Capítulo 1
Las calles se sentían cada vez más frías. En medio de la humedad que la lluvia había dejado el suelo encharcado, el silencio por la hora y el poco alumbrado de las farolas, no podía ser de otra manera.
Podía sentir el agua atravesando sus zapatos y mojando sus calcetines a medida en que avanzaba. Podía sentir sus piernas helarse y la tela de sus pantalones llenarse de lodo por su brusco caminar. Estaba bien, muy bien, ¿ya qué importaba?
Recorría esas calles frías sin un propósito, los recuerdos de la fiesta que había dejado atrás seguían atormentando su cabeza, agobiándolo; la música a todo volumen, las chicas hermosas que antes ni siquiera sabían que él existía, los chicos jodidamente sexys que solían llamarle marica codeándose con él. Recordaba a Chanyeol y sus “amigos” burlándose de Min sólo por ser diferente, a Min viéndolo esperando que lo ayudara... él vomitando sobre los zapatos de Park Chanyeol luego de decirle que era un imbécil pretencioso y que se fuera al infierno.
Se frotó la frente y el cabello de manera ansiosa. Ah... Era increíble cómo una sucesión de acciones podía joder todo por lo que había trabajado en sólo unas cuantas horas. Podía escuchar aún en su dolorida cabeza el “Estás muerto, Do” que Chanyeol había pronunciado mientras él no podía parar de vomitar. ¿Cuántas horas faltaban para eso? ¿30? ¿Y después qué?
Entre más lo pensaba, más deprimente le resultaba. Había pasado de ser un don nadie a ser de los chicos más populares de la escuela. Y ahora no sólo perdería su reputación, estaba seguro que Chanyeol no lo dejaría ser sólo un don nadie de nuevo, no. Ya veía su cabeza siendo colgada en el Hall de la escuela, a todo el mundo dándole cacería como nunca antes habría pasado. ¿Y que podría hacer ahora? Los pensamientos se agolpaban en su cabeza cuando, a su lado, un auto pasó a baja velocidad.
Tuvo que detenerse para no interferir el paso, en aquel pequeño pueblito dónde todos se conocían, ese auto sólo podía ser el de una persona. Y no se equivocó. Un par de metros más adelante, Kai aparcó frente a la diminuta casa que hasta hace muy poco tiempo había estado abandonada.
Kyungsoo observó sus movimientos, su mente estaba de pronto en blanco, como la primera vez que lo había visto llegando a la escuela. Como la primera vez que sus miradas; una mezquina, la otra feroz, se cruzaron. El chico se había bajado de su auto sin siquiera mirarlo, la garganta de Kyungsoo trastabilló producto de la saliva que tragó.
Y sus pies comenzaron a avanzar.
¿Que estaba dentro de su cabeza? De pronto el torbellino de pensamientos que las palabras de Chanyeol y sus penosas acciones desencaderon se esfumó. De pronto se sentía adormecido, de pronto se sentía nervioso, de pronto el miedo fue reemplazado por ansiedad.
“Estás muerto, Do” era lo que Chanyeol había dicho, y a estas alturas no lo dudaba. Pero no podía interesarle menos.
Su pedestal frente a todos en la escuela fue derrumbado por completo. Estaba muerto ya. Su reputación, su dignidad, su amistad con Min... todo. Pero el chico que ahora estaba buscando sus llaves para entrar a su casa no, y los pasos de Kyungsoo, aunque con dificultad, se estaban moviendo solos.
Dentro de su casa, Jongin había dado un suspiro, sacudiéndose con la diestra el cabello que con la lluvia se le había empapado. Las luces en su casa indicaban que su padre aún no llegaba pero en fin, hacía tiempo que eso había dejado de ser nuevo. Aún así, sabía que el viejo tenía llave, por lo que escuchar la puerta ser golpeada tras de sí lo confundió.
