Único
La primera vez que Lewis vio a George, sintió que el mundo a su alrededor se volvía extrañamente silencioso. Había algo en él que lo atrapó de inmediato. Sus ojos verdes observaban distraídamente el exterior de la cafetería, su piel clara resaltaba bajo la luz que entraba por los ventanales y algunos mechones de su cabello castaño claro caían sobre su frente mientras sostenía una taza de café entre las manos.
Lewis permaneció inmóvil unos segundos, contemplándolo desde la distancia. No era propio de él quedarse mirando a un desconocido, pero había algo en aquel joven que lo hacía imposible de ignorar.
Tomó aire y se acercó a la mesa.
-Disculpa -dijo con una sonrisa amable-. ¿Podrías decirme qué hora es?
George levantó la vista y sus ojos verdes se encontraron con los de Lewis. Durante un instante, ambos parecieron olvidarse de todo lo demás.
-Claro -respondió mirando su reloj-. Son las diez y veinte.
-Gracias -contestó Lewis, aunque en realidad ya sabía la hora.
George arqueó una ceja y soltó una pequeña risa.
-¿Seguro que no podías verla en tu teléfono?
Lewis bajó la mirada hacia el aparato que llevaba en la mano y luego volvió a observarlo, algo avergonzado.
-Me descubriste.
-Entonces, ¿cuál era la verdadera razón para preguntar?
El moreno sonrió.
-Quería encontrar una excusa para hablar contigo.
Las mejillas de George adquirieron un ligero tono rosado.
-Vaya... al menos eres honesto.
-Intento serlo -respondió Lewis tomando valor-. Soy Lewis.
-George.
-Mucho gusto, George.
-Lo mismo digo.
La conversación continuó con una naturalidad inesperada.

Un año después, Lewis y George se casaron en una pequeña capilla ubicada a las afueras de Northamptonshire. No hubo una gran celebración ni cientos de invitados. La ceremonia fue sencilla, íntima y llena de significado. Solo algunos amigos cercanos asistieron para acompañarlos en uno de los días más importantes de sus vidas.
La ausencia de sus familias era imposible de ignorar. Los padres de George nunca habían aprobado la relación. Consideraban que él provenía de una familia respetable y acomodada, mientras que Lewis pertenecía a un entorno mucho más humilde. Para ellos, aquella diferencia social era suficiente motivo para oponerse a la unión.
La familia de Lewis tampoco había apoyado completamente la relación. Muchos pensaban que George terminaría abandonándolo tarde o temprano, incapaz de renunciar a los privilegios con los que había crecido.
Sin embargo, ni los prejuicios ni las críticas lograron separarlos.
Cuando llegó el momento de intercambiar los votos, George sostuvo las manos de Lewis con firmeza mientras contenía las lágrimas.
-No me importa lo que digan los demás -susurró-. Te elegiría una y otra vez.
Lewis sonrió emocionado.
-Y yo a ti. Eres lo mejor que me ha pasado.
Tras pronunciar el esperado "sí, acepto", ambos sellaron su promesa con un beso que arrancó aplausos y algunas lágrimas entre sus amigos.
Poco tiempo después de la boda, decidieron comenzar una nueva etapa lejos de todo aquello que había intentado separarlos. Se mudaron a Sussex, donde compraron una acogedora casa rodeada de campos verdes y caminos tranquilos. No era una mansión ni una propiedad lujosa, pero tampoco era pequeña. Era lo suficientemente grande para construir los sueños que compartían.
Las mañanas allí transcurrían entre tazas de café, desayunos apresurados y conversaciones tranquilas en la cocina. Por primera vez en mucho tiempo, ambos sentían que podían vivir en paz.
Aquella casa no estaba llena de riquezas, pero sí de algo mucho más valioso: amor, confianza y la certeza de que, después de todo lo que habían enfrentado, finalmente estaban donde pertenecían.

Seis meses después de su boda, la tranquilidad de la casa se vio acompañada por una serie de cambios inesperados. Cada mañana, George despertaba con mareos y fuertes náuseas que parecían empeorar con el paso de los días.
-Creo que algo no está bien... -murmuró una mañana, apoyándose en el lavabo mientras intentaba recuperar el aliento.
