Ćŗnico
El sonido de la escoba arrastrĆ”ndose con el piso reinaba en aquella casa. El escandaloso aire propio de esa Ć©poca del aƱo azotaba las ventanas una y otra vez, poniendo los nervios de Doyoung de punta. No estaba acostumbrado al ruido. Si habĆa algo que siempre dominó su hogar era el silencio, puro y simple silencio; por lo menos desde que su esposo se fue, habĆa algunas cartas de vez en cuando, regalos de distintas partes del mundo y, claro, la promesa de volver a verse algĆŗn dĆa.
Lejos de lo que cualquiera podrĆa llegar a pensar, Doyoung no estaba triste por la partida de su esposo, ese que nunca fue un hombre detallista, ni caballeroso, mucho menos atento, parecĆa que su Ćŗnica relación con Ć©l era algo carnal, por lo que el saber de su partida no lo habrĆa destrozado tanto si tan solo no se hubiera enterado por alguien mĆ”s.
AĆŗn recuerda bien como fue, como pasaron los dĆas y como su angustĆa creció hasta que el almirante Kim apareció en su casa, ni siquiera para darle la noticia de parte de su esposo o entregarle alguna explicación si no para comentarle que por el momento se encontraba perdido en acción. Doyoung no lo entendió muy bien, no sabĆa absolutamente nada sobre conflictos armados, la marina o la guerra, eso hasta que las dichosas cartas comenzaron a llegar, cartas donde su esposo le explicaba mĆ”s o menos lo que pasaba en su vida, nunca le preguntaba a el que tal estaba pero aĆŗn con eso siempre trato de responder, incluso si el parecĆa ignorar dichas respuestas.
A veces, en la soledad de su casa, le gustaba pensar que Jaehyun estaba ahĆ. Que aquel silencio no era propio, sino de Ć©l. Una elección y no una obligación que le fue impuesta por el ego frĆ”gil de un hombre que decĆa amarlo. Ahora mismo se preguntaba si acaso esa extraƱa y tĆ©trica fantasĆa era mĆ”s tranquilizante que la que habĆa sido su realidad en algĆŗn momento, porque el silencio siempre era mejor que los gritos. Jung Jaehyun no era conocido por ser alguien amable; incluso si la verdad era dolorosa, su esposo simplemente asentirĆa con la cabeza y seguirĆa con sus cosas. Para Doyoung era un hombre sencillo y honesto; para el resto del mundo era alguien cruel.
Revisó su telĆ©fono por quinta vez en el dĆa. Johnny, su vecino de enfrente, le mandó un mensaje a eso de las cinco y media:
āAcabamos de llegar, me pidió que te avisara que ya va para allĆ”.ā
Ya eran pasadas las seis en aquel momento. Ni siquiera sabĆa por quĆ© limpiaba con tanto esmero. ĀæPara quiĆ©n? ĀæPara Ć©l? ese del cual justo ahora veĆa su silueta en el ocaso de otoƱo que entraba por su ventana, que se acercaba a pasos lentos, pausados, como si no quisiera llegar realmente, era entonces que en su cabeza aquella duda aparecĆa de nuevo, Āæpor que te fuiste asĆ?
No hubo mĆ”s que una sonrisa. Esa que siempre le terminaba recordando por quĆ© amaba a Jung Jaehyun. Porque encontraba la satisfacción en cada palabra dicha al aire por Ć©l, cada queja, cada insulto. Para otro podrĆa ser degradación, pero Ć©l lo sentĆa como una caricia.
Sus manos se apretaron sobre sus hombros, tratando de alejarse lentamente. Y aunque nadie dijo nada, ambos sabĆan por quĆ© lo hacĆa. El sonido de su tono de llamada resonó en la habitación. Doyoung chequeó: el nombre āJOHNHYā con letras mayĆŗsculas yacĆa en la pantalla.
