Prólogo.
El cielo estaba cubierto por una capa de nubes grises, como si la ciudad hubiese decidido ponerse un abrigo pesado aquella mañana. El aire era fresco y las calles aún conservaban el brillo húmedo de una llovizna que había pasado minutos antes.
Un Porsche Cayman negro se detuvo suavemente frente a un edificio moderno de vidrio oscuro y líneas elegantes. El motor se apagó con un ronroneo breve, casi elegante, y la puerta del conductor se abrió.
Lewis Hamilton salió del automóvil acomodándose el saco oscuro que llevaba puesto. Sus zapatos resonaron con firmeza sobre el pavimento mientras levantaba la mirada hacia el edificio frente a él.
En letras metálicas perfectamente pulidas se podía leer:
Agencia Cónsul Élite.
Un lugar que no aparecía en anuncios ni buscadores comunes. Allí trabajaban más de veinte especialistas en seguridad, hombres y mujeres entrenados para algo más que simples escoltas. Eran estrategas, protectores silenciosos, sombras que caminaban junto a celebridades, empresarios y políticos cuando la fama traía consigo riesgos.
Lewis cerró el coche con un pequeño beep.
Aquella no era una agencia cualquiera.
Era un grupo exclusivo de guardaespaldas, seleccionados no solo por su fuerza o habilidad, sino por su disciplina y discreción. Cada uno había pasado años en fuerzas especiales, seguridad internacional o protección de alto riesgo.
Y Lewis era uno de los mejores.
Empujó la puerta de vidrio del edificio y entró al lobby. El interior era amplio, con pisos de mármol gris y una recepción minimalista donde varias pantallas mostraban cámaras de seguridad de distintas partes del mundo. Misiones en curso, rutas protegidas, protocolos activos.
—Buenos días, Hamilton—saludó la recepcionista con una sonrisa profesional.
Lewis respondió con un leve gesto de cabeza mientras caminaba hacia los elevadores. Sus pasos eran tranquilos, pero seguros, como alguien que sabía exactamente cuál era su lugar.
El ascensor se abrió con un sonido suave.
El pasillo del piso ejecutivo estaba silencioso, cubierto por una alfombra gris que absorbía el sonido de cada paso. Al fondo, una puerta de madera oscura llevaba una placa metálica impecable.
Director General
Lewis levantó la mano y tocó suavemente.
—Adelante—dijo una voz grave desde el interior.
Lewis abrió la puerta y entró con la calma de alguien acostumbrado a ambientes de tensión. La oficina era amplia, con ventanales enormes que dejaban ver la ciudad bajo el cielo nublado.
Detrás del escritorio estaba Toto Wolff, revisando unos documentos en una tableta. A su lado, varias pantallas mostraban reportes de seguridad y rutas de traslado.
Toto levantó la mirada.
—Hamilton.
Lewis asintió levemente en señal de saludo.
—Señor.
Toto se recostó en su silla y entrelazó las manos.
—Pronto tendrás una nueva estrella a la cual cuidar... pero tendremos que esperar al asistente antes de hablar de todos los detalles.
Lewis no hizo preguntas. En aquel trabajo, la paciencia era parte del uniforme.
Toto continuó hablando después de unos segundos.
—Prepárate. A las 11:00 horas tenemos una reunión con Alex Albon.
Lewis levantó apenas una ceja.
—¿Él pidió protección?
—Pidió a uno de nuestros mejores hombres —respondió Toto con una pequeña sonrisa—. Y ese eres tú.
Lewis simplemente asintió.
No era arrogancia ni orgullo. Era un reconocimiento a años de entrenamiento, disciplina y misiones cumplidas sin errores.
—Entonces nos vemos a las once —dijo Lewis.
Toto hizo un gesto afirmativo.
—No llegues tarde.
Lewis salió de la oficina con la misma calma con la que había entrado.
El reloj del pasillo marcaba 10:12.
Tenía tiempo.
Caminó hacia el elevador, bajó dos pisos y avanzó por un corredor más industrial del edificio. Las paredes estaban reforzadas y el sonido metálico de disparos amortiguados comenzaba a escucharse incluso antes de llegar.
Una puerta automática se abrió frente a él.
La sala de tiro era amplio, con varias cabinas de práctica, blancos electrónicos y mesas con distintos tipos de armas de entrenamiento.
Lewis dejó su saco en una silla, remangó ligeramente la camisa y tomó unos protectores auditivos.
Seleccionó una pistola de práctica y cargó el cargador con movimientos precisos y rápidos.
El arma estaba lista.
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Nuevo fanfic Gewis espero que les guste🫢 vamos a ver a nuestro hombre de chocolate derretirse por su castaño de ojos verdes.
Abril 💜







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