Hunyerx Yun by raine_exe at Inkitt
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HunyerxYun

Summary

Spain RP. Yun Kalahari solo quiere seguir su vida de delincuente, robos, asaltos, atracos, secuestros de picoletos; no pensaba que en algún momento podría ver con otros ojos a uno de sus compañeros de mafia. Mierda, es solo que... Hunter se veía tan bien con esos tatuajes.

Genre
Action
Author
raine_exe
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Único


Yun mentiría si dijera que no tenía más de un mal pensamiento cada que miraba a Hunter.


Y no lo mal entiendan, no es como que aprovechará la mínima oportunidad para estar cerca de él o verlo cuando no tenía camiseta.

Pero, joder, esos tatuajes.

Esos malditos tatuajes se veían tan bien en él. Era increíble como podía, de alguna forma, ser armoniosamente lindo, todo él.


Al menos hablar de sus tatuajes podía ser una forma de disfrazar todos esos cometarios que Yun quería hacerle de forma directa, era una manera de disfrazar su doble sentido.


—Buah, quedó muy chulo ese tatuaje Huntel—

—¿A que si?— Esta dándole la espalda, moviéndose levemente mientras presumía su lindo tatuaje enorme que acaba de terminar de hacerse. —Quedó espectacular—

—Quielo hacelme otlo yo... solo que aún no sé en qué palte— continuó balbuceando Yun. Y es que mientras más ocupado tenía al rubio, más podía apreciar su espalda, esos tatuajes, recorriendo con la mirada de arriba hacia abajo, hasta donde termina su blanca piel y comienzan sus pantalones, si tan solo pudiera ver más abajo... si tan solo...

—¿Chicos?— la voz de Emilio sonó por la radio.

Y Yun resopló con fastidio —¿Que?— respondió al instante.

—¿Se van a apuntar al fleca verdad? Shakur tiene todo listo solo faltan vosotros para comenzar—

—Si, ya vamos— respondió Hunter en nombre de los dos, colocándose de nueva cuenta su camiseta.


El trayecto fue callado y corto. Chino sacó una moto del garaje en donde se subieron los dos y por las habilidades de conducir de Chino llegaron en menos de lo pensado.

—Abres la bóveda tu o yo ¿Chino?— Cuestiono Hunter por la radio mientras acomodaba su pistola entre sus pantalones descuidadamente.

¿Abrir la bóveda? ¿Era acaso un tipo de insinuación sexual?

—Que lo haga Chino, se le da más— interrumpió Shakur desde la radio.

—Voy— respondió con rapidez concentrándose en su tarea para dejar aquellos pensamientos intrusivos fuera de él.

—¿Algún coche poli?— pregunto Hunter por radio mientras caminaba por el establecimiento viendo algunos recuadros.

—Nada— respondió Emilio tras la pregunta.

Yun abrió con éxito la bóveda empezando a meter fajos de billetes y collares que había dentro.

—¿Te ayudo a meterla?— dijo una voz a su espalda, ocasionando que suelte un fajo y caiga directo al piso. Y tras ese pequeño sobresalto giró para encontrar a Hunter atrás suyo.

—Que susto— dijo como respuesta nada más mientras regresaba a su tarea metiendo los fajos en el bolso.

—Solo venía a ver si te faltaba mucho, nos pareció escuchar sirenas cerca—

—Todo bien— respondió sin cuidado agachándose para tomar el fajo.

Yun podría sentirse en una película porno.

Porque en cero coma, tenia a Hunter atrás suyo presionándose contra su trasero.

El pelirrojo recompuso su postura, dándose vuelta y mirándolo con sorpresa —Que cojones te pasa—

Hunter dio un par de pasos encarándolo, subió su mano derecha para taparle la boca y juntó su cuerpo con el de pelirrojo.

—Si hablas, nos van a oír— dijo Hunter antes de permitir de Chino pudiera quejarse.

La cara de Yun era evidente, su rostro rojo como una cereza igual a su cabello, sus ojos aún no creían lo que tenía enfrente, porque el imponente chico rubio lleno de tatuajes juntaba con esmero sus cuerpos y lo que parecía ser su creciente ereccion.

La mano libre de Hunter descendió a los glúteos de Yun, apretando sin cuidado alguno sobre esos pantalones cargo.

Las manos de Yun, aún un poco temblorosas subieron por el torso del rubio, palmeando un poco antes de comenzar a descender y empezar a desabrochar el cinturón ajeno.

Hunter no lo detuvo, Yun tenía sus manos sobre el bóxer del rubio, sabía lo que hacía, lo había hecho antes, apretó el miembro por encima del boxer.

El rubio soltó un jadeo que detuvo a Yun.

—¿Que esperas?— murmuró Hunter subiendo sus manos a la nuca de Yun para acercarlo a el y besarlo con fuerza.

Una lucha de lenguas comenzó durante el beso, Hunter mordía y saboreaba los labios del pelirrojo mientras él lo masturbaba con rapidez.

Yun seguía perdido en la intensidad del momento, su mente nublada por los besos y el contacto de Hunter, hasta que un estruendo metálico y lejano rompió la burbuja en la que estaban sumergidos.

—¡La poli, la poli está aquí! —gritó Shakur a través de la radio, haciendo que ambos se separaran de golpe, la realidad cayendo sobre ellos como un balde de agua fría.

El rostro de Yun enrojeció aún más, pero no había tiempo para procesar lo que acababa de pasar. Hunter también se recompuso, aunque su expresión parecía una mezcla de frustración y deseo. Sin embargo, la urgencia de la situación los sacó de cualquier distracción.