¿Qué era lo que diría? ¿Qué pasaría después? Su mente suprimía aquellas preguntas, reemplazándolas con la impaciencia por no ver una respuesta luego de tocar, siendo que prácticamente lo acababa de ver entrando a su casa. Recargó su cabeza en la puerta, apenas iba a golpear de nuevo, sintiendo la hoja de metal abriéndose contra su mejilla, por lo que tuvo que incorporarse.
—¿Do Kyungsoo? —¿Era cosa suya? ¿O su nombre de pronto se escuchaba sexy siendo pronunciado por ese hermoso moreno que lo veía extrañado? —¿Qué hora es? ¿Qué estás haciendo en mi...?
—Shh– Su voz en cambio, era un siseo que se interrumpía con sus risas. Era un chico muerto, y ebrio, y eso le llenaba de emoción cuál niño a punto de hacer una travesura. Había puesto su índice contra esos dulces labios. De pronto todo parecía tan real. Tan cerca, tan posible. — Tu voz es bonita... no la desperdicies haciendo preguntas estúpidas.
Se impulsó hacia adelante, los brazos del moreno eran cálidos tal y como esperaba. Y se sentían fornidos al sostenerlo. Alzó la vista, debido a la diferencia entre sus estaturas, sonriendo. —No te desperté, ¿O sí? Perdón, pero en serio, en serio tenía que venir aquí.
—Kyung...— maldita sea, ¿Porque ese niño popular tenía que ser tan lindo? — ¿Qué estás haciendo? – Un gruñido irreconocible fue lo que obtuvo como respuesta —¿Qué?
—Eres muy guapo —Repitió bruscamente — ya... ya no soy nadie otra vez, ya no tengo popularidad. Estoy acabado, pero, eres tan guapo... —Lo empujó con dificultad dentro de la casa, cerrando con más brusquedad de la que esperaba. Dejándose caer en los brazos del contrario —Quiero que seas la última cena que tendré antes de mi muerte, ¿me ayudas?
- ¿Tu… qué estás qué?... – Trastabillaron juntos antes de caer al suelo, donde el chico que presuntamente había invadido su casa explotaba en carcajadas. Estaba borracho, la boca empapada de Kyungsoo le impidió volver a interrogar nada, se tumbó junto con él para besarlo y apretar la tela de su cazadora como si quisiera retenerlo ahí.
-Lo que escuchaste, estoy muerto ya. – Kyungsoo decía en un susurro bajo. Los labios de Kai le gustaban, los tocó con el pulgar, tratando de pensar por cuánto tiempo quiso hacer eso. Lo pensó cuando lo vio por primera vez, y cuando lo veía entre pasillos. Ahora lo tenía a centímetros de él y podía al unir esos labios con los suyos, y morderlos juguetón - ¿No quieres hacer nada con este muerto andante? – Estaba enojado, y emocionado, abrazando la nueva sensación que invadía su estómago cuando las manos del aquel guapo inadaptado que solía ver de lejos apretaron su cadera, mientras lo obligaba a sentarse.
Kim Jongin se sentó en el suelo, acercando con firmeza a Kyungsoo. – Estás loco – Le decía – Pero eso funciona para mí. El ridículo saco que Kyungsoo vestía fue jalado hacia atrás, se deslizó hasta dejar libre una de las mangas azules de su camisa. Las piernas de ese niño bonito estaban flexionadas, una a cada lado de su cintura. Con el siguiente beso, lo mordió de vuelta, saboreando los jadeos y suspiros que al otro se le salían. Su lengua tanteó esa boca, que lo probaba demandante, mientras las manos de Kyungsoo rozaron su playera gris.
Jongin tironeó de su camisa para abrirla, escuchando una queja en el acto cuando un par de botones cayeron. -Tú… maldito bruto – Siseaba Kyungsoo, terminando por ayudarle con el resto. Entonces la vista desastrosa del mezquino y presumido Do Kyungsoo se volvió más entrañable, cuando él hundió los dientes en uno de los recién descubiertos hombros del chico, quien soltó el gemido más dulce que le haya escuchado jamás.
