Capítulo 1
El viento frío rastrillaba sus mejillas, ligeras astillas suaves picaban levemente su espalda, sentía los pies desnudos. De hecho, sentía todo su cuerpo desnudo, aplastado por un peso firme y grueso, tibio. De pronto se sintió ser sacudido por los hombros, una conocida voz llegaba desde la lejanía hasta su cerebro. ¿Qué sucedía?
“¡Viktor!“, le decían “¡Viktor despierta!“, esa voz sonaba muy preocupada “Por favor despierta, no te puedo perder de nuevo...No sé qué está pasando. Te necesito.”
Sus pesados párpados se despegaron suavemente, sus pupilas se vieron heridas por la luz que las alcanzaba velozmente. Parpadeando repetidas veces, logró oír nuevamente esa voz. “¡Viktor!... Oh por todo lo santo, despertaste.” Siendo tomado por los hombros para sentarlo sobre donde sea que estuviera, logró enforcar bien la vista. ¿Qué lugar era ese? ¿A caso el hombre que tenía en frente, tratando de cubrirlo con su saco era Jayce?
- ¿Viktor? ¿E..estás bien? - El moreno hombre revisó su rostro a conciencia, tomó sus muñecas y revisó su pulso, se veía preocupado. Tenía barba, su cabello estaba un poco largo y desordenado, podía ver la tristeza en sus ojos - Viktor... cuando desperté creí que estabas... muerto... - Los ojos de aquel hombre se llenaron de lágrimas - Te tuve de regreso, mi compañero, y... y luego creí que te volví a perder... - lo abrazó, acariciando su largo cabello. “Jayce” - c..cuando te vi ahí... yo...
- Jayce - logró decir Viktor, dándose cuenta de pronto que estaba desnudo frente a su compañero. Entonces lo entendió, aquel peso duro sobre su cuerpo había sido Jayce. Aparentando la calma que no podía tener en aquel momento, se cubrió lo mejor posible con el saco y jaló la capa azul qué tenía atorada debajo de una pierna. - ¿Dónde estamos?... ¿No deberíamos estar... muertos? ¿Y por qué estoy así?
Jayce miró hacia otro lado, dándole espacio al menudo hombre para que pudiera terminar de cubrir su blanquecina piel. - Sé que este lugar no es Runaterra, ni siquiera estamos en el mismo universo.
Viktor yacía sentado sobre el pasto de aquel campo inmenso, su rostro desencajado dejaba entrever el desconcierto ante lo que Jayce le decía - ¿Cómo sabes eso?... ¿Cómo sabes que no estamos en el mismo universo donde deberíamos estar?
Un tinte de reproche en el tono de su voz, apuraba las respuestas del otro hombre - Simplemente lo sé... - “Tenía que ser Jayce” - No me mires así... como si estuvieras lidiando con un loco... tal vez lo esté, pero... de verdad, lo sé. Algo me dice que este lugar no es de donde vinimos. Que... que algo nos mandó aquí a propósito.
Viktor trató de hacer memoria de lo último acontecido antes de despertar en aquel extraño mundo. Entonces recordó el momento de la explosión, cuando Jayce y él sostuvieron el poder arcano con sus manos. Esa calidez en su pecho, ese terrible ardor en su mente. Fue ahí cuando lo recordó. Él y Jayce se habían hecho polvo de estrellas, flotando en el vasto vacío del espacio cuando la magia inherente en aquel universo, los volvió a unir pieza por pieza. El sonido sordo de mil voces que les decían que eran almas buenas, y que debían vivir, pero no en ese universo. Aquella fuerza mágica los expulsó de esa realidad, trasladándolos a otra donde nada de lo que habían hecho, siquiera había acontecido. La promesa de una segunda oportunidad para vivir, perdonar y sanar, estaba marcada en lo profundo de sus almas.
- Nos echaron de allí. - Concluyó Viktor mirando al cielo, intentando encontrar en la lejanía del claro firmamento dónde podría estar su antiguo hogar. - ¿Qué haremos?