Lewis lo observó preocupado.
-¿Quieres que vayamos al médico? Amor.
George negó con la cabeza, aunque una sospecha comenzaba a formarse en su mente.
Ese mismo día compraron una prueba de embarazo.
Ambos permanecieron en silencio mientras esperaban el resultado. Los segundos parecieron eternos hasta que George salió del baño sosteniendo la pequeña prueba entre las manos temblorosas.
-Lewis...amor
El moreno levantó la vista.
-¿Qué pasó?
George le mostró el resultado.
Positivo.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló. Luego Lewis sintió que las lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas.
-¿Vamos a ser padres? -preguntó con la voz quebrada.
George asintió mientras lloraba también.
-Vamos a ser padres.
Lewis lo abrazó con fuerza, escondiendo el rostro en su cuello.
-Te amo... los amo a los dos.
Los primeros meses estuvieron llenos de ilusión, visitas médicas y planes para el futuro. Sin embargo, dos meses después recibieron noticias preocupantes.
Sentados frente a la doctora, ambos escuchaban atentamente.
-El embarazo presenta algunas complicaciones -explicó la mujer con seriedad-. Es un embarazo de alto riesgo. George tendrá que cuidarse mucho más de lo habitual. Necesitará reposo, controles constantes y evitar cualquier esfuerzo innecesario.
George bajó la mirada hacia su vientre.
-¿Mi bebé estará bien?
-Haremos todo lo posible para que así sea -respondió la doctora-. Pero debemos ser muy cuidadosos.
Desde aquel día, Lewis se volvió aún más protector. Se encargaba de las tareas del hogar, preparaba la comida, acompañaba a George a cada consulta y permanecía atento a cualquier cambio.
Los meses continuaron avanzando y el vientre de George creció poco a poco.
Una tarde, mientras acomodaban la habitación del bebé, comenzaron a discutir posibles nombres.
-¿Y si es niño? -preguntó Lewis.
George sonrió mientras acariciaba su vientre.
-Me gusta Kimi.
-Kimi Hamilton-Russell... suena perfecto.
-¿Y si es niña?
Lewis pensó unos segundos.
-Doraine.
George asintió.
-Entonces será Kimi o Doraine.
La espera estuvo llena de esperanza, pero el pequeño decidió llegar antes de tiempo.
Una noche, varias semanas antes de la fecha prevista, George comenzó a sentir fuertes dolores.
El parto fue complicado y agotador.
Cuando finalmente terminó, los médicos trasladaron al recién nacido de inmediato a la unidad neonatal.
-¿Mi bebé? -preguntó George débilmente.
-Está vivo -respondió una enfermera-. Pero nació prematuro. Necesitará permanecer en incubadora.
El pequeño Kimi había llegado al mundo siendo un bebé sietemesino.
Los días siguientes fueron difíciles. Cada mañana, Lewis y George acudían al hospital para verlo. Permanecían largos minutos junto a la incubadora observando a aquel diminuto niño que luchaba con valentía.
George apoyaba suavemente una mano sobre el cristal.
-Hola, pequeño... papi está aquí.
Kimi era tan pequeño que la visión le rompía el corazón.
Una tarde, mientras George descansaba en una silla cercana, Lewis se quedó observando a su hijo.
El bebé dormía conectado a varios monitores que emitían suaves pitidos constantes.
Lewis acercó una mano al cristal.
-No importa cuántos obstáculos haya en el camino -susurró-. Te protegeré siempre.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Voy a cuidarte de todo lo malo que exista en este mundo, Kimi. Te lo prometo.

El tiempo había pasado más rápido de lo que cualquiera de ellos hubiera imaginado. Aquel pequeño bebé que una vez luchó por sobrevivir en una incubadora ahora era un joven de diecinueve años.
La cocina estaba llena del aroma a café recién hecho y pan tostado. George leía tranquilamente el periódico mientras Lewis preparaba el desayuno. Kimi observaba a sus padres desde su asiento, removiendo distraídamente el contenido de su taza.
Parecía nervioso.
Muy nervioso.
George fue el primero en notarlo.
