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BUENOS INGREDIENTES

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Summary

Laura lo tiene todo. Chef principal en uno de los restaurantes más exclusivos de la ciudad, con una pareja estable desde hace 20 años. Tiene todo lo que alguna vez quiso y por lo que siempre trabajó. Sin embargo, de un momento a otro, la vida de Laura se verá puesta en jaque, todo lo que una vez fue perfecto ya no está. Sin pareja y sin el trabajo de sus sueños, deberá comenzar de nuevo. ¿Qué pasará con Laura? ¿Será capaz de recomenzar? ¿Se permitirá volver a amar? La historia gira en torno a la cocina como metáfora de la vida. Los personajes, al igual que los ingredientes en una receta, deben combinarse de manera armónica para crear algo único y significativo. A través de sus experiencias, Laura aprende que la vida puede ser transformada, saboreada, disfrutada. También aprende que así como las recetas tienen sus secretos para funcionar bien, las relaciones, también. Si tu vida se puso patas para arriba, si estás RECOMENZANDO, leé la historia de Laura. -- Sumergite en la serie LAS MUJERES DE PINK IVORY STATE y descubrí el lugar donde la vida es serena y armoniosa, conocé a personajes amables y responsables, y que - aunque no son perfectos - dan lo mejor de sí mismos y así logran transformar las situaciones difíciles. En esta serie de novelas con el tono soft del healing fiction; vas a descubrir que las protagonistas son mujeres como vos, que buscan sanar, crecer, y amar en armonía; vas a acompañarlas en situaciones que son oportunidades de transformación y que seguramente te van a transformar a vos también...

Status
6d ago
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1

Se sacudió la harina del delantal. Siempre le gustó ese delantal, le tenía cariño porque era el primero que se había comprado, el que se había comprado con su primer sueldo, cuando todavía era ayudante de cocina y cuando la idea de ser chef aún era un sueño lejano. Hacía mucho que no lo usaba pensó. Había seguido durante tanto tiempo las normas del restaurante donde trabajaba, donde todo tenía que ser blanco… Este delantal negro, negro y gastado, no encajaba con los estándares del “Palas” tanto como yo no encajo con los estándares de Ricardo, concluyó en su reflexión, y esa idea le sacó una mueca parecida a una sonrisa, pero en realidad, esa mueca era más parecida a cuando uno se agarra los dedos con una puerta. Yo tampoco me hubiese comprado un delantal negro si hubiese sabido cuánto se le notan las manchas… Tenía que darle la razón a Ricardo. Pero en ese entonces, ella no sabía mucho de cocina, ni de manchas… Ni de Ricardo. Y, por otro lado, cuando te gusta algo, simplemente te gusta.

Aprendió a cocinar con su abuela, de chiquita, cuando no tenía ni seis años, las recetas más italianas que uno pueda aprender. Pero su nona principalmente le transmitió el amor a la cocina y le enseñó a ver la importancia de la comida. Como une, como crea lazos entre las personas que se sientan en la mesa… Aprendió de pequeña como una salsa bien condimentada le abre el apetitito a cualquiera, como un buen plato de pastas puede reunir a la familia, como un simple caldo de pollo puede aliviar los dolores de un corazón lastimado, como un postre puede consentir a un niño, como la copa de vino adecuada, puede enamorar… ¡Cómo necesitaba un caldo de pollo de la nona, en este momento…!

A los dieciséis trabajó en Mc Donalls despachando pedidos en menos de tres minutos, y luego como camarera en el barcito del barrio. A los dieciocho empezó a ayudar en la cocina y definió su vocación. Sería chef. Ahí fue cuando se compró el delantal negro. Estaba segura que la hacía ver elegante. A los veintitrés ya había terminado sus estudios y empezó a hacerse cargo de la cocina del “Palas” que era el restaurante que había puesto su novio. Su primer novio serio, su único novio. Llevaba más de veinte años trabajando para él, llevaba más de veinte años con Ricardo y ahora tenía que empezar de nuevo.

Nunca es fácil empezar de nuevo, pero pasados los cuarenta, recomenzar se ve más difícil. Habían vivido tantas cosas… Se le nublan los ojos cada vez que piensa en esto. Se supone que para los cuarenta uno ya tiene la vida armada. Título, trabajo, pareja, hijos… Nos preparamos para vivir el plan completo. Nadie nos enseña a recomenzar. Nadie nos dice que hacer cuando el plan no funciona.

Qué bien hubiese estado una charla con la nona, pensó y volvió a sacudir la harina de su delantal porque el polvo blanco insistía en volar hacia la dirección equivocada. En ese momento, todo le parecía haber ido en la dirección equivocada. Amasó. Las masas siempre se le daban bien. Hacer pan es fácil decía siempre. Sólo hay que tener paciencia. Para lo único que Laura creía tener paciencia era para las masas. Pero en realidad, como hacés algo, hacés todo. Y a Laura no le gustaba esperar, pero tenía mucha paciencia. Demasiada tolerancia. Dejó reposar la masa con un paño grueso de algodón, encima para que mantenga el calor y leve.

Había tenido paciencia para esperar durante muchos años una propuesta de matrimonio de Ricardo. Sabía que él no quería hijos, era diez años mayor que ella y nunca los había querido. Ella tampoco es que pensara mucho en eso. Los dos eran apasionados en sus trabajos. Él había logrado el éxito como empresario con su restaurante, ella era una chef excelente que siempre tenía buenas críticas y eso la hacía feliz. A los dos los llenaba el trabajo y se acompañaban bien. Compartían las prioridades. Pero Laura siempre esperó un anillo. No es que él le haya dado alguna señal, alguna esperanza, pero ella esperaba. Después de los cuarenta, ya dejó de esperar la propuesta de matrimonio, y empezó a esperar una propuesta de convivencia al menos. Pasaban todo el día juntos en el restaurante y a veces, él se quedaba a dormir en su casa… Esperar una propuesta tenía sentido, era el paso siguiente lógico. Pero nunca hubo una propuesta. Y cuando ella sacó el tema -que lo hizo varias veces en estos veintitantos años-, Ricardo siempre tuvo un motivo muy sensato para justificar su negativa. A veces no era el momento adecuado y a estas cosas hay que pensarlas bien, porque queremos que funcione… Otras veces todo era muy complicado porque el restaurante crecía rápido y había que estar a la altura. Lo hablarían mejor después de un viaje de negocios que él hacía, después de un evento que ella preparara, cuando saliera la próxima crítica para estar bien afianzados, cuando su madre se recuperara… A ella le gustaba vivir sola, y él le decía somos seres solitarios, triunfadores, somos iguales… Y ella se convencía de que era así, tal vez porque era más cómodo así, tal vez porque intuía que él no era la persona. Esa persona. Tal vez porque a todos nos gusta que nos digan que somos triunfadores; pero en el fondo, en el fondo esperaba.

Porque una en el fondo siempre sabe lo que quiere. Aunque corra las ideas a un costado, con un manotazo mental. Aunque las guarde en el último cajón de un mueble que dejó en el sótano y cierre con llaves. En el fondo, todos sabemos qué es lo que queremos para nosotros, qué es lo que necesitamos, aunque nos traguemos cualquier historia para evitar el conflicto o para sostener la aparente comodidad. Y un día explota todo y saltan las verdades a la luz y toca enfrentarlas. En eso andaba Laura. Enfrentándose a sí misma. Amasando nuevas ideas. Amasando para pagar el alquiler. Amasando frustraciones, y enojos. Preguntas y reproches.


Sabemos. Aunque a veces nos gustaría no saber. Siempre sabemos.

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Good Writing

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Strong Dialog

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