- Por el momento debemos encontrar a dónde ir... Empieza a anochecer y hace frío. No creo que podamos pasar la noche a la intemperie, así como estamos, tú no al menos. - Viktor se cubrió el cuello con el saco del moreno, agachando la cabeza, ligeramente ruborizado.
Jayce ayudó a Viktor a ponerse de pie, dándose cuenta inmediatamente de qué ninguno de los dos tenía sus piernas lesionadas. Es más, un asustado Viktor comentó no sentir su columna ni cadera doler, no necesitaba de la ayuda de su compañero para caminar. Jayce por su parte no comprendía como era que Viktor lucía tan normal, si bien recordaba, el que fuera su compañero de laboratorio había sufrido una transfiguración completa de tres etapas: 1) Cuando despertó después de tanto tiempo en su laboratorio, 2) cuando lo atacó en la cúpula de Piltover y 3) cuando sucedió la explosión que los rompió en millones de partículas estelares. Viktor lucía como un humano de a pie, no como humanoide.
Estaba feliz por Viktor. Parecía estar curado, eso era lo que siempre había anhelado.
De ser necesario, en cuanto supieran cómo funcionaba este mundo, averiguarían en qué estado de salud se encontraban ambos.
Caminaron juntos a lo largo de ese amplio campo, los minutos pasaban rápido y no encontraban ningún lugar donde cobijarse. Siguieron andando, con la esperanza de hallar dónde pasar la noche.
Llevaban más de media hora caminando, las estrellas y la luna los acompañaban ahora, de repente Jayce vislumbró a lo lejos lo que parecía ser un granero de piedra. - ¡Allá! ¡Viktor, vamos! - jalándolo de la mano, Jayce corrió llevando a Viktor hacia el granero. Las enormes puertas de madera estaban trabadas con un tablón en posición horizontal. - Tú levanta de ese lado, yo...- Jayce no necesitó hacer mucho esfuerzo para mover ese tablón. Aparentemente tenía más fuerza de la que usualmente poseía. - Iré yo primero.
- No. - Viktor lo jaló de un extremo de su camisa, deteniéndolo. - Iremos juntos. Somos compañeros, ¿recuerdas?
Jayce asintió, después de todo el haberse apartado de Viktor y haber cedido a los encantos del poder había sido un error que los había distanciado y los había llevado a cometer terribles errores. Desde ahora debían trabajar juntos, en este mundo desconocido para ambos. Solo se tenían el uno al otro, como en aquel entonces cuando empezaban sus experimentos en el laboratorio de su profesor.
Entraron sigilosamente intentando adaptar sus ojos a la oscuridad, para poder ver, aunque sea algo. Con la mano posada en los costados de la pared izquierda, Viktor logró encontrar un interruptor. Las luces se encendieron en todo el granero, asustando momentáneamente a ambos hombres. - ¿Qué es esto? - Viktor volvió a tocar el interruptor y apagó las luces. - Esto... no parece ¿Hextech?
- No. Pero servirá. Parece ser un tipo de energía invisible. - Aclaró Jayce desde el otro lado del granero. Había encontrado un estante con ropa, camisas de franela, pantalones, chompas de lana y botas. - Ven, encontré ropa de cambio.
Viktor caminó hacia él y empezó a buscar entre las ropas para cambiarse. - Definitivamente alguien vive aquí.
- ¿Viste este lugar? Parece abandonado, Viktor. Los campos circundantes están secos. Este granero está lleno de telas de araña y polvo y esos sacos de grano están raídos y polvorientos también.
Viktor deambuló analizando el lugar. Jayce tenía razón, ese viejo granero parecía tener un tiempo en abandono. Era amplio, y parecía haber sido adaptado para funcionar como casa. Quien sea que haya vivido ahí, había remodelado el lugar para mejorar su funcionalidad. Tenía una escalera de madera en buen estado que conducía a una segunda planta que parecía albergar una habitación amplia y un gran baño con su bañera, un salón abierto, vacío que podría haber estado a la espera de convertirse en más habitaciones. En el primer piso estaba el área grande que tenía estantes al fondo, con ropa doblada y herramientas agrícolas; apilados a un lado contra la pared izquierda había unos pocos sacos con granos. Una mesa de madera estaba al centro, junto a cuatro sillas y delante de ello un sillón floreado y una caja rara, lo que conocerían más adelante como televisor. Al lado derecho estaba la cocina y una chimenea de piedra.
