๐๐๐ ๐บ๐ผ๐รณ๐ ๐๐๐๐ผ๐๐ รณ๐๐๐ผ๐บ, ๐ผ๐๐บ๐๐๐บ๐๐พ, ๐๐บ๐ ๐๐๐บ๐๐, ๐บ๐ป๐๐๐, ๐บ๐๐๐๐พ๐ฝ๐บ๐ฝ, ๐๐๐บ๐๐๐๐๐๐๐ ๐ฝ๐พ ๐ ๐บ ๐ผ๐๐๐ฝ๐๐ผ๐๐บ ๐บ๐ ๐๐๐พ๐๐๐บ๐๐๐บ (๐ณ๐ข๐ ), ๐บ๐๐๐๐๐พ๐ฝ๐๐ผ๐บ๐ผ๐รณ๐, ๐ผ๐๐๐๐ ๐พ๐๐๐ ๐๐๐๐ผ๐๐ รณ๐๐๐ผ๐๐, ๐๐ป๐๐พ๐๐รณ๐, ๐บ๐ผ๐๐๐, ๐ผ๐๐๐ฝ๐๐ผ๐๐บ๐ ๐ผ๐๐๐๐๐๐ ๐บ๐ฝ๐๐๐บ๐, ๐๐พ๐ ๐บ๐ผ๐รณ๐ ๐รณ๐๐๐ผ๐บ, ๐๐๐ฟ๐๐ฝ๐พ๐ ๐๐ฝ๐บ๐ฝ, ๐ผ๐๐๐๐พ๐๐๐๐๐๐พ๐๐๐ ๐ผ๐๐พ๐๐๐๐๐๐บ๐ป๐ ๐พ, ๐ฝ๐๐ฟ๐พ๐๐พ๐๐ผ๐๐บ ๐ฝ๐พ ๐๐๐ฝ๐พ๐, ๐ฝ๐พ๐๐พ๐๐ฝ๐พ๐๐ผ๐๐บ ๐พ๐๐๐ผ๐๐๐๐บ๐ , ๐ผ๐๐พ๐๐ผ๐รณ๐ ๐ ๐๐๐พ๐๐๐พ.

01 de julio, Ciudad de Mรฉxico.
7:48 a. m.
Hace apenas un dรญa que el Tri habรญa logrado pasar los dieciseisavos de final contra la Selecciรณn Ecuatoriana en el infame estadio Azteca. Las transitadas calles estaban repletas de vasos vacรญos que antes estuvieron llenos de cerveza o tequila; habรญa confeti de los colores patrios esparcido por todos los alrededores y la vibra mundialista se sentรญa en el aire sin importar dรณnde se estuviera.
Gilberto Mora veรญa desde el gran ventanal del comedor del hotel el desastre absoluto que causรณ la victoria de su selecciรณn la noche pasada.
Sus brazos se mantenรญan cruzados sobre su pecho. Parecรญa tenso, a pesar de la expresiรณn serena que adornaba su rostro. Sin embargo, la emociรณn que persistรญa en sus ojos y parecรญa no desaparecer mostraba una imagen completamente distinta. Un adolescente invadido por el estrรฉs y el cansancio, pero lo suficientemente motivado para afrontar cualquier dificultad que le pusiera el destino enfrente.
Y el destino, que solรญa unir caminos y dar bellas sorpresas inesperadas, tambiรฉn podรญa ser muy cruel.
Dentro del รกrea exclusiva del hotel, la repentina llegada y charla entre gritos moderados de Alexis Vega y Roberto "Piojo" Alvarado destruyรณ la poca tranquilidad presente. El dรบo daba la impresiรณn de seguir con la euforia de ganar un partido de eliminaciรณn directa despuรฉs de quedar descalificados en la fase de grupos en el Mundial de Catar 2022.
Por detrรกs de ellos venรญan Johan Vรกzquez, Raรบl "Tala" Rangel, Armando "Hormiga" Gonzรกlez, Brian Gutiรฉrrez y Santiago Gimรฉnez. Mรกs atrรกs estaba Raรบl Jimรฉnez, recargado sobre los hombros de Juliรกn Quiรฑones, quejรกndose entre lamentos por su terrible resaca. Luego, Guillermo "Memo" Ochoa apenas iba bajando del dรฉcimo piso, donde se hospedaban todos.