—¡Vámonos entonces! —gritó Hunter, acomodándose los pantalones y abrochando su cinturón de nueva cuenta.

—¿Están celca o solo los escuchaste?— Pregunta Yun con urgencia tomando una de las bolsas de fajos y lanzándosela a Hunter.

Al no recibir respuesta el par se dirigió hacia la salida de la bóveda en donde Emilio y Shakur ya estaban recogiendo el resto del botín. La sirena de la policía se escuchaba cada vez más cerca, y los nervios comenzaban a jugar en contra.

—¿Qué tan cerca están?— Preguntó Yun de nueva cuenta, intentando mantener la calma mientras su corazón latía con fuerza.

—Demasiado. Tenemos menos de dos minutos antes de que esto se ponga feo— Respondió Emilio, mirando por una ventana que daba a la calle.

Hunter maldijo en voz baja y ajustó su arma, recapitulando en su cabeza las opciones —Salgamos por la parte trasera. Si nos apuramos, aún podemos huir sin liarnos a tiros—


Con las mochilas llenas de dinero, el grupo se movió rápidamente hacia la salida trasera del edificio. El sonido de las sirenas era ensordecedor, y las luces azules ya parpadeaban al otro lado de la calle. Justo cuando estaban por cruzar la puerta, un coche patrulla derrapó en la esquina, bloqueando la salida principal.

—¡Por aquí!— gritó Shakur, señalando una puerta lateral que conducía a un callejón.

El ruido de las sirenas crecía, llenando el aire con una presión insoportable. Yun y Hunter corrían junto a Emilio y Shakur, los bolsos cargados con el botín golpeando sus costados. La adrenalina mantenía sus cuerpos en marcha, pero la realidad estaba sobre ellos: estaban acorralados.

—¡Por la puerta lateral!— Shakur fue nuevamente quien dio la idea, señalando una salida que daba a un callejón estrecho.

El grupo la alcanzó rápidamente, pero la luz azul de los coches patrulla ya iluminaba la esquina. Yun sentía su respiración pesada, el sudor frío corriendo por su cuello mientras ajustaba el bolso lleno de billetes. Hunter, justo detrás de él, le dio un leve empujón en la espalda.

—¡Corre! —ordenó, su voz firme y decidida. Tratando de transmitir seguridad.

Pero apenas abrieron la puerta del callejón, la realidad se estrelló contra ellos. Un segundo coche patrulla bloqueaba el otro extremo. Los oficiales bajaron con rapidez, armas en mano, rodeando a los cuatro atracadores. Shakur soltó una maldición, tirando el bolso y su arma al suelo con frustración.

—Puta madre...— murmuró Emilio, levantando las manos con resignación.

Yun se quedó inmóvil por un segundo, su mente girando en mil direcciones. Todo había pasado demasiado rápido. El robo, las emociones en la bóveda, Hunter presionando su cuerpo contra el suyo, el peligro de ser atrapados... mierda, como pudo desconcentrarse tan rápido. Sintió el frío de la noche cuando bajó la mirada, tratando de calmarse, pero una mano firme en su hombro lo trajo de vuelta a la realidad.

—Esto no ha terminado— susurró Hunter junto a su oído, su voz baja y grave. Yun levantó la mirada y encontró los ojos del rubio, fijos en él con una intensidad que le erizó la piel.

Había algo más allá del atraco, algo que había quedado en el aire entre ambos desde aquel instante en la bóveda. Pero el sonido de un megáfono cortó el silencio.

—¡Manos arriba! ¡Suelten las armas y tiren los bolsos!— La voz autoritaria de un oficial rompió la tensión.

Hunter mantuvo sus manos en alto, su mirada sin apartarse de Yun. Lentamente, dejó caer su arma al suelo, pero el destello en sus ojos no desapareció. Yun sintió cómo su corazón martillaba en su pecho. La distancia entre ellos parecía enorme, a pesar de estar apenas a unos centímetros. Era como si Hunter estuviera diciéndole algo sin palabras, algo que Yun no podía descifrar en ese momento.

Los oficiales se acercaron con rapidez, apuntando con sus armas mientras esposaban a cada uno de ellos. El frío metal de las esposas se cerró sobre las muñecas de Yun, y el eco de su respiración se mezclaba con el sonido de las sirenas y las órdenes gritando a su alrededor.

—Todo el mundo al suelo— Ordenó el oficial al mando, empujándolos con firmeza. Yun sintió el peso de sus malas decisiones sobre él cuando lo hicieron arrodillarse.

El silencio que siguió fue abrumador. Solo el zumbido lejano de las sirenas llenaba el aire. Yun bajó la cabeza, incapaz de mirar a los oficiales, incapaz de entender del todo cómo habían llegado a este punto.

El pelirrojo tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta. No entendía del todo lo que Hunter quería decir, pero una parte de él lo sentía en sus entrañas. Había algo en la manera en que sus cuerpos habían reaccionado, en la forma en que sus labios se habían encontrado, que iba más allá de este atraco fallido. Más allá de las sirenas o las esposas.

Unos oficiales comenzaron a levantar a todos, llevándolos hacia los coches. El peso de la noche caía sobre ellos mientras los luces giraban. El frío del metal de las esposas era lo único tangible que quedaba, pero en su mente, la voz de Hunter se repetía en su cabeza.

Cuando el coche patrulla cerró sus puertas, separándolos a todos, Yun echó un último vistazo a Hunter, quien, a pesar de la situación, le dedicó una pequeña sonrisa torcida.


Maldición. Que ganas de dejarse follar.

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