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La esfera, un lugar pulcro con un aura casi sacra por su gran belleza y perfección, ni una sola pisca de suciedad mancha las calles de mármol blanco. Todos sus habitantes vestían las mejores ropas... Bueno... Al menos eso pensaba la mayoría.
Toda la suciedad es desechada, objetos, comida, desechos y Humanos.
Porque nadie quiere ver a aquellos seres que solo afean la perfecta sociedad que tanto se habían esforzado en construir. Por ello existía el barrio, creado a los bordes del Abismo donde terminaba la basura y los criminales, la gente que allí vivía no eran consideradas personas solo seres que a pesar de todo debían seguir viviendo por alguna extraña razón.
Tenían permitido entrar a la parte hermosa de la Esfera, más no habitar en ella.
Kirai era una de las chicas del barrio, puesto que su padre había sido un ladrón que fue desechado al abismo antes de que ella tuviera memorias propias, así que fue criada por una vecina una mujer de buen corazón llamada Maka . La misma siempre dejo en claro que ella no era su verdadera madre pero que la quería como tal y nunca oculto lo que le había sucedido a su padre, tal vez por eso Kirai sintió cierto desprecio por la gente del otro lado desde tan corta edad.
Cuando cumplió los diez años, fue junto a Maka al lado brillante de la ciudad solo para hacer unos trabajos. El brillo de las calles y casas blancas le hacían doler los ojos, otra cosa que le disgustaba mucho era la ropa. No entendía como habiendo colores tan hermosos en el mundo, todos los vestuarios incluyendo los del barrio eran de color Blanco y Dorado, tan simple tan repetitivo, le despertaba ver el mismo color tantas veces.
Además al ser del barrio la ropa blanca se manchaba con facilidad y era muy difícil de limpiar, aún así el no llevar un atuendo como ese podria conllevar un castigo por parte de los Discípulos. Lamentablemente y para su mala suerte, había nacido con facciones muy bonitas y suaves cuando no se mostraba molesta, por lo que una mujer se interesó en ella.
Ofreció a Maka que Kirai entrara a unas clases de Ballet que ella misma impartía, puesto que era un encanto en sus palabras y lo suficientemente joven como para empezar. La cuidadora estaba lista para negarse, pero la niña alcanzó a escuchar que esa era un gran oportunidad para ganar dinero, algo que a los habitantes del barrio no les sobraba.
- Maka-San, déjame hacerlo por favor.- Pidió tirando de su manga.
Ante la insistencia de la pequeña, Maka no pudo hacer nada más que aceptar. La mujer se mostró sumamente complacida ante aquello, aunque Kirai sabía que no esperaba un no por respuesta, a esa gente no le gustaba que sus peticiones fueran negadas. Así comenzó a asistir a las clases, las demás chicas no se le acercaban por ser parte de las Tribus y soltaba comentarios uno tras otro sobre su aspecto.
"Mira, se le ven los huesos".
"Algo huele a basura por aquí".
"La gente de las tribus es asquerosa".
"Mi padre dice que es inaceptable que ella esté aquí".
" Está clase pierde el prestigio por su culpa"
Ella solo las ignoraba, puesto que bastaba una sola mirada para que todas esas chicas guardarán silencio.
El ballet era difícil, le hacía doler las piernas y el abdomen al punto de querer llorar, pero era peor la idea de quedar en ridículo frente a toda esa gente despreciable, por lo que siempre daba lo mejor de si a pesar del dolor.
Eso puso muy orgullosa a Maka, la cual presumía el talento de su querida niña entre todos en el las tribus, también le gustaba presumir que la belleza de Kirai seguramente le conseguiría un hombre del otra lado cuando fuera mayor. Eso hacia enojar a la niña la cual no quería pensar en esos temas, de hecho siempre que los mencionaba sacaba la lengua con asco.
En fin, Kirai se había vuelto muy buena en el Ballet y su extraña habilidad para quedarse absolutamente quieta en cualquier movimiento maravillaba a los espectadores. Fue así que cuando tenía Dieciocho años, un hombre adinerado dueño de una marca de ropa que según él era la mejor de toda la Esfera, la invito a modelar.
Ella estuvo a punto de hacer la mueca de disgusto menos disimulada del mundo, osea trabajar vistiendo esa ropa tan simple y repetitiva, prefería morir antes que hacer eso toda la vida. Hasta que escucho el cuantioso pago que recibiría por cada fotografía.
-¡Eso es Kirai-Chan!- Exclamó el hombre al verla posar perfectamente.
Ya llevaba un año en el rubro, de hecho ahora mismo se encontraba en una sesión de fotos para la nueva línea de invierno. Mirando directamente a la camara de forma atrevida mientras se encontraba sentada en un cómodo sofá.
