Capítulo 1
Muchos de nosotros crecimos escuchando las palabras más mágicas en la vida de todo padre
«No toques, no veas, no saques, no mires, ten cuidado, escúchame bien, algún día sabrás el porqué, hazme caso y, sobre todo, esto está prohibido para ti»
Sí, todos crecimos con esas palabras y muchas más
Pero tú nunca haces caso; cada una de las advertencias se convierte en un motivo de rebeldía para ti, y lo mismo ocurre con todos
Sin embargo, este no es el caso de Park Jimin, él siempre escuchó una sola frase, y todavía la recuerda
—Escúchame bien, Jimin, jamás, nunca y bajo ningún concepto toques este libro. Es por tu bien
Su madre se lo había repetido muchas veces y era por esa misma razón que ella se encontraba internada en un sanatorio mental, tras haber perdido la cordura. Con el tiempo, él descubriría el porqué
Park Jimin era un ejecutivo muy elegante, de una belleza deslumbrante. Y sin contar que poseía el cuerpo más deseado por todos en la oficina. hombres y mujeres quedaban perdidos ante sus caderas y su figura perfecta
Era el gerente general de las Empresas Jeon. Llevaba dos años trabajando para el multimillonario y respetado Jeon Jungkook, un hombre elegante, tal y como le gustaba a él, alguien a quien anhelaba tener a su lado
Pero tenía un problema y de los peores, ese maldito hombre no le prestaba atención alguna
Ni siquiera lo miraba y si lo saludaba, era solo por pura cortesía y nada más. Mientras Jimin se moría por que lo mirara de otra manera, por que lo hiciera suyo, por que le dijera cosas sucias, por que se aprovechara de él como hacía con todos los demás allí... Jungkook prefería a cualquier persona en esa maldita oficina antes que a él
Y eso dolía más de lo que podía imaginar
Desde que entró a trabajar en esa empresa, Jungkook solo había sido cordial con él, sin dejar de ser un caballero. Jimin siempre había usado su belleza como arma, era exquisita, capaz de atraer a cualquiera... excepto a ese maldito hombre
Siempre llegaba vestido de forma elegante y provocadora, mostrando lo que su cuerpo guardaba, sus tatuajes, sus lunares, su cintura... mostrándolo todo, sin ocultar que se moría de deseo
Esperaba que ese hombre, el que le atraía con locura, se volviera loco por él de una manera insana
Y esta noche, la paciencia de Jimin tendría un fin maldito para siempre. «No pienso buscarlo más, no pienso arrastrarme como basura para que se fije en mí», se dijo
Hoy estaban festejando haber ganado un contrato muy grande en el mejor bar de la ciudad. A lo lejos, Jimin vio a Jungkook coquetear con una mujer, mientras él se moría de ganas de ser el que sintiera esa enorme mano tatuada en su trasero
Pero no era él, era la puta de la oficina «Jodido, maldito cerdo», pensó
No pudo más, se levantó y caminó a los baños buscando un rato de relajación. Como el bar estaba lleno de gente, solo se encerró en el cubículo privado y se sentó en el inodoro
Quiso llorar, quiso morir, quiso matarlos... y lo peor, quiso que lo mirara
En su mundo propio, escuchó que alguien entraba, escuchó risas, el sonido de un cubículo al lado que se abría, y luego besos y chasquidos. Jimin se rio bajito «Era lo que menos quería», pensó
Y entonces, el silencio del baño se rompió por completo
Escuchó los gemidos ahogados de la mujer, el choque suave de cuerpos contra la pared y, entre todo aquello, la voz grave y ronca de Jungkook, diciéndole cosas que Jimin siempre había soñado escuchar para sí mismo
Cada palabra, cada jadeo, cada sonido era como una cuchilla atravesándolo el pecho. Se quedó allí, inmóvil, conteniendo el aliento, sintiendo cómo se le partía el corazón en mil pedazos, sin poder apartarse ni un segundo de aquella puerta que lo separaba de su propia desgracia
Estaba a punto de quedarse allí, destrozado, sin saber cómo huir... cuando de pronto se escucharon voces y pasos acercándose al baño, más gente entraba hablando riendo
Ese fue su momento
Aprovechó el ruido, se abrió paso despacio y con cuidado, sin hacer el más mínimo sonido, sin que nadie supiera que estaba allí. Salió de aquel lugar como un fantasma, arrastrando un dolor tan grande que apenas podía respirar
Se marchó con el corazón hecho añicos, sin saber qué hacer con todo ese sentimiento que lo abrumaba, que lo ahogaba, que le pesaba más que la propia vida. No tenía rumbo, no tenía consuelo... solo la certeza de que se había llevado dentro del pecho la herida más profunda que alguien pudiera sufrir
(...)
Pasó al día siguiente y era sábado y Jimin fue a visitar a su madre al sanatorio. Al entrar y verla, perdida en su propio mundo, se le acercó despacio, la abrazó y le tomó la mano, mientras le hablaba con ternura
Pero ella lo miró y en el instante en que sus ojos se encontraron con los de él, reaccionó como en los tiempos en que estaba cuerda. Lo miró fijo y le dijo con voz clara y firme
—Pase lo que pase, sientas lo que sientas... jamás, bajo ningún concepto, abras el libro negro
Jimin no lograba recordar de qué libro le hablaba. Pero su madre lo miraba con la lucidez de siempre y le advirtió
—No hagas nada, o terminarás peor que yo
—Mamá, no entiendo nada... —alcanzó a decir él
Ella lo miró a los ojos y le explicó
—Siempre recibes algo, pero debes dar algo a cambio. La magia te da lo que deseas... pero también te lo cobra
Y tras decir aquello, se levantó y se marchó, caminando con la dignidad y la presencia de cuando estaba sana, dejándolo allí solo. Jimin se quedó inmóvil, sin saber qué decir, sin entender qué estaba ocurriendo realmente
Pero en su mente quedó una sola certeza, tenía que encontrar ese maldito libro negro y descubrir de qué hablaba su madre








