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Esta historia teje el destino de Alyana Noctel, la legítima heredera de las místicas Tierras de la Noche.
Bendecida por los dioses ancestrales y elegida por los susurrantes espíritus de Elianor y Kaelor —quienes residen en el etéreo Santo Cielo junto a seis de sus siete vástagos, a excepción de Vaelor—, su senda está marcada por un poder inmemorial.
De la unión entre Elianor y Kaelor nacieron siete hijos, cada uno custodio de un poder ancestral.
Un poder que trasciende la efímera imaginación del simple mortal: fuerzas de inmensa belleza y potencia, terriblemente peligrosas, pero absolutamente esenciales para el delicado equilibrio del hombre en el vasto tapiz del espacio-tiempo.
Sin embargo, cada uno de los siete poderes ancestrales portaba un peso abrumador, y Vaelor, el menor, no fue diestro en el manejo de su don más oscuro:
La Muerte.
Los siete hijos, con sus destinos entrelazados, fundaron las siete grandes casas que, hasta nuestros días, rigen el majestuoso Aurelion.
Ahora, trescientos años después del nacimiento de estos hermanos primigenios, los habitantes de cada casa de Aurelion han olvidado a sus ancestros; o, quizás, han optado por ignorar las leyendas de sus orígenes, sumergidos en la embriaguez del poder, la opulencia y la sombra de la muerte.
No obstante, cada casa que los siete portadores crearon perdura, inmutable en sus nombres, lemas, estandartes, banderas y escudos.
Draven.
Adren.
Mordain.
Elaria.
Caelan.
Baldric.
Vaelor.
Pero nuestra mirada se posa ahora en la vida de una niña, bendecida por los dioses con una valentía inquebrantable y un poder latente que aún no ha de descubrir. Su destino es poner fin a la inminente destrucción que se cierne sobre un futuro distante.
Para desterrar la injusticia, las mentiras, la muerte y la guerra, un corazón puro y un alma fuerte serán el faro que disipe una posible catástrofe que amenaza con aniquilar mucho más que meras vidas y reinos.
Amenaza con desgarra el espacio-tiempo mismo.
Alyana, por el momento, apenas ha cumplido ocho años, pero partiremos de esta temprana edad para desentrañar el misterio de por qué los dioses la han elegido.
Alyana Noctel, de la Casa Noctevila: el linaje del hijo menor de Elianor y Kaelor.
Pero, claro, esto ocurre trescientos años después de la aparición de cada portador de poder ancestral.
El menor de los hijos de Elianor y Kaelor, el enigmático Vaelor, gobernó las Tierras de la Noche y se distinguió por ser el vástago que condujo a la muerte a los portadores del poder ancestral.
¿Cómo lo hizo?
¿Por qué lo hizo?
Alyana lo descubrirá en su momento.
Actualmente, quien rige las Tierras de la Noche es Severian Noctel, su protector y comandante de la guardia de élite, los Hijos de la Luna. A ellos se aferró con devoción tras el fallecimiento de su esposa, quien partió de este mundo al dar a luz a su única hija, Alyana.
Con esto, uno podría hacerse una idea del tipo de padre que es Severian; muchos afirman que es un padre severo, tal como su nombre sugiere: Severian.
Sin embargo, quizás os preguntéis por qué la bendecida por los dioses perdió a su madre apenas exhaló su primer aliento en este mundo.
Esta cuestión hallará su respuesta más adelante, años después, en las intrépidas aventuras de Alyana.
Alyana había cumplido ocho años cuando su padre la nombró legítima heredera de las Tierras de la Noche, ante la mirada atenta de todo su pueblo, los nobles del reino y distinguidos invitados de otras tierras; de los seis reinos vecinos, solo dos asistieron.
Dos aliados inestimables para Severian:
El Rey Garridk Marcell, de Piedra Mar.
La Reina Seraphine Alvar, de Alvarena.
La ceremonia se celebró en el imponente castillo de las Tierras de la Noche: en el vasto salón del trono, de estilo un tanto anticuado; paredes oscuras que absorbían la luz; retratos de cada rey que había gobernado las Tierras de la Noche; elegantes muebles de madera marrón oscura; guardias con armaduras sombrías que portaban el emblema del lobo negro y la luna roja; decoraciones un tanto… inusuales.
