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Jobe siempre se había considerado un chico tranquilo, nunca había tenido grandes aventuras, o experiencias que pudiera presumir, ser el hermano menor siempre había sido un problema para él.
Su madre siempre cuidaba un poco más de él y algunas veces lo trataba como un niño, lo cual ya le estaba hartando, tenía 21 años, quería vivir un poco más la vida, salirse del molde, hacer algunas locuras, emborracharse y perderse en alguna esquina.
Tener toneladas de sexo y quizás, después, pero mucho después enamorarse.
Así que cuando sus amigos le plantearon la idea de irse a algún bar, aceptó sin chistar.
La noche pasó tan rápido entre copas y pláticas sin sentido, que cuando se dieron cuenta tan solo pasaban pocos minutos de la media noche.
Lo cual lo decepcionó.
Hasta que alguno de sus amigos se le ocurrió la idea de ir a un club nocturno.
Ya saben, aquellos club donde hay chicas bailando semi desnudas, y algunas veces, pagabas para que te hicieran compañía.
Al principio, Jobe, no estaba de acuerdo, una parte de él le decía que no era buena idea, pero el alcohol, y el extasis de probar algo nuevo, lo invadieron por completo.
Así que aceptó.
El club, estaba lleno de mujeres de distintas edades, algunas, de su edad, unas mayores, y otras que incluso parecían tener la edad de su madre.
Quiso retroceder, pero no lo hizo. Ya estaba ahí, e iba a disfrutar.
Escogieron una mesa, y en cuanto se sentaron, las chicas comenzaron a llegar, como moscas a la mierda.
Se mordió el labio, todas llevaban lencería que dejaba todo a la vista e incluso no te podías imaginar nada, por que todo estaba ahí.
Algunas se sentaron en al lado de ellos, y otras, en sus regazos, a Jobe por suerte -o mala- lo dejaron solo, ninguna de aquella chicas lo notó, se río por lo estúpido de la situación.
Se levantó para ir al baño, y en cuanto salió, chocó con alguien.
Una chica que llevaba el conjunto rosa, este se conectaba en el estómago, llevaba tacones altos y aún así no estaba a su altura. Su cabello castaño perfectamente arreglado caía sobre sus hombros, mierda era demasiado linda.
—¿Te perdiste niño?
Su voz sonó en un grito gracias a la música tan fuerte, este se quedó embobado a lo que la chica sonrió de lado.
—¿Quieres compañía?