Prólogo.
️⚠️ADVERTENCIA⚠️
Incst entre medios hermanos.
Cont. S3x. Lenguaje un tanto soez y violencia moderada. Comedia a veces un poco absurda.
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Aclaraciones:
Saludos cordiales, querido/a lector/a.
Ésta historia está escrita impulsivamente porque soy impulsiva, así que no tengo metas ni ideas lo bastante claras para ella, más que las ganas de sumergir a nuestra pareja favorita a la vida familiar que es tranquila pero un tanto picante a veces, además de las pequeñas (o grandes) aventuras en las que solamente Inuyasha sabe meterse sin querer. Acompañado ahora de su pequeña cachorra que ya conocerán. Cabe aclarar que no estoy decidida a escribir demasiado, sólo quiero pasar el rato e invitarle a usted a leer mis impulsos.
Le mando los mejores deseos y le agradezco por llegar hasta aquí.
🌙✨
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Las lluvias han comenzado, el ambiente es caluroso y húmedo. Sofocante e irritante para cualquiera del anticuado pueblo. Los abanicos, que deberían ayudar, no ayudan lo suficiente en la honesta opinión del enfadoso híbrido. ¿Por qué tuvo que arruinarse el aire acondicionado? Tenía que ser una estúpida broma ¡Pero no! La porquería se arruinó y no tiene solución.
¡¿Cómo va a sobrevivir sin su aire acondicionado?! ¡Sesshomaru tiene qué hacer algo! Pero por supuesto que no lo hará. «Hasta mi día de descanso iremos a comprar otro» Fue lo que le dijo, con esa cara tonta..., que lamentablemente no podía contradecir demasiado o se haría molesta por su pesada insistencia.
Hacia apenas dos días se arruinó el aire acondicionado pero Inuyasha se ha pasado un poco con la insistencia apenas se ve con su esposo.
«¿Harás algo con el aire acondicionado? Necesitamos uno. Hiyori no puede dormir por el calor» Le dijo el primer día, cuando Sesshomaru venía llegando del trabajo y él no lo saludó cómo solía acostumbrar, lo atacó con aquello tan directamente y se miró extrañado. «Está profundamente dormida en el sofá» Le respondió su esposo tras un vistazo a su cachorra, y en efecto, su pequeña de cuatro años estaba más que dormida en el sofá y sin ventilador.
«¡Porque está cansada! ¡Llegabas unos minutos antes y la escuchabas!» Dijo él con indignación, «Debes llamar a alguien, ¿Qué tal al viejo Jaken? Ó dame tu tarjeta, eso es mejor» continúo diciéndole, pareciendo feliz con la idea de la tarjeta. Sesshomaru se apretó la raíz de la nariz con sus dedos antes de decir: «No sabes comprar uno y gastas demasiado apenas te doy la tarjeta, Inuyasha» Terminó de entrar a la casa entre sus palabras, mientras Inuyasha gruñó cuando terminó de oírlas. «En cuanto a Jaken, apenas y puede con las tareas mínimas en la oficina» Le siguió diciendo.
Inuyasha se carcajeó, e indignado se cruzó de brazos, con su ceño fruncido y la molestia emanando de su esencia mientras desvió la mirada. Su marido se le acercó tras dejar su maletín y saco sobre un mueble. Lo sujetó por la cadera y lo miró fijamente ésa vez. Entonces él resistió por unos minutos pero al final cedió y suspiró. Se dejó calmar por su Alfa y se contentó en sus brazos por unos instantes, antes de volverle a insistir y hacerlo poner su rostro molesto.
Pero, ya no se molestaba tan en serio con él, no con los seis años que ya tienen juntos, ésos años tuvieron que rendir frutos sí o sí. Sin embargo, por ya no sentir genuina irritación con él, Sesshomaru se mantenía firme con facilidad e Inuyasha, en cambio, sí se desquiciaba un poco y abandonaba su actitud. Así mismo han sido éstas veces que él ha insistido por el aire acondicionado, aquella primera vez no insistió tanto y dió la bienvenida a su marido antes de darle la cena quemada que le preparó.
