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Celo Salvaje | YunGi

Summary

MinGi queda prendado de YunHo, y cuando se reencuentran, decide convertirse en su omega.

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

único; 1/3


En las noches más silenciosas, los ancianos solían contar a los jóvenes del clan una advertencia envuelta en susurros y temor. Decían que, durante un celo salvaje, los omegas podían ser arrastrados hacia un estado de frenesí, una locura que devoraba cuerpo y mente si no encontraban un alfa con quien unirse.

Aquel trance era descrito como un tormento físico insoportable: el cuerpo ardía desde dentro, la piel quemaba por la fiebre de las feromonas y la sangre se volvía un río hirviente en las venas. Algunos, incapaces de resistir, deliraban entre alucinaciones o se desgarraban a sí mismos buscando alivio, hasta que el corazón, agotado, dejaba de latir.

Los relatos más antiguos hablaban de omegas perdidos en la demencia del celo, que atacaban a otros omegas o betas, arrancando trozos de piel con uñas y dientes buscando las feromonas que necesitaban. De sus cuerpos quedaban restos que los clanes enterraban sin ceremonia, temiendo que el mal se propagara.

Por ende, los ancianos insistían en la unión antes de la madurez: “Un omega sin vínculo es un cuerpo sin alma; y un cuerpo sin alma, es un monstruo que pronto despertará.”

El tierno e ingenuo cachorro MinGi vivía constantemente aterrorizado por las historias de los más ancianos, pero conforme fue creciendo ese miedo fue olvidado. MinGi se convirtió en un omega muy hermoso, amigable y leal, aunque un poco distraído. El adolescente nunca se preocupó por buscar pareja, pues había quedado prendado de YunHo, el alfa hijo mayor del líder de la manada, que muy pronto sustituiría el lugar de su padre.

Dentro del bosque bajo un gran y frondoso sauce llorón, muy al norte alejado de la manada, yacía YunHo sentado sobre el verdoso pasto, sentado sobre sus piernas estaba MinGi con su nariz enterrada en el cuello del alfa. YunHo sonrió y envolvió el cuerpecito en un abrazo cálido, el omega se estremeció y frotó su nariz en el cuello del alfa, inhalando su denso aroma a sándalo y miel, por su parte, YunHo enterró su nariz en el cabello rojizo del pequeñito omega, anhelando reclamar ese aroma como suyo, pero suspiró pesado al saberse incapaz.

YunHo era un alfa que estaba a punto de entrar a sus cuarenta, alto, fuerte y viril, su presencia era digna de respeto y admiración, todos en la manada le tenían un alto estima, por su parte, MinGi era un omega muy joven e ingenuo, hermoso a los ojos de YunHo, de mejillas gorditas y sonrisa brillante, el omega perfecto para llevar a sus cachorros.

Pero no podía marcarlo.

YunHo se rehusaba a marcar al omega como suyo, pues el respetaba fielmente las tradiciones en la manada y no se atrevería a cometer el salvajismo de marcar al omega como suyo, antes de que este cumpliera la mayoría de edad. Sin embargo, el dulce aroma a melocotón y leche tibia de MinGi era un recordatorio constante de su naturaleza pura, libre e intacta, una promesa no hablada que le revolvía el estómago y hacía que sus colmillos sintieran comezón.

El alfa bufó al sentir como las notas dulces del melocotón se adentraban cada vez más en su nariz, fue así que el omega despegó su rostro del cuello del alfa y volteó a verlo con ojitos de cachorro regañado, YunHo rio de ternura.

一 ¿Qué pasa cachorrito? 一La voz del alfa salió como un murmuro ronco, enviando un escalofrío al omega.

MinGi no respondió y en su lugar hizo un pucherito que abultó sus mejillas, el corazón del alfa se aceleró y sonrió enternecido, amaba con locura la actitud mimada e infantil de su pequeño cachorrito. Divertido y sonriendo tomó el rostro del omega entre sus grandes y ásperas manos.

一Mi hermoso omega mimado, ¿Podrías decirme que te tiene así de malhumorado? 一Pregunta YunHo con tono paternal y voz suave. La expresión de MinGi se suaviza y sus ojitos almendrados se ponen llorositos, YunHo se alerta ante las lágrimas que amenazan con salir de esos hermosos ojitos. 一Cachorrito... ¿Qué pasa? 一MinGi se despega del pecho de YunHo.