- Bueno, al menos tendremos donde pasar la noche. - Advirtió Viktor - Hay una habitación arriba. Parece estar en buen estado. Eh... podemos ir a ver si hay algo ¿comestible?
Viktor esperaba que aquel lugar no le perteneciera a nadie, que aquel lugar no haya sido la escena de algún crimen atroz, esperaba poder quedarse allí. No quería admitirlo ante Jayce, pero realmente estaba muy asustado, tenía miedo y se sentía irracionalmente vulnerable. La compañía de Jayce y la esperanza de tener donde dormir, le devolvían parte de su tranquilidad.
¿Cuándo se había vuelto tan temeroso? ¿Era esto parte de su penitencia?
Jayce encontró bastante fascinante el dispositivo de cocina, parecía encenderse con chispas de la misma energía invisible que dio luz a esos extraños bombillos en el techo. Definitivamente este mundo tenía ciencia en él. - Viktor, estoy preparando un caldo con lo que encontré. - El moreno había encontrado trigo seco y algunos tubérculos deshidratados que con suerte no estaban en mal estado.
Viktor acompañó a Jayce durante el proceso de cocción, aun temeroso ante la incertidumbre de la vida. Esos aparadores estaban repletos de ollas y platos de cerámica, cubiertos de plata y finos vasos de vidrio. - ¿Quién crees que haya vivido aquí? Eh... - preguntó el de cabello largo, sorbiendo un poco de su cuchara. El caldo estaba muy bueno, era como sentir que todo su cuerpo se abrigaba después de permanecer años en el hielo.
- Emm... ¿tal vez unos agricultores?
- Fíjate que no lo había pensado, - comentó Viktor - creí que un doctor vivía aquí.
- Pues tal vez sí. - Jayce comía ávidamente de su caldo, su estómago agradecía por la comida ingerida. - Aunque seguro eran agricultores. Y tienen bonitos juegos de cocina. Se ven tan elegantes como los que solía tener mamá.
De pronto Jayce entristeció, recordando de repente que ya no podría volver a ver a su madre. ¿Qué sería de ella? Solo esperaba que el negocio familiar fuera tan bien y pudiese vivir cómoda y tranquilamente. Ella era una mujer fuerte y no dudaba que se repondría de la pérdida de su único hijo y representaría al negocio. En verdad la iba a extrañar. Y su prima, Caitlyn. También la extrañaría y definitivamente, añoraría sus tardes de juegos de mesa. Por otro lado, Mel. Ella había sido una pieza clave para el “ascenso” o tal vez “declive” de Jayce. En verdad, llegó a enamorarse de ella. Pero el saber que, a pesar de sus sentimientos, lo veía a él y a Viktor como “mercancía”, y que sin malas intenciones los había manipulado, eso definitivamente era una espina en su corazón. Tal vez solo extrañaría aquellas lejanas horas en las que solían llevarse bien. Cuando Jayce aún era inocente de todo error.
- Oye, eres bastante transparente, ¿sabes? - Viktor llamó la atención de Jayce, quitándole su plato. - Tu madre estará bien. Y Caitlyn, se repondrá, además tiene a la chica Violet. Todos ellos estarán bien y te recordarán como un héroe.
Viktor dejó su cuchara sobre la mesa, pensativo entre triste y molesto. - ¿Qué pasa, Viktor?
- Nada...eh... bueno, nadie me va a extrañar a mí. Estoy seguro de que si pueden hacerlo me van a borrar de todos los registros.
- V...
- Es cierto, Jayce. Aunque tú me hayas perdonado, mi necedad ha dañado a muchos. Estoy seguro de que más de uno me ha de ver como el villano. Eso es lo que fui.
Viktor llevó ambos platos al lavadero y subió por las escaleras hacia la habitación. Extendiendo y sacudiendo las frazadas, se acomodó en la suave cama. Obligándose a cerrar sus ojos, intentando no ceder a las inmensas ganas de llorar. No tenía a nadie en Runaterra y aquí no conocía a nadie. Salvo por Jayce, estaba desamparado. Si algún día Jayce decidía que no quería quedarse junto a él, y se iba por su lado, Viktor iba a estar tan solo, que la mera idea le hacía doler el corazón.
Los sollozos no tardaron en llegar, por qué tuvo que suceder todo de esa manera. Por qué tuvo que padecer tanto. De pronto un peso a su lado en la cama lo cobijó bajo unos fuertes brazos. Jayce. - No te preocupes, en esta vida no me voy a apartar de ti. Eres mi compañero, Viktor. Estamos juntos en esto. Los errores que cometí en el pasado, no los voy a volver a cometer.
Envueltos entre las cálidas frazadas, se quedaron dormidos en aquel viejo granero abandonado.
A la mañana siguiente el canto de los pajarillos despertó a Viktor quien se desperezó lenta y casi imposiblemente, pues estaba envuelto en la calidez de unos brazos que lo cobijaban y sujetaban fuerte contra un cálido y duro cuerpo. Jayce. Viktor intentaba soltarse, pero Jayce lo atraía más contra su cuerpo, reposando su nariz en la curvatura de su cuello, inspirando el aroma de su cabello, haciendo temblar a Viktor. - Jayce... quítate. Me das cosquillas... - Se quejó. Sin embargo, él moreno hombre solo gruñó suavemente y lo abrazó más fuertemente, restregando su mejilla en el largo cabello de Viktor. Una lejana añoranza recorrió el cuerpo de Viktor, recordando aquel pasado donde había deseado que quien hoy lo sostenía en sus brazos, lo abrazara de esa forma y lo amara. Pero eso no pasó, Jayce había elegido a Mel y él había sido espectador de todo, de cómo el hombre que quería se había enamorado de otra persona, de cómo había tenido que resignarse a solo ser su amigo y compañero para poder seguir a su lado y cumplir sus sueños. Sin embargo, un amargo sinsabor tintó su tristeza, resentimiento, Jayce había elegido a Mel y se había ido con ella, lo había abandonado cuando más lo necesitaba; su relación había significado que se distanciara de Viktor, Jayce había preferido a aquella bella mujer y el poder que le ofrecía sobre la amistad y los sueños que podían construir con Viktor. Qué irónico, porque a fin de cuentas qué le podría ofrecer él, un hombre, lisiado, que no tenía patrimonio, que era huérfano, que provenía de una ciudad peligrosa, que era ayudante de profesor. Él no era nadie. Y ahora lamentaba mucho el haber traicionado al profesor Heimerdinger, él le había apoyado cuando los demás no lo hicieron; y cómo le pagó, no hizo caso a sus advertencias, fue necio, irresponsable, se vio cautivado también por Jayce y sus propias ansias de ser notado al menos una vez, sus ansias de mejorar Zaun. Qué crueldad con el profesor Heimerdinger, destituirlo de su cargo en el consejo de Piltover. Si tan solo hubieran sido más prudentes, si él hubiera sido más prudente y sensato, si hubiera hecho caso a su maestro y hubiera actuado con más cautela como lo sugirió, todo ese desastre jamás habría pasado. Viktor pensaba que era él quien debía estar solo en aquel lugar, Jayce ya había resarcido sus errores, aunque no se había redimido con Heimerdinger, todo lo demás es muy probable que ya esté saldado; pero Viktor, a él le falta pagar su penitencia. Así que, sintiéndose molesto consigo mismo, no merecedor de la calidez que le mostraba Jayce, culpable de todo y arrepentido con su maestro, se quitó de encima los pesados brazos del gran hombre y salió del granero-casa. Con la vista nublada de lágrimas y coraje, corrió a través del campo seco, asombrado de su pierna y columna saludable. Jamás había podido correr tan bien ni a tan alta velocidad, él no se merecía esto, merecía sufrir, se decía.