-¿Sucede algo? Cariño Llevas diez minutos revolviendo el mismo café.
Kimi levantó la vista.
-¿Yo?
-Sí, tú -respondió Lewis sentándose frente a él-. Tienes la misma cara que ponías cuando escondías malas calificaciones.
-¡Solo pasó una vez!
-Tres veces -corrigieron ambos padres al mismo tiempo.
Kimi soltó una risa nerviosa.
-Bueno... en realidad quería decirles algo.
Lewis y George intercambiaron una mirada.
-Nos estás asustando -dijo George.
-No es nada malo.
-Entonces dilo -contestó Lewis.
Kimi respiró profundamente.
-Tengo novio.
El silencio que siguió fue tan repentino que hasta el reloj de la cocina pareció sonar más fuerte.
George fue el primero en reaccionar.
-¿Tienes novio?
-Sí.
-¿Desde cuándo? -preguntó Lewis.
Kimi tragó saliva.
-Desde hace tres años.
Lewis dejó caer lentamente su taza sobre la mesa.
-¿Tres años?
-Sí...
-¿Tres años completos?
-Sí.
-¿Treinta y seis meses?
-Papá...
-¿Mil noventa y cinco días aproximadamente?
George tuvo que morderse los labios para no reír.
Kimi se cubrió el rostro con las manos.
-Sabía que esta sería la reacción.
Lewis parecía genuinamente horrorizado.
-¿Cómo que tres años? ¿Dónde estaba yo?
-En casa y trabajando.
-¡Exacto! ¿Cómo no me enteré?
George finalmente soltó una carcajada.
-Porque eres demasiado sobreprotector, amor.
-No soy sobreprotector.
Kimi y George lo miraron en silencio.
-Está bien, tal vez un poco.
-Papá, cuando tenía quince años interrogaste a un compañero porque me acompañó hasta la puerta.
-Parecía sospechoso.
-Solo me devolvió un lápiz.
-Nunca se sabe.
George negó con la cabeza.
-Cariño, una vez investigaste a un profesor porque te pareció demasiado amable con Kimi.
-Seguía pareciéndome sospechoso, no me iba arriesgar.
-Era mi profesor de literatura -protestó Kimi.
Lewis cruzó los brazos.
-Mi punto sigue siendo válido.
Kimi soltó una pequeña risa antes de ponerse serio.
-Por eso no se los dije.
Lewis lo observó atentamente.
-¿Pensaste que me molestaría?
-No exactamente. Pensé que entrarías en modo guardaespaldas.
George sonrió.
-No está equivocado.
Lewis resopló.
-Quizá habría investigado un poco.
-¿Un poco?
-Está bien, mucho.
Los tres terminaron riendo.
Después de unos segundos, Lewis extendió una mano sobre la mesa.
-Lo único que me importa es que seas feliz.
Kimi parpadeó sorprendido.
-¿De verdad?
-Claro que sí. Siempre que te trate bien.
-Lo hace.
-Que te respete.
-Lo hace.
-Que te quiera.
La sonrisa de Kimi se volvió más cálida.
-También lo hace.
Lewis asintió lentamente.
-Entonces quieremos conocerlo.
George sonrió al ver el alivio en el rostro de su hijo.
-¿Cómo se llama?
Kimi dudó unos segundos.
-Bueno... esa es la segunda parte de la conversación.
Lewis entrecerró los ojos.
-¿Por qué siento que voy a necesitar otro café?
-Porque probablemente sí.
George soltó una carcajada mientras Kimi se reía nerviosamente antes de que dijera su nombre.
-Se llama Oliver Sainz Leclerc -dijo Kimi mientras terminaba su desayuno-. Es un chico muy guapo... amable, inteligente y...
George sonrió al ver cómo los ojos de su hijo brillaban al hablar de él.
-Me alegra verte tan feliz, cariño.
En cambio, Lewis permaneció completamente serio.
Demasiado serio.
Kimi lo observó con nerviosismo.
-Papá...
-Estoy procesándolo.
-Solo tiene novio, amor -intervino George divertido.
-Exactamente. Tiene novio.
-Y eso es algo bueno.
Lewis murmuró algo ininteligible antes de tomar un sorbo de café.
George decidió intervenir antes de que la situación empeorara.
-¿Por qué no lo invitas a cenar esta noche?
Los ojos de Kimi se iluminaron.
-¿De verdad?
-Claro.
-Le escribiré ahora mismo.
George sonrió.
-Perfecto.
Kimi se levantó rápidamente, tomó su mochila y besó la mejilla de ambos.
-Los quiero.
-Nosotros también te queremos -respondió George.
-Conduce con cuidado -añadió Lewis automáticamente.
-Voy caminando.
-Entonces camina con cuidado.
-Papá...
-Solo digo.
Kimi soltó una carcajada antes de salir de la casa.
Cuando la puerta se cerró, un profundo silencio se instaló en la cocina.
George continuó bebiendo café mientras Lewis permanecía mirando el asiento vacío de su hijo.
Finalmente habló.
-¿Cómo puede ser posible, amor?
George levantó una ceja.
-¿Qué cosa?
-Un chico quiere quitarnos a nuestro hijo.
George soltó una carcajada tan fuerte que casi derrama el café.
-Nadie nos está quitando a Kimi.
-Claro que sí.
-Lewis...
-Primero empiezan saliendo, luego pasan más tiempo juntos y después...
-¿Después qué?
-Después ya no necesita a sus padres.
George negó con la cabeza, divertido.
-Corazón, eso no funciona así.
Lewis suspiró profundamente.
-Lo sé... pero no me gusta.
George dejó la taza sobre la mesa.
-¿Recuerdas cómo nos conocimos?
La expresión de Lewis cambió ligeramente.
-Claro que lo recuerdo.
-Te acercaste a preguntarme la hora cuando claramente ya sabías qué hora era.
-Fue una estrategia brillante.
-Fue una excusa terrible.
Lewis sonrió por primera vez.
-Funcionó.
-Exacto. Pues algo parecido pasó con ellos.
Lewis bajó la mirada hacia sus manos.
La sonrisa desapareció lentamente.
-Aún recuerdo a Kimi en aquella incubadora.
George guardó silencio.
-Era tan pequeño... -continuó Lewis con voz baja-. Tenía miedo de tocarlo. Miedo de que dejara de respirar. Miedo de perderlo.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
-Pasé meses preguntándome si estaría bien, si crecería sano, si podría protegerlo.
George se levantó de su silla y rodeó la mesa.
-Lewis...
-Y ahora tiene diecinueve años -dijo con una pequeña risa triste-. Tiene novio, planes propios y una vida que ya no gira alrededor de nosotros.
George apoyó una mano sobre su hombro.
-Eso significa que hicimos bien nuestro trabajo.
Lewis permaneció en silencio.
-Tengo miedo de que el mundo lo lastime -confesó finalmente-. No puedo evitarlo.
George se inclinó para abrazarlo.
-Lo sé.
Lewis apoyó la frente contra su pecho.
-Solo quiero que sea feliz.
-Y lo será.
-¿Y si le rompen el corazón?
-Entonces estaremos aquí para ayudarlo a levantarse.
-¿Y si sufre?
-También estaremos aquí.
Lewis cerró los ojos.
George acarició suavemente su cabello.
-Nos has cuidado durante toda nuestra vida juntos. Me cuidaste a mí durante el embarazo. Cuidaste a Kimi desde antes de que naciera. Nunca has dejado de protegernos.
Lewis sonrió débilmente.
-Intento hacerlo.
-Y lo haces muy bien.
George tomó su rostro entre las manos.
-Pero tienes que seguir adelante, amor. Nuestro hijo ya creció.
Lewis soltó una pequeña risa.
-Lo sé.
-De hecho, creció tanto que logró ocultarnos un novio durante tres años.
-Sigo sin superar eso.
-Yo tampoco.
Ambos comenzaron a reír.
George besó su frente.
-Esta noche conoceremos a Oliver.
-Voy a interrogarlo.
-No, Lewis.
- Lo haré con mucha tranquilidad.
-No, cariño en serio.
-Con mucha educación.
George negó con la cabeza.
-Pobre muchacho.
-Si sobrevivió tres años con Kimi, probablemente sobreviva a una cena conmigo.

