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Ese puesto es mío, señor Wheeler - Karen Wheeler

Summary

En Hawkins, nada parece fuera de lugar, una casa tranquila, una familia perfecta y un esposo que siempre llega tarde; pero cuando un desconocido cruza el umbral de los Wheeler, algo empieza a moverse en silencio, no es un escándalo, no es un error inmediato. Es una presencia constante, demasiado atenta y demasiado cercana. Karen Wheeler siente que algo se le escapa de las manos, aunque finge no notarlo, porque hay secretos que no gritan. Solo esperan y cuando Hawkins duerme, alguien más ocupa su lugar.

Status
1mo ago
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

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Ese puesto es mío, señor Wheeler

◆━━━━━━━◆💍◆━━━━━━━◆


Hawkins era un pueblo que parecía detenido en el tiempo, calles tranquilas, casas idénticas, cercas blancas y una calma que, para muchos, resultaba reconfortante y para otros, asfixiante. Aquella tarde, el cielo estaba cubierto por nubes grises y el aire cargado anunciaba lluvia, aunque nunca terminaba de caer, era uno de esos días en los que el mundo parecía contener la respiración. Karen Wheeler estaba en la cocina, secándose las manos con un paño mientras observaba el reloj, Ted aún no regresaba del trabajo, Nancy seguía encerrada en su habitación y Mike llevaba horas fuera con su bicicleta y Holly dormía en el sofá, abrazando un peluche casi tan grande como ella. Karen suspiró, a sus treinta y dos años, su vida parecía perfectamente ordenada desde fuera, esposa dedicada, madre presente, ama de casa impecable; pero en el silencio de la casa, cuando nadie la miraba, sentía una inquietud constante, una sensación de vacío que no sabía cómo nombrar. Ted era un buen hombre, predecible, correcto; pero distante, demasiado distante.

Recordaba como si fuera hace una semana, que Ted estaba muy animado; pero ella no, queria tener íntimidad con su amada esposa, esta solo quiso seguir tomando su rol como esposa, complacer a su esposo, en ese momento mientras el la follaba por detrás, mientras su mente divagaba como aguas claras y silenciosas, sintiendo un vacío enorme en su estamago y su corazón solo latía con normalidad, de vez en cuando acelerandose por los choques carnales que provocaba su marido, se pregunto en esos segundos del sexo “¿Por qué ya no siento emoción como antes?” “¿Cómo llegue ha estar así?” “¿Estoy dañada?” “¿Es mi culpa acaso?“, rondaba eso por su mente que la torturaba, sin saber la verdadera respuesta de cual es la razón, de su nuevo comportamiento. Recordaba como se quedo metida en sus pensamientos, que no sintío cuando Ted había llegado al climax dentro suyo llenandola, solo volteandolo a ver con una sonrisa sin ningún rastro de indiferencia.

Ella haría lo que fuera para que su familia estuviera complacida, segura y feliz, tuvo que casarse jóven, en esos tiempos, cuando son jovenes se enamoraban rápido, queriendo disfrutar esos momentos llenos de gloria, si así lo sintó en su momento la señora Wheeler; pero un día abrió los ojos dandose cuenta, que tenía que conseguir alguien de conveniencia, así lo recalcaba su madre como disco duro en su mente, buscar estabilidad para su vida y seguridad, conociendo en ese entonces un hombre mayor llamado Ted Wheeler, con un buen trabajo y así formar una familia “Perfecta”, que para ella es que la balanza siempre quede en ambos peso, la familia y economía; pero ¿El amor? se dejaba de lado, solo cumplía los estandares de su época, en esos tiempos una mujer casandose con un hombre con buena estabilidad économica y mayor, era lo mejor del momento.

Un golpe seco en la puerta la sobresaltó, no era un toque educado, sino urgente. Karen dejó el paño sobre la encimera y caminó hacia la entrada con el ceño fruncido. Al abrir, se encontró con un joven que apenas conocía alto, de cabello algo desordenado, con un físico músculoso, no tanto; pero si se notaba la fuerza que cargaba, respirando con dificultad, sostenía a Mike por los hombros, el niño tenía la rodilla ensangrentada y el rostro pálido.


