La cancion del abismo.

(Antigua balada marítima, cantada en los puertos del sur por los marineros antes de adentrarse en la niebla)
En los mares donde el agua se vuelve ceniza,
donde el sol no despierta y el viento no avisa,
yace una tierra que el mapa tragó,
un reino de huesos que la sal coronó.
Nosotros, las bestias de fango y de escama,
sabemos qué monstruo en la bruma los llama.
No es una ninfa de llanto ni mar,
es la dueña helada de aquel yermo hogar.
Piel de porcelana y ojos de invierno,
cabello de plata en un reino terno.
Lleva en el cuello la piedra y la perla,
pero nadie ha vivido para sostenerla.
A su orilla desembarcan con capa y acero
los hombres que buscan rendirla primero.
Soldados de hierro, de orgullo y de guerra,
que pisan con furia su antigua tierra.
Pero ella no huye, ni pide piedad;
les abre la puerta de su soledad.
Les sirve la copa, les muestra el hogar,
mientras bajo la piel el peligro empieza a velar.
Y cuando siente el hambre, la vil intención,
la podredumbre que oculta cada corazón,
pronuncia el mandato con voz de sentencia,
despojando a los hombres de toda apariencia:
«Muestren la bestia que llevan por dentro,
dejen la carne y caigan al centro».
Se escucha el chasquido del hueso quebrar,
el estallido seco que hace temblar.
La columna se dobla, los hombros ceden,
los gritos humanos en la noche se pierden.
Garras por manos, colmillos por voz,
pagando el engaño de forma atroz.
Pero no es la única bestia que acecha en la nada.
Cuentan las olas que hay una sombra marcada.
Un cazador alado de manto oscuro,
que camina entre vivos guardando un muro.
Un ser hecho de noche, de espionaje y dolor,
que viste ropajes de paz y honor,
pero lleva en las venas el mismo veneno:
la rabia salvaje de un abismo ameno.
Un monstruo que finge pertenecer a la luz,
cargando en silencio su propia cruz,
mientras sus sombras susurran en la oscuridad
que pertenece a la tierra de la crueldad.
Porque un ser de la noche no busca las flores,
ni la calidez de falsos amores.
La sombra siempre busca la sombra más fría,
la chispa arcanas que la noche cría.
El día llegará en que la bruma se abra,
cuando el cazador escuche la palabra.
Volará sobre el mar de las bestias perdidas,
siguiendo las huellas de almas rendidas.
Se encontrará la sombra con la bruja de sal,
dos monstruos mirándose en la noche final.
Sin mantos, sin disfraces, sin lealtad que mentir,
unidos por el hambre de no sucumbir.
Así que no navegues a la tierra de Pyasque,
ni permitas que la niebla tu barco atranque.
Pues si la bruja y la sombra se llegan a unir,
no habrá reino en el mundo que pueda sobrevivir.