一Yuyu... ¿E-Es cierto que vas a enlazarte con otro omega cuando seas líder? 一La voz de MinGi sonó débil y llorosa. YunHo sintió una puñalada en el corazón al notar la tristeza del omega.

一Por supuesto que no. 一Respondió de inmediato, su entrecejo se frunció ligeramente. 一 ¿Dónde escuchaste eso? 一Preguntó suavizando su expresión de nuevo y limpiando algunas lágrimas que rodaron por las mejillas gorditas del omega.

一Los ancianos m-me dijeron... 一Respondió el omeguita mirándolo con ojitos llorosos.

“Esos malditos ancianos” pensó YunHo, más suspiró y negó, mirando con ternura a MinGi.

一 ¿Pensaste que te abandonaría? 一Le preguntó el alfa conteniendo una risita, el omega asintió, bajando su rostro, YunHo dejó de contener la risita y tomó el mentón del omega para levantar su rostro. 一Cachorrito, tú eres mi omega. 一Afirmó con solemnidad y un deje de posesividad.

MinGi colocó una expresión de sorpresa ante el tono de YunHo, pero un sonrojo se pintó en sus mejillas y se puso tímido, el alfa notó el cambio en la expresión del omega y sonrió enternecido, se acercó a su rostro y besó su frente. MinGi dio un respingo y se sonrojó aún más.

La tarde se deslizaba lentamente sobre el bosque, tiñendo las hojas de tonos cobrizo.

El aire resopló y arrastró las largas hojas del sauce que llegaban hasta el suelo y creaban una cúpula, una burbuja verdosa que los resguardaba del mundo exterior. Fue entonces cuando el alfa lo sintió: un aroma espeso, profundo… melocotón y leche tibia.

El aroma de MinGi se había intensificado.

El joven omega contuvo la respiración, una corriente eléctrica le recorrió el cuerpo. Aquella fragancia se expandía con la serenidad de un capullo floreciendo. Sintió cómo su pulso se aceleraba. El aire era más denso, más cálido, como si el bosque mismo lo empujara hacia una sola dirección.

Hacia el alfa.

Cada vez que respiraba, su propio olor —melocotón y leche tibia— se agitaba en el aire, dulce e inocente, apenas un susurro frente a la gravedad del otro. Y sin embargo, cuando ambas fragancias se encontraron, algo cambió.

El omega alzó la mirada. YunHo tensó su cuerpo y volteó con una mueca de sorpresa, con el cabello revuelto por el viento. Sus ojos no brillaban con ferocidad, sino con una paciencia antigua, una que solo se adquiere con los años.

一Su olor… 一Susurró MinGi, sin atreverse a moverse. 一Es… cálido.

El alfa lo observó largo rato, como si reconociera algo que había olvidado, su rostro mostraba una mezcla extraña entre conflicto, emoción y miedo. Jadeó y el aire se llenó aún más de él, envolviendo al omega como una capa invisible.

El sándalo se fundió con el melocotón; la miel se derramó sobre la tibieza láctea de su aroma. Fue un choque tan suave que dolió, una mezcla tan perfecta que parecía prohibida. Por un instante, todo lo demás desapareció.

一Tu primer celo… —Dijo YunHo en voz baja—. Es peligroso, tenemos que irnos. 一Su voz sonó alarmada.

El omega tragó saliva. Sentía cómo su propio aroma se hacía más fuerte, como si su cuerpo lo traicionara buscando refugio en el calor que emana el alfa. El aire vibraba entre ambos, denso, expectante. Sus miradas unidas, una corriente eléctrica uniéndolos a ambos. Esperando a ver quién se movía primero.

Un pájaro alzó vuelo en la distancia, rompiendo el silencio.

El alfa desvió la mirada hacia el cielo, intentando contener el instinto que rugía bajo su piel.

El omega, en cambio, se aferró al alfa, guiado por un impulso que no comprendía.

Las fragancias se mezclaron una vez más, más profundas, más reales.

Sándalo y miel.

Melocotón y leche tibia.

La calma de un alfa experimentado y paciente como el mismo invierno, abrazando la inocencia de la primavera reflejada en los ojos dilatados del omega.

Y allí, bajo el sauce llorón y entre raíces húmedas, el bosque fue testigo del primer hilo invisible que los uniría. No hubo palabras, ni promesas. Solo... Un roce, una unión que los condenaría a ambos. El aire fue testigo de una unión que aún no existía, pero que el instinto ya había reclamado.