La noche llegó y el timbre resonó por toda la casa.
George fue a abrir la puerta y encontró a Kimi junto a un joven de piel clara, ojos cafés y cabello claro. Ambos estaban tomados de la mano.
-Aquí están -dijo George con una sonrisa amable-. Bienvenido, Oliver. Pasen, la cena ya está casi lista.
-Muchas gracias, señor Russell -respondió Oliver educadamente.
-George está bien.
Kimi sonrió y entró junto a su novio.
Desde el comedor, Lewis los observaba en silencio.
Su expresión era imposible de descifrar.
Kimi se acercó despacio.
-Papá... él es Oliver.
Oliver extendió la mano.
-Es un gusto conocerlo, señor Hamilton.
Lewis estrechó la mano del muchacho y apenas esbozó una pequeña sonrisa.
-Siéntate, muchacho.
Kimi sintió un escalofrío.
Conocía perfectamente ese tono.
Todos se sentaron a la mesa y durante unos minutos la conversación fue tranquila. Sin embargo, apenas comenzaron a servir la comida, Lewis apoyó los cubiertos sobre la mesa.
-Entonces, Oliver.
-Sí, señor.
-¿Qué edad tienes?
-Diecinueve.
-¿Calificaciones?
Kimi casi se atragantó con el agua.
-¡Papá!
-¿Qué? Estoy conversando.
-No, lo estás entrevistando.
Oliver intentó mantenerse tranquilo.
-Mis notas son bastante buenas.
-¿Bastante buenas significa sobresalientes o significa que sobrevives por milagro?
-Lewis... -advirtió George.
-Sobresalientes -respondió Oliver.
Lewis asintió.
-Bien.
Kimi respiró aliviado.
Duró exactamente tres segundos.
-¿Y qué piensas hacer después de graduarte?
-Quiero estudiar ingeniería.
-¿Y cómo planeas mantener una relación mientras estudias?
-Papá...
-Estoy haciendo preguntas razonables.
-No lo estás haciendo.
Oliver respondió antes de que la discusión continuara.
-Organizándome.
-¿Y si no funciona?
-Buscaré otra solución.
-¿Y si vuelves a fallar?
-Buscaré otra.
Lewis lo observó fijamente.
-Eres terco.
-Un poco.
-Se nota.
George se masajeó las sienes.
-Lewis...
Pero el moreno continuó.
-¿Cuántas veces han salido?
-Muchas.
-¿Cuántas son muchas?
-Papá, por favor.
-Kimi, estoy hablando con Oliver.
-¡Sobre mi vida!
-Exactamente.
Kimi cerró los ojos.
Oliver permaneció sorprendentemente calmado.
-Llevamos tres años juntos.
-Lo sé.
-Entonces sabe que nunca le he faltado al respeto.
Lewis permaneció en silencio.
-¿Lo amas?
La pregunta cayó sobre la mesa como una piedra.
Oliver miró a Kimi.
-Sí.
-¿Cuánto?
-Lo suficiente para quedarme a su lado incluso cuando tenga días malos.
Kimi sonrió involuntariamente.
-¿Y si le rompes el corazón?
-No pienso hacerlo.
-Eso no responde mi pregunta.
Oliver sostuvo la mirada.
-Si alguna vez lo lastimara, haría todo lo posible por reparar el daño.
Lewis asintió lentamente.
Pero el ambiente ya estaba tenso.
Kimi apenas habló durante el resto de la cena.
Cuando finalmente terminó la velada, Oliver se despidió de todos.
-Gracias por invitarme.
-Fue un placer, cariño -dijo George.
-Cuídate -añadió Lewis.
Oliver sonrió educadamente.
-Buenas noches.
Kimi acompañó a su novio hasta la puerta y regresó con el ceño fruncido.
-¿Qué ocurre? -preguntó George.
-¿Qué ocurre? ¿En serio?
Lewis levantó la vista.
-Kimi...
-No, papá. ¿Por qué tuviste que actuar así?
-Solo quería conocerlo.
-Parecía un interrogatorio policial.
-Solo estaba siendo cuidadoso.
-¡Llevamos tres años juntos!