HabĆa conocido a Young Ho el dĆa en que su esposo se habĆa marchado. La vida era demasiado dura para que alguien como Ć©l la enfrentara por sĆ solo, alguien que ante el mĆ”s mĆnimo atisbo de nostalgia se derrumbaba completamente. Por eso no fue sorpresa lo rĆ”pido que se encariƱaron el uno con el otro, y a pesar de que Young Ho (o Johnny, como le dijo que preferĆa que lo llamaran) tambiĆ©n era marino, no podĆa ser mĆ”s diferente a Jaehyun, porque, por lo menos, Ć©l habĆa vuelto mĆ”s de una vez a sus brazos. No mentirĆa, sabĆa muy bien que lo que hacĆa estaba mal, jugando con el sentir de alguien tan amable pero con el anhelo de que aquel hombre que tanto amó volviera, por eso, cuando Johnny le dio la noticia de que ahora estaba en el mismo pelotón que su marido, y que este habĆa insistido en visitarlo, los nervios comenzarón a carcomerlo vivo.
āJohnny dijo que querĆas ir a la playa. āLa voz de Jaehyun, vaga, como si no importara realmente lo que estaba diciendo, salió espesa desde su garganta, como un lĆquido parecido a la miel, difĆcil de tragar para Doyoung, que al buscar su mirada se encontraba con los ojos dispersos de su esposo, como si aquella foto enmarcada de cuando Doyoung por fin se habĆa recibido de la preparatoria despuĆ©s de innumerables sĆŗplicas a sus veinte aƱos fuera, al fin, lo que de verdad importaba.
SĆ, claro. Una fachada nada mĆ”s de su verdadera intención: controlar, supervisar, dominar. Las tres cosas que se repetĆan en la mente de Jaehyun como un mantra.
Doyoung lo notó la primera vez que lo vio. AĆŗn recuerda cómo era Jaehyun cuando se conocieron: su rostro estaba mucho mĆ”s limpio, las cicatrices de la guerra eran apenas visibles en un rostro joven y guapo como el de su marido, igual a la casa cuando la compraron. Si lo pensaba, la casa y Ć©l eran bastante parecidos. Al inicio sus colores eran vivos y sus silencios placenteros. Sus blancas paredes, que con el pasar del tiempo fueron manchadas por la humedad, se deterioraron casi tanto como aquel corazón que sabe nunca habĆa sido capaz de amarlo. OjalĆ” su vida siguiera siendo de esa manera. ĀæUn engaƱo? Tal vez, pero uno que se sintiera bien, Jaehyun siempre lo regaƱaba por pensar asĆ, para el no habĆa nada mĆ”s valioso que la verdad, decĆa que la verdad te permite vivir en paz. SuponĆa entonces no ser merecedor de dicha paz a los ojos de su esposo, pues prefirió dejarlo morir en la incertidumbre
Doyoung respondió con un "mhm" sin darle mucha importancia. Abrió la vieja y chirriante puerta, ayudÔndolo con sus cosas.
āĀæHablas mucho con Ć©l?
lo miró confundido mientras iba a la cocina. Sus manos tocaron sin miedo la cafetera. Ya estaba algo frĆa. No le quedó de otra mĆ”s que servir un vaso con agua, a sabiendas del obvio disgusto que le tenĆa a la misma. Si bien su marido era alguien simple, nunca le gustaron las cosas asĆ, sin sabor, sin olor; lo desesperaban un poco. Ćl preferĆa lo amargo, lo picante, algo que lo hiciera batallar. Tal vez por eso habĆa preferido a la guerra antes que a Ć©l.
āCon Johnny ādijo, sacĆ”ndolo de su ensoƱación, Doyoung frunció el ceƱo, ya era raro que Jaehyun quisiera verlo, que fuera era como un sueƱo hecho realidad pero que mencionara tanto a Johnny pasaba a hacerlo una pesadilla, una sospechosa y tetrica pesadilla de la cual, Ć©l ,ahora aĆŗn mĆ”s nervioso, querĆa despertar.
āNo, yo... āSu telĆ©fono vibró en su bolsillo. Una idea vaga de quiĆ©n podrĆa ser cruzó su mente, por lo que acto seguido solo pudo decirā: Voy al baƱo.
āĀæPor quĆ© no contestas?ā
āĀæEstĆ”s con Ć©l, no es asĆ?ā
āYo sĆ te amo, Āælo sabes, verdad?ā
Un suspiro abandonó los labios de Doyoung al haberse deshecho de aquellos mensajes, sin percatarse de aquel que lo observaba a sus espaldas. InstantÔneamente guardó el celular en su bolsillo tratando de salir del baño, siendo aprisionado por el cuerpo ajeno, quien lo tomó de los hombros empujÔndolo contra la pared, golpeando con fuerza su espalda, sacÔndole un poco el aire.