El estudio era como todo en ese lado Blanco y Dorado. Por dentro Kirai deseaba que todo terminara rápido, quería quitarse esa ropa tan molesta de una vez, pero aún les faltaban algunas fotos más. El resto de vestidos son igual de sosos, las faldas largas, mangas largas, nada a la vista más allá de la pequeña muestra de piel que dejaban los calcetines antes de llegar a la falda.
Solo variaban los patrones.
Contuvo las ganas de mirar con desprecio al diseñar mientras la elogiaba.
-¡Eres la forma perfecta para vestir mis diseños!- Exclamaba totalmente orgulloso mientras la camara no dejaba de sonar.
Entonces ella levantó la mano mientras soltaba un suspiro cansado, esa era la señal para detener la sesión momentáneamente. No podía escuchar esa molesta voz un segundo más.
Así que se dirigio a su bolso y del mismo saco un reproductor que Maka le había regalado en su cumpleaños número quince. No era la gran cosa, de hecho se lo había comprado a un chico que vendía cosas de la basura que el mismo había reparado, Ludo se llamaba era un chico adorable en su opinión.
Kirai se preguntaba seriamente de dónde había sacado esos guantes tan bonitos, ese color tan fuera de lo común con esas lindas hebillas y correas. Le maravillaba la idea de encontrar un vestido similar.
- Oye Kirai-Chan, ya deja de usar esa cosa, es vieja.- Dijo el hombre al notar como sacaba el reproductor- Te compraré uno mejor.
¡Que molesto!, ¿Acaso no sabía que podía tener la boca cerrada?, prefería comer tierra a reemplazar su reproductor por alguna otra basura actualizada.
- Oh, no quiero ser grosera ante su oferta Sarmani-San, pero no quiero causar problemas y que gaste su dinero en mi, con mi pago mensual es más que suficiente- Dijo en un tono suave mientras soltaba una risita.
Por dentro hervía en ira, hace mucho tiempo había notado los acercamientos de ese hombre. Le resultaba totalmente asqueroso, por lo que había aprendido una manera de rechazarlo pero sin hacerlo enfurecer, puesto que necesitaba el dinero. Sarmani se sonrojo ante el lindo tono de Kirai y comenzó un discurso sobre lo feliz que lo hacía gastar su dinero en su mejor empleada.
-"Maldito viejo asqueroso, eres veinte años mayor que yo ¿No te da vergüenza?"- Pensó mientras sacaba un disco y lo ponía en la máquina.
El sonido de la música era suficiente para que toda esa molestia abandonara su cuerpo, su mente se concentraba en esas hermosas notas ascendentes y descendentes, la intensidad en la que los músicos rasgaban las cuerdas de la gritaba o la fuerza con la que golpeaban la batería. Sentía como si flotara, como si su corazón resonará al ritmo de la música.
El fotógrafo preparó un nuevo rollo.
De hecho muchos lo notaban.
Cuando Kirai escuchaba música, mejor salían las fotos. Era casi mágico, como si el simple sonido de una melodía le diera un brillo distintivo en los ojos, una mejor habilidad, una gracia sublime. Tal vez por las clases de ballet de su infancia.
Cuando las fotos fueron del gusto del diseñador, le dió un sobre con su pago junto a una caja con un lindo collar.
-Pero... Esto es demasiado Sarmani-San, alguien como usted no debería ser así de bueno con una chica de las Tribus.- Dijo con un falso tono de agradecimiento mientras tiraba la caja dentro de su bolso.
- Tu sabes que eso no es problema para mí Kirai-Chan, si quieres agradecerme nada me haría más feliz que el próximo domingo vengas a un evento de exhibición como mi compañera.- Dijo con un tono nervioso.
Que asco.
¡Que asco!.
Por cierto no sé si ya lo notaron, pero Kirai suele elegir el camino de la violencia de forma habitual, pero lo oculta muy bien si es necesario.
Termino aceptando la invitación, solo quería irse de una vez así que ya no le importaba realmente. Inventaría alguna excusa más tarde. Soltó un suspiro al dejar el edificio, se cubrió la cara por un segundo ante el brillo de la ciudad.
El camino de regreso al Barrio no era el mas cómodo, recibiendo miradas de desprecio por cualquiera que se le cruzará. Pues a pesar de llevar la ropa limpia, debido a que era totalmente nueva su expresión era suficiente para darse cuenta. La mirada de alguien que despreciaba todo lo que veía a su alrededor, sus ojos morados observaba con asco a todos los adultos que la miraban con aún más asco.
¿Cómo se atrevían?, ¿Acaso ella no era también un ser humano?. Malditos idiotas.