La discusión terminó cuando Kimi se marchó molesto hacia su habitación.
El silencio llenó la sala.
George fue el primero en hablar.
-Habíamos quedado en que no ibas a hacer eso.
-Solo intentaba protegerlo.
-Lewis, ya no tiene cinco años.
-Lo sé.
-Entonces empieza a actuar como si lo supieras.
Lewis suspiró.
George se cruzó de brazos.
-Sube y discúlpate.
-George...
-Ahora.
Lewis sabía que su esposo tenía razón.
Con resignación, subió las escaleras.
Al llegar a la habitación de Kimi encontró la puerta entreabierta.
Iba a tocar cuando escuchó una voz proveniente del interior.
Era Oliver.
-Kimi... ¿tu papá me odia?
Lewis se quedó inmóvil.
Dentro de la habitación, Kimi soltó una pequeña risa.
-No.
-No parecía precisamente feliz de verme.
-Créeme, si te odiara lo sabrías.
Oliver rio.
-Eso no me tranquiliza mucho.
-Ollie, mi papá es así. Especialmente conmigo.
-¿Así cómo?
-Sobreprotector.
Hubo unos segundos de silencio.
-¿Siempre ha sido así?
-Desde que tengo memoria.
La voz de Kimi se volvió más suave.
-Cuando nací tuvieron miedo de perderme. Mi papá nunca superó del todo ese miedo.
Lewis sintió un nudo en la garganta.
-Él me quiere muchísimo -continuó Kimi-. A veces demasiado.
-Entonces no me odia.
-No. Solo le cuesta aceptar que crecí.
Lewis bajó la mirada.
Las palabras de su hijo le golpearon más fuerte que cualquier discusión.
Le costaba aceptar que había crecido.
Porque para él, Kimi seguía siendo aquel pequeño bebé conectado a máquinas, luchando por respirar.
Pero ya no era ese bebé.
Era un joven de diecinueve años.
Tenía sueños.
Tenía decisiones propias.
Y tenía a alguien a quien amaba.
Lewis apoyó una mano sobre la pared y cerró los ojos.
Por primera vez comprendió que su miedo, aunque nacía del amor, estaba comenzando a herir a la persona que más quería proteger.
Y esa idea le dolió más que cualquier otra cosa.
Tras unos segundos, respiró profundamente, levantó la mano y llamó suavemente a la puerta.
-¡Adelante! -gritó Kimi desde el interior de la habitación.
Lewis abrió la puerta despacio.
Kimi estaba acostado boca abajo sobre la cama, sosteniendo el celular entre las manos. Sus ojos todavía estaban ligeramente rojos por la discusión anterior.
Por unos segundos ninguno dijo nada.
Lewis cerró la puerta detrás de él.
-¿Puedo sentarme?
Kimi se incorporó un poco.
-Claro.
Lewis tomó asiento en el borde de la cama.
Por primera vez en mucho tiempo parecía inseguro.
-Quiero disculparme por cómo traté a tu novio, hijo.
Kimi bajó la mirada.
-Papá...
-No, déjame terminar.
El joven guardó silencio.
Lewis respiró profundamente.
-No fue justo para Oliver. Ni para ti.
-Solo estabas preocupado.
-Eso no lo justifica.
Kimi levantó la vista.
Lewis tenía los ojos brillantes.
-Escuché parte de tu conversación.
-¿Estabas escuchando?
-No era mi intención.
Kimi suspiró.
-Entonces escuchaste lo que dije.
Lewis asintió.
-Escuché que te cuesta entender por qué sigo viéndote como si fueras pequeño.
La voz comenzó a quebrársele.
-Y es verdad.
Kimi sintió un nudo en la garganta.
Lewis sonrió con tristeza.
-Porque para mí siempre serás ese bebé diminuto que apenas cabía en mis brazos.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.
-Todavía recuerdo la incubadora. Todavía recuerdo quedarme despierto por las noches preguntándome si ibas a estar bien.
Kimi sintió cómo sus propios ojos comenzaban a humedecerse.
-Papá...
-Y de repente tienes diecinueve años.
Lewis soltó una pequeña risa.
-No entiendo cómo pasó tan rápido.
