Capitulo 1
El aire en el hospitality de Red Bull se sentía denso, cargado con el aroma a pino y tierra mojada que desprendía el alfa de Max. Para cualquiera, era la fragancia del campeón, pero para Checo, era una señal de advertencia: Max estaba en el límite.
Max mantenía una mano posesiva sobre la nuca de Checo, sus dedos enterrándose ligeramente en el cabello oscuro del mexicano mientras observaba con ojos gélidos cómo Lando y Daniel bromeaban a pocos metros. No importaba que fueran sus amigos, ni que estuvieran en medio de un fin de semana de carrera; en la mente de Max, cualquier alfa que respirara el mismo aire que su omega era una amenaza potencial.
-Max, suéltame un poco. Me estás despeinando -Susurró Checo, intentando suavizar la tensión con una sonrisa pequeña.
-Están mirando mucho, Sergio -Gruñó Max, su voz vibrando con un tono bajo que erizó los vellos del cuello de Checo-Daniel no tiene por qué tocarte el hombro cada vez que se ríe.
-Es Daniel, Max. Es un cachorro hiperactivo, lo sabes.
Checo suspiró y, con la paciencia que solo él poseía, llevó sus manos al pecho del neerlandés. Comenzó a delinear círculos lentos, liberando sus propias feromonas dulces, un aroma a vainilla y canela que actuaba como un bálsamo directo al instinto territorial de Max. El alfa cerró los ojos un segundo, inhalando profundamente el aroma de su pareja, permitiendo que sus hombros se relajaran apenas unos milímetros.
-Vámonos al motorhome -Sentenció Max, sin dar espacio a réplicas.
En cuanto la puerta se cerró tras ellos, el control que Max había intentado mantener frente a las cámaras se evaporó. No esperó a que Checo encendiera las luces; lo empujó suavemente contra la pared, atrapándolo entre su cuerpo y el panel frío.
-Me pones enfermo cuando les sonríes así -Masculló Max, su rostro a centímetros del de Checo- Eres mío. Todo el mundo lo sabe, pero parece que necesitan recordatorios constantes.
Checo soltó un jadeo cuando Max hundió la nariz en la glándula de su cuello, lamiendo y mordisqueando la piel sensible que ya llevaba la marca de sus colmillos. La posesividad de Max era agotadora, sí, pero también despertaba un fuego abrasador en el vientre de Checo.
-Entonces recuérdamelo tú -Desafió Checo en un susurro, enredando sus piernas alrededor de la cintura de Max-Márcame de nuevo si es necesario, pero quítame esta tensión ahora mismo.
Max no necesitó que se lo repitieran. Sus manos, grandes y rudas por el volante, bajaron con urgencia para deshacerse de la ropa que los separaba, decidido a dejar claro, sobre la piel y dentro del alma de Checo, a quién pertenecía el omega de la parrilla. Esa noche, el rugido de los motores afuera no sería nada comparado con la intensidad de la tormenta que Max desataría dentro de esas cuatro paredes.
La penumbra del motorhome solo era interrumpida por el parpadeo de las pantallas de telemetría que Max no se había molestado en apagar, bañando sus cuerpos con un resplandor azulado y frío que contrastaba con el calor sofocante que emanaba de ambos. Max no era un hombre de palabras suaves cuando el celo territorial lo dominaba, era un alfa de instintos primarios, de acciones contundentes. Sus manos bajaron con brusquedad, apretando los muslos de Checo para elevarlo y pegarlo aún más contra la pared.
-Diles que se alejen -Ordenó Max contra su oído, su aliento caliente quemando la piel-La próxima vez que Daniel te toque, no voy a ser amable, Sergio.
Checo soltó un gemido que fue mitad queja y mitad sumisión. Sentía la dureza del alfa presionando contra su propia intimidad, una promesa silenciosa de lo que estaba por venir. Sabía que la posesividad de Max rozaba lo irracional, pero en la pista y fuera de ella, Max Verstappen no sabía compartir lo que consideraba suyo.
-Solo te veo a ti, Maxie... siempre es solo a ti -Logró articular Checo, buscando los labios del neerlandés para callar sus gruñidos.
El beso fue un choque de lenguas desesperado, con sabor a urgencia y a una propiedad absoluta. Max lo reclamaba con cada movimiento, sus manos grandes dejando marcas rojizas sobre la piel canela del mexicano, marcas que Checo luciría con un orgullo secreto bajo el traje ignífugo al día siguiente. Max separó sus labios solo para bajar hacia el pecho de Checo, tirando con los dientes de la tela de su camiseta hasta dejarla a un lado. Sus dedos buscaron la entrada de su omega, encontrándola ya preparada, húmeda por la anticipación de ser tomado.
-Mírame -Gruñó Max, separando las piernas de Checo aún más mientras se posicionaba- Quiero que veas quién te está haciendo esto.
Checo abrió los ojos, ekmpañados por el deseo, y se encontró con las pupilas de Max totalmente dilatadas, transformando sus ojos azules en pozos oscuros de necesidad pura. Cuando el alfa finalmente empujó, llenándolo de golpe, Checo echó la cabeza hacia atrás, golpeando suavemente el panel de la pared, mientras un grito ahogado se perdía en el silencio del habitáculo.
El ritmo fue implacable, casi salvaje. Max se movía con la misma precisión agresiva con la que trazaba las curvas de Spa o Suzuka, buscando el ángulo exacto que hiciera que Checo suplicara por más. Cada embestida era un recordatorio: mío, mío, mío. Checo se aferraba a los hombros anchos de Max, sus uñas enterrándose en la piel blanca del alfa, tratando de anclarse a la realidad mientras el placer lo desbordaba
-Más fuerte... Max, por favor -Rogó Checo, su voz rompiéndose cuando el alfa encontró el punto exacto que lo hacía ver estrellas.
Max respondió gruñendo, acelerando el paso, sus feromonas de alfa inundando cada rincón hasta que el aire mismo pareció volverse líquido. No era solo sexo, era una reclamación de territorio. En ese espacio reducido, rodeados de trofeos y la presión de un campeonato, no existían los equipos, ni la prensa, ni los otros pilotos. Solo existía un alfa reclamando el derecho absoluto sobre su omega, asegurándose de que, al final de la noche, el único aroma que Checo llevara consigo fuera el de la victoria de Max.
Continuará..









cómo me encanta esta historia, Max todo loco y posesivo es mi obsesión