LENGUAS PERDIDAS - JENLISA

Summary

Una losa imposible aparece en una excavación en Turquía. Símbolos que no pertenecen a ningún sistema conocido. Un idioma que no debería existir. Jennie Kim, experta en lenguas muertas y adicta a los secretos del pasado, recibe una carta, una foto... y un billete de avión. Lisa Manoban, exagente de la INTERPOL, ha estado huyendo de todo, menos de un nombre que todavía le duele pronunciar. Ambas juraron no volverse a ver. Pero cuando una vieja amiga las necesita, no queda más opción que enfrentar lo que se rompió... y lo que aún arde. Una historia de amor enterrada entre ruinas. Una verdad que alguien quiso borrar. Y una lengua perdida que, si se despierta... puede cambiarlo todo.

Status
Complete
Chapters
28
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

—¿Ya está? —pregunta Jennie, sin alzar la voz. Como si nombrarlo lo volviera real.

Lisa no responde al principio. Está de pie, con la mochila colgando del hombro, las botas manchadas de polvo y los labios apretados. Todo en ella parece a punto de estallar o de huir.

Jennie está en medio de la tienda. Su cuaderno abierto sobre la mesa, sus manos manchadas de tierra, su mundo contenido entre teorías y signos. Todo parece normal. Pero no lo es.

—¿Vas a irte así? —dice Jennie, sin acercarse.

Lisa asiente, casi imperceptible.

—No sé quedarme sin hacer más daño.

Jennie traga saliva.

—¿Ni siquiera vas a intentar entenderme? ¿Intentar… estar?

Lisa la mira. Y por un instante, esa mirada contiene todo lo que no se han dicho.

—Llevo meses intentándolo —responde—. Pero tú ya no estás aquí, Jennie. Estás en las inscripciones, en los símbolos, en el maldito pasado.

—¡Y tú estuviste en todo menos en mí! —responde ella, por fin levantando la voz—. En tus misiones, tus silencios, tus escapadas a media noche. No vengas a decir que fui yo la que se fue primero.

Lisa agacha la mirada. No tiene defensa.

—Tienes razón.

Silencio.

Jennie se cruza de brazos.

—¿Entonces es esto? ¿El final?

Lisa da un paso atrás.

—Ya terminó hace tiempo. Solo que no nos dimos cuenta.

Jennie aprieta los puños.

—O no quisiste darte cuenta.

Lisa traga. Mira la puerta. Mira a Jennie.

Luego saca el amuleto que siempre llevó consigo. Lo deja sobre la mesa, junto al cuaderno abierto.

—Perdóname —susurra—. Por no haber sabido cómo cuidarte sin destruirte.

Jennie no contesta. Ni la mira cuando cruza la entrada de la tienda y desaparece en la niebla.

Solo cuando el silencio se instala del todo, Jennie se acerca al cuaderno. Allí, garabateada con prisa, queda una última línea:

“Algunas ruinas no se excavan. Se arrastran.”

Jennie cierra el cuaderno. Respira hondo.

No llora.

Todavía no.