Kimi dejó el teléfono a un lado.
-Yo tampoco.
Lewis lo miró.
-Cuando te vi entrar tomado de la mano con Oliver... me di cuenta de que ya no eres un niño.
Una lágrima rodó por su mejilla.
-Y me dio miedo.
Kimi se acercó un poco más.
-¿Miedo de qué?
-De que te lastimen.
-Papá...
-De que llores y yo no pueda arreglarlo. De que te rompan el corazón. De que algún día ya no me necesites.
La última frase salió apenas en un susurro.
Kimi sintió que el corazón se le encogía.
-Siempre voy a necesitarte.
Lewis bajó la cabeza.
-No de la misma forma.
-Tal vez no.
El silencio llenó la habitación.
Entonces Kimi tomó la mano de su padre.
-Pero siempre vas a ser mi papá.
Lewis levantó la mirada.
-Cuando era pequeño me enseñaste a andar en bicicleta.
Kimi sonrió entre lágrimas.
-Corriste detrás de mí durante semanas.
Lewis soltó una pequeña carcajada.
-Te caías mucho.
-Y tú siempre me levantabas.
Ambos rieron.
-Cuando tenía pesadillas ibas a mi cuarto.
-Porque te daban miedo los monstruos.
-Y ahora sigues haciéndolo.
Lewis parpadeó confundido.
-¿Qué?
-Sigues ahuyentando monstruos.
La sonrisa de Kimi se volvió más cálida.
-Solo que ahora los monstruos son diferentes.
Lewis sintió que las lágrimas finalmente escapaban.
-Hijo...
-No importa cuántos años tenga. Siempre voy a querer que estés conmigo.
Eso fue suficiente.
Lewis rompió a llorar.
Kimi también.
Y por primera vez en mucho tiempo, padre e hijo se abrazaron como cuando Kimi era pequeño.
Lewis rodeó a su hijo con los brazos mientras intentaba contener los sollozos.
-Te quiero mucho.
-Yo también te quiero, papá.
Desde el pasillo, George observaba la escena con lágrimas en los ojos y una sonrisa llena de amor.
Aquellos dos siempre habían compartido un vínculo especial.
Después de varios minutos, Lewis se separó un poco y se secó las lágrimas.
-Bueno.
-¿Bueno? -preguntó Kimi con una pequeña risa.
-Creo que he llorado suficiente por una noche.
-Eso creo.
Lewis tomó aire.
-Invita otra vez a Oliver.
Kimi lo miró sorprendido.
-¿En serio?
-Sí.
-¿Seguro?
-Completamente seguro.
Kimi arqueó una ceja.
-¿No vas a interrogarlo?
-Intentaré no hacerlo.
-Papá...
-Lo juro.
-No te creo.
Lewis soltó una carcajada.
-Está bien, tal vez una o dos preguntas.
-¡Papá!
-Preguntas normales.
-¿Normales para ti o para el resto de la humanidad?
George finalmente entró a la habitación riéndose.
-Esa es una pregunta excelente.
Los tres terminaron riendo.
Lewis pasó un brazo por los hombros de su hijo.
-Quiero disculparme con él.
-Le va a gustar escuchar eso.
-Y quiero darle una oportunidad.
Kimi sonrió.
-Gracias, papá.
Lewis besó su cabeza como había hecho toda la vida.
-Si te hace feliz, entonces yo también quiero conocer al muchacho que logró enamorar a mi hijo.
Kimi apoyó la cabeza en su hombro.

Al día siguiente, cuando cayó la noche, el timbre volvió a sonar.
Esta vez fue Lewis quien abrió la puerta.
Al otro lado estaban Kimi y Oliver, tomados de la mano como la noche anterior.
Kimi parecía algo nervioso.
Oliver también.
Lewis los observó durante unos segundos.
Luego sonrió.
Una sonrisa sincera.
-Buenas noches.
Ambos jóvenes parecieron sorprendidos.
-Buenas noches, señor Hamilton -respondió Oliver.
Lewis negó con la cabeza.
-Lewis.
Oliver sonrió.
-Buenas noches, Lewis.
-Pasen.
Kimi intercambió una mirada con su novio antes de entrar.