Así pues, corrió y corrió hasta que sus piernas se cansaron, su corazón latía veloz y su pecho se agitaba violentamente. Logró llegar a un campo dorado de trigo, admiró la belleza a su alrededor, aves revoloteando, el cielo claro y cálido, el aire puro y el viento suave le movían los cabellos. Qué hermoso lugar. - ¡¿QUIÉN ME HA PERDONADO?! - gritó al cielo, entre sollozos y con ira - ¡PORQUE YO NO LO HE HECHO!... ¡NO MEREZCO ESTAR EN ESTE HERMOSO LUGAR! ¡NO MEREZCO ESTAR SANO! - Su garganta ardía pues estaba gritando a viva voz, reclamando a aquel poder que lo había enviado allí. Pero no había quién conteste. Viktor lloró amargamente, hasta que su cuerpo no soportó el peso de sus emociones y se desmayó.
Jayce despertó en una cama solitaria, olvidando por un segundo que Viktor había estado junto a él en aquel lugar. Se levantó de golpe y bajó las escaleras a trompicones, esperando encontrárselo en la planta baja, pero no estaba por ninguna parte. Salió de la casa y revisó por los alrededores más cercanos al lugar y no lo halló. Entonces caminó en diferentes direcciones buscándolo, llamándolo, pero simplemente no lo encontraba.
- ¿A dónde fuiste, Viktor? - Jayce estaba preocupado, a dónde iría, no conocían a nadie y tampoco sabían qué peligros podría haber en este nuevo mundo. Una terrible sensación se apoderó del corazón de Jayce, se sentía inquieto, incompleto. Rápidamente volvió al granero y revisó las huellas en el pasto seco, entonces encontró una línea de pisadas que se alejaban hacia el norte. Corrió sobre ellas y fue muy lejos hasta llegar a un campo de dorados trigales. No había nadie por allí. Por la posición del sol podría apostar a que era casi mediodía, su angustia iba en aumento. - ¡VIKTOR! ¡VIKTOR! - Nada. Las aves revoloteando a lo lejos sobre las espigas de un campo vecino eran su única compañía. ¿Se habría marchado porque él no era suficiente? ¿Porque realmente no había perdonado que prefiriera a Mel sobre la lealtad pura a su proyecto? ¿Por qué si eran amigos tenía que haberle fallado y dejado solo? - ¡Ahh la vanidad! - Debía ser fuerte para poder ayudar a Viktor, Jayce mismo había sufrido mucho cuando quedó varado en aquella realidad tan dura donde se quebró una pierna; había sido su penitencia, perdió la cordura, pero Viktor lo trajo de vuelta. Así que ahora, le tocaba a él traer a la cordura a Viktor, debía ayudarlo a reconciliarse consigo mismo. Siguió andando, con ese pensamiento en mente, no se rendiría con Viktor. - ¡VIKTOR! - Ya le había fallado mucho, no lo volvería a hacer jamás. De pronto alcanzó a ver una maraña de marrones y dorados cabellos junto a los tallitos del trigo. - ¡VIKTOR! - El hombre del progreso corrió hasta aquel punto y se arrodilló contemplando a su compañero. Inconsciente sobre en el centro del trigal estaba el hombre de largos cabellos. - Viktor... - Jayce se apresuró a tomarlo en brazos, revisar sus signos vitales. Respiraba y su corazón latía un poco acelerado, tenía la frente ligeramente sudada y las pestañas y mejillas cubiertas de lágrimas secas. Instintivamente lo abrazó y meció. - Ay, Viktor... Perdóname por haber sido tan egoísta... V... No solo te prometo, te afirmaré las veces que sean necesarias, siempre voy a estar a tu lado. Siempre te voy a escuchar, te voy a ayudar a salir de esto. Pero por favor... no te vuelvas a ir. - Viktor parecía calmarse con la presencia de su amigo, y Jayce ya no sentía esa extraña añoranza apretujando sus costillas.
Con sumo cuidado y facilidad, Jayce cargó al delgado hombre y emprendió camino de regreso a la casa-granero. Sin otro lugar a dónde ir, había decidido que si nadie venía a echarlos o reclamar aquel lugar, vivirían allí e intentarían salir adelante. ¿Qué sabía él sobre agricultura? Pues nada. Pero estaba seguro que Viktor tenía algunos conocimientos sobre ello y que, además, siendo ambos unos genios lograrían sobreponerse a esto y aprender sobre esta nueva ciencia, que necesitaban urgentemente si querían alimentarse y sobrevivir.
Caminó largo rato con su compañero en brazos, admirando detalladamente los campos por los que hubiera pasado y a los que no les prestó gran importancia. Había hectáreas y hectáreas de trigales, legumbres sembradas a lo lejos, era más que seguro que alguien vendría por ellos en algún momento. Pero mientras llegaba ese día, le daría tranquilidad a su amigo.
Llegando a casa, Jayce le tomó importancia a la pequeña casita de madera que estaba no muy alejada de la gran casa-granero de piedra. Había estado muy preocupado en la mañana cuando salió a buscar a Viktor, que no notó aquella construcción. - Veré que hay dentro. Pero primero te atenderé. - Llevó al de cabellos largos a la habitación y le quitó las botas, lo acomodó en la cama y lo arropó con las frazadas. Tomó un pedazo de tela de un estante que había descubierto en la habitación, y lo humedeció con el agua de la ducha. Dobló la tela haciendo una compresa fría y la colocó sobre la frente del menudo hombrecito. - Espero que esto ayude. Em... - Jayce bajó a la cocina nuevamente preparó la misma sopa de la noche anterior. No tenía ni sabía qué otra cosa preparar, no había mucho que pudiera hacer. - Ah... me pregunto si pasaremos de esta semana.
Estaba siendo un poco pesimista, aquel buen ánimo que lo invadió hace unas horas, poco a poco se iba agotando debido al poco material que tenía para mantenerse alimentados. ¿Deberían buscar algún refugio para indigentes? - No. No me puedo dar por vencido tan fácilmente. Viktor necesita mi apoyo. - Dejando sus alimentos preparados, salió rumbo a la casita de madera, armado con una pala y un martillo mediano. - Veamos qué secretos se ocultan en este lugar. - La puerta estaba cerrada con candado y no tenía ventanas grandes. Así que, golpeó la cerradura del candado, con el martillo. Golpe tras golpe Jayce sentía nuevamente que su fuerza era mucha más que la que hubiese tenido antes. - Mmm... esto es extraño. - Con un último martillazo, rompió el candado y pudo abrir la puerta. Estaba en penumbra, la luz casi ni entraba. El lugar no parecía especialmente cálido. Tocando los costados del umbral de la puerta, logró encontrar un interruptor similar al del granero. Se hizo la luz y dio un paso dentro de la casita. - ¿Qué es esto? - Sacos y sacos perfectamente apilados y etiquetados, se encontraban acomodados al lado izquierdo de la casa. - Trigo. Arroz. Maíz. Centeno…- Leyó cada una de las etiquetas en los sacos de tela. - Papa. Almendras. Pasas.... Qué... qué es esto... - Siguió revisando, caminando lenta y cautelosamente. Del lado derecho había una vitrina de vidrio, cubierta por una tela blanca. - ¿Carne seca? - Jayce retrocedió rápidamente. Aquel lugar estaba repleto de alimentos perfectamente conservados, etiquetados con sus fechas de producción y almacenamiento. - Una despensa - Efectivamente ese lugar era un cuarto de refrigeración, es por ello que se sentía más frío que en el exterior. Jayce estaba extrañamente angustiado. - Espero no haber venido a un mundo donde no hay más gente con vida, aparte de nosotros. Creo que no lo soportaría otra vez... - Siguió caminando al fondo del lugar y encontró una puerta que daba acceso a una habitación detrás de esta. Un enorme carruaje de metal pintado de rojo, con enormes ruedas de jebe, se encontraba estacionado en el centro de ese salón, rodeado de implementos de agricultura que, obviamente, Jayce no conocía. - Massey Ferguson...- Leyó la inscripción escrita en negro sobre una capa blanca. - ¿Será el nombre del dueño de este lugar? - Pegado sobre un costado de la máquina, había un sobre. - “Para quien lo encuentre”. - Jayce dejó la pala a un costado y se sentó sobre el suelo, apoyando la espalda contra una de las ruedas del tractor. - Querido desconocido: te brindo mi hogar para que lo uses sabiamente. Si has venido porque no tienes a dónde más ir, como yo hiciera alguna vez, usa todo lo que dejo a tu disposición. Sé respetuoso y repón todo lo que uses, alguien más en el futuro, podría necesitarlo como tú o como yo. Este hogar fue construido con todo el amor que nace de mí y que no pude compartir con mis hijos y esposa, pero sé que ella hubiera deseado que lo compartiera con quien lo necesite. Has tuyo este hogar, y si te sirve para mejorar tu vida y la de quienes amas, te deseo todo éxito y la alegría en tu vida. B. C. Talis. - ¿Talis? - Jayce releyó la carta una y otra vez, intentando descifrar el nombre del remitente de tan pacífica y noble carta - ¿Talis? ¿Será que es pariente mío?... ¿Talis?... ¿Tendré raíces y otra vida aq...
