¿El es?
El reloj marcaba las 9:17 a.m.
Y/N corría por la avenida con una carpeta abrazada contra su pecho. Su respiración era agitada, el cabello completamente despeinado y su uniforme ligeramente arrugado.
—No... no... no...
El autobús se había retrasado.
El tráfico había sido un desastre.
Y, para terminar de arruinar su día, había olvidado que la entrevista comenzaba a las nueve en punto.
Llegó al enorme edificio de cristal.
En letras plateadas podía leerse el nombre de la empresa.
Respiró hondo antes de entrar.
—Buenos días... vengo por la entrevista para el puesto de secretaria...
La recepcionista levantó la vista.
—Lo siento... la vacante ya fue cerrada.
Silencio.
Y/N simplemente bajó la mirada.
—...Entiendo.
No discutió.
No rogó.
No hizo un drama.
Solo dio media vuelta y salió del edificio.
Pero apenas cruzó las puertas automáticas...
¡PUM!
Se dio un fuerte golpe contra una de las enormes columnas de concreto del exterior.
Se quedó ahí.
Con la frente pegada a la pared.
Sin moverse.
Como si estuviera castigándose sola.
—...
"Qué bonito... ni trabajo ni dignidad."
Un hombre que acababa de bajar de un automóvil negro se quedó observando la escena.
Cabello rubio.
Traje impecable.
Ojos azules que parecían juzgar absolutamente todo.
Llevaba varios segundos viéndola sin entender qué hacía.
Finalmente habló.
—¿Piensas quedarte abrazando la pared todo el día?
Y/N giró apenas la cabeza.
Lo miró.
Volvió a apoyar la frente.
—Lo estoy considerando.
El hombre arqueó una ceja.
—Curiosa forma de reaccionar.
Ella suspiró.
—Llegué tarde.
—¿Y?
—Perdí el puesto.
—¿Solo por eso?
—Era importante.
Su respuesta fue corta.
Sin dramatizar.
Solo un hecho.
El hombre permaneció callado unos segundos.
—¿Buscas trabajo?
—Sí.
—¿Qué estudias?
—Secretariado ejecutivo.
—¿Y todavía estudias?
—Sí.
Él la observó detenidamente.
No parecía nerviosa.
No intentaba darle lástima.
Ni siquiera lo estaba viendo.
Solo seguía con la frente contra la pared.
Le dio un poco de risa.
—Levanta la cabeza.
Ella obedeció.
Tenía una pequeña marca roja en la frente.
—...
Él casi sonríe.
Casi.
—¿Tienes teléfono?
Y/N lo miró confundida.
—Sí.
—Dámelo.
Ella frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque lo pedí.
"..."
Qué hombre tan raro.
Aun así, sacó su celular.
Él anotó un número y luego hizo una llamada perdida para guardar el suyo.
Le devolvió el teléfono.
—Es todo.
—...¿Eso era?
—Sí.
—Bueno...
Y/N guardó el celular.
—Gracias... supongo.
Se fue caminando.
Sin preguntar su nombre.
Sin imaginar quién era realmente.
---
Tres días después.
Y/N estaba en plena clase cuando su celular comenzó a vibrar.
Número desconocido.
Salió del salón para contestar.
—¿Bueno?
—¿Y/N?
—Sí.
—Habla Michael Kaiser.
Ella frunció el ceño.
—...¿Quién?
—El hombre de la pared.
Silencio.
—Ah.
—Ya tienes el puesto.
"..."
—¿Qué?
—Preséntate mañana a las ocho.
—Espere... ¿cómo que ya tengo el puesto?
—Porque yo lo digo.
—¿Y usted quién es para decidir eso?
Del otro lado hubo un pequeño silencio.
—Soy el CEO de la empresa.
...
...
...
Y/N apartó lentamente el teléfono de su oído.
Lo volvió a mirar.
Lo acercó otra vez.
—¿Perdón?
—¿Necesitas que lo repita?
—Usted...
—Sí.
—¿Era el CEO?
—Correcto.
Y/N cerró los ojos.
"Me pegué contra una pared frente al CEO..."
Qué vergüenza.
—Entonces... ¿acepta el trabajo?
Ella respiró hondo.
—Sí.
—Perfecto. Lleva documentos. Recursos Humanos ya está avisado.
La llamada terminó.
Y/N permaneció inmóvil.
Su compañera salió del salón.
—¿Qué pasó?
Y/N respondió con la misma cara seria de siempre.
—Conseguí trabajo.
—¡¿Dónde?!
—En la empresa donde hice el ridículo frente al director.
—...¿Qué?
---
Al día siguiente...
Y/N llegó puntual.
Esta vez veinte minutos antes.
La recibieron en Recursos Humanos y le entregaron un gafete.
—Serás asistente del director de operaciones.
Ella leyó el nombre.
Alexis Ness.
—El señor Ness trabaja directamente con el CEO, así que es muy importante mantener todo en orden.
Mientras caminaba por el pasillo, una voz conocida habló detrás de ella.
—Llegaste temprano.
Y/N volteó.
Era Michael Kaiser.
Esta vez sin duda alguna.
Todo el personal que pasaba se detenía a saludarlo con respeto.
—Buenos días... señor Kaiser.
Él la miró unos segundos.
—Me alegra que hoy no hayas decidido abrazar ninguna pared.
Ella permaneció completamente seria.
—Intentaré mantener esa costumbre.
Por primera vez en toda la mañana...
Kaiser soltó una pequeña risa.
—Creo que hiciste una buena contratación para mi empresa... aunque todavía no lo sepas.
Y/N aún no imaginaba que trabajar justo al lado del mejor amigo del CEO significaba que vería a Michael Kaiser prácticamente todos los días... y que ese extraño encuentro frente a una pared apenas había sido el comienzo.