Aquello ya iba mejor que la noche anterior.
Poco después los cuatro se encontraban en la sala. George estaba sentado junto a Lewis y el moreno lo abrazaba por la cintura mientras conversaban tranquilamente con los chicos.
La tensión del día anterior parecía haberse evaporado.
Hablaron de la universidad, de películas, de música y de algunas anécdotas vergonzosas de la infancia de Kimi que George compartió encantado.
-¡Papá! -protestó Kimi mientras se cubría el rostro.
George reía.
-Todavía tengo fotos.
-¡No te atrevas!
-Ahora quiero verlas -dijo Oliver divertido.
-Traidor.
Las risas llenaron la sala.
Lewis observó la escena en silencio durante unos segundos.
Después dirigió su mirada hacia Oliver.
-Ollie.
Oliver levantó la vista.
-¿Sí?
-Espero que no te moleste que te llame así.
-No, para nada.
Lewis asintió lentamente.
-Bien.
El ambiente se volvió un poco más serio.
Kimi miró a su padre.
George apoyó una mano sobre la de su esposo.
Lewis tomó aire.
-Quisiera disculparme por lo de ayer.
Oliver permaneció en silencio.
-Me comporté como un tonto.
-Lewis... -murmuró George.
-Es verdad.
El moreno bajó la mirada un instante antes de volver a hablar.
-Fui injusto contigo desde el momento en que cruzaste la puerta.
Oliver escuchaba atentamente.
-No te di la oportunidad de mostrar quién eres realmente.
Kimi sintió un nudo en la garganta.
Lewis sonrió con cierta vergüenza.
-Supongo que me dejé llevar por mis propios miedos.
Oliver observó cómo el hombre apretaba un poco más la mano de George.
-Solo quiero que mi Kimi sea feliz.
Aquellas palabras hicieron sonrojar al joven inmediatamente.
-Papá...
-Déjame terminar.
Kimi resopló.
George sonrió.
-Adelante.
Lewis volvió a mirar a Oliver.
-Pasé gran parte de mi vida preocupado por él.
Su voz se suavizó.
-Desde antes de que naciera.
Oliver conocía la historia de la incubadora.
Kimi se la había contado muchas veces.
-Y creo que olvidé que ya no es un niño.
-Lo entiendo -respondió Oliver.
Lewis pareció sorprendido.
-¿Lo entiendes?
Oliver asintió.
-Si algún día tuviera un hijo, probablemente sería igual.
George soltó una pequeña carcajada.
-Créeme, nadie puede ser igual que Lewis.
-Eso es imposible -añadió Kimi.
Todos rieron.
Oliver sonrió antes de continuar.
-Pero entiendo lo que siente.
Lewis lo observó atentamente.
-No estoy aquí para alejar a Kimi de ustedes.
El silencio llenó la sala.
-Nunca lo haría.
Kimi tomó la mano de Oliver.
-Ellos son su familia.
Oliver apretó suavemente sus dedos.
-Y siempre lo serán.
Los ojos de George se humedecieron.
Lewis permaneció callado durante varios segundos.
Finalmente sonrió.
-Bien.
-¿Bien? -preguntó Kimi.
-Bien.
-¿Eso significa que ya no lo vas a interrogar?
Lewis lo pensó unos segundos.
-Eso significa que reduciré los interrogatorios.
-¡Papá!
-Es un avance enorme.
George comenzó a reír.
Oliver también.
-Lo aceptaré como una victoria parcial -dijo el rubio.
Lewis extendió una mano hacia él.
-¿Amigos?
Oliver sonrió y estrechó su mano.
-Amigos.
Kimi observó la escena con una enorme sonrisa.
Durante años había tenido miedo de que aquel momento nunca llegara.
Y ahora, sentado entre las tres personas más importantes de su vida, sintió que algo finalmente encajaba.
George apoyó la cabeza en el hombro de Lewis y contempló a su familia.
Su esposo.
Su hijo.
Y el joven que hacía feliz a su hijo.
Por primera vez, la casa se sintió completa.
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One shot que tenía en borradores espero que lo disfruten... 🤭
Abril 💜








