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¿Enamorada de mi? - Demetrius Desmond

Summary

Demetrius Desmond es el hijo mayor de la familia Desmond. Destaca por ser serio, reservado y completamente enfocado en sus objetivos, su mirada es fría, penetrante y nunca deja ver alguna emoción. Para muchos, es difícil saber qué piensa; para otros, simplemente parece alguien imposible de leer. Demetrius vive concentrado en lo suyo, sin interesarse por vínculos innecesarios ni por lo que los demás sienten hacia él. Por eso jamás imaginó que una chica llamada T/N pudiera enamorarse de él, no entiende qué pudo ver ella en alguien tan distante, no comprende cuándo empezó ni por qué y por primera vez pensó "¿Enamorada de mi?"

Status
1mo ago
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
13+

1

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¿Enamorada de mi?

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El aire de la mañana en la Academia Eden siempre olía a dos cosas, a césped recién cortado y a promesa, era un perfume que T/N había aprendido a identificar con el entusiasmo helado de un nuevo comienzo, un ritual que se repetía cada otoño desde que sus padres, con una mezcla de orgullo y determinación, la habían inscrito en la prestigiosa institución, a sus catorce años, el mundo de T/N era uno de contrastes sutiles. Por un lado, la calidez incondicional de su hogar, un lugar donde los abrazos de su madre, una mujer de corazón de oro cuya humildad nunca se había empañado por la fortuna de su esposo, eran tan constantes como el amanecer. Por otro, la realidad fría y pulida de la clase alta, un universo de reglas no escritas, de miradas calculadoras y de la expectativa perpetua de ser la mejor.

Su padre, un científico cuyo nombre era un sinónimo de esperanza en los círculos médicos, había logrado lo que muchos consideraban milagros, dos curas para enfermedades infantiles devastadoras llevaban su firma, un legado que había salvado innumerables vidas y como consecuencia, había asegurado una vida de privilegios para su única hija; sin embargo, en casa, él no era el doctor renombrado, sino simplemente “Papá“, un hombre que le enseñaba a mirar las estrellas y a preguntarse por el “Porqué” de las cosas. Su madre, en cambio, era su brújula moral. “El dinero te abre puertas, mi amor”, le solía decir mientras le cepillaba el pelo antes de dormir, “Pero eres tu trabajo, tu esfuerzo y tu bondad las que te mantienen dentro. Nunca olvides que tienes que labrarte tu propio camino, sin importar lo que tengas en el banco”. T/N asimiló esa lección como el aire que respiraba, agradecía los regalos, los vestidos de diseñador y los viajes exóticos, pero anhelaba, por encima de todo, la sensación de haber conseguido algo por sí misma, estaba en el mundo de la clase alta, pero no se sentía completamente de él; era una observadora curiosa con un corazón que pertenecía a un lugar más simple y sincero.

Entonces llegó el momento de la presentación anual, el auditorio de la Academia Eden era una catedral de madera oscura y luz dorada, llena de los susurros expectantes de los padres y el nerviosismo contenido de los estudiantes. T/N se sentó entre sus padres, con las manos posadas delicadamente sobre su regazo, escuchando el nombre de cada estudiante que subía al escenario, eran los “Imperial Scholars”, los elegidos, los que encarnaban el ideal de excelencia de la academia, no prestaba demasiada atención, hasta que el director, con una voz que resonaba con solemnidad, pronunció un nombre que pareció detener el tiempo.


—Y representando la excelencia académica y el espíritu de Eden, el estudiante de segundo año, Demetrius Desmond.


T/N levantó la vista, un muchacho de quince años se puso de pie en la primera fila, su estatura era imponente para su edad, su postura perfecta, llevaba el uniforme con una autoridad natural que ningún otro estudiante parecía poseer, su cabello de un negro intenso, caía con una precisión calculada sobre su frente, enmarcando un rostro que era una máscara de serenidad imperturbable, no había una sonrisa, ni un gesto de nerviosismo, solo una calma profunda, casi inhumana, en sus ojos ambar. En ese instante, sin entender del todo por qué, el corazón de T/N latió con una fuerza que le robó el aliento, no era una simple admiración; era una conexión instantánea y abrumadora, un flechazo silencioso en medio de un mar de extraños, su rostro serio no la intimidó; al contrario, la fascinó. Era como si detrás de esa fortaleza de indiferencia se escondiera un universo entero y ella de repente, tuvo el deseo irrefrenable de descubrirlo.

A partir de ese día, Demetrius Desmond se convirtió en el centro de su universo personal, lo observaba a distancia, como un astrónomo estudia una estrella lejana y brillante, lo veía cruzar los patios con su libro bajo el brazo, siempre solo, siempre con la mirada fija en algún punto invisible en el horizonte. En la cafetería, se sentaba en una mesa apartada, comiendo con una compostura metódica, completamente ajeno a los murmullos y las risas a su alrededor. En la biblioteