𝐂𝐀𝐃𝐄𝐍𝐀𝐒 𝐃𝐄 πˆππ…π€ππ‚πˆπ€| π‰πˆπŠπŽπŽπŠ

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Summary

ππ€π‘πŠ π‰πˆπŒπˆπ 𝐄𝐒 𝐔𝐍 π‚π‡πˆπ‚πŽ 𝐐𝐔𝐄 π‚π‘π„π‚πˆΓ“ 𝐄𝐍 𝐔𝐍 πŽπ‘π…π€ππ€π“πŽ. 𝐀 𝐏𝐄𝐒𝐀𝐑 𝐃𝐄 𝐋𝐀𝐒 πƒπˆπ…πˆπ‚π”π‹π“π€πƒπ„π’, 𝐓𝐑𝐀𝐁𝐀𝐉𝐀 𝐘 π„π’π“π”πƒπˆπ€ 𝐏𝐀𝐑𝐀 π’π€π‹πˆπ‘ 𝐀𝐃𝐄𝐋𝐀𝐍𝐓𝐄 𝐘 π‚πŽππ’π“π‘π”πˆπ‘ 𝐔𝐍𝐀 π•πˆπƒπ€ πŒπ„π‰πŽπ‘. ππ„π‘πŽ π“πŽπƒπŽ π‚π€πŒππˆπ€ 𝐃𝐄 𝐔𝐍 𝐃Í𝐀 𝐏𝐀𝐑𝐀 πŽπ“π‘πŽ π‚π”π€ππƒπŽ 𝐄𝐒 π’π„π‚π”π„π’π“π‘π€πƒπŽ. 𝐄𝐒𝐄 π‡πŽπŒππ‘π„ 𝐄𝐒 π‰π„πŽπ π‰π”ππ†πŠπŽπŽπŠ, 𝐔𝐍 π‰πŽπ•π„π ππ€π‘π‚πŽπ“π‘π€π…πˆπ‚π€ππ“π„ πƒπˆπ’ππ”π„π’π“πŽ 𝐀 𝐇𝐀𝐂𝐄𝐑 π‹πŽ 𝐐𝐔𝐄 𝐒𝐄𝐀 ππ„π‚π„π’π€π‘πˆπŽ 𝐏𝐀𝐑𝐀 π‚πŽππ’π„π†π”πˆπ‘ 𝐐𝐔𝐄 π‰πˆπŒπˆπ 𝐒𝐄 π„ππ€πŒπŽπ‘π„ 𝐃𝐄 É𝐋. π‹πŽ 𝐐𝐔𝐄 π‰πˆπŒπˆπ 𝐍𝐎 𝐒𝐀𝐁𝐄 𝐄𝐒 𝐐𝐔𝐄 π‰π”ππ†πŠπŽπŽπŠ π˜π€ π…πŽπ‘πŒΓ“ 𝐏𝐀𝐑𝐓𝐄 𝐃𝐄 𝐒𝐔 ππ€π’π€πƒπŽ... 𝐘 𝐐𝐔𝐄 É𝐋 𝐍𝐎 𝐑𝐄𝐂𝐔𝐄𝐑𝐃𝐀 π€ππ’πŽπ‹π”π“π€πŒπ„ππ“π„ 𝐍𝐀𝐃𝐀.

π‚π€ππˆΜπ“π”π‹πŽ 01 β€’

El peso del silencio en aquel departamento comenzaba a sentirse sofocante.

Jimin dejΓ³ caer la mochila sobre la mesa de la entrada y se quedΓ³ ahΓ­, parado en medio de la sala, con la mirada perdida en el suelo y los hombros hundidos por el cansancio emocional.

Otra vez la misma historia.

Otro trabajo en grupo, otra mirada esquiva de sus compaΓ±eros, otra jornada en la universidad donde terminΓ³ quedΓ‘ndose solo.

Era una rutina amarga que parecΓ­a repetirse en un bucle infinito desde el primer dΓ­a de clases.

Al principio pensaba que era cuestiΓ³n de tiempo a veces lograba entablar conversaciΓ³n con alguien, compartΓ­an risas, intercambiaban apuntes y parecΓ­a que, al fin, la chispa de la amistad prendΓ­a.

Pero al dΓ­a siguiente, sin explicaciΓ³n alguna, esas mismas personas tomaban distancia, respondiendo con monosΓ­labos o simplemente fingiendo no verlo.

Si alguien le hubiese preguntado a Jimin cuΓ‘l era su mayor deseo en este mundo, no habrΓ­a pedido fama, ni dinero, ni calificaciones perfectas. Solo deseaba amigos.

Alguien con quien compartir un cafΓ© sin sentir que estaba molestando, alguien con quien hacer equipo sin tener que rogar por un espacio.

ΒΏAcaso habΓ­a algo mal en Γ©l? ΒΏTransmitΓ­a una vibra extraΓ±a? ΒΏSe veΓ­a demasiado serio, poco amigable o simplemente les caΓ­a mal sin darse cuenta?

La incertidumbre le carcomΓ­a la cabeza, porque por mΓ‘s que repasaba cada interacciΓ³n, no lograba comprender quΓ© estaba haciendo mal.

β€”En fin... β€”bufΓ³ para sΓ­ mismo, sacudiendo la cabeza para espantar esos pensamientos antes de que lo hundieran mΓ‘s.

GuardΓ³ los libros en su estante, reconfortΓ‘ndose al menos con un pequeΓ±o detalle: para esta presentaciΓ³n tenΓ­a una semana entera.

PodΓ­a organizarse solo, como siempre le tocaba hacer.

MirΓ³ el reloj en la pared y soltΓ³ un leve suspiro.

El tiempo volaba y su turno en la cafeterΓ­a estaba a punto de comenzar.

Sin perder un minuto mΓ‘s, se metiΓ³ a la ducha, dejando que el agua tibia le secara los vestigios de tristeza y le devolviera la energΓ­a.

Se vistiΓ³ a prisa y caminΓ³ a paso rΓ‘pido hasta el cafΓ© del centro donde trabajaba.

Al cruzar la puerta, el cΓ‘lido aroma a grano tostado y vainilla lo recibiΓ³ como un abrazo familiar.

Jimin saludΓ³ a sus compaΓ±eros con una sonrisa suave, se amarrΓ³ el delantal a la cintura y tomΓ³ la libreta de pedidos.

DetrΓ‘s del mostrador, sumergido entre el vapor de las mΓ‘quinas y el murmullo de los clientes, Jimin logrΓ³ desconectar.

Con la amabilidad intacta que lo caracterizaba, empezΓ³ a atender a las personas, sin imaginar que ese dΓ­a en la cafeterΓ­a cambiarΓ­a el rumbo de su rutina.

β€”Hijo, hay una mujer allΓ‘ afuera que te estΓ‘ buscando β€”le dijo la seΓ±ora de la cocina, acercΓ‘ndose con una sonrisa amable.

Jimin la mirΓ³ con extraΓ±eza, secΓ‘ndose las manos con un paΓ±o limpio.

β€”ΒΏA mΓ­? β€”preguntΓ³ desconcertado.

La mujer asintiΓ³ y le seΓ±alΓ³ una mesa al fondo.

Jimin caminΓ³ hacia allΓ‘ y, al acercarse, sus ojos se abrieron de sorpresa.

ReconociΓ³ de inmediato a la mujer madura que lo esperaba sentada: era la directora del orfanato donde Γ©l se habΓ­a criado.

β€”ΒΏDirectora? β€”saludΓ³ Jimin al llegar a la mesaβ€”. Hola... quΓ© sorpresa. ΒΏPasa algo?

β€”Hola, Jimin β€”respondiΓ³ ella con una sonrisa suave, aunque sus ojos reflejaban cierta inquietudβ€”. Toma asiento un momento, por favor.

Jimin se acomodΓ³ frente a ella, jugando nervioso con el borde de su delantal.

β€”VerΓ‘s, no querΓ­a darte rodeos β€”continuΓ³ la seΓ±oraβ€”. He venido hasta aquΓ­ porque por fin tengo noticias sobre tus padres.

Al escuchar eso, el corazΓ³n de Jimin dio un vuelco.

Toda su vida los habΓ­a buscado, deseando saber quiΓ©nes eran y por quΓ© lo habΓ­an dejado.

Una chispa de esperanza se encendiΓ³ en su pecho.

β€”ΒΏDe verdad? β€”dijo Γ©l, inclinΓ‘ndose hacia adelanteβ€”. ΒΏSabe dΓ³nde estΓ‘n? ΒΏLogrΓ³ contactarlos?

La directora bajΓ³ la mirada, tomΓ³ un respiro profundo y apretΓ³ las manos sobre la mesa.

β€”Jimin... lo siento mucho, pero tus padres estΓ‘n muertos.

Las palabras cayeron sobre Γ©l como un balde de agua helada.

El ambiente en la cafeterΓ­a pareciΓ³ congelarse.

β€”ΒΏM-muertos...? β€”logrΓ³ articular Jimin, sintiendo cΓ³mo se le cortaba el aire.

β€”SΓ­, hijo β€”asintiΓ³ ella con tristezaβ€”. Ellos te entregaron al orfanato porque sabΓ­an que no podΓ­an cuidarte. Tus padres luchaban contra problemas muy graves de alcohol y drogas... Fue una adicciΓ³n feroz que los fue consumiendo poco a poco. Una cosa llevΓ³ a la otra, se hundieron en un camino muy oscuro y... sus cuerpos simplemente no resistieron mΓ‘s.

Jimin bajΓ³ la cabeza, sintiendo un nudo amargo que amenazaba con ahogarlo por completo.

β€”Por favor... no siga β€”pidiΓ³ Γ©l con la voz quebrada, alzando una mano temblorosaβ€”. No siga por ahΓ­, ya es bastante doloroso.

β€”Lo entiendo, Jimin. PerdΓ³name β€”dijo la seΓ±ora con firmeza pero con ternuraβ€”. Solo querΓ­a que supieras que sΓ© dΓ³nde descansan sus restos, por si algΓΊn dΓ­a sientes el deseo de ir a verlos. Ambos estΓ‘n en una tumba compartida en el cementerio de Santa Clara.

Jimin solo pudo asentir en silencio, intentando no romper a llorar en medio de su trabajo.

Fue entonces cuando la directora abriΓ³ su bolso y sacΓ³ un sobre de papel algo desgastado y amarillento.

β€”Toma, esto es tuyo β€”dijo, extendiΓ©ndoselo por encima de la mesa.

Jimin mirΓ³ el papel con extraΓ±eza y lo tomΓ³ entre sus manos.

β€”ΒΏQuΓ© es esto?

β€”Lamento muchΓ­simo no haberte entregado esto antes, de verdad β€”expresΓ³ la mujer con penaβ€”. Tu madre me enviΓ³ esta carta cuando tΓΊ tenΓ­as apenas cinco aΓ±os, pidiΓ©ndome que te la diera cuando fueras lo suficientemente grande para entenderla. Con los aΓ±os y tantos niΓ±os en el orfanato, la traspapelΓ© y la olvidΓ© por completo... Pero esta maΓ±ana, revisando unos documentos viejos, la encontrΓ©.

Jimin apretΓ³ el sobre entre sus dedos.

A pesar del dolor, levantΓ³ la mirada y la observΓ³ con sincera gratitud.

β€”Muchas gracias... por haber ayudado todo este tiempo, y por traerme esto.

β€”No hay nada que agradecer, hijo β€”le sonriΓ³ ella cΓ‘lidamente mientras se ponΓ­a de pieβ€”. CuΓ­date mucho, ΒΏsΓ­?

β€”Usted tambiΓ©n. Hasta luego.

La directora se retirΓ³, dejΓ‘ndolo a solas en la mesa.

Jimin observΓ³ la carta una ΓΊltima vez, sintiendo el peso de las palabras no leΓ­das de su madre.

La guardΓ³ cuidadosamente en el bolsillo de su delantal, prometiΓ©ndose que la leerΓ­a mΓ‘s tarde en su departamento.

GuardΓ³ silencio, soltΓ³ un largo suspiro para recuperar la compostura y caminΓ³ de vuelta hacia la barra para continuar con su turno de trabajo.

El turno en la cafeterΓ­a se extendiΓ³ mΓ‘s de lo esperado y Jimin terminΓ³ saliendo muy tarde por la noche.

Las calles rumbo a su departamento estaban desiertas y silenciosas, cubiertas por una ligera penumbra.

Mientras caminaba a paso apresurado con las manos metidas en los bolsillos, notΓ³ el reflejo de unos faros a lo lejos.

Un auto negro avanzaba lentamente a pocos metros detrΓ‘s de Γ©l, adaptando su velocidad a sus pasos.

A Jimin se le hizo muy extraΓ±o y un escalofrΓ­o le recorriΓ³ la espalda, pero prefiriΓ³ no entrar en pΓ‘nico.

ApretΓ³ el paso, doblΓ³ la esquina rΓ‘pidamente y logrΓ³ llegar al edificio de su departamento.

SubiΓ³ las escaleras a toda prisa, cerrΓ³ la puerta con llave detrΓ‘s de sΓ­ y apoyΓ³ la espalda contra la madera, soltando el aire que no sabΓ­a que estaba reteniendo.

Estando al fin a salvo en el silencio de su hogar, el cansancio y los pensamientos volvieron a abrumarlo.

Se quitΓ³ la chaqueta y caminΓ³ hacia la pequeΓ±a mesa del comedor.

Con manos temblorosas, sacΓ³ del bolsillo el sobre desgastado que le habΓ­a dado la directora.

Se sentΓ³ en la orilla de la silla, rasgΓ³ el borde con cuidado y desdoblΓ³ la hoja amarillenta.

La caligrafΓ­a era suave, algo apresurada, pero llena de un sentimiento desgarrador.

La carta decΓ­a:

Β«Mi querido Jimin, mi pequeΓ±o bebΓ©:

SΓ© que muy probablemente en este momento te estΓ©s preguntando por quΓ© te alejamos de nosotros, por quΓ© te dejamos en ese lugar.

La verdad es que no podΓ­amos tenerte a nuestro lado...

Te habrΓ­amos dado una vida llena de carencias y sufrimiento si te quedabas con nosotros.

La vida ha sido inmensamente injusta con nosotros, Jimin, pero no querΓ­amos que esa misma oscuridad te alcanzara a ti.

No querΓ­amos que crecieras viendo nuestras peores caΓ­das ni sufriendo por nuestros errores.

Decidir dejarte fue el dolor mΓ‘s grande de nuestras vidas, el pedazo mΓ‘s profundo de nuestro corazΓ³n que se nos arrancΓ³ para siempre.

Espero de todo corazΓ³n que hoy tengas una familia maravillosa, que estΓ©s rodeado de personas que te amen y que te estΓ©n dando todo lo que nosotros jamΓ‘s pudimos ofrecerte.

Pero si de algo quiero que estΓ©s completamente seguro, mi niΓ±o, es de que te amamos con todo lo que nos queda del alma.

No ha habido un solo dΓ­a ni una sola noche en la que no nos hayamos sentido culpables por dejarte en ese orfanato, pero sabΓ­amos que era lo mejor para ti, para que tuvieras una oportunidad en este mundo.

OjalΓ‘ algΓΊn dΓ­a, cuando leas esto y seas un hombre fuerte, logres perdonarnos por no haber sabido ser los padres que te merecΓ­as.

Mi pequeΓ±o... te amo mucho, siempre te hemos amado y siempre lo haremos.

Con todo el amor de mi alma,

Tu mamΓ‘.Β»

Terminado el ΓΊltimo renglΓ³n, una lΓ‘grima pesada rodΓ³ por su mejilla, seguida de un mar de emociones que ya no pudo contener.

Jimin terminΓ³ de leer la carta y rompiΓ³ en llanto.

Entre sollozos ahogados que retumbaban en las cuatro paredes de su habitaciΓ³n, pegΓ³ la hoja gastada contra su pecho, apretΓ‘ndola con fuerza como si a travΓ©s de ese papel pudiera abrazar a sus padres.

β€”Yo tambiΓ©n los amo... β€”susurrΓ³ Jimin con la voz completamente quebrada, escondiendo el rostro entre sus brazosβ€”. Los perdono... claro que los perdono.

AhΓ­ se quedΓ³ por un largo rato, llorando por el vacΓ­o, por la verdad revelada y por el amor inconmensurable que, a pesar de todo, sus padres le habΓ­an dejado en esas lΓ­neas.

Jimin dio vueltas en la cama, envuelto en las cobijas, pero el sueΓ±o simplemente se negaba a llegar.

La mente no paraba de darle vueltas a la carta y a su pasado en el orfanato.

RecordΓ³ cΓ³mo vio pasar a tantos niΓ±os por ese lugar; a casi todos los terminaban adoptando, mientras Γ©l siempre se quedaba atrΓ‘s, viendo cΓ³mo los demΓ‘s se marchaban con una familia.

Era inevitable no sentirse mal. Jimin siempre habΓ­a soΓ±ado con tener unos padres, un hogar cΓ‘lido, pero creciΓ³ ahΓ­ hasta cumplir la mayorΓ­a de edad y tuvo que salir a valerse por sΓ­ mismo y empezar a trabajar.

ΒΏAcaso la gente veΓ­a algo en Γ©l que no le agradaba? Esa duda amarga sobre su propio valor siempre lo habΓ­a acompaΓ±ado.

Fastidiado de dar vueltas en la oscuridad, decidiΓ³ levantarse.

MirΓ³ su monedero sobre la mesa, lo tomΓ³ y saliΓ³ de su departamento.

Ya era ridΓ­culamente tarde para estar en la calle, pero tenΓ­a un antojo enorme de un helado y no pensaba quedarse con las ganas.

CaminΓ³ a paso lento por la acera solitaria.

A lo lejos veΓ­a a algunas parejas caminando tomadas de la mano, riendo bajo la luz de los faroles.

Jimin las observΓ³ con un toque de envidia sana, anhelando en secreto poder vivir algo asΓ­ algΓΊn dΓ­a... aunque, pensΓ‘ndolo bien, si ni siquiera lograba conservar amigos en la universidad, ΒΏquΓ© podΓ­a esperar de conseguir un novio?

LlegΓ³ a una tienda nocturna, comprΓ³ su helado y una botella de agua para el camino de regreso.

SaliΓ³ dando pequeΓ±os bocados, disfrutando del frΓ­o dulce, cuando de pronto, de entre las sombras de una esquina, un hombre alto se le plantΓ³ enfrente.

Jimin dio un brinco del susto y dio dos pasos hacia atrΓ‘s.

El sujeto no decΓ­a nada, solo lo observaba fijamente con una mirada helada y penetrante.

Asustado, pero intentando mantener la calma, Jimin pensΓ³ que tal vez se trataba de alguien en situaciΓ³n de calle que tenΓ­a sed o necesitaba ayuda.

Con manos temblorosas, le extendiΓ³ la botella de agua que acababa de comprar.

β€”ΒΏTienes sed? Toma... β€”alcanzΓ³ a balbucear.

El hombre ni siquiera dudΓ³: de un manotazo violento le tirΓ³ la botella al suelo, haciendo que el agua se derramara sobre el pavimento.

Acto seguido, dio un paso intimidante hacia Γ©l.

El pΓ‘nico se apoderΓ³ por completo de Jimin. SoltΓ³ el helado y echΓ³ a correr a toda velocidad con el corazΓ³n en la garganta.

DoblΓ³ en la esquina para cruzar la calle, pero antes de que pudiera pisar la otra acera, una camioneta negra frenΓ³ en seco frente a Γ©l, cerrΓ‘ndole el paso bruscamente con un chirrido de llantas.

Las puertas laterales se abrieron de golpe y bajaron varios hombres corpulentos vestidos de oscuro.

Jimin ni siquiera entendiΓ³ cΓ³mo ocurriΓ³ todo; en cuestiΓ³n de segundos, dos de ellos lo sujetaron con fuerza por los brazos, inmovilizΓ‘ndolo por completo.

Antes de que pudiera gritar por auxilio, una mano enguantada le presionΓ³ un trapo hΓΊmedo contra la nariz y la boca.

Jimin luchΓ³ con todas sus fuerzas, pataleando y tratando de contener la respiraciΓ³n, pero un olor quΓ­mico e intenso invadiΓ³ sus pulmones.

La vista se le volviΓ³ borrosa, las fuerzas en sus piernas desaparecieron y todo a su alrededor se apagΓ³ en una densa oscuridad.