Inuyasha no era el mejor cocinero, estaba mejorando cada día pero a veces le pasaba aquello, y, aún así su Alfa se comía su comida. La única que no lo hacía era su pequeña y solía decirle algo como: «¡No, asco! ¡Papi, sabe al zapato del tío Miroku!» cuando la comida quedaba dura y negra por abajo, también decía: «¡Es una rana vieja!» cuando la papilla de manzanas verdes quedaba como una masa semejante a una rana.
El segundo día fue un poco más insistente, y lo fue apenas lo vió por la mañana. Inuyasha se durmió en la sala con su pequeña, con todas las ventanas abiertas y con la puerta corrediza del patio abierta también, no pensó dormir en aquella habitación que debía ser el infierno mismo y dejó dormir solo a su esposo; tal y como hizo hoy, el tercer día.
Pero continuando con el segundo día: Sesshomaru apenas apareció por la sala, vestido y listo para el trabajo, fue interceptado por Inuyasha que se levantó como un vampiro de su sarcófago, pero del suelo, a los pies del sofá donde dormía su pequeña cachorra y el mismo sofá que le daba la espalda a Sesshomaru que venía del pasillo. Se miraron y antes de que dijera algo pudo anticipar su insistencia por la mirada que le dió. «Hasta el día de mi descanso» Le dijo antes de que él dijera algo. Se atragantó con su saliva y tosió pero mientras su esposo se movió como fantasma hacia la cocina él se recuperó, se levantó y se encaminó hasta la misma cocina.
«¡Tienes qué hacer algo ya mismo, Sesshomaru! ¡Sol apenas y pudo dormir!» Le exigió él, chantajista, por supuesto. Sesshomaru miró a su retoña desde la cocina, bebiendo un vaso de jugo. «Sigue durmiendo desde anoche» Respondió, apacible. Cómo un tonto diría Inuyasha. «Eso tú no lo sabes, dormiste en la habitación» Le repuso él, arrugando las cejas. «¿Dudas de mi capacidad?» Cuestionó con un tono más serio.
Él bufó. No había forma de que Inuyasha dudará de ello. Sesshomaru todo el tiempo estaba alerta, la distancia a la habitación era insignificante para él, podría sentir la irritación y el malestar de su cachorra así estuviera a medio camino a Tokio. «No» Dijo finalmente él, luego del silencio entre los dos. La situación estaba bastante clara. «Sólo es hasta el jueves» Le respondió antes de dejar el vaso sobre el fregadero. Inuyasha estaba insatisfecho, porque ese día era apenas martes.
Se despidieron luego de volver a contentarse, y Sesshomaru fue a dar una caricia a su hija antes de marcharse de casa. Por la noche, ocurrió casi lo mismo del día anterior, sólo que hubo más insistencia y un poco, un poco de ruego de Inuyasha hacia su marido..., que el muy desgraciado ignoró. ¿Cómo había podido resistirse a él? Aún se preguntaba con amargura..., aunque rogó demasiado poco.
¡Cómo fuera, hoy era miércoles! ¡El tercer día! Mañana sería jueves, Inuyasha tenía que resistir solamente hoy y mañana por la noche ya estaría durmiendo perfectamente bien. Fresco y sin calor. Oh, Dios, él dormiría hasta en bóxer y sin sábanas aunque se arriesgará con su esposo que no puede verlo en prendas menores porque se enciende como fogata, pero ¡Qué importaba si terminaba con calor sexual mañana por la noche! ¡El aire acondicionado allí estaría para refrescarlo!
Un suspiro casi de enamorado se le escapa al imaginarse el fresco, y se queda fantaseando por los siguientes minutos hasta que su nariz se mueve por el olor. Su mirada divaga, mirando por lo alto de la pared hasta que distingue el humo y sus ojos se bajan rápidamente al frente, ¡El almuerzo se quema! ¡Mierda!
Rápidamente cierra el gas y empuja la olla con la cuchara pero la comida salpica y la llamarada le flamea contra el cuerpo, él se echa hacia atrás y pela los ojos con el susto ya pasmado en su cara. Enseguida se revisa y suspira al confirmar que no se quemó el pelo, pues lo lleva suelto y sus mechones delanteros estuvieron demasiado cerca.
── Maldición, eso pudo ser malo... ── Murmura para sí mismo, mirando la comida salpicada sobre la parrilla. ── Soy un maldito idiota. ── Termina de decir y procede a alejarse para lavarse las manos en el fregadero.