La escena era reconfortante a ojos de Mora. Un calor inesperado le envolviรณ el pecho, como el cariรฑo inocente de un niรฑo pequeรฑo hacia sus tรญos favoritos o hacia sus primos preferidos.
Los saludos maรฑaneros no se hicieron esperar, en conjunto con burlas no malintencionadas. ยซยฟY ese milagro que te levantaste temprano, chamaco?ยป, fue lo primero que le preguntaron con una exageraciรณn marcada. Normalmente, el nรบmero diecinueve de la Selecciรณn Mexicana solรญa despertar veinte o treinta minutos despuรฉs de la hora designada por el cuerpo tรฉcnico, pero eso ya era suficiente para ser objetivo de seรฑalamientos.
Entonces Gilberto dio una excusa barata como respuesta. Era una mentira sucia y bien planeada que se deslizรณ por sus labios tal cual mantequilla derretida, o como si fuera un experto de toda la vida en engaรฑar a la gente que lo rodeaba.
Los que estaban presentes se fueron directo en contra de Alvarado, que ya se estaba sentando en un sillรณn cercano al comedor. Aquel bullying sobrellevado entre amigos fue inevitable cuando la joven promesa de Mรฉxico acusรณ al dichoso "Pistaches en salsa verde" de roncar demasiado fuerte desde la sala adjunta en el dรฉcimo piso.
Eso era cierto, sรญ; incluso habรญa testigos que tambiรฉn empezaron a reclamar entre burlas por los estruendosos ronquidos de Roberto. Sin embargo, no era exactamente la razรณn por la que Mora tenรญa unas espantosas ojeras bajo sus ojos almendrados.
A consideraciรณn propia del adolescente, la verdad era tan vergonzosa que, si la decรญa, se convertirรญa en la causa de risas cariรฑosas de todo el equipo. Ellos no eran molestos, por supuesto que no, pero no querรญa lidiar con algo que no pararรญa incluso hasta el dรญa siguiente de la concentraciรณn.
Entre chistes malos, Mora se hundiรณ en su propio mundo despuรฉs de acomodarse en una silla a los extremos de la larga y vacรญa mesa de cedro oscuro. Su mente juvenil se centraba en una sola cosa: Jude Bellingham y el partido que tendrรญa contra la RD Congo dentro de pocas horas, ese mismo dรญa, en el estadio Mercedes-Benz.
Gilberto deseaba con toda la emociรณn posible del mundo que la Selecciรณn Inglesa ganara. Y, aunque รฉl sabรญa que eso podรญa perjudicar el sueรฑo de todo Mรฉxico de llevarse la Copa del Mundo por primera vez en mucho tiempo, su anhelo inocente de jugar como rival del nรบmero cinco del Real Madrid y su mayor รญdolo desde, al menos, los doce aรฑos de edad, en los octavos de final competรญa fervientemente en contra de esa esperanza nacional que se convirtiรณ en una sola pregunta que estaba ilusionando al paรญs entero.
El ambiente, que hace minutos fue un caos de risas y burlas pesadas, pasรณ a volverse tranquilo conforme empezaban a servir el desayuno.
La mesa se llenรณ de bowls de fruta picada, platillos diferentes y balanceados para cada jugador, pero, sobre todo, de nuevas charlas tranquilas entre cada uno de ellos.
Gilberto Mora ya estaba fuera de su trance para ese entonces, pero su atenciรณn seguรญa centrada en ese inglรฉs que fue la razรณn exacta de su poco descanso y su ejemplo a seguir desde que iniciรณ su carrera en el fรบtbol profesional.
No era obsesiรณn, era admiraciรณn. Esa devociรณn casi ciega lo empujaba a llegar mรกs lejos para posicionarse en lo mรกs alto de una jerarquรญa no escrita del fรบtbol, donde los reyes eran aquellos que podรญan vender su contrato por millones de euros a un buen club europeo y los peones, los que terminaban hundidos en un mar de frustraciones por no poder sobreexplotar sus propias carreras.
En la podrida industria futbolรญstica, dentro de esa pirรกmide de superiores e inferiores, Jude Bellingham se posicionaba en lo mรกs alto como el jugador de รฉlite que era.
Confiado, competitivo, autoexigente, seguro de sรญ mismo y, sobre todo, arrogante. Su imagen pรบblica era perfecta asรญ.
Lo veรญan como una buena persona que cada dรญa se esforzaba mรกs para ser mejor, solo por demostrar el mรกs mรญnimo carisma o empatรญa. Pero, dentro de las cuatro paredes de su propia privacidad, el personaje que habรญa hecho la prensa de รฉl desaparecรญa.
