Zero Fire by Angel David at Inkitt
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ZERO FIRE

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Summary

UN HACKER QUE ROBÓ LA VERDAD. UN SOLDADO QUE PERDIÓ SU HONOR. JUNTOS, SON EL ÚNICO ERROR QUE EL GOBIERNO NO PUDO PREDECIR. Eli Morales lo tenía todo planeado: hackear el sistema, filtrar los documentos y desaparecer antes del amanecer. Pero cuando descubre que su hermana está en una lista de "ciudadanos a neutralizar", su hackeo se convierte en una declaración de guerra. Ahora el gobierno lo quiere muerto. Los medios lo llaman terrorista. Y solo un hombre puede mantenerlo con vida: Kai Rojas, un exsoldado deshonrado que juró nunca volver a empuñar un arma. Pero hay un problema: Kai sabe algo que Eli ignora. Algo que conecta sus pasados. Algo que podría destruirlos a ambos antes de que den el primer paso. 💻 ¿Puede un hacker confiar en un soldado? 🔫 ¿Puede un soldado redimirse protegiendo al enemigo del sistema? 🖤 ¿Y qué pasa cuando el sistema que crearon para protegernos… quiere eliminarnos a todos?

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

PROLOGO + PERSONAJES

Las 03:47 a.m. eran el mejor momento para morir en internet.

Eli Morales lo sabía porque lo había estudiado: a esa hora, los analistas de ciberseguridad del Pentágono estaban en su tercer café con demasiada azúcar, los turnos nocturnos se relajaban pensando en el amanecer, y los algoritmos de detección automática entraban en su ciclo de mantenimiento de 97 segundos. Noventa y siete segundos eran una eternidad cuando sabías moverte entre las sombras digitales.

Sus dedos volaban sobre el teclado mecánico, iluminados por el resplandor azul de siete pantallas. En la pared frente a él, líneas de código verde caían como lluvia digital. Gato, su gato siamés de ojos desiguales, dormía encima del router principal como si supiera que esa noche era especial.

—Vamos, cariño —susurró Eli, tecleando el comando final—. Que duela.

El cursor parpadeó una vez. Dos veces. Y entonces…

Acceso concedido.

Una sonrisa torcida se dibujó en su rostro. Había cruzado el muro de fuego más blindado del planeta: Project ORÁCULO, el programa de vigilancia masiva del Departamento de Defensa que nadie admitía que existía. Pero Eli no buscaba documentos clasificados sobre drones o espías extranjeros. Buscaba algo más pequeño, más oscuro: un archivo llamado LÁGRIMA-7.

Lo encontró.

Y lo que vio le heló la sangre.

No era solo espionaje ciudadano. Era algo peor. Mucho peor.

—Mierda —murmuró, su voz quebrándose—. Esto no es vigilancia. Es… selección.

Project ORÁCULO no solo observaba. Analizaba patrones de comportamiento, redes sociales, historiales médicos, búsquedas en internet… y generaba perfiles de riesgo social. Ciudadanos marcados para ser “neutralizados” antes de cometer crímenes que ni siquiera habían planeado. Y entre esos nombres… estaba el de su hermana.

Valeria Morales. Estado: ACTIVO. Nivel de amenaza: 8.7/10. Recomendación: Contención preventiva.

Había desaparecido hacía ocho meses. La policía dijo que se fue voluntariamente. Eli nunca lo creyó.

Con manos temblorosas, seleccionó todo. Correos internos, algoritmos de predicción, listas de miles de nombres. Unos 4.3 terabytes de pura verdad incómoda.

—Adiós, cabrones —dijo, y presionó ENTER.

El paquete de datos salió disparado hacia veinte servidores espejo en cinco continentes. Wikileaks, Anonymous, periodistas independientes, canales de Telegram cifrados. En menos de tres minutos, el mundo sabría.

Celebró con un trago de Red Bull tibio. Gato maulló, inquieto. Eli le acarició la cabeza.

—Tranquilo, flaco. Dentro de una hora seré trending topic.

Pero entonces sucedió algo extraño.

Todas sus pantallas parpadearon al unísono.

El código verde desapareció. En su lugar, una ventana negra con texto blanco:

> CONEXIÓN DETECTADA. ORIGEN: 192.168.1.12

Eli frunció el ceño. Esa era su propia IP local. Imposible.

> USUARIO: ELI_MORALES

> ACCIÓN: FILTRACIÓN MASIVA

> ESTADO: TRAICIÓN CONFIRMADA

—¿Qué demonios…?

Intentó cerrar la ventana. No respondía. Intentó apagar el sistema con el botón físico. Nada. Las pantallas seguían encendidas, brillando con una intensidad antinatural.

> LOCALIZACIÓN FÍSICA: CONFIRMADA

> DIRECCIÓN: 227B CALLE OAK, APARTAMENTO 4B, AUSTIN, TEXAS

> TIEMPO ESTIMADO DE EXTRACCIÓN: 00:04:17

—No… —susurró Eli, el corazón golpeándole las costillas—. Esto no es posible. No hay geolocalización en esta red. ¡Estoy en TOR, en nodos cifrados, en…

> SUGERENCIA: ESPERE TRANQUILAMENTE. RESISTIR ES INÚTIL.

Las luces del apartamento parpadearon. Una vez. Dos veces. Y se apagaron.

Solo quedó el resplandor de las pantallas, ahora proyectando una cuenta regresiva roja en la pared:

00:03:59

00:03:58

00:03:57

Eli actuó por instinto. Cerró su laptop de un golpe, arrancó el cable de ethernet de la pared y lanzó su teléfono por la ventana del cuarto piso. Gato saltó del router y se escondió bajo el sofá.