Pasando a secarse las manos con unas servilletas Inuyasha sale de la cocina, tira la basura en un bote cerca de la barra y se encamina a la sala para dejarse caer al sofá por la cabecera, dejándose caer con el hombro inclinado por enfrente, y cayendo de espaldas al acomodarse en la caída. Sobre el sofá tiene un gesto aburrido, mira hacia la puerta corrediza que da hacia el patio y encuentra fastidiosa la lluvia que cae.
Ahora mismo está fresco por la lluvia, pero más tarde haría calor por la misma humedad y va a ser un maldito sauna. Sólo de pensarlo se fastidia demasiado, odia muchísimo el calor. ¿Cómo puede Sesshomaru tenerlo sin aire acondicionado? Debería castigarlo sin afecto, o algo así..., pero seguramente se le olvidaría a las horas y le haría alguna muestra de cariño inconsciente, así que ¡No tiene remedio!
Gruñe. Mirando a la maldita lluvia. Al menos era útil mientras caía y mantenía la frescura; y el ventilador que tenía encendido daba una frescura extra. Por lo tanto este era un buen ambiente para recuperar unas de las horas que no pudo conciliar por la noche, así que se acomoda de mejor manera sobre el sofá y se duerme. Más tarde limpiaría la cocina.
...
Inuyasha duerme satisfactoriamente..., por media o una hora entera, ni cómo saberlo, pero se ve despertado por su celular que suena sin parar. Se levanta de un sobresalto y se mueve torpe, estúpido, porque entre sus parpadeos y los sonidos de su boca al tragar la baba que le escurría, se cae. Suena duro y seco contra el suelo, sin embargo, no le duele y le ayuda a reaccionar mejor.
Se levanta rápidamente y busca su celular. Esta en su bolsillo, vibrando y sonando. Lo saca y contesta.
── ¡¿Quién, demonios?! ── Dice de primeras, aún desorientado.
── ¿Uhm? ¿Señor Inuyasha es usted? ── Era la maestra del jardín de niños.
"Maldición..." Piensa Inuyasha. Al menos aún puede arreglarlo y no habló tan grosero.
── ¡Ehm! ... ¡Sí, soy yo! Buen día, señorita. ¿Ha ocurrido algo con Hiyori? ── Por un instante suena nervioso pero puede arreglarlo.
Escucha titubeo, seguro piensa: "Tan distraído como siempre". Pues no era la primera vez que respondía sin querer de tal manera. Aunque ha sido peor otras veces.
── Bueno, ¿Cómo decírselo? ── Comenzó por decir..., dudosa, un poco insegura. Inuyasha se endureció al instante. ── Usted cómo el resto de los padres comprende nuestro reglamento como institución y nuestras posturas independientes como maestros, respecto a nuestro carácter, claro, ¿Si me explico? Queremos crear un ambiente sano e inclusivo, amigable y comunicativo para todos, tanto para los niños como para los padres... ── Ésta mujer es torpe, todavía no sabe tratar los problemas sin divagar. Inuyasha se da cuenta por su torpe voz.
Pero eso ya lo sabia. Y ya escuchó suficiente, tiene que ser directo o ella va a seguir hablando sin darse a entender bien antes de llegar al punto.
── Comprendo todo eso, señorita. ¿Puede decirme lo qué ocurre? ¿Le pasó algo a mi hija? ── Habla firme, serio..., un poco preocupado. No quiere precipitarse pero ella tampoco suena sospechosa así que no presiente nada malo. Además su instinto no le avisa de nada.
Ella jadea, traga saliva y carraspea la garganta antes de hablar.
── Ha ocurrido una situación con la pequeña Sol. Ella está bien, no se preocupe. Lo siento por no decirlo desde un principio, señor. ── Dice finalmente, apenada, y Inuyasha no puede estar más aliviado pero la maldice por no ser directa.
── ¿Entonces...? ── Alza la ceja por mera costumbre.
── Hiyori se ha peleado con otro niño, señor. ── Suena seria, con más postura. Inuyasha maldice por dentro, por fuera sisea la lengua por mero reflejo. La maestra suspira y continúa. ── Comprendo... Comprendemos completamente la situación, Hiyori es una niña muy dulce y buena, y los niños tienen que adaptarse todavía a que es diferente, así que no se preocupe, la situación quedó esclarecida, Miko, la amiga de su hija, y Umeko, otra compañerita, dijeron que el compañerito fue el que comenzó la pelea y Hiyori sólo se defendió, pero aún asi, ¿Comprende que no apoyamos la violencia, verdad? ── Ha logrado ponerse lo suficientemente seria y capaz.
── Sí, lo comprendo, señorita. ── Responde.
── Bien. Sólo para decirle eso, y que ya he contactado con los padres del compañerito, así que mañana deberá venir la madre de él y usted, señor Inuyasha. Por favor, a la hora del almuerzo. ── Suena más amable y suave al final, abandona la seriedad por un momento. ── Otra cosa. Hoy salimos al mediodía pero puede venir por la pequeña Sol, ella está tranquila ahora pero se veía muy molesta con su compañero aún después de la pelea. Agradecería mucho si hablara con ella antes de la reunión de mañana, tenemos que hacer las paces todos, ¿Sí, papá? ── La seriedad volvió pero Inuyasha solamente suspira al final de las palabras.
A veces le irrita el hablar en plural de la maestra pero su mamá dice que así va a ser por unos años más.
── Ya mismo voy para allá. Muchas gracias, señorita. Llegaré enseguida. Realmente agradezco el compromiso con la situación. Nos vemos en unos minutos. ── Dice. Inuyasha está muy serio. Escucha a la mujer hasta que se despide y cuelga.
Él suspira. Está molesto. Ya han sido dos veces que ocurre algo como ésto: ¿Por qué niños tan pequeños están actuando así con su hija? Solamente porque ella tiene sus orejas de canido como él..., y porque su sangre es mestiza como la de él... Gruñe al pensar en ello, no va a sentirse mal por su sangre híbrida, su pequeña Sol tiene más sangre Yōkai que humana pero esas orejas peludas confunden a los infantes.
De todas formas son solamente niños. Mayormente encuentran lindas y acariciables las orejas afelpadas. Pero tampoco tiene preferencia cuando lastiman a su pequeña por no saber tocarle sus orejitas. Y era por eso que le decía que no se las dejara tocar por nadie que no fuera la abuela, él o su padre, o sus torpes tíos que venían de visita algunas veces, pero entre ellos la única que encontraba fascinación por las orejas de perro era la tonta de Kagome.
Inuyasha sale de casa, se ha colocado unos zapatos semi deportivos, no va a ir tan formal pero tampoco va a ponerse deportivo para recoger a su hija. También lleva un paraguas. No quiere mojarse así que no se apresura demasiado para no arruinar la sombrilla, porque terminaría doblada si se va saltando o corriendo, aunque eso tomaría un par de minutos para llegar y no ocho, pero da igual, el camino sirve para pensar.
Al llegar es recibido por la maestra, tienen una charla sobre lo ocurrido. Es una charla un poco más seria y detallada, y resulta que el problema fue por las orejas de su hija; él lo llegó a considerar en su pensar. Pero fue tal y cómo la última y primera pelea, la diferencia está en qué fue otro niño y no el mismo. El mocoso quiso tocarle sus orejitas negras y ella obviamente no se dejó, pero entonces el niño insistió y trató de hacerlo cómo el malcriado que es pero Hiyori se quitó de su camino y el niño casi se cae; ésto fue lo que lo hizo enojarse y soltar el primer manotazo.
Su pequeña Sol devolvió el manotazo y entonces comenzaron más manotazos hasta que apareció la maestra, por suerte ninguno se rasguño y, ¡He ahí la importancia de mantener las uñas recortadas! O eso comenta la maestra y él está de acuerdo al imaginarse a su cachorra rasguñada de su cara o de sus brazos, el otro niño podía irse al diablo.
── Mañana lo hablamos mejor con la madre de Ryota, ¿Está bien? ── Le dice la maestra, tranquila y amable. Había estado un tanto seria antes.
Inuyasha está tranquilo también, él de igual forma se había mostrado serio e interesado en el tema, y no se ha quejado tan explícitamente porque la maestra se ha mostrado del lado correcto; el de su hija que sólo se defendió. Él se estaba guardando más para la madre del niño y ya de por sí considera que la maestra es una tonta que a veces descuida a los niños por su misma torpeza, o porque simplemente a veces no se puede estar atento a todo.
Él mismo era un gran ejemplo de ello, o quizás era un caso especial porque la comida se le quemaba en sus narices y se daba cuenta tarde.