Como si fuera un rey de la antigua Nueva Espaรฑa, su personalidad se distorsionaba hasta volverse un completo narcisista con complejo de superioridad.
Egoรญsta, apรกtico, violento y manipulador.
Un hipรณcrita en toda la extensiรณn y concepto de la palabra misma.
Bellingham terminaba de ser ese tipo de persona que, si veรญa a alguien mejor que รฉl, con talento o incluso potencial, no tardarรญa en destruirla en un juego dolorosamente simple, pero tortuoso.
Gilberto no sabรญa que veรญa con un destello orgulloso a un hombre asรญ de podrido y despiadado. Mucho menos que ese mismo individuo lo viera como un potencial peligro para su propio estatus.
Y mientras รฉl reรญa entre sorbos cortos de cafรฉ con una inocencia genuina y digna de su edad junto a Armando "Hormiga" Gonzรกlez, sentado a su lado, en Estados Unidos, especรญficamente en el centro de Atlanta, la estrella de Inglaterra sostenรญa entre sus manos su celular con un semblante casi depredador.
Los dedos del mediapunta se deslizaban sobre la pantalla optimizada a brillo bajo. Videos cortos, estadรญsticas, jugadas clave marcadas en asistencias y luego en goles, entrevistas. Jude Bellingham se habรญa vuelto un autรฉntico analista de la joven joya de Mรฉxico, que ya consideraba como una amenaza directa en la cancha.
Lo veรญa jugar con meticulosa atenciรณn conforme pasaba cada cortometraje grabado de los partidos. Era bueno a sus ojos, con un talento digno de pulirse en las grandes ligas de Europa, pero dejarlo triunfar significaba cederle, poco a poco, un lugar al lado de su trono como jugador prodigio.
Eso, para Jude, era permitir que alguien igual de bueno llegara a opacarlo. Y รฉl siempre se escogerรญa a sรญ mismo por encima de los demรกs.
Luego de lo que fueron apenas unos minutos, se detuvo en una entrevista que parecรญa haber sido grabada hacรญa unas semanas. Las preguntas eran triviales, como las que le hacรญan a cualquier jugador en ascenso.
Bellingham iba a pasar de largo con un simple deslizamiento. Sin embargo, la respuesta a una de esas tantas cuestiones le llamรณ la atenciรณn.
โ ยฟAlguien con quien quisieras jugar por el resto de tu vida? โ preguntรณ el entrevistador y luego le pasรณ el micrรณfono al talentoso adolescente.
โ Con Jude Bellingham.
Fue una respuesta rรกpida, consciente y sincera. Uno de sus peores errores, por cierto.
El inglรฉs, que detuvo el video justo cuando Mora sonreรญa sutilmente al terminar de responder a la pregunta, habรญa encontrado una manera de hundirlo, como a los demรกs jรณvenes estrellas que terminaban alejados del deporte que poco los acogรญa. Pero su mente empezรณ a hilar una alternativa todavรญa mรกs perversa, incluso mรกs divertida y efectiva.
No le importaba el partido de maรฑana porque, con toda la arrogancia, sabรญa que lo ganarรญan. Su รบnico objetivo en mente, a largo plazo, era Gilberto Mora, ese niรฑo que salรญa a jugar con profesionales a sus juveniles diecisiete aรฑos y lo admiraba con orgullo.
Jude Bellingham apenas curvรณ los labios. No habรญa rastro alguno de felicidad en su expresiรณn; solo una frialdad implacable y un brillo de anticipaciรณn en los ojos ante algo que prometรญa ser sumamente entretenido durante meses o incluso aรฑos.
El astro inglรฉs no solo planeaba ganarle a Mรฉxico en los octavos de final; querรญa quitarle a esa selecciรณn tricolor a uno de sus jugadores mรกs preciados y luego quebrarlo en mil pedacitos abundantes de dolor mezclado con agonรญa.
Mora, que ahora jugaba pรกdel en una cancha exclusiva con una sonrisa cargada de genuina inocencia adolescente, ni siquiera sabรญa que acabรณ siendo el blanco de algo tan cruel y monstruoso que culminarรญa con su propia paz mental y psicolรณgica.
Y porque el destino ya lo habรญa escrito como un juramento sagrado, asรญ serรญa.

Gracias por leer.