Al llegar a esa pequeña puerta que separaba todo, su cuerpo se relajaba, porque al menos allí si podía ser totalmente ella sin temor a perder su trabajo. Soltó un grito de exasperación cuando escucho la puerta cerrarse tras ella, tomándose el rostro cansado entre las manos. Se había convertido en una especie de ritual, cada vez que llegaba dejaba salir toda esa furia que le provocaba su trabajo y sacaba ese sobre recibido para asegurarse de que estuviera todo, en algunas ocasiones incluso en el otro lado le habían robado su sueldo, según porque alguien de las tribus no merecía tal cantidad y de seguro la había robado.
Al ver el sobre con la cantidad exacta de dinero, sabía exactamente lo que debía hacer ahora.
-¡Ludo-Kun!- Exclamó al ver al chico en el suelo como de costumbre.- Adivina quien tiene un sobre lleno de dinero y quiere discos nuevos.
El joven de cabello blanco y puntas negras se sobresalto ante lo repentino de la visita, casi nadie se acercaba realmente a su puesto con la intención de comprar los artículos que reparaba de la basura. Aunque debía admitir que Kirai era una chica bastante agradable que realmente apreciaba las cosas.
- Hola Kirai-san .- Saludo mientras buscaba en una caja.- Ayer encontré estos, solo tienen las portadas desgastadas, los discos están en perfecto estado.
La mirada de la chica brillaba de alegría, tomando los discos entre sus manos mientras le daba a Ludo una cantidad de dinero mayor a la que realmente requería.
- Oye, ¿Cuántas veces te he dicho que pagues el precio normal?- Cuestiono él chico mientras sostenía el dinero.
- ¿A qué te refieres con precio normal?, estos bebés los valen perfectamente.- Respondio mientras guardaba los discos y se sentaba a su lado.- Oye Ludo-Kun, ya dime de dónde saco Leguto-San esos guantes tan bonitos. Pídele que me consiga una blusa parecida ¿Si?, estoy harta de usar blanco y dorado.
Ludo suspiro cansado, ella siempre le hacía la misma pregunta y el siempre le daba la misma respiración.
- No tengo la mejor idea, un día simplemente me los dió. ¿Porqué no le preguntas tu?.
Ella frunció el ceño ante una solución tan lógica.
- Porque soy demasiado bonita.- Respondió por responder, aunque sabía que no tenía nada de sentido. Decidió cambiar de tema- Oye Ludo, a tu papá... También lo lanzaron al abismo ¿No?.
Había escuchado los rumores, no eran novedad si no una verdad silenciosa que todos sabían. El padre de Ludo fue lanzado al abismo por ser un asesino. Era una de las cosas que tenían en común.
La respuesta de Ludo fue un simple asentimiento mientras se concentraba en reparar una lámpara.
-¿Crees que nosotros también terminemos allí?- Preguntó con más seriedad.
Desde su posición podía verlo perfectamente, el abismo obscuro que se alzaba imponente en el horizonte. Kilómetros y Kilómetros de un vertedero de basura que nadie más que los criminales podían ver, obviamente cuando caen.
- A veces me gusta pensar que allí es mucho más interesante que aquí. Quien sabe, tal vez allí viva un diseñador que realmente tenga ropa bella, no solo Dorado y Blanco.- Continuo sin necesitar respuestas del chico.
-Cuida que ningún Discípulo te escuche decir eso Kirai-Chan.
Se volteo hacia la nueva voz, encontrando a Leguto apoyado contra la pared con esa actitud relajada de siempre. Se puso de pie de inmediato, tomándolo por el brazo.
- Vamos, Leguto-San dime dónde conseguiste esos guantes tan bonitos.- Pidió poniendo su mejor rostro- Si me consigues algo similar te daré un beso.
El hombre solo rio, alejando a la chica con un par de palmaditas en la cabeza. Ella sonrió, sabía que aquellos ofrecimientos siempre serían simples bromas entre ellos, Leguto no era un hombre desagradable como su jefe.
- Cuando tengas seis años más y no mires con odio a todo el mundo.- Dijo mientras tomaba asiento junto a Ludo, el cual le mostró todo el dinero que la chica le había dado por los discos- Otra vez pagaste demasiado y tú otra vez robando basura.
Buscó algo en su bolso, lanzandole un gran trozo de tela negra.
- No se parecen a los guantes de Ludo, pero ya no es Dorado y Blanco. Me lo encontré por allí.
Kirai no lo podía creer, el mero hecho de tener entre sus manos una tela de otro color ya era fascinante, la estiró dándose cuánta de que se trataba de un hermoso vestido con el escote abierto. Las manos le temblaban de emoción, quería gritar de lo feliz que estaba.
Soluciono en dejarse caer sobre Leguto abrazándolo con fuerza y dejando un gran beso en su mejilla.