El beso llegó sin aviso, breve y tembloroso. No fue un acto de deseo, sino de necesidad. Un contacto desesperado, como si el cuerpo del omega buscara un ancla antes de perderse del todo.

El alfa sintió cómo su propio aroma se agitaba: sándalo y miel se tornaron más densos, más animales. Por un segundo, todo su autocontrol se tambaleó. El calor del beso, el temblor en los labios ajenos, el pulso desbocado contra su pecho... todo lo arrastraba hacia un lugar del que sabía que no debía volver.

MinGi se aferró al cuello de YunHo y movió sus labios torpe e inexperto, el alfa gimió y apretó las caderas del omega, escuchando como este respondía deliciosamente a su tacto. YunHo profundizó el beso e introdujo su lengua en la boca del chico, besándolo con hambre, con una lujuria que llevaba contenida años. MinGi gimió en respuesta ante la pasión de YunHo y ese sonido fue el ancla que trajo de regreso la razón del alfa, separando al omega de los hombros.

El omega, al separarse, lo miró confundido, con los ojos llorositos y la respiración agitada. No entendía lo que pasaba; ¿El alfa... lo había rechazado? Solo sentía el consuelo que su instinto le reclamaba. El sabor del alfa —dulce, cálido, con un leve toque amargo de miel y terroso— quedó grabado en su memoria como una marca invisible.

El alfa, en cambio, quedó inmóvil. Sentía el eco del beso arder en la piel, un peso en el pecho que mezclaba culpa y anhelo. Aquel contacto había sido breve, pero lo suficiente para fracturar su calma.

Sabía que debía detenerse.

Con un movimiento rápido abrazó al omega y se puso de pie, emprendiendo una carrera contra el tiempo hasta llegar a la manada. Asustado de no poder resistir lo suficiente hasta llegar.

El aire entre ambos seguía saturado: melocotón, leche, sándalo y miel… una mezcla que dolía respirar. Cada paso era una lucha entre lo que el instinto exigía y lo que la razón debía preservar.

MinGi se aferró al pecho de YunHo, buscando calor, sin entender del todo por qué el alfa lo había empujando así.

El alfa daba enormes zancadas, brincando piedras e incluso atravesando el lago que lo hundió hasta llegar a su cintura, el omega soltó un quejido ante la frialdad del agua, el alfa gruñó y salió del agua con la velocidad de un rayo.

Debía ser rápido.

La noche los abrazó, a lo lejos, el alfa pudo divisar las fogatas de la manada, aliviado, siguió con su carrera, preocupado al sentir como su cuerpo empezaba a responder al olor dulce del omega.

Al llegar a la manada, varias miradas se dirigieron hacia YunHo, pero al verlo actuar desesperado se hicieron a un lado, el alfa tampoco les prestó atención, su instinto lo obligó a buscar la cabaña de los Song, cuando la ubicó corrió con todas sus fuerzas, cayendo sobre la puerta del hogar con un gruñido que alertó a todos. Los señores Song salieron disparados desde adentro de su hogar, los ancianos se acercaron también, YunHo yacía con la respiración agitada, abrazándose así mismo, mientras que MinGi gemía bajito, los señores Song socorrieron a su hijo.

一 ¡MinGi! 一Chilló horrorizada la señora Song, sosteniendo a su hijo en brazos, el aroma del omega los atacó como una ráfaga de aire caliente. 一 ¡Dios mío! Está en celo. 一Exclamó con una mezcla de sorpresa y horror.

El señor Song se acercó preocupado a YunHo y tocó su hombro, obteniendo como respuesta un gruñido que alertó a los ancianos.

一 ¡Llamen a los alfas de la familia Jeong! ¡Su primogénito entro en celo! 一Ordenó uno de los ancianos alzando su bastón.

一 ¡Escondan a los omegas no marcados, hay un alfa en celo sin enlazar! 一Exclamó otro de los ancianos, causando una ola de pánico entre los miembros de la manada que se habían acercado con curiosidad.

Fue así, entre gritos y pánico que finalmente Jeong se permitió colapsar sobre la tierra, aliviado de no haber mordido al omega. Los alfas de la familia Jeong llegaron y arrastraron a YunHo con ellos. Un hermano de YunHo jadeó con horror al ver como los colmillos del alfa yacían enterrados en sus encías, producto de la presión que había ejercido en ellos para evitar morder al hijo omega de los Song.


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