── Está bien, señorita. Comprendo pero tengo ciertos comentarios que hacer, aún así prefiero decirlos con la otra madre presente. ── Es un poco serio, no tanto. Ella asiente, es comprensiva pero se ve un poco preocupada. ── No debe preocuparse. Está todo bien. Mañana lo hablamos. ── Finaliza, manteniendo el mismo tono.
── Sí, está bien. Tiene el derecho. ── Parece comprender perfectamente. ── Iré por su hija. Por favor, espere un momento. ──
Entonces ella se marcha y él espera mientras la ve caminar. Se mete al aula y él no se mueve, sólo escucha las risas, los gritos y las voces de los niños que juegan dentro del salón. Pasan unos minutos hasta que puede ver a la pequeña cachorra salir por la puerta que el brazo de la maestra abrió, enseguida se gira hacia él porque ya sabe bien dónde esta la entrada.
Su sonrisa es demasiado hermosa, su carita es cómo el Sol. Es brillante y está llena de vida. Calientita y abrazable. Pero su pequeño rayo de Sol tiene un velo negro como el espacio sobre su cabecita, no es platinada como él, y tiene a la Luna en su frente. Ella es hija de la Luna pero parece ser más hija del Sol porque deslumbra cómo el.
── ¡¡Papi!! ── Grita, resplandeciendo con su luz.
Y sale corriendo.
Inuyasha no puede más que inclinarse y extender sus brazos. Recibirla entre sus brazos y sentirla..., sentir su propio alivio al tenerla entre sus brazos y sentir ésta energía maravillosa que emana únicamente ella, su Sol, su pequeño rayo de Sol.
Disfruta, meticulosamente el sentirla, y suelta de su propia esencia para hacerla feliz, hacerla sentir segura y amada. Ella se ríe, feliz de sentir su cariño pero también porque dice que le da cosquillas cuando hace eso. Entonces él se separa antes de que se comience a reír más y mira sus ojitos dorados que parecen pequeños soles de miel.
── ¿Estás bien? ¿Comiste tu almuerzo? ── Le pregunta, curiosamente.
Hiyori asiente y niega después, apretando sus labios y mirándolo fijamente.
── Estoy bien. ¿Me voy a comer y me esperas? ── Responde ella, con su vocecita tierna.
Él sonríe un poco divertido.
── Vamos a almorzar con la vieja Kaede y qué papá se coma tu almuerzo ¿Sí? ── Arruga su nariz al decir eso. Ella da un asentamiento firme. ── ¿Quieres comer ramen, Sol? ── Le dice.
Su pequeña Sol asiente más que contenta, ella ama el ramen, pero más el del pequeño puesto de la vieja Kaede.
── ¡Sí, ramen de la abuelita Kaede! ¡Vamos, papi! ¡Vamos! ── Salta muy alegre. Inuyasha se hace hacia atrás antes de que le atinara un cabezazo pero a Hiyori poco le importa y se va corriendo con su maestra para despedirse de ella. ── ¡Voy a comer ramen, Ayari! ¡Bye-bye! ── Mueve su manita para despedirse.
── ¡Qué rico, Hiyori-chan! ¡Bye-bye! Nos vemos mañana, cuídate mucho. ── La Beta dobla sus rodillas y mueve su mano, sonríe muy animada.
── ¡Me gusta el naruto! ¡Y el cerdo! ── Termina por decir Hiyori, totalmente convencida, antes de regresar con su Papi. ── ¡Bye-bye! ── Termina por decir mientras corre a darle la mano a su Papi.
Inuyasha también se despide, voltea hacia la maestra y con un gesto lo hace. Tras eso se acerca hacia los percheros con los impermeables colgados, mira bien antes de reconocer el de su cachorra que es amarillo y naranja con nubes, claramente lo escogió porque le recuerda al atardecer.
Lo toma y revisa la etiqueta con el nombre por mero protocolo del jardín porque sabe perfectamente que ése era el de su hija. Al confirmar lo que ya sabe pasa a colocarselo sobre la mochila, luego pasa a buscar sus botas de lluvia entre las demás, y, tras colocarselas va a tomar su paraguas del resto para poder irse.
Salen de allí, con sus manos tomadas y cubriéndose de la lluvia con el paraguas. Caminando al paso de la pequeña.
