Capítulo 1

Se sentía como un reloj viejo al que se le había acabado la cuerda, pero que seguía forzando los engranajes para marcar un tiempo que ya no le pertenecía.
Con un suspiro que parecía arrastrar todo el cansancio de sus veintiocho años, se puso de pie. Necesitaba cafeína para soportar el viaje de regreso, o quizás solo necesitaba una excusa para caminar. Sus pasos resonaron en la alfombra gris de la oficina hasta llegar a la pequeña cocina.
Fue entonces cuando el aire cambió.
El olor a café quemado y productos de limpieza fue reemplazado por algo delicado, persistente y ridículamente fuera de lugar: rosas frescas. Era el aroma de Kim Seokjin.
Jin estaba de espaldas, con su figura esbelta envuelta en una camisa de un tono rosa tan pálido que parecía blanco bajo las luces dicroicas. Sus ropas estaban impecables, sin una sola arruga, como si el día acabara de empezar para él. Namjoon, hipnotizado por el suave movimiento de los hombros de Jin mientras preparaba su taza, se acercó más de lo que la etiqueta laboral permitía. Cerró los ojos por un instante y aspiró.
Fue un impulso animal, una búsqueda de aire puro en medio de su asfixia.
De pronto, Jin se giró con la agilidad de un gato.
—¿Namjoonie? —Su voz era suave, con un tinte de diversión.
Namjoon abrió los ojos de golpe. Estaban a escasos diez centímetros. Podía ver el brillo de la luz reflejado en las pupilas oscuras de Jin y el ligero rastro de bálsamo labial en sus labios perfectos. Jin le sonrió, y esa sonrisa fue como si alguien hubiera encendido todas las luces de la oficina de golpe.
El pánico se apoderó de Namjoon de forma estrepitosa.
—¡Ah! ¡Y-yo... el café! ¡Las rosas! ¡No, tú hueles! ¡O sea, el olor! —Namjoon empezó a gesticular de forma errática, golpeando accidentalmente una cuchara que salió disparada hacia el fregadero—. ¡Perdón! ¡Me dio un... un espasmo nasal! ¡Sí, eso! ¡Buenas noches!
Con las orejas ardiendo en un rojo carmesí y el corazón martillando contra sus costillas, Namjoon dio media vuelta y salió de la cocina casi al trote, tropezando con la esquina de un escritorio antes de alcanzar su maletín. No miró atrás. Solo sabía que necesitaba salir de ahí antes de que Jin viera lo mucho que sus manos estaban temblando.
El trayecto a casa fue una transición del tecnicolor al blanco y negro.
Al llegar al departamento, Namjoon sintió que el aire se volvía rancio. Subió el ascensor cabizbajo, mirando sus propios zapatos desgastados. Al poner la clave en la cerradura electrónica, el pitido de confirmación sonó para él como una sentencia de muerte.
—Nueve y media, Namjoon. Increíble —la voz de Jisoo cortó el aire antes de que él pudiera siquiera colgar su chaqueta—. Min-ah te esperó para mostrarte su proyecto. Lloró porque no llegabas. Ahora ya se durmió, y yo tuve que recalentar la cena tres veces.
Namjoon no respondió. No tenía sentido. Cualquier palabra sería usada como combustible para un incendio que él ya no tenía interés en apagar. La miró de reojo: Ji-soo lucía amargada, con esa expresión de superioridad moral que usaba para recordarle que ella lo “salvó” de su pasado.
—Lo siento —susurró él, una mentira automática que pronunciaba por pura inercia.
Caminó hacia la habitación de la niña, el único santuario real en ese departamento. Al abrir la puerta, ya no sentía el olor a bebé de antaño; ahora el aire olía a pegamento en barra, a los marcadores que ella dejaba destapados y a ese aroma limpio de la ropa de escuela. Min-ah estaba allí, ocupando ya gran parte de la cama, con una pierna fuera de las mantas y un libro de cuentos de misterio que se le había resbalado de las manos al quedarse dormida.
Namjoon se sentó en el borde del colchón, sintiendo cómo el peso de la cama cedía, y la observó en silencio bajo la tenue luz que entraba por la rendija de la puerta.
Tenía la boca ligeramente abierta y el ceño un poco fruncido, una réplica exacta de la expresión que él mismo ponía cuando su mente no descansaba ni al dormir. Era tan inteligente, tan perspicaz para su corta edad... verlo reflejado en sus gestos y en su curiosidad era lo que lo mantenía encadenado a ese lugar.“Es por ella”, se repetía como un mantra, mientras le quitaba suavemente el libro de las manos para dejarlo en el velador. Todo el odio que sentía por Ji-soo, y todo el cansancio que le carcomía los huesos, valían la pena si Min-ah podía dormir así, sintiéndose segura en un hogar que él sostenía a duras penas sobre sus hombros.
Finalmente, Namjoon se dirigió a su propia habitación. Se acostó en el borde extremo de la cama, casi a punto de caerse, manteniendo una distancia de seguridad física y emocional con la mujer que dormía al otro lado. Se quedó rígido, mirando la oscuridad del techo.
En su mente, en medio del silencio asfixiante de su casa, todavía podía sentir el eco de las rosas. Cerró los ojos y, por un momento, fingió que el zumbido en sus oídos era el de la oficina, y que si extendía la mano, podría volver a encontrar esa luz que Jin emanaba sin esfuerzo.
Mañana sería otro día igual. O eso creía él.
Hola traigo una nueva historia, :3 espero que les guste...
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Nos Leemos






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