Introducción
El tiempo es un señor muy estricto y, lamentablemente, fue muy cruel con el hijo. Un día, sin avisar, el tiempo decidió que el reloj del pobre hombre se había quedado sin cuerda. Mientras su luz se apagaba lentamente y la vida se le escapaba de las manos, su pecho no estaba lleno de miedo por él mismo, sino de una angustia terrible y pesada: «¿Qué pasará contigo, mamá? Ya no podré pagar tu casita de piedra. Ya no podré protegerte de las reglas de los hombres. Y ahora que me han llamado a mí también, me aterra dejarte a la intemperie... Ojalá pudiera saber qué será de ti sin mí para cuidarte».
Pero el hijo, en su infinita preocupación, olvidó un pequeño gran detalle: su mamá, incluso convertida en un polvito gris dentro de una pequeña urna de mármol, seguía siendo la señora más dulce, alegre y optimista de todo el universo. Ella nunca necesitó que la protegieran de la vida, porque para ella, todo, absolutamente todo, era un regalo.
Si el hijo hubiera podido ver a través de las nubes, esta es la aventura que habría presenciado para calmar su corazón asustado: