ππππΜππππ 01 β’
El peso del silencio en aquel departamento comenzaba a sentirse sofocante.
Jimin dejΓ³ caer la mochila sobre la mesa de la entrada y se quedΓ³ ahΓ, parado en medio de la sala, con la mirada perdida en el suelo y los hombros hundidos por el cansancio emocional.
Otra vez la misma historia.
Otro trabajo en grupo, otra mirada esquiva de sus compaΓ±eros, otra jornada en la universidad donde terminΓ³ quedΓ‘ndose solo.
Era una rutina amarga que parecΓa repetirse en un bucle infinito desde el primer dΓa de clases.
Al principio pensaba que era cuestiΓ³n de tiempo a veces lograba entablar conversaciΓ³n con alguien, compartΓan risas, intercambiaban apuntes y parecΓa que, al fin, la chispa de la amistad prendΓa.
Pero al dΓa siguiente, sin explicaciΓ³n alguna, esas mismas personas tomaban distancia, respondiendo con monosΓlabos o simplemente fingiendo no verlo.
Si alguien le hubiese preguntado a Jimin cuΓ‘l era su mayor deseo en este mundo, no habrΓa pedido fama, ni dinero, ni calificaciones perfectas. Solo deseaba amigos.
Alguien con quien compartir un cafΓ© sin sentir que estaba molestando, alguien con quien hacer equipo sin tener que rogar por un espacio.
ΒΏAcaso habΓa algo mal en Γ©l? ΒΏTransmitΓa una vibra extraΓ±a? ΒΏSe veΓa demasiado serio, poco amigable o simplemente les caΓa mal sin darse cuenta?
La incertidumbre le carcomΓa la cabeza, porque por mΓ‘s que repasaba cada interacciΓ³n, no lograba comprender quΓ© estaba haciendo mal.
βEn fin... βbufΓ³ para sΓ mismo, sacudiendo la cabeza para espantar esos pensamientos antes de que lo hundieran mΓ‘s.
GuardΓ³ los libros en su estante, reconfortΓ‘ndose al menos con un pequeΓ±o detalle: para esta presentaciΓ³n tenΓa una semana entera.
PodΓa organizarse solo, como siempre le tocaba hacer.
MirΓ³ el reloj en la pared y soltΓ³ un leve suspiro.
El tiempo volaba y su turno en la cafeterΓa estaba a punto de comenzar.
Sin perder un minuto mΓ‘s, se metiΓ³ a la ducha, dejando que el agua tibia le secara los vestigios de tristeza y le devolviera la energΓa.
Se vistiΓ³ a prisa y caminΓ³ a paso rΓ‘pido hasta el cafΓ© del centro donde trabajaba.
Al cruzar la puerta, el cΓ‘lido aroma a grano tostado y vainilla lo recibiΓ³ como un abrazo familiar.
Jimin saludΓ³ a sus compaΓ±eros con una sonrisa suave, se amarrΓ³ el delantal a la cintura y tomΓ³ la libreta de pedidos.
DetrΓ‘s del mostrador, sumergido entre el vapor de las mΓ‘quinas y el murmullo de los clientes, Jimin logrΓ³ desconectar.
Con la amabilidad intacta que lo caracterizaba, empezΓ³ a atender a las personas, sin imaginar que ese dΓa en la cafeterΓa cambiarΓa el rumbo de su rutina.
βHijo, hay una mujer allΓ‘ afuera que te estΓ‘ buscando βle dijo la seΓ±ora de la cocina, acercΓ‘ndose con una sonrisa amable.
Jimin la mirΓ³ con extraΓ±eza, secΓ‘ndose las manos con un paΓ±o limpio.
βΒΏA mΓ? βpreguntΓ³ desconcertado.
La mujer asintiΓ³ y le seΓ±alΓ³ una mesa al fondo.
Jimin caminΓ³ hacia allΓ‘ y, al acercarse, sus ojos se abrieron de sorpresa.
ReconociΓ³ de inmediato a la mujer madura que lo esperaba sentada: era la directora del orfanato donde Γ©l se habΓa criado.
βΒΏDirectora? βsaludΓ³ Jimin al llegar a la mesaβ. Hola... quΓ© sorpresa. ΒΏPasa algo?
βHola, Jimin βrespondiΓ³ ella con una sonrisa suave, aunque sus ojos reflejaban cierta inquietudβ. Toma asiento un momento, por favor.
Jimin se acomodΓ³ frente a ella, jugando nervioso con el borde de su delantal.
βVerΓ‘s, no querΓa darte rodeos βcontinuΓ³ la seΓ±oraβ. He venido hasta aquΓ porque por fin tengo noticias sobre tus padres.
Al escuchar eso, el corazΓ³n de Jimin dio un vuelco.
Toda su vida los habΓa buscado, deseando saber quiΓ©nes eran y por quΓ© lo habΓan dejado.
Una chispa de esperanza se encendiΓ³ en su pecho.
βΒΏDe verdad? βdijo Γ©l, inclinΓ‘ndose hacia adelanteβ. ΒΏSabe dΓ³nde estΓ‘n? ΒΏLogrΓ³ contactarlos?
La directora bajΓ³ la mirada, tomΓ³ un respiro profundo y apretΓ³ las manos sobre la mesa.
βJimin... lo siento mucho, pero tus padres estΓ‘n muertos.
Las palabras cayeron sobre Γ©l como un balde de agua helada.
El ambiente en la cafeterΓa pareciΓ³ congelarse.
βΒΏM-muertos...? βlogrΓ³ articular Jimin, sintiendo cΓ³mo se le cortaba el aire.
βSΓ, hijo βasintiΓ³ ella con tristezaβ. Ellos te entregaron al orfanato porque sabΓan que no podΓan cuidarte. Tus padres luchaban contra problemas muy graves de alcohol y drogas... Fue una adicciΓ³n feroz que los fue consumiendo poco a poco. Una cosa llevΓ³ a la otra, se hundieron en un camino muy oscuro y... sus cuerpos simplemente no resistieron mΓ‘s.
Jimin bajΓ³ la cabeza, sintiendo un nudo amargo que amenazaba con ahogarlo por completo.
βPor favor... no siga βpidiΓ³ Γ©l con la voz quebrada, alzando una mano temblorosaβ. No siga por ahΓ, ya es bastante doloroso.
βLo entiendo, Jimin. PerdΓ³name βdijo la seΓ±ora con firmeza pero con ternuraβ. Solo querΓa que supieras que sΓ© dΓ³nde descansan sus restos, por si algΓΊn dΓa sientes el deseo de ir a verlos. Ambos estΓ‘n en una tumba compartida en el cementerio de Santa Clara.
Jimin solo pudo asentir en silencio, intentando no romper a llorar en medio de su trabajo.
Fue entonces cuando la directora abriΓ³ su bolso y sacΓ³ un sobre de papel algo desgastado y amarillento.
βToma, esto es tuyo βdijo, extendiΓ©ndoselo por encima de la mesa.
Jimin mirΓ³ el papel con extraΓ±eza y lo tomΓ³ entre sus manos.
βΒΏQuΓ© es esto?
βLamento muchΓsimo no haberte entregado esto antes, de verdad βexpresΓ³ la mujer con penaβ. Tu madre me enviΓ³ esta carta cuando tΓΊ tenΓas apenas cinco aΓ±os, pidiΓ©ndome que te la diera cuando fueras lo suficientemente grande para entenderla. Con los aΓ±os y tantos niΓ±os en el orfanato, la traspapelΓ© y la olvidΓ© por completo... Pero esta maΓ±ana, revisando unos documentos viejos, la encontrΓ©.
Jimin apretΓ³ el sobre entre sus dedos.
A pesar del dolor, levantΓ³ la mirada y la observΓ³ con sincera gratitud.
βMuchas gracias... por haber ayudado todo este tiempo, y por traerme esto.
βNo hay nada que agradecer, hijo βle sonriΓ³ ella cΓ‘lidamente mientras se ponΓa de pieβ. CuΓdate mucho, ΒΏsΓ?
βUsted tambiΓ©n. Hasta luego.
La directora se retirΓ³, dejΓ‘ndolo a solas en la mesa.
Jimin observΓ³ la carta una ΓΊltima vez, sintiendo el peso de las palabras no leΓdas de su madre.
La guardΓ³ cuidadosamente en el bolsillo de su delantal, prometiΓ©ndose que la leerΓa mΓ‘s tarde en su departamento.
GuardΓ³ silencio, soltΓ³ un largo suspiro para recuperar la compostura y caminΓ³ de vuelta hacia la barra para continuar con su turno de trabajo.
El turno en la cafeterΓa se extendiΓ³ mΓ‘s de lo esperado y Jimin terminΓ³ saliendo muy tarde por la noche.
Las calles rumbo a su departamento estaban desiertas y silenciosas, cubiertas por una ligera penumbra.
Mientras caminaba a paso apresurado con las manos metidas en los bolsillos, notΓ³ el reflejo de unos faros a lo lejos.
Un auto negro avanzaba lentamente a pocos metros detrΓ‘s de Γ©l, adaptando su velocidad a sus pasos.
A Jimin se le hizo muy extraΓ±o y un escalofrΓo le recorriΓ³ la espalda, pero prefiriΓ³ no entrar en pΓ‘nico.
ApretΓ³ el paso, doblΓ³ la esquina rΓ‘pidamente y logrΓ³ llegar al edificio de su departamento.
SubiΓ³ las escaleras a toda prisa, cerrΓ³ la puerta con llave detrΓ‘s de sΓ y apoyΓ³ la espalda contra la madera, soltando el aire que no sabΓa que estaba reteniendo.
Estando al fin a salvo en el silencio de su hogar, el cansancio y los pensamientos volvieron a abrumarlo.
Se quitΓ³ la chaqueta y caminΓ³ hacia la pequeΓ±a mesa del comedor.
Con manos temblorosas, sacΓ³ del bolsillo el sobre desgastado que le habΓa dado la directora.
Se sentΓ³ en la orilla de la silla, rasgΓ³ el borde con cuidado y desdoblΓ³ la hoja amarillenta.
La caligrafΓa era suave, algo apresurada, pero llena de un sentimiento desgarrador.
La carta decΓa:
Β«Mi querido Jimin, mi pequeΓ±o bebΓ©:
SΓ© que muy probablemente en este momento te estΓ©s preguntando por quΓ© te alejamos de nosotros, por quΓ© te dejamos en ese lugar.
La verdad es que no podΓamos tenerte a nuestro lado...
Te habrΓamos dado una vida llena de carencias y sufrimiento si te quedabas con nosotros.
La vida ha sido inmensamente injusta con nosotros, Jimin, pero no querΓamos que esa misma oscuridad te alcanzara a ti.
No querΓamos que crecieras viendo nuestras peores caΓdas ni sufriendo por nuestros errores.
Decidir dejarte fue el dolor mΓ‘s grande de nuestras vidas, el pedazo mΓ‘s profundo de nuestro corazΓ³n que se nos arrancΓ³ para siempre.
Espero de todo corazΓ³n que hoy tengas una familia maravillosa, que estΓ©s rodeado de personas que te amen y que te estΓ©n dando todo lo que nosotros jamΓ‘s pudimos ofrecerte.
Pero si de algo quiero que estΓ©s completamente seguro, mi niΓ±o, es de que te amamos con todo lo que nos queda del alma.
No ha habido un solo dΓa ni una sola noche en la que no nos hayamos sentido culpables por dejarte en ese orfanato, pero sabΓamos que era lo mejor para ti, para que tuvieras una oportunidad en este mundo.
OjalΓ‘ algΓΊn dΓa, cuando leas esto y seas un hombre fuerte, logres perdonarnos por no haber sabido ser los padres que te merecΓas.
Mi pequeΓ±o... te amo mucho, siempre te hemos amado y siempre lo haremos.
Con todo el amor de mi alma,
Tu mamΓ‘.Β»
Terminado el ΓΊltimo renglΓ³n, una lΓ‘grima pesada rodΓ³ por su mejilla, seguida de un mar de emociones que ya no pudo contener.
Jimin terminΓ³ de leer la carta y rompiΓ³ en llanto.
Entre sollozos ahogados que retumbaban en las cuatro paredes de su habitaciΓ³n, pegΓ³ la hoja gastada contra su pecho, apretΓ‘ndola con fuerza como si a travΓ©s de ese papel pudiera abrazar a sus padres.
βYo tambiΓ©n los amo... βsusurrΓ³ Jimin con la voz completamente quebrada, escondiendo el rostro entre sus brazosβ. Los perdono... claro que los perdono.
AhΓ se quedΓ³ por un largo rato, llorando por el vacΓo, por la verdad revelada y por el amor inconmensurable que, a pesar de todo, sus padres le habΓan dejado en esas lΓneas.
Jimin dio vueltas en la cama, envuelto en las cobijas, pero el sueΓ±o simplemente se negaba a llegar.
La mente no paraba de darle vueltas a la carta y a su pasado en el orfanato.
RecordΓ³ cΓ³mo vio pasar a tantos niΓ±os por ese lugar; a casi todos los terminaban adoptando, mientras Γ©l siempre se quedaba atrΓ‘s, viendo cΓ³mo los demΓ‘s se marchaban con una familia.
Era inevitable no sentirse mal. Jimin siempre habΓa soΓ±ado con tener unos padres, un hogar cΓ‘lido, pero creciΓ³ ahΓ hasta cumplir la mayorΓa de edad y tuvo que salir a valerse por sΓ mismo y empezar a trabajar.
ΒΏAcaso la gente veΓa algo en Γ©l que no le agradaba? Esa duda amarga sobre su propio valor siempre lo habΓa acompaΓ±ado.
Fastidiado de dar vueltas en la oscuridad, decidiΓ³ levantarse.
MirΓ³ su monedero sobre la mesa, lo tomΓ³ y saliΓ³ de su departamento.
Ya era ridΓculamente tarde para estar en la calle, pero tenΓa un antojo enorme de un helado y no pensaba quedarse con las ganas.
CaminΓ³ a paso lento por la acera solitaria.
A lo lejos veΓa a algunas parejas caminando tomadas de la mano, riendo bajo la luz de los faroles.
Jimin las observΓ³ con un toque de envidia sana, anhelando en secreto poder vivir algo asΓ algΓΊn dΓa... aunque, pensΓ‘ndolo bien, si ni siquiera lograba conservar amigos en la universidad, ΒΏquΓ© podΓa esperar de conseguir un novio?
LlegΓ³ a una tienda nocturna, comprΓ³ su helado y una botella de agua para el camino de regreso.
SaliΓ³ dando pequeΓ±os bocados, disfrutando del frΓo dulce, cuando de pronto, de entre las sombras de una esquina, un hombre alto se le plantΓ³ enfrente.
Jimin dio un brinco del susto y dio dos pasos hacia atrΓ‘s.
El sujeto no decΓa nada, solo lo observaba fijamente con una mirada helada y penetrante.
Asustado, pero intentando mantener la calma, Jimin pensΓ³ que tal vez se trataba de alguien en situaciΓ³n de calle que tenΓa sed o necesitaba ayuda.
Con manos temblorosas, le extendiΓ³ la botella de agua que acababa de comprar.
βΒΏTienes sed? Toma... βalcanzΓ³ a balbucear.
El hombre ni siquiera dudΓ³: de un manotazo violento le tirΓ³ la botella al suelo, haciendo que el agua se derramara sobre el pavimento.
Acto seguido, dio un paso intimidante hacia Γ©l.
El pΓ‘nico se apoderΓ³ por completo de Jimin. SoltΓ³ el helado y echΓ³ a correr a toda velocidad con el corazΓ³n en la garganta.
DoblΓ³ en la esquina para cruzar la calle, pero antes de que pudiera pisar la otra acera, una camioneta negra frenΓ³ en seco frente a Γ©l, cerrΓ‘ndole el paso bruscamente con un chirrido de llantas.
Las puertas laterales se abrieron de golpe y bajaron varios hombres corpulentos vestidos de oscuro.
Jimin ni siquiera entendiΓ³ cΓ³mo ocurriΓ³ todo; en cuestiΓ³n de segundos, dos de ellos lo sujetaron con fuerza por los brazos, inmovilizΓ‘ndolo por completo.
Antes de que pudiera gritar por auxilio, una mano enguantada le presionΓ³ un trapo hΓΊmedo contra la nariz y la boca.
Jimin luchΓ³ con todas sus fuerzas, pataleando y tratando de contener la respiraciΓ³n, pero un olor quΓmico e intenso invadiΓ³ sus pulmones.
La vista se le volviΓ³ borrosa, las fuerzas en sus piernas desaparecieron y todo a su alrededor se apagΓ³ en una densa oscuridad.