── ¿Te divertiste hoy, Sol? ── Pregunta antes de que ella dejé de mirar el césped frente al jardín infantil y diga algo.
── ¡Sí! ¡Miko encontró un gusano! ¡Umeko tuvo miedo! ¡Yo quise comerme al gusanito, Papi! ── Estaba muy feliz.
── ¡¿Q-Qué?! ¡¿No lo comiste, verdad?! ── Él estaba asustado.
── ¡No! ¡Lo dejé en su casita, la hoja! ──
Inuyasha suspira más que aliviado.
── ¡Qué bueno, Hiyori! No se comen los bichos, ya sabes. ── Remarca sus palabras pero tampoco es duro con ella.
── ¡Sí, Papi! ¡Los bichos no se comen! ¡Los bichos no se comen! ── Repite ella, animada y obediente.
Inuyasha asiente repetidamente.
── ¡Quiero jugo de manzana! ── Exclama la pequeña, dando un salto y tirando de su mano.
── Vamos a tomar jugo con la vieja Kaede. ¿Puedes esperar, Hiyori? ── Le responde él.
Ella asiente muchas veces y luego apresura el paso, jalándolo de la mano con fuerza. Lo hace irse un poco al frente pero puede reponerse.
── ¡Vamos! ¡Rápido, Papi! ¡Vamos con la abuelita! ── Inuyasha la sostiene un poco firme, Hiyori no mide bien su fuerza aún y si no es cuidadoso puede hacerlo resbalar.
── ¡Ya, ya vamos! ── Exclama y avanza, mientras ella va por delante, jalándole más del brazo.
Avanzan por unos minutos, hasta que Inuyasha logra que su cachorra lo dejé de apresurar, pero en cambio ella comienza a ir brincando, y moviendo sus brazos en columpio, así que es salpicado por el agua del suelo ante los aterrizajes de Hiyori. A Inuyasha no le gusta pero tampoco es capaz de regañarla cuando se divierte, sólo suspira y se dice que perfectamente puede cambiarse de ropa en casa.
En cambio sigue el juego de Hiyori, se contagia de su diversión luego de unos minutos. Y, cuando finalmente están llegando a la calle donde Kaede tiene su puesto callejero, él ya está riéndose y hasta saltando junto a su cachorra. Para ese punto sus zapatos ya están muy salpicados pero tampoco diría que están mojados y que siente la humedad por dentro.
── ¡Ramen, Papi! ¡La abuelita Kaede! ── Grita felizmente la pequeña y logra soltarse de su Papi para salir corriendo hacia el puesto. ── ¡Abuelita Kaede! ¡Ramen! ¡Quiero naruto y cerdito! ──
Inuyasha por un momento le sonríe y asiente pero luego ocurre su escape, así que él no puede más que abrir los ojos y hacer cara de tonto antes de reaccionar.
── ¡¿Ah?! ── Parpadea. ── ¡Espera, Hiyori! ¡No corras, hay agua! ── Corre para alcanzarla.
Hiyori avanza lo suficiente y, ¡Justo lo qué temia Inuyasha ocurre! Su corazón siente un terrible punzar pero ¡Es lo suficientemente rápido! Puede atrapar a su pequeña Sol antes de que caiga por haberse resbalado. Inuyasha la reincorpora mientras suspira aliviado, con el alma regresándole al cuerpo, pero su cachorra no puede distinguir el peligro y sólo se va felizmente de sus manos para irse a meter al puestecillo de ramen.
── ¡Abuelita Kaede, quiero ramen! ¡Quiero jugo de manzana! ¡Papi también quiere! ── Llega gritando la niña, viendo hacia arriba pero apenas y puede ver por sobre la barra.
Inuyasha la escucha desde afuera, sólo puede suspirar otra vez, bajar sus orejas por un momento y reincorporarse para irse a meter también. Apenas cruza los carteles de tela roja distingue a la vieja Kaede asomándose por su pequeño pasillo que servía de entrada y de salida.
── ¿Quieres mucho naruto para tu ramen, pequeña Sol? ── Pregunta amablemente la anciana a la pequeña, viéndole sus ojitos mientras Inuyasha se acerca a su hija para quitarle su impermeable.
── ¡¡Síí, abuelita!! ¡Mucho naruto y cerdito! ¡Tengo mucha hambre! ¡Papi, no me dejó comer mi almuerzo! ── Está igual de animada pero parece acusar a su Papi.
