1. El concierto💌
La tarde caía lenta sobre el campus de arquitectura, tiñendo los muros blancos de la facultad con tonos cálidos y anaranjados. Entre las escaleras y los pasillos llenos de bocetos a medio terminar, risas y voces vibraban con emoción. Phuwin caminaba rápido hacia el jardín central, donde ya lo esperaban Fourth y Satang, sentados bajo su árbol habitual, como desde hacía años.
—¡Llegas tarde! —le reclamó Fourth, cruzado de brazos.
—¡Tenía que entregar planos! ¿Acaso creen que la carrera se hace sola? —respondió Phuwin, tirando su mochila al suelo con una sonrisa enorme en los labios.
Satang, recostado sobre el pasto, alzó una ceja.
—Eso no te quita la cara de niño en Navidad. ¿Estás seguro de que vas por el concierto o por ver si alguno de los LYKN baja del escenario y te lleva directo al backstage?
—¿Y si pasa, qué? ¿Me van a detener? —bromeó Phuwin, y los tres estallaron en carcajadas.
Desde pequeños eran inseparables. Eran vecinos, compañeros de juegos y ahora de universidad. Fourth, el mayor, era como el hermano protector que nunca había desarrollado la capacidad de gestar, algo que se sabía desde la infancia por los análisis que les hacían al nacer.
Satang y Phuwin sí lo habían sido desde siempre, pero jamás lo sintieron como una diferencia real entre ellos. Phuwin, de hecho, era el más decidido, fuerte y explosivo de los tres. Nunca le gustó que lo vieran como alguien débil solo por su biología.
Mientras caminaban de regreso a casa para prepararse, Phuwin recibió una advertencia sutil pero certera de su madre.
—Ten cuidado, ¿sí? En los conciertos todo se vuelve una locura.
—Estaremos bien, mamá. Todo está organizado, es seguro.
Ella lo miró de reojo mientras le alcanzaba una botella de agua para llevar.
—No lo digo por eso. Lo digo porque cuando bebes... te pones coqueto.
Phuwin se sonrojó, se abrochó el último botón de su camisa sin responder, y escapó rumbo al auto de Fourth con un grito:
—¡Nos vamos!
Esa noche, el cielo parecía encendido. Las luces del estadio rebotaban contra las nubes, la música se escuchaba a varias cuadras de distancia. El auto temblaba mientras los tres coreaban los hits de LYKN a todo pulmón.
Una vez dentro del recinto, fueron directos a la zona cancha. Querían verlos de cerca, sentirlos reales. La multitud era intensa, la música empezaba, y en medio de los empujones, los gritos y los saltos, Phuwin se giró... y ya no vio ni a Fourth ni a Satang.
—¿Satang? ¿Fourth? —llamó, pero sus voces se perdieron.
Sintió la presión de la gente apretándolo, haciéndolo tambalear. Estuvo a punto de caer hacia atrás, cuando un brazo fuerte lo sujetó por la cintura justo a tiempo.
—¿Estás bien? —le preguntó una voz profunda.
Phuwin alzó la vista y lo vio. Alto, delgado, sonrisa fácil, ojos cálidos. La gorra del chico había caído al suelo. Phuwin se agachó y se la devolvió.
—Gracias... —dijo, sin saber por qué le costaba tanto mantenerle la mirada.
—Naravit —dijo él, tendiéndole la mano.
—¿Eh?
—Mi nombre —repitió con una sonrisa que parecía brillar más que las luces del estadio.
—Ah... Phuwin.
Y durante todo el concierto, aunque la música no permitía conversar mucho, algo invisible los mantenía juntos. A veces intercambiaban miradas cómplices, a veces simplemente se reían sin razón. En un momento, un empujón los hizo chocar de frente. Pond quedó casi sobre él. Los labios se rozaron. Un beso robado. Torpe. Breve. El primero.
Cuando las luces se apagaron y el público empezó a salir, Phuwin reaccionó.
—Mis amigos...
Sacó el celular y justo cuando iba a escribirles, Naravit lo sujetó por la muñeca con suavidad.
—¿Quieres ir a tomar algo? No puedo dejarte ir con esa sonrisa... me quedaré pensando en ella toda la noche.
Phuwin parpadeó. Nunca había sido de decisiones impulsivas. Pero esa noche... esa sonrisa... ese impulso...
—Está bien —dijo.
Naravit lo guió por una salida lateral del estadio, que Phuwin jamás había visto. Lo llevó hasta un auto negro, elegante, que olía a cuero nuevo.
—¿Es tuyo? —preguntó.
—¿Creías que iba a llevarte en un taxi cualquiera?
Dentro del auto, mientras la ciudad pasaba por las ventanas, Phuwin alcanzó a escribirles a sus amigos, enviándoles su ubicación.
—Conocí a alguien. No se preocupen, ya les contaré todo.
Satang respondió con un sticker de "buen provecho" y Fourth mandó una nota de voz exigiendo que se cuidara.
—¿Restaurante? ¿Bar? —preguntó Pond.
Phuwin se mordió el labio.
—Hotel.
El silencio duró apenas un segundo.
—¿Estás seguro?
—Sí.
Y el auto dio vuelta en U.
El hotel era demasiado caro para lo que Phuwin estaba acostumbrado. El lobby parecía sacado de una película. La habitación tenía una cama enorme, ventanales con vista a la ciudad y una botella de vino esperando sobre la mesa.
No hubo prisas. Rieron. Comieron algo del minibar. Bailaron un poco. Hablaron lo justo. Se besaron sin apuro. La ropa fue cayendo sin necesidad de palabras. Phuwin no recordaba haber sentido tanta confianza con alguien que acababa de conocer.
La noche fue larga. Fue suave. Fue intensa. Fue perfecta.
Al amanecer, lo primero que sintió fue un dolor de cabeza terrible. Lo segundo, que estaba desnudo y solo. Se incorporó, miró a su alrededor: botellas vacías, ropa desordenada. En la bandeja junto a la cama, un desayuno elegante, pastillas para la resaca... y mil baht.
—¿Qué diablos...?
Tocaron la puerta.
—Servicio de habitación —dijo una voz al otro lado—. El caballero dejó esto preparado para usted. Todo está pagado.
Phuwin no sabía si agradecer o gritar. Se sentó con la cabeza entre las manos.
—Ni siquiera sé su nombre completo... ¿Naravit qué?
Tomó el desayuno como pudo, agradeció al mayordomo, se metió a bañar y llamó a sus amigos.
—¿Dónde estás? —preguntó Fourth, al borde del colapso.
—En un hotel... elegante... no me juzguen.
Satang intervino entre risas.
—¿Mil baht? ¿Eso fue mucho o poco por una noche?
—¡Idiotas! —gritó Phuwin, cerrando la llamada mientras su cara se ponía roja.
En el espejo, aún con gotas en la piel, se quedó mirando por largo rato su reflejo.
No lo sabía, pero dentro de su cuerpo ya latía algo nuevo.
Una vida.
Un recuerdo que no tendría apellido.
Y una historia que apenas estaba comenzando.







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