—Señora Wheeler —Dijo el joven con voz tensa—Lo encontré caído cerca del bosque... se cayó de la bicicleta.

El corazón de Karen dio un vuelco—¡Mike! —Exclamó, llevándose una mano al pecho—Dios mío...

Tomó a su hijo de inmediato, revisándolo con manos temblorosas.

—Mamá, estoy bien... —Murmuró Mike, aunque su voz delataba el dolor.

Karen alzó la mirada hacia el joven—Gracias... gracias por traerlo —Dijo sincera—Pasa, por favor.


El chico dudó un segundo antes de asentir y ayudarla a entrar, Karen notó entonces algunos detalles, sus manos firmes, pequeñas raspaduras en sus brazos, tal vez cuando ayudo a su hijo, se lo hizo al tocar una cuerda o cadena de la bicicleta y una calma extraña para alguien tan joven, como si tuviera todo bajo control, sentía su aura pesada no de mala manera; pero como si fuera iluminada como resplandor, sus ojos solo se reflejaban ternura. Tendría ¿Qué? ¿Veinte años? Quizá menos o más, no estaba segura, lo hizo sentarse en la sala mientras llevaba a Mike al baño, lavó la herida con cuidado, tratando de no mostrar su nerviosismo y el joven se quedó de pie en la puerta, observando con atención.


—Hay que limpiar bien la herida y presionar para que deje de sangrar —Dijo él con suavidad— Luego una venda. No parece grave, pero duele.

Karen lo miró, sorprendida—¿Sabes de primeros auxilios?

—Un poco. Mi madre era enfermera. Me enseñó lo básico.


Había algo en su voz tranquilo y seguro,Karen asintió y siguió sus indicaciones; sin embargo de vez en cuando lo miraba de reojo, pasando su mirada en su cuerpo; pero lo apartaba como si fuera un pecado verlo, haciendola tragar en seco y calmando sus nervios, mientras el chico solo miraba atento las manos de la señora Wheeler, en caso de ayudarla o corregirla. Mike, ya más relajado, terminó siendo enviado a su habitación con una advertencia clara de no moverse, él niño solo refunfuño en forma de protesta, aún así hizo caso a su madre, despidiendose del jóven y dandole las gracias por ayudarlo. Cuando Karen regresó a la sala, el joven seguía allí, incómodo, sin saber muy bien si debía quedarse o irse.


—De verdad, muchas gracias —Dijo ella—No sé qué habría hecho si Mike hubiese llegado solo.

—No fue nada, señora Wheeler.

—Karen —Corrigió ella casi sin pensarlo—Por favor.

Él sonrió apenas—Einar Thorsen —Respondió—Vivo a unas calles de aquí.


El silencio se instaló por un momento. Karen lo observó con más atención ahora que la urgencia había pasado. Era joven, sí, pero no parecía un muchacho cualquiera, había algo maduro en su mirada, una seriedad que contrastaba con su edad, su físico era impresionante sin ser grotesco; tenía una constitución atlética que delataba fuerza, pero su porte era relajado, casi casimático y sus ojos tenían un brillo amable que invitaba a la confianza.


—¿Quieres un café? —Preguntó ella, rompiendo el silencio—Es lo menos que puedo hacer.


Einar dudó; pero aceptó. En la cocina, Karen preparó dos tazas mientras él se apoyaba en la encimera, la luz tenue de la tarde entraba por la ventana, bañando el espacio con un tono cálido. Karen se sentía extrañamente consciente de su presencia, de cómo ocupaba el espacio y de cómo la miraba cuando creía que ella no lo notaba.


—Debes pensar que fue imprudente dejar a Mike salir solo —Dijo ella, removiendo el café.

—No —Respondió él—Los niños necesitan libertad. Hawkins parece seguro... o eso creemos.

Karen sonrió con cierta melancolía—Sí... eso creemos.


Se sentaron frente a frente, la conversación fluyó con facilidad, el clima, el pueblo, pequeñas anécdotas. Karen se sorprendió a sí misma riendo, sintiéndose escuchada de una manera que no recordaba. Einar no la miraba como “La mamá de”, ni como “La esposa de”. La miraba como una mujer y eso la descolocó.


