𝟎𝟏
El ambiente en la cabaña se sentía ligero, fresco. Los últimos meses del año, cuando la temperatura baja y hace un frío que se te queda hasta los huesos.
—Cassian—
Pronuncio el barón mientras sostenía un ramo de rosas negras en su mano izquierda.
—Sabes que no tienes que hacer eso—
El alfa sonrió ante el comentario, esperando pacientemente que el omega peli-negro aceptará el regalo.
—Solo aceptaré porque son mis flores favoritas— el omega sonrió.
—No digas que no te conozco lo suficiente para traerte tus flores favoritas— respondió Zemo con una sonrisa ladeada, acercándose lo justo para que el aroma del omega se mezclara con el suyo.
Cassian tomó finalmente el ramo y los chocolates, sosteniéndolos contra su pecho. Sus mejillas se hubieran pintado apenas de un rubor traicionero si hubiera tenido sangre en su cuerpo, desvió la mirada como si aquel gesto simple no le estuviera removiendo algo por dentro.
—Eres un idiota— murmuró, aunque la curva de sus labios lo delataba.
Zemo sonrió ante el comentario hacia su persona. El omega soltó una risa baja, breve, de esas que nacen antes de que el orgullo alcance a frenarlas. Dio media vuelta, comenzando a caminar hacia la cocina, sin mirar atrás.
El silencio entre ambos no era incómodo, Zemo —igual que los vengadores— ya se habían acostumbrado a ese tipo de silencios.
Cassian dejó las rosas sobre la mesa con cuidado, como si fueran algo frágil y abrió la caja de chocolates. Tomó uno, lo observó un segundo y luego lo llevó a sus labios.
El omega alzó la vista y sus ojos oscuros se encontraron con los del alfa y antes de que el rompiera el silencio unos pasos empezaron a hacer eco por la cabaña junto con un aroma peculiar que hizo que el omega de Cassian se inquietara.
—Buchanan— soltó sin pensarlo demasiado.
El barón arrugó la nariz ante el aroma del otro alfa, se alejo del omega.
—Cass—
El mencionado sin darse cuenta estaba sonriendo, no era cualquier sonrisa, está era exclusiva para el alfa frente a el.
—¿Con que derecho tiene que verte de esa manera?— aunque su fachada de calculador era fuerte, ver así al omega hacia que el alfa de Zemo rugiera un poco ante la invasión.
Cassian parpadeó, como si recién entonces se diera cuenta de su expresión. La sonrisa se le borró lentamente, sustituida por esa máscara tranquila que usaba cuando algo lo incomodaba.
—¿Tu qué derecho tienes para reclamar?— respondió con suavidad, pero firme.
Bucky sonrió complaciente ante la sonrisa que le dio el peli-negro. Se terminó de acercar para poder entrar a su espacio personal y acariciar lentamente sus mejillas.
Cassian no se apartó de inmediato. El contacto de Bucky era cálido, familiar... peligroso. Sus dedos izquierdos enguantados recorrieron con una lentitud estudiada la línea de su mejilla, como si reclamaran algo que nunca había dejado de considerar suyo.
La tensión y las feromonas sumergieron el ambiente en la cocina, Zemo al olerlas salió de la cocina sin hacer ruido y con una mueca extraña salió de la cabaña.
Cassian lo notó tarde, Bucky no retiró la mano cuando el otro alfa se fue. Al contrario, aprovechó la ausencia para inclinarse un poco más, invadiendo por completo el espacio del omega. Su pulgar se deslizó con lentitud hasta la comisura de sus labios, como si midiera una reacción.
—Siempre huyendo cuando las cosas se ponen interesantes, Cass— murmuró, con una sonrisa torcida —Sigues siendo igual—
Cassian sintió un nudo formarse en su estómago. No era miedo no era exactamente amor o por lo menos no un amor sano.
—Limites, Barnes. Todo con límites—
Bucky rió por lo bajo, una risa suave, peligrosa.
—¿Límites?— repitió divertido —Dulzura, tú y yo nunca hemos sabido lo que es eso—
Tenía razón, ellos nunca se habían puesto a pensar o siquiera a razonar si necesitaban límites; y ahora ya era un poco tarde.
El omega apretó los dedos alrededor de la encimera. El aroma de Bucky era intenso, envolvente, despertando recuerdos que había enterrado a propósito: promesas dichas en voz baja, celos disfrazados de cuidado, discusiones que siempre terminaban con besos salvajes.
—Las cosas son distintas ahora— dijo, aunque no sonó tan convencido como hubiera querido.
—Las cosas siempre son distintas— replicó Bucky, bajando la voz —Hasta que vuelves a mirarme así—
Cassian tragó saliva. Aunque fuera un vampiro y su “vida” este marcada por actos atroces, nada de eso hizo que sus piernas flaquearan; excepto James Barnes. El era el único que hacía esa reacción en su cuerpo frío.
—No confundas costumbre con derecho— susurró, aunque sus feromonas lo delataban, temblorosas, abiertas de más.
Bucky inclinó la cabeza, observándolo con una atención que rozaba lo obsesivo. Sus ojos claros se clavaron en los de Cassian con una intensidad casi febril, como si estuviera evaluando cada gesto, cada duda.
—Mírate — murmuró —Sigues reaccionando igual que antes—
Cassian alzó la barbilla, obligándose a sostenerle la mirada. El temblor en sus feromonas era real, pero no era rendición.
—Y tú sigues creyendo que eso significa algo— respondió con un leve temblor en la voz.
Por un segundo, algo se tensó en el gesto de Bucky. No fue rabia. Fue algo peor: posesión herida.
Con un movimiento brusco, Bucky tomo del cuello al omega haciendo que esté soltara un jadeo de sorpresa y un poco de placer. El jadeo que escapó de sus labios lo traicionó, cargado de una respuesta corporal que odiaba reconocer. Sus manos se aferraron por instinto a la muñeca de Bucky, no para apartarlo del todo… todavía.
—Tu eres mío Cassian. Qué no se te olvide—
El aroma se volvió intenso, posesivo. Cassian no sabía si estar feliz por tener al alfa así o preocuparse.
—No — murmuró, con la voz rota entre la orden y la súplica —No digas eso—
Bucky no apretó más, pero tampoco aflojó. Su cercanía era asfixiante, su aroma envolvente, reclamante. Apoyó la frente contra la de Cassian, respirandolo como si intentara grabarlo de nuevo en la memoria.
—Siempre dices que no— susurró —Y aun así tu cuerpo me responde. Igual que antes. Igual que ahora—
Cassian cerró los ojos un segundo tratando de recobrar su firmeza.
—Mi cuerpo no es una promesa. Yo no soy una promesa— respondió al abrirlos —Lo que tuvimos… nos rompió. Hydra nos rompió—
El pulgar de Bucky se movió apenas, una caricia disfrazada de control.
—Nos hizo quienes somos— corrigió con voz ronca.
Eso fue suficiente para que ambos se besaran con hambre con necesidad. Ninguno de los dos supo cómo ni en que momento ambos ya estando desnudos frotando sus cuerpos en sillón .
Con su voz ronca y mientras preparaba al omega, Bucky lo pronunció —Tu siempre serás mío Cassian Pierre—
El omega soltó un gemido ronco ante tal declaración y ante las sensaciones que daba los movimientos del alfa.
Iba a ser un día muy largo.