āĀæAsĆ que esto es lo que haces ahora? ĀæTe metes con cualquier imbĆ©cil? ārió con sorna mientras volvĆa a azotar su cuerpo contra la blanca superficie tras de Ć©lā. Cuando tĆŗ y yo Ć©ramos Ćŗnicos...
āAh, sĆ, ¿únicos? ĀæY tambiĆ©n fuimos Ćŗnicos cuando te fuiste āsus ojos llenos de rabia contenida apuntaban inquisidoramente a su esposo, ahora todo estaba claro, la unica razón por la que quiso verlo, por la que quiso supervisarlo mĆ”s bien, fue porque Johnny dijo su nombre. ConocĆa perfectamente a su vecino, el jamĆ”s dirĆa algo fuera de lugar, seguro bastó con que le preguntara si es que era Jung Jaehyun el esposo de Kim Doyoung como para que la retorcidamente de su marido lo distorcionara, y para su muy mala suerte, esta vez tuvo razónā, cuando tĆŗ me abandonaste?
āJamĆ”s te abandonĆ©, seguimos casados ārepuso Jaehyun con voz firme, parecida a la que usaba con sus tropas, haciendo incapie en la ultima palabra ā. Tuve que irme, peroā¦
Doyoung lo interrumpió:
āĀæSin despedirte? ĀæSin siquiera dar una seƱal de vida? āLo miró estupefacto. Se habĆan conocido desde hace diez aƱos en los que jamĆ”s hubo ni un solo grito. No importaba quĆ© hiciera ni cuĆ”n dura fuera la pelea, Ć©l jamĆ”s le gritarĆa. Su mente, aĆŗn perpleja, apenas pudo comprender aquel desborde de emociones del cual estaba siendo testigoā. Yo jamĆ”s quise esto, pero tĆŗ desapareciste primero. āEl aire salió de su pecho. Sus manos temblaron sutilmente, pero āy en un cambio de aire extraƱoā se apretaron con fuerza alrededor de su telĆ©fonoā. Algo tan vil yo solo pude aprenderlo de ti.
Fueron segundos para que Jaehyun caminara al sofĆ” sin emitir ni el mĆ”s mĆnimo de los sonidos.
āVete.
āEse imbĆ©cil no es mejor que yo ālo tomó por el antebrazo tratando de apegarlo a su cuerpoā, y sabes bien que tĆŗ tampoco lo eres.
Como pudo logró zafarse de su agarre. No sabe de dónde sacó la fuerza, tanto fĆsica como mental, para empujarlo lejos de Ć©l, sintiendo ese gran vacĆo que hace mucho no sentĆa, ese del que, en un tiempo en el que, irónicamente, no conocĆa el verdadero miedo, se refugiaba directamente en los brazos de Ć©l, de su amor. Ese el cual, justo en aquel momento, lo mira con sus ojos sin vida provocando sus lĆ”grimas, que comenzaron a salir sin cuidado. No eran el recordatorio de los aƱos que habĆan compartido, de todas las veces que se habĆan reĆdo, de las veces que hicieron el amor en aquella cama que hace mucho era demasiado grande para uno solo; mĆ”s bien eran la prueba del hombre con el cual se habĆa casado, ese por el que hoy mismo no sentĆa mĆ”s que odio.
Limpiando sus ojos con el poco coraje que habĆa nacido de dentro suyo, tomó su cartera, su abrigo y, sin cuidado del ruido que pudiera producir, salió por aquella puerta que parecĆa no haberse usado en aƱos.
AlejĆ”ndose del que fue su hogar, del que fue su amor, de aquel que ahora yacĆa solo en aquel lĆŗgubre lugar, aferrĆ”ndose al recuerdo de su dulce pequeƱo de ojos oscuros y cabello negro.
Para Doyoung, el recuerdo de Jaehyun terminó de morir ese dĆa junto con la esperanza de alguna vez saber la verdad, de saber por que lo abandonó, que le faltó para ser suficiente y que su esposo se quedara junto a el. Para Jaehyun, Doyoung siempre viviria en el susurro de las que alguna vez fueron sus palabras:
āSiempre estarĆ© a tu ladoā.


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