Estaba tan concentrado en revisar por todos lados el papel en sus manos, que no sintió en lo más mínimo el sonido de unos pasos acercándose lentamente. - ¿Interrumpo? - Jayce sintió un ligero remezón en el cuerpo y pegó un saltito.
- Vik... Viktor. Estás... despierto. - Jayce extendió su mano hacia el hombre parado frente a él. - Ven hay algo extrañamente asombroso qué descubrí aquí.
Viktor había inspeccionado bien la despensa en la antesala y ahora miraba asombrado el gran carruaje metálico rojo donde estaba apoyado su compañero. - ¿En serio no habíamos visto este lugar? - Se sentó al lado del moreno y aceptó la carta qué le entregaba.
- ¿Qué te parece? Yo no vi esta casita, me pareció pequeña y cuando fui a buscarte en la mañana, no me percaté.
- ¿Pequeña? - Había que ver qué era pequeño para Jayce. Viktor frunció el ceño y medio constriñó la cara ante la poca dimensionalidad de su amigo. - Este lugar es más mucho grande que el departamento en el que solía vivir cuando era asistente de Heimerdinger. - Jayce hizo un puchero y bajó la cabeza, avergonzado. - Aunque sí es más pequeña que la casa donde vivías en los terrenos de los Kiramman.
- No recuerdes eso e ignora mi comentario. Es obvio que no dimensioné bien cuando entré a inspeccionar. - Viktor sonrió levemente y volvió a prestar atención a la carta. - Allí el remitente, se apellida Talis.
- Talis... Habrá que averiguar si vinimos a un mundo donde ya existimos. - Acarició suavemente cada letra de la carta. - Es bastante emotivo el mensaje... Nosotros... necesitamos de todo lo que hay aquí. Por cierto, encontré un cajón lleno de libros con muchos modelos de estas cosas - Le dio una palmada a la llanta de la máquina - Se llama ”tractor" y con los implementos adecuados sirve para trabajar la tierra para cultivo.
- Viktor, sabía que descifrarías algo sobre estas máquinas. - Jayce estaba contento, con los ojos llenos de brillo.
- Ah, basta. Pareces un cachorro alegre. - Lo manoteó e intentó pararse. - En serio, suéltame, tengo hambre y sé que aún tenemos una charla pendiente sobre lo que ocurrió en la mañana.
- Está bien. ¿Me dirás dónde están esos libros? - Viktor asintió - Entonces averiguaré cómo funciona el tractor. Vamos llevaré algo de carne seca para la comida.
- Hay jamón de cerdo. - Mencionó Viktor, acto seguido su estómago rugió.
- Vayamos rápido, también muero de hambre.
Cerraron la puerta donde estaba el tractor y recogieron una pierna de jamón. - Ahora ¿cómo cerraremos esta puerta? ¡lo rompiste genio! - Viktor movió en su mano, el candado roto. - Utiliza mejor tu fuerza Jayce, sino nos quedaremos sin lugar donde vivir.
