#1 Aula de Clases
Rose era una joven de veintidós años, de piel clara, pecas sutiles y una hermosa cabellera roja que parecía tener vida propia... Pues casi siempre llevaba un rizo rebelde cayendo justo sobre el marco de sus lentes. Siempre había sido algo tímida para hablar en público o entablar muchas amistades, así que su mejor entretenimiento eran los libros. Devoraba todo tipo de historias, y fue justamente esa pasión la que la motivó a estudiar Lingüística y Literatura, carrera en la que ya cursaba el séptimo semestre.
Sin embargo, esa mañana al entrar al aula, sintió algo extraño. Había un matiz distinto en el ambiente; no sabía si era el espacio, una corriente en el aire o un aroma sutil que no lograba reconocer. Su piel se erizó al instante.
Sin entender del todo esa sensación, caminó hacia su pupitre habitual junto a la ventana. Se sentó y se quedó contemplando el exterior, intentando descifrar qué la tenía tan inquieta, mientras el recuerdo de esos ojos verdes —los mismos que llevaban una semana rondando su mente desde aquel misterioso sábado por la noche— volvía a envolverla.
Perdida en sus pensamientos, apenas escuchó a lo lejos la voz del director de cátedra anunciando la llegada de un profesor suplente para cubrir la licencia de la maestra Rita. Rose ni siquiera le prestó atención... Hasta que una voz profunda, pero extrañamente suave, resonó en el salón.
El tiempo se detuvo. Su cuerpo se paralizó por completo. Al girar despacio la mirada hacia la pizarra, el corazón le dio un vuelco: ahí estaba ÉL. ¿Cómo era posible que fuera el mismo hombre? ¿Y por qué el simple eco de su voz tenía el poder de estremecerla de esa manera?