—Vamos, vamos, vamos —murmuró mientras arrastraba una maleta pre-armada de debajo de la cama. Pasaportes falsos. Efectivo en tres monedas. Un pendrive de titanio con todo lo que necesitaba para renacer en otro país.

La cuenta regresiva seguía:

00:02:14

00:02:13

00:02:12

Corrió hacia la puerta principal… y se detuvo. Por la mirilla, vio sombras moviéndose en el pasillo. Tres figuras altas, siluetas militares. No policías. No FBI. Esto era diferente.

Volteó hacia la ventana de emergencia del baño. Era su única salida.

00:01:03

00:01:02

00:01:01

Abrió la ventana con un chirrido metálico. El aire frío de la madrugada lo golpeó en el rostro. Abajo, cuatro pisos de caída libre hacia un callejón oscuro. Pero había una escalera de incendios oxidada a metro y medio de distancia.

Saltó.

Sus dedos rozaron el metal helado. Resbaló. Por un segundo, el mundo se volvió silencio absoluto mientras caía hacia el vacío. Entonces su mano izquierda agarró un peldaño. El impacto le sacudió el hombro, pero sostuvo.

Arriba, escuchó el estruendo de la puerta principal siendo derribada.

No miró atrás. Bajó como un mono asustado, peldaño tras peldaño, hasta tocar el asfalto mojado. Corrió sin rumbo, metiéndose en callejones, esquivando contenedores de basura, el corazón martilleando en sus oídos.

Detrás de él, una voz robótica salió de un altavoz en la calle:

—Eli Morales. Deténgase. Usted está a salvo con nosotros.

Mentira. Mentira absoluta.

Dobló una esquina y chocó contra un hombre que salía de un bar nocturno. Café derramado. Maldiciones. Eli siguió corriendo.

00:00:07

00:00:06

00:00:05

¿La cuenta regresiva? ¿Todavía activa? ¿Cómo?

00:00:03

00:00:02

00:00:01

Una explosión sorda retumbó desde su apartamento. No fue fuego. Fue algo más limpio, más preciso. El edificio entero parpadeó con una luz blanca intensa y luego… oscuridad total. Como si alguien hubiera apagado la ciudad entera.

Eli se detuvo, jadeando, apoyado contra una pared de ladrillo. Miró hacia arriba. Su ventana ya no existía. Solo un agujero negro donde antes estaba su vida.

Sacó el pendrive del bolsillo y lo apretó contra su pecho.

—No fue un hackeo —susurró para sí mismo, entendiendo por fin—. Fue una trampa. Me dejaron entrar. Querían que viera LÁGRIMA-7. Querían que lo filtrara.

Porque ahora todo el mundo sabría que Eli Morales era el responsable. Y cuando lo capturaran… nadie creería su versión. Sería el chivo expiatorio perfecto.

Una sirena a lo lejos. Luces azules acercándose.

Eli se deslizó entre las sombras, desapareciendo en el laberinto de la ciudad dormida. Sabía que no podría confiar en la policía. Ni en el gobierno. Ni siquiera en los periodistas que recibirían sus archivos.

Solo quedaba una opción.

Buscó en su bolsillo trasero, sacó un teléfono destartalado con una batería al 3%. Tecleó un número que solo había usado una vez, hace dos años, cuando su hermana aún estaba viva.

Esperó tres tonos.

—¿Sí? —respondió una voz grave, sin nombre.

Eli tragó saliva, las palabras saliendo en un susurro roto:

—Necesito un fantasma para proteger a otro fantasma. Pago en verdad. La verdad que acabo de robarle al gobierno.

Silencio al otro lado. Largo. Pesado.

—¿Tu nombre? —preguntó la voz.

—Eli Morales.

Otro silencio. Más largo aún.

—Espera donde estás —dijo la voz—. Tienes tres minutos antes de que te encuentren. Y Eli… si esto es una trampa, serás tú quien desaparezca primero.

La llamada terminó.

Eli se deslizó hasta el suelo, abrazando sus rodillas contra el pecho. Gato no estaba. Su apartamento era ceniza digital. Su hermana seguía desaparecida. Y en algún lugar de la oscuridad, un hombre que olía a guerra venía hacia él.

Miró el pendrive en su mano.

—Valeria —susurró—. Voy a encontrarte. Aunque tenga que quemar el mundo entero para hacerlo.

Arriba, las primeras luces del amanecer rozaban los rascacielos. Pero para Eli Morales, el sol ya no existía.

Solo quedaba la sombra.

Y la sombra tenía dientes.

Arriba, las primeras luces del amanecer rozaban los rascacielos. Pero para Eli Morales, el sol ya no existía.

Solo quedaba la sombra.

Y la sombra tenía dientes.

Se levantó con las rodillas temblando. El frío del asfalto se le había metido en los huesos. Revisó su mochila: pasaportes falsos (uno canadiense, otro neozelandés), $12,000 en efectivo, una navaja suiza, y el pendrive de titanio. Todo lo que necesitaba para desaparecer… si es que aún podía confiar en sus propios planes.

Pero algo le faltaba.

Con manos torpes, sacó un pequeño diario de cuero del bolsillo interior. Lo abrió en una página marcada con una cinta roja. Allí, en letra inclinada y llena de garabatos, estaba la última nota que Valeria le dejó antes de desaparecer:

“Eli — Si alguna vez lees esto, es porque ya no estoy. No fue casualidad. Están limpiando. Busca ORÁCULO. No confíes en nadie que diga ‘protegerte’. Te quiero más que a mi vida. — V.”

La leyó por centésima vez. Y por primera vez, entendió.

Ella no solo sabía del programa. Lo creó.

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Good Writing

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