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¿Lo mejor de ser mantenida? Que mis días se reducen a salir de compras con Rebekah y leer con Elijah.
Desde que fui “adquirida” por Klaus Mikaelson, esa se convirtió en mi rutina diaria.
No tengo que trabajar ni preocuparme por estudios o por cosas cotidianas, mis mayores preocupaciones son defender a Kol cada vez que Klaus amenaza con meterlo en un ataúd.
Aunque, irónicamente, ni siquiera hablo con Kol después de mi boda con su hermano, ya se que el está dolido porque realmente pensaba que el y yo podríamos ser algo, yo también me atreví a pensarlo pero fue solamente un cuento.
Aparte de que me entero muy poco lo que pasa por aquí, lo último que supe es que Klaus quería recuperar su ciudad o algo así.
Cuando no estoy con los Mikaelson, paso el tiempo en mi lugar seguro... La cocina.
No encontré nada mejor que hacer dentro de la casa, sobre todo porque Klaus no me deja salir sin compañía de uno de ellos, así que si, amo cocinar pasteles, un día que salí de compras con Rebekah compré varios recetarios, postres, comida y bebidas.
Algo que no puedo, o no quiero admitir (Porque le tengo cierto respeto a Kol y a que vivimos juntos) Es que me gusta Klaus y su forma de dar órdenes, es exitante su forma hablar como si yo fuera suya y todo el mundo le perteneciera.
Porque, al final, lo soy, soy su adquisición, su chica, su esposa.
El tema de vampiros, brujas y lobos ya no me asusta, pues en los últimos meses me convertí en una experta.
¿Cómo no hacerlo cuando mi hermana salía con uno?
Y ahora vivo con una familia de vampiros originales…
Cómo da vueltas la vida ¿Verdad?
Al menos eran personas agradables, algunas veces.
Me había convertido en la mejor amiga de Rebekah y Elijah, como ya había dicho, mientras seguía terminando a gritos con Klaus... No porque yo quisiera, era porque no podía fallarle a mi moral.
Solo que algunas veces es más fácil ceder a seguir peleando, como hacía últimamente.
-¡¡ELIZABETH MIKAELSON VEN AQUÍ AMOR!! -Ah, ese era mi "amo" el se empeñaba en llamarme "Mikaelson" cosa que ni siquiera tenía sentido, si, era su esposa, si, tenía un compromiso con el pero era raro...
-Ya voy... -No tenía necesidad de gritar, ya sabía que el me había escuchado, tenía mi propia habitación.
Entré al despacho de Klaus, casi nunca entraba.
-¿Qué pasa? -El enarcó una ceja -Amor
-Ven, siéntate conmigo -Estaba pintando uno de sus miles de cuadros.
Me señaló el sillón a su lado, obediente me senté, miré la pintura, era yo
-¿Te gusta? Amor -Klaus me volteó a ver
-Wow, Klaus... No sé que decir, es... Precioso
-No pude capturar tu belleza completa -Poniendole más atención a la pintura, ese vestido me lo puse en el baile de los Mikaelson, el día que arreglamos mi matrimonio.
¿Qué hacía? ¿Lo abrazaba? ¿Lo besaba?
Lo miré a los ojos, esperando algo, cualquier cosa, que me dijera que me fuera o que me pidiera sangre
¿Y si le agradecía de otra manera?
Me levanté del sillón, llevaba un vestido, no me sería difícil, como si no tuviera experiencia en esto, su querido hermano me la había dado.
-Gracias -Le susurré al oído mientras le pasaba una mano por el pecho, me senté a horcajadas, me dedicó una mirada curiosa.
Me acerqué a más a el, iba a besarlo pero seguía debatiendome entre hacerlo y no hacerlo, pensando en Kol, y todas las veces que lo besé a el.
Klaus estaba esperando a que yo diera el primer paso.
Borré los antiguos recuerdos de Kol, si quería sobrevivir, tendría que agradarle a Klaus, Kol era mi pasado, ahora Klaus era mi presente, y como iban las cosas, también sería mi futuro
Besé a Klaus, con mis manos me agarré de su cabello, acercando mi cuerpo hacia el, mientras el tenía sus manos sujetando mi cintura firmemente.
Nos separamos para tomar oxígeno, me acomodé en sus piernas, no era una posición cómoda, para nada que lo era, iba a volver a besarlo pero me detuvo.
-¿Estás segura? Amor -Su voz era ronca, me lo había dicho en un susurro, claramente el no se esperaba este cambio tan repentino.
No estaba segura.
Estaba convencida.
-Si -Fue apenas audible para el oído humano, pero el lo había escuchado perfectamente -Es lo que se debe hacer
Klaus sonrió, de esas sonrisas que hace el villano cuando ganó de una forma silenciosa.
Ahora el me besó, con desesperación, en busca de algo fuerte, y todavía no sabía si iba a dárselo o no.
Subió su mano a mi espalda conforme profundizamos el beso, nuestros cuerpos estaban tan pegados que podía sentir los latidos de su corazón.
-Eres mia, Elizabeth Mikaelson, de eso no hay duda -Murmuró contra mi cuello al volver a tomar aire -No hay más que eso
Estaba recuperándome de la falta de aire, asentí ligeramente, podía tomarlo como una orden si quería, o como un aviso.