El hombre del progreso parecía un perrito regañado, abrazado a su pala solo miraba la punta de sus botas. - Lo siento, no tuve cómo abrir la puerta, pero... pero lo solucionaré. Por ahora tendré que cerrarlo con una soga.
- Como digas. - Viktor esperó a que estuvieran bien amarradas las armellas para apresurar a su compañero - Andando, tengo mucha hambre.
Comieron hasta hartarse y guardaron para la cena, el hambre los consumía y los instaba a devorar sus alimentos. Terminado el almuerzo, dejaron los platos y cubiertos limpios y descansaron.
- Me debes esa charla - Interrumpió Jayce. Viktor lo miró de reojo y se acomodó bien en el sillón floreado, junto al moreno. - ¿Me dirás qué pasó?
- Hay algunas cosas que no te puedo contar. - Empezó. Ni loco le iba a decir que recordó el amorío de Jayce y Mel y que perdió la cabeza. No. Absolutamente no. No le diría que había estado enamorado de él. Que aún sentía esos sentimientos por él.
- Bueno, tú decides.
- Eh... recordé lo que sucedió con el profesor Heimerdinger y me sentí muy mal. No actué con cautela, fui desleal con quien me ayudó cuando no tenía nada. Cuando nadie quería contratar a un Zaunita recién egresado de la academia, por ser recién egresado y más por ser Zaunita. - Jayce apoyó una mano sobre los hombros de Viktor, escuchando - Luego fui, irracionalmente terco y.… y tú, no ayudaste mucho. Te... te fuiste con la señorita Medarda, hacía el lado político. Jayce, me dejé cegar por mis ansias de ayudar a Zaun. Sin tu compañía, me resentí y me dije que podía hacerlo todo solo hasta que me dejé consumir por lo arcano. No logré ayudar a los que quería... yo... solo les hice daño. Así que... me dije que no merezco vivir en un mundo como este. No merezco esta segunda oportunidad.
- Viktor... fue mi culpa también lo que sucedió. Estoy seguro, que lograste que Zaun y Piltover se unieran. Y si de algo sirven los errores, estoy seguro de que todos ellos aprendieron del nuestro. De que no deben jugar con lo arcano. Tiene su lado malo y su lado bueno. Estoy seguro que encontrarán una mejor manera de salir adelante, una energía menos peligrosa, o serán más cautelosos. Viktor - tomó su rostro entre sus manos - tú no eres malo. No quisiste dañar a nadie, quisiste ayudarlos y yo debía ser tu compañero, debíamos ayudarlos. Sí hay alguien que ni merece la segunda oportunidad, soy yo.
- No. No digas eso. - Se apresuró a decir. - Tú fuiste quien me hizo ver que estaba equivocado. Mereces más que yo, vivir tranquilo en este lugar.
- Nada nos asegura que viviremos tranquilos y seguros aquí, Viktor. Como todo, esta vida tendrá sus dificultades y debemos aprender a sobrellevarlas. Debemos sanar, V... Así que, ambos merecemos vivir esta nueva vida. Debes perdonarte y debo perdóname. Ya no podemos reparar el pasado, de hecho, nosotros limpiamos el daño inminente. Entonces ahora solo debemos vivir, con el peso de nuestros errores, pero sabiendo perdonar.
Viktor jamás pensó que lloraría como un pequeño niño delante de alguien más. Pero ahí estaba, apoyándose en Jayce y llorando a moco tendido. - Tienes razón.
Jayce abrazó por largo tiempo a Viktor, hasta que cesó su llanto y su cuerpo se relajó. Un ligero aroma a miel rodeaba suavemente el cabello de Viktor. - ¿Encontraste miel en la despensa? - Jayce amaba la miel.
- Sí. Encontré bastantes frascos. Creo que los disfrutarás bastante.
- Eso creo.
Jayce estaba seguro de que era la miel más fragante y deliciosa que jamás había olido, se sentía repentinamente relajado y en paz.