Pero, ¿qué se puede esperar de un rey que gobierna en la noche? Es preferible que elija adornos de hierro negro antes que la ostentación de antorchas de plata y oro.
La pasarela hacia el trono, espaciosa y envuelta en penumbra, se llenó en pocas horas. Los últimos en cruzar las grandes puertas del salón fueron Garridk y Seraphine, quienes avanzaron con paso regio hasta el final de los pequeños y largos escalones que conducían al trono de Severian.
—Bienvenidos una vez más al corazón de mi castillo.
Severian se puso de pie ante todos, irguiéndose de su trono, y un hombre de baja estatura, a pocos metros de él, anunció con voz clara y resonante a los presentes, justo cuando la Princesa Alyana Noctel entraba por las puertas del salón.
Cabe destacar que Alyana era naturalmente tímida ante la mirada de tantas personas; no estaba acostumbrada a la multitud. En ese instante, se cuenta que apretaba la falda de su vestido blanco con tal fuerza que parecía a punto de desgarrarla.
El enano prosiguió:
—Damas y caballeros de las Tierras de la Noche, y señores aliados: sean honrados con la presencia de la Princesa Alyana Noctel, de las Tierras de la Noche.
Mientras Alyana avanzaba por la pasarela, al llegar apenas a la mitad del camino hacia el trono, las trompetas resonaron al unísono, con un entusiasmo desbordante. Alyana se sobresaltó un poco, pero una de las bendiciones que los dioses le habían concedido era la valentía.
El enano volvió a hablar:
—Alyana Noctel, hija del Rey Severian y la Reina Casandra, será nombrada ante todos los presentes —los dioses, aliados, nobles y su padre, el rey—, en este preciso momento, heredera al trono y a la corona de las Tierras de la Noche.
Alyana caminó temblorosa, soportando el peso de las miradas. No eran de odio o descontento, sino las miradas de personas que ella no conocía, y Alyana estaba acostumbrada únicamente a la presencia de su padre y sus sirvientas.
Alyana llegó hasta los primeros escalones, alzó la vista hacia su padre, quien dio pasos firmes hacia ella. Alyana giró sobre sí misma, tal como lo había ensayado mil veces; ahora, mirando al público frente a ella y con su padre detrás, sintió una mano posarse en su hombro.
Las trompetas sonaron con fuerza una última vez antes de sumirse en un silencio absoluto.
Un hombre con túnica marrón se acercó desde un lado, llevando en sus manos una pequeña corona, un anillo y un fino collar.
Los aliados se aproximaron a Alyana con extrema seriedad en sus rostros antes de pronunciar las siguientes palabras:
—Yo, Garridk Marcell, Rey de Piedra Mar, hoy aquí, juro lealtad y respeto ante la legítima heredera al trono y corona de las Tierras de la Noche. Cuando la noche sea amenazada, la piedra se levantará.
Garridk hizo una leve reverencia.
—Yo, Seraphine Alvar, Reina de Alvarena, hoy aquí, juro lealtad y respeto ante la legítima heredera al trono y corona de las Tierras de la Noche. Mientras los ríos sigan su curso, nuestra palabra permanecerá.
Seraphine hizo una leve reverencia.
El hombre con túnica verde caminó hasta la princesa, se detuvo frente a ella y realizó el siguiente rito:
—La muerte camina con nosotros.
Colocó la corona en su cabeza.
—La muerte camina con nosotros.
Puso el anillo en su dedo.
—La muerte camina con nosotros.
Le ciñó el fino collar.
—La muerte prevalece más que la vida, porque la muerte es enemiga de la vida; pero, Alyana Noctel, heredas hoy la bendición de la muerte, transmitida de generación en generación por siglos.
El hombre se arrodilló ante Alyana, y el resto de los presentes también lo hicieron, quedando todos postrados ante la niña de ocho años.
El enano habló de nuevo:
—¡Cuando salga la luna, hasta los muertos nos temerán! ¡Viva la Princesa Alyana Noctel! ¡Legítima heredera de las Tierras de la Noche!
Así fue la ceremonia de nombramiento de la Princesa Alyana Noctel, de Noctevila, de las Tierras de la Noche.
Hija unigénita del Rey Severian y legítima heredera al trono de Noctevila.
Bendecida por los dioses.
Y honrada con la bendición de la muerte que se otorga a los descendientes de Vaelor.