-¡Muchas gracias!- Exclamó apretando la prenda con fuerza desmedida.
Al separarse se dió el tiempo de examinar de forma más cuidadosa la prenda, notando que tenía una etiqueta en la parte interior.
"Colosso".
Que extraño, nunca había escuchado de un diseñador con ese nombre y menos una marca. Tal vez era algo desechado, que tonto era aquel que lo tiró a la basura.
Se puso a pensar entonces sobre lo mucho que quería conocer a quien hizo ese vestido, era simple pero hermoso, incluso atrevido si consideramos esa abertura en el pecho. Si, quería conocerlo y si era posible modelar toda su ropa, seguramente debía ser igual de hermosa que ese vestido, nada de Dorado y Blanco.
Lo guardo cuidadosamente en su bolso mientras se ponía de pie para reanudar su camino a casa. Despidiéndose de los chicos con una sonrisa mientras se perdía en uno de los tantos callejones de las tribus, solo podía pensar en llegar a casa y probarse ese vestido, pidiéndole al cielo que fuera de su talla para no tener que alterar nada de el.
Su hogar no tenía nada de presuncion, era igual que el resto de casas alrededor. Por dentro tenía un par de comodidades, como ropa limpia o sábanas suaves pero nada más de ello. Tocó suavemente la puerta enunciando su llegada, esperando que Maka ya se encontrara mejor, puesto que hace unos días la pobre mujer había caído enferma.
Su sonrisa se desvaneció al verla en la cama, con la cara roja de fiebre y las manos temblando. Dejo sus cosas en una esquina y corrió a darle un vaso de agua mientras sacaba unas medicinas que había conseguido hace poco.
-Maka-San, ya volví- Susurro en un tono preocupado- Con el pago de hoy pude comprar medicinas, ¿Dime qué te duele?.
La mujer esbozó una sonrisa al escuchar la voz de Kirai, tomándole la mano con cariño. Expresó sentir dolor de cabeza y un frío que le calaba los huesos, pero de seguro las medicinas le quitarían todos esos malestares.
- Debes quedarte en casa más tiempo Maka-San, ya te dije que yo me encargaré de todo. Mira, mi jefe me dió este collar podemos venderlo y conseguiré esas lindas cortinas que querias.
La mujer era muy terca, a pesar de que Kirai estaba más que dispuesta a gastar su sueldo en el hogar o incluso más, Maka se negaba a depender de la joven. Seguía yendo a trabajar todos los días a pesar de no sentirse en las mejores condiciones, de seguro si no fuera porque en la mañana Kirai la regaño ya se encontraria trabajando.
- No digas eso mocosa, yo misma compraré esas cortinas.- Dijo mientras se cubría el rostro por las toz- Tu ve a comer algo estás en los huesos.
¡Que terca!, ¿Qué se le podía hacer?. Dicen que entre más vieja es la gente mas terca y cerrada se vuelve, no me quedaba otra opción que obedecer y no era porque estuviera muriendo de hambre o algo parecido solo lo hacía porque ella lo decía. Aunque tampoco se quejaba, las manos de su querida madre eran mágicas en la cocina, apenas se había acercado a la olla cuando sintió ese delicioso aroma inconfundible.
Se sirvió un gran plato mientras revisaba los discos que había adquirido, no entendía a los de la ciudad. Algo pasaba de moda he instantáneamente terminaba en la basura, así fue como consiguió la mayoría de sus discos, se lo debía todo a Ludo.
Al terminar la comida, recordó el vestido que tenía guardado en su bolso, no se contuvo más y corrió a su habitación, por alguna razón se sentía extrañamente nerviosa de ponérselo. Se miro en el espejo odiando esa simple ropa Dorado y Blanco, tan repetitiva. Decidida la tiró lejos y con sumo cuidado se puso el vestido, la tela se sentía diferente no era suave si no que era más "Normal", le gustaba mucho pero no se atrevía a mirarse en el espejo...
Porque en su interior sabía que una vez que se viera, no querría quitárselo nunca más. Exactamente eso fue lo que sucedió, fue la primera vez en toda su vida que realmente se veía bonita en la ropa que vestía le quedaba como una segunda piel.
Recorrió la curva de su cintura con las manos, sintiendo la tela con total fantasía. Se veía a ella misma confundida frente a el espejo sintiéndose hermosa y culpable, no debería estar pensando en no quitarse ese vestido nunca más en la vida, Maka estaba mal y si un discípulo la veía vestida de esa manera seguramente la detendrían o peor....
La lanzarian al abismo.
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Acabo de terminar de ver Gachiakuta, a pesar de que tengo tantas historias sin terminar no pude evitar escribir está apenas ví a August Stilza, espero que la disfruten.
Kirai Lubke.