—Tienes una sonrisa bonita —Dijo él de repente, con una sinceridad que la tomó por sorpresa.

Karen sintió cómo se sonrojaba, algo que no le ocurría desde hacía años—Gracias —murmuró, bajando la vista.

—No es un cumplido, es solo una observación —Continuó él, con ese tono tranquilo y directo que lo caracterizaba—La gente aquí parece haber olvidado cómo mirarse a los ojos, cómo decir las cosas como son.


Karen levantó la vista, encontrándose con sus ojos, había una profundidad en ellos, una comprensión que parecía ir más allá de sus veinte y pocos años.


—¿Cuántos años tienes, Einar? —Preguntó, antes de darse cuenta de que era una pregunta demasiado personal.

—Veintitrés —Respondió él sin dudarlo—Pero me dicen que parezca mayor. Supongo que la vida acelera algunas cosas.

—¿Te gusta Hawkins? —Preguntó ella, cambiando sutilmente de tema.

—Es tranquilo —Dijo él, mirando por la ventana—A veces demasiado tranquilo. Llegué hace seis meses, después de que mi madre muriera. Quería un cambio de aires.

Karen sintió una punzada de empatía—Lo siento mucho.

—Gracias —Dijo él—Ella habría querido que siguiera adelante. Era así de práctica. Siempre decía que el dolor era solo información que el cuerpo necesitaba procesar.

Karen sonrió—Suena como una mujer muy sabia.

—Lo era —Dijo él y por un momento su mirada se perdió en la distancia—Me enseñó muchas cosas. Cómo curar heridas, cómo escuchar a la gente, cómo mantener la calma cuando todo se derrumba.


Cuando Ted finalmente llegó a casa, la atmósfera cambió de inmediato. Karen se levantó casi de golpe.


—Mi esposo —Dijo en voz baja.


Einar se puso de pie respetuoso, Ted apenas saludó con un gesto distraído, más interesado en el televisor que en el joven presente, Karen explicó brevemente lo ocurrido con Mike, agradeciendo nuevamente a Einar y Ted murmuró un “Gracias” automático.


Einar entendió la señal—Será mejor que me vaya —Dijo—Me alegra que Mike esté bien.

Karen lo acompañó hasta la puerta—De verdad... gracias —Repitió, sosteniendo el picaporte—No todos se habrían detenido a ayudar.


Sus miradas se cruzaron por un segundo más de lo necesario, algo silencioso, eléctrico, pasó entre ellos y algo que ninguno nombró.


—Buenas noches, Karen —Dijo él, con una leve sonrisa.

—Buenas noches, Einar.


La puerta se cerró con un suave clic; pero Karen permaneció allí un momento, con la mano aún apoyada en la madera, su corazón latía con fuerza y no sabía por qué, el eco de la voz de Einar Thorsen resonaba en sus oídos, una melodía inesperada en la monotonía de su existencia, era una sensación extraña, como si esa parte que le provocaba calidez le fuera arrancada de sus brazos, de forma brusca; aunque lo ignoro rápidamente, dandose pequeñas palmadas en sus cachetes calmando ese comportamiento “Insano”, repitiendo una y otra vez fuera de su boca, que tiene esposo y una increible familia.

Volvió lentamente a la cocina, donde las tazas de café aún estaban sobre la encimera, la taza de Einar estaba casi intacta; solo había tomado un par de sorbos. Karen la recogió, sus dedos rozando el lugar donde sus labios habían estado momentos antes y una corriente eléctrica recorrió su espina dorsal, un estremecimiento que no sentía desde hacía años, nuevamente empezóa resitar lo que había dicho hace unos minutos, para luego recorrer mirada a su esposo por un momento, sentado en el sofá, con la mirada fija en la pantalla, parecía una parte más del mobiliario, no había preguntado por el estado de su hijo, no se había preocupado por el joven que los había ayudado. Simplemente estaba allí, ocupando espacio.

Esa noche mientras se acostaba junto a Ted, mirando al techo en la oscuridad, el rostro de aquel joven regresó a su mente una y otra vez, la forma en que la había mirado, la calma de su voz, la sensación, peligrosa y tentadora, de haber cruzado un umbral invisible.

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Good Writing

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Great Character

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Strong Dialog

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