Capitulo 1: reflejos de la verdad
Era feliz junto a ella; estábamos en una habitación, llena de colores vivos, iluminada de una manera cuidadosa, aunque no reconozco ese lugar; aquella habitación no importa, era feliz en ese instante, junto a ella, la tenía tan cerca que podía escuchar su respiración. Mis manos, ahora sí, podían tocar su piel. Sus ojos brillaban como dos luceros; su rostro era tan hermoso. De sus labios salió una palabra: “Te amo”. Me puse tan feliz que la besé, ella me abrazó. Pero sentí cómo en la habitación se empezó a escuchar un zumbido. Por la ventana, que había, se podía apreciar cómo todo se empezaba a tornar negro, el paisaje que había desaparecía en la oscuridad, pero no le di importancia.
Ella me dijo: “Eres el hombre ideal, y deseo estar contigo”. Ahí fue que tuve el coraje, el valor de arrodillarme y sacar de mi bolsillo aquella caja que guardaba desde hacía tanto tiempo. Sabía que era el momento. La abrí y le pregunté: “¿Te quieres casar conmigo?” Ella, con una sonrisa, dijo sí.
Me puse tan feliz, pero aquel zumbido se empezó a tornar más fuerte, la ventana se empezó a mover, el seguro que la tenía cerrada cayó a la cama. Nuevamente, no le di importancia. Puse el anillo en su dedo y me levanté para abrazarla. Mis ojos se empezaron a nublar, empecé a ver borroso. En su rostro apareció una mancha negra, el zumbido empezó a sonar más fuerte. La ventana se abrió de una manera brusca, me di cuenta que el zumbido era de afuera, pero ahora se escuchaba como alguien tocaba un piano, que cada vez lo hacía más fuerte.
Intenté ver quién era, pero afuera todo ya era completamente negro. La habitación empezó a temblar, giré mis ojos para verla, pero su cuerpo se empezó a desaparecer. Mis ojos se oscurecieron, todo quedó en total oscuridad, dónde solo se escuchaba esa melodía, para después abrir mis ojos en mi habitación. Todo había sido un maldito sueño o pesadilla. A quién carajos le importa; estaba empapado en sudor, sentí un olor a putrefacto, como carne en descomposición. Ya llevaba varios días que se sentía ese olor, pero ahora era más fuerte. Me levanté para encender el ventilador, para que se calmara un poco ese olor y así refrescarme. Con esta, ya son 15 veces que tengo ese mismo sueño.
El zumbido mezclado con la melodía de piano era mi alarma que estaba sonando, eran las 6 de la mañana. Abrí la ventana, el mundo en esta parte se estaba despertando, el sol brillaba de nuevo, aunque podía ver cómo ya había movimiento, personas que se dirigían a su trabajo, jóvenes arreglándose para ir a su colegio, y ancianos dando un paseo esperando su momento. Levanté mis brazos para estirarme un poco mientras decía: “Tengo que ir a trabajar”.
Me dirigí al baño, para tomar una ducha. Cuando entré, me quedé mirando aquel espejo, aunque estaba un poco sucio y roto, con unas manchas de sangre, se podía apreciar a una persona. Ya casi no reconocía al tipo que había allí, cada vez se notaba más cansado, tenía ojeras, se miraba descuidado. Le pregunté: “¿Estás bien?” Y respondió: “Sí, estoy bien”. No le creo.
Todas las mañanas lo veo, a veces me da un poco de miedo, pero no sé qué decirle, no sé cómo poder entablar esa conversación que he estado evitando conmigo y con las personas. A veces me cuenta de sus sueños, de cómo se siente, de que la extraña, de como era en un pasado... Lo único que sé de aquel niño, joven y anciano que aparece en el espejo, es que no ha sido feliz, aunque siempre que sale de aquel lugar tiene una sonrisa, con una actitud alegre. Sé que esa sonrisa está a punto de apagarse, tengo miedo que algo le pase, porque a veces piensa en voz alta diciendo: “Solo quiero descansar, quiero seguir ahí siempre y que esa molesta alarma no me interrumpa más, ya que por su culpa todo desaparece”.
Creo que está loco o enfermo, tengo miedo, ojalá alguien lo ayude. Creo que debo empezar a dormir más, ya que no quiero terminar como aquel hombre en el espejo que veo todas las mañanas, porque aunque me preocupa, lo odio, lo detesto. Por su culpa estamos así, si no hubiera hecho tal cosa de la que se arrepiente, las cosas serían diferentes. A veces solo quiero que desaparezca.
Mientras me estaba vistiendo para ir a trabajar, sonó mi celular; era un mensaje de Alejandro. un compañero del lugar donde trabajo, para el que soy su buen amigo, pero a mí me molesta que siquiera me hable. El mensaje que me envió decía: “Hola, Álvaro, buenos días, necesito que vengas de inmediato, ya sé cómo podemos saber quién asesinó a Emily”. Sentí un dolor en el pecho y dejé mi celular en un costado de la mesa mientras me acomodaba la corbata, pero de la nada aparecí en un callejón, no sé cómo llegué ahí, no lo recuerdo. Estaba lloviendo, mi ropa estaba empapada, maldito clima. ¿Qué hago aquí? Y ¿por qué tengo un martillo en mi mano? Miré mi reloj: 4:00 de la tarde. Qué extraño, cómo llegué aquí, hace un momento estaba en mi habitación vistiéndome, y ¿por qué estoy descalzo? Todo es tan extraño. Empecé a caminar para salir a la calle y tomé un taxi para regresarme a casa, no sé cómo había llegado tan lejos, me dolía la cabeza, no recordaba nada. Llegué a mi casa, entré y me tiré en aquel sofá, me sentía cansado, mis brazos me pesaban mientras intentaba recordar qué había pasado. Recibí un mensaje de mi jefe reclamándome porque no había ido a trabajar, que sabía que estaba pasando por un momento difícil, pero debía cumplir con mis responsabilidades. No le respondí nada, con la ropa aún mojada me quedé dormido.