Kaede parpadea sorprendida.
── ¿Qué? ¿No te dejó? ── Dice asombrada.
Inuyasha se remueve ante un escalofrío.
── ¡No es lo qué crees! ── Repone al instante, deteniéndose en su acción.
Kaede pasa a mirarlo con su único ojo.
── ¡Papi, rápido! ── Hiyori lo apresura, removiéndose bajo su impermeable.
── ¡Ya voy! ── Inuyasha se queja pero se apresura.
Tampoco es que sea un Santo con su cachorra pero ella poco o nada percibe de su mal genio. Termina de quitarle el impermeable y pasa a colgarlo en un perchero, entonces puede pasar a cargarla y a subirla al asiento mientras Kaede pasa a devolverse a su centro de trabajo.
── Entonces ¿Por qué no le quisiste dar el almuerzo a la pequeña Sol, Inuyasha? ── Dice la vieja, mirándolos del otro lado.
Inuyasha se sobresalta, su boca chasquea por mero reflejo.
── ¡No es así! Salió más temprano del jardín por un problema y no tuvo tiempo de almorzar. ── Dice un poco rápido y pasa a sentarse, mientras sostiene las manos curiosas de su pequeña que como siempre intenta tocarlo todo.
── Oh, ya veo. ── Responde Kaede, más comprensiva.
── ¡Papi dijo que mejor ramen, abuelita! ¡Qué co-come...! ¡Comeríamos ramen! ── Se trabó un poco al hablar rápido.
── ¡Oh! Ya entiendo. ── Dice Kaede mientras está moviendo sus manos del otro lado y ya no los mira.
Ya nadie dice nada. Inuyasha se ve distraído con su pequeña cachorra, cuidando que no tire la salsa de soja, los palillos o las servilletas que están sobre la barra. Hiyori era un poco inquieta. Siempre se pregunta de quién sacó eso, y es algo que solía exclamar al aire libre frente a los demás..., y extrañamente lo veían con ojos raros, pero ¡En fin! Ni cómo saber por qué su hija era cómo un saltamontes.
Los minutos pasan. Kaede dice que el ramen está listo y le pasa a Inuyasha los tazones así que los toma y los coloca sobre la barra. Hiyori echa un grito contento, alzando sus bracitos y sonriendo con su brillantez. Ella intenta tomar los palillos pero todavía no los maneja bien, así que clava con un palillo uno de los naruto y lo come luego de soplarle.
Inuyasha pasa a tomar unos palillos y comienza a darle de comer a su hija mientras ella misma intenta usar sus propios palillos. Kaede los mira del otro lado.
── Entonces, ¿Cuál fue el problema por el que Hiyori salió antes? ── Pregunta tranquilamente.
Inuyasha echa un suspiro mientras Hiyori come.
── Peleo con un niño. ── Es directo.
── Oh... ── Kaede comprende.
Ella por sí sola puede imaginárselo pero Inuyasha decide explicárselo.
── Por sus orejas. Otra vez. ── Remarca.
── Sí, lo imaginé. ── Dice Kaede.
Él ya no dice nada, pero en ese breve intercambio de palabras quedó clara su inconformidad. Kaede guarda silencio, se aleja para irse a ocupar de otra cosa e Inuyasha se ve distraído con su pequeña.
── ¡Ah! ── Dice Hiyori con su boca abierta, indicando que quiere más comida.
Inuyasha sigue dándole de comer a su cachorra.
...
El ramen se termina. Kaede les pasa el jugo de manzana así que lo beben, no obstante, Inuyasha no bebe mucho y pasa a dejar el juguito sobre la barra. La vieja lo ve con su único ojo mientras Hiyori está muy concentrada bebiendo jugo.
── ¿Pasa algo, Inuyasha? ── Pregunta, un poco seria pero curiosa.
── No es nada. ── Dice él, irónico, casi bromista. ── Recordé que debo limpiar la cocina. ──
── Oh... Entiendo. ── Responde la vieja y parece convencida.
Ya no le dice nada. Pero es cierto, él debe limpiar la cocina, y sí recordó ese detalle, pero piensa más en el aire acondicionado y que va a dormir con calor esta noche. "Maldita sea..." Se dice dentro de su cabeza.
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