Y ambos supieron que no había marcha atrás.
-Voy a hacerte mío aquí y ahora – La declaración fue susurrada cerca de su oído, las manos toscas del otro seguían desvistiéndolo, y tanteando su piel. Kyungsoo le desabrochó el pantalón con impaciencia.
-¿Quieres que apostemos? – Se burló, a sabiendas del tipo de mirada en Kai. De lo duro que se encontraba con algo como unos cuantos besos. Kyungsoo sentía su propia excitación crecer al saber que era el motivo de esa erección. La acarició aun entre las capas de ropa, lo hizo hasta que la sacó, y se inclinó a su altura, sintiendo la mano del contrario tomar ansiosa mechones de pelo negro.
Podía sentirlo, cada músculo que se tensaba, y cada jadeo de sorpresa o emoción que Jongin se tragaba. Lo probó porque quería, porque no había una sola jodida razón en este mundo que le dijera que no. Y aunque en un principio tuvo dificultades para engullirlo completo, la mano en su cabello lo apretó pero le permitió tomar el ángulo y la velocidad que quería tomar.Primero lento, acostumbrándose, luego más rápido, hasta alzar la vista y ver cómo el contrario echaba la cabeza hacia atrás con un quejido amortiguado.
-Soo… - El murmullo fue acompañado de otras palabras que no comprendió del todo. Antes de hacerlo llegar el tirón de cabello se volvió más pronunciado. Tosió y se quejó al ser levantado, pero antes de emitir más nada una mano ya le estaba acariciando la mejilla, a los labios destrozados, donde horas atrás en la pelea Chanyeol le golpeó. Kai lo miraba con la respiración entrecortada, y lo besó, una y otra, y otra vez. Tiró del pantalón azul que Kyungsoo llevaba puesto, antes de que lo rompiera también, lo ayudó a bajárselo. – En mi bolsillo traigo condones – Le anunciaron justo después.
Él frunció el ceño. - ¿Por qué los traías? – Inquirió, ¿para qué los quería? ¿Y por qué ese inadaptado llegaba tan tarde a su casa? El otro se reía, y sacaba de su chaqueta la caja en cuestión, que él tiró al piso al levantarse - ¿Los compraste para tus conquistas, idiota salvaje? – La risita que salió en el otro no le tranquilizó en lo absoluto. Aunque Kai acariciaba con mucha dedicación su cara y su cuello al seguirlo, y sus dedos pellizcaron juguetones su pecho a la vez que le besaba dulce la unión de su hombro. – Te hice una pregunta.
-¿El principito está celoso? –Lo oía murmurar con voz arrastrada, sobre si él era o no una bestia descerebrada, Jongin sacó uno de los condones y dejó el resto en el piso. Se acarició para poder acomodar el condón como quería, notando que además tenía que hacerse cargo del malhumorado chico que ahora se negaba a tocarlo por el arranque de celos.
-No voy a tocar una polla ya paseada – Kyungsoo rechistó. Aunque cuando el otro se bajó el pantalón la vista se volvió a dirigir a esa área, y el recuerdo de ese grosor en su boca lo distraía. Aquellos labios lo asaltaron de nuevo contra la pared, la erección de Jongin le sacó un jadeo al rozar la suya.
- Eran para mi papá – Le explicó – A veces invita gente a la casa, trato de no estar aquí hasta que se van. Pero a veces me pide que le traiga una o dos cajas– La voz le salió apesadumbrada.
-¿Y cómo sé que no son también para ti? – Le gustó el abrazo que lo atrapó, que viajó a su cintura, y luego lo cargó hasta empotrarlo a la pared. Kyungsoo gritó por la sorpresa, teniendo que pescarlo de los hombros para aferrarse a algo, cuando Kai ya estaban agarrándole las piernas.
-Tendrás que confiar en que digo la verdad – Las caricias en sus piernas a Kyungsoo le provocaban cosquillas. Más porque ya estaban en eso que por otra razón lo dejó de estar. El agarre a su cuerpo era firme, aunque se balanceaba por momentos. Pasó su lengua por el cuello de Jongin, donde succionó y mordió en represalia. No lo esperaba, pero el gruñido bajo que vibró bajó sus dientes lo emocionó. Quería trazar con los dedos y los labios cada lunar que descubría, ahora que estaban tan cerca, quería sacarle más reacciones. Un graznido bajo salió de él en tanto ese bruto comenzó con su intromisión.
-¡Agh! – Quien lo había dicho fue Jongin, debido al tirón de pelo que le dio Kyungsoo en respuesta. Lo tenía bien agarrado del cabello y los hombros, su cuerpo tiritaba, tal vez por el frío, sus ojos estaban fuertemente cerrados. Él presionó la frente en la de ese niño bonito. – Necesito que te relajes – Le pidió bajito.
Ambos estaban húmedos, pero el pelo de Kyungsoo, tal como su ropa, todavía goteaban. ¿De dónde carajos venía? Lamió su oreja, y el contorno de su quijada. La piel tersa sabía a la lluvia, y un poco a sudor, podía sentir vestigios de esa colonia cara que usaba también en la escuela. Empujó un poco más, invitando a los labios sonrosados del otro a participar otra vez. Su cabeza se hizo hacia atrás por otro jalón de pelo. – Tranquilo.
-Como me desgarres algo, te voy a matar – Lo amenazó, aunque acomodó sus piernas a su alrededor, su propia respiración era un desastre, que chocaba con el aliento tibio de Jongin – Te llevaré conmigo a mi tumba.
Esperó a que se acostumbrara, entrando un poco más, luego un poco más. El peso de sus cuerpos lo volvió más fácil. Pronto Jongin marcó con su pelvis el ritmo que quería, Kyungsoo también se comenzó a balancear. La camisa abierta ya la traía a los codos, sus manos, así como sus piernas, aún afianzadas al muchacho que lo sostenía. Manteniéndolo tan cerca que podía sentir el calor que irradiaba ese cuerpo como propio. Trataba de pensar en ello, aunque era imposible cuando a su vez podía sentir su longitud entrando y saliendo de él, a veces parcialmente, con fuerza y rapidez. Otras casi por completo, con una lentitud que le sacaba de quicio. Quería tocarse también, y quería que Jongin terminara de una vez. Cuando el placer comenzó a rozar su límite un espasmo lo atacó. Apretó el agarre de sus piernas a su cintura, al tiempo en que Jongin lo alzaba para encajarse en él una vez más. Era tosco, y salvaje, justo como pensó que sería. Su gemido se volvió más pronunciado tras su orgasmo, que manchó el vientre de ambos y a él le hizo recargarse y morder el hombro del moreno.
Su voz entonces se convirtió en suave lamento. Experimentando los vestigios de su propio placer invadiéndolo junto a las embestidas que no paraban. La voz de Jongin, en cambio, era un gruñido bajo, que se escapaba irregular sobre la piel desnuda de su hombro. – Eres maravilloso -Le susurraba. – Soo, estoy tan…
-¿Tan? – Repitió disperso. Ese vaivén era una tortura en la que podía perderse y morir las veces que fueran. Esos brazos y ese hombro eran tan cálidos que podía sumirse en la inconsciencia justo en ese instante. “Tan cerca” Dijeron esos labios bonitos, que encaban perfectos en su piel. Cuando Jongin se corrió, se sobresaltó por un instante. Al siguiente ya estaban fundidos en otro beso, saboreando las réplicas de ese orgasmo, y la gentileza con la que distraído, Jongin le acariciaba el pelo y la nuca.
Sabía que desde ese momento no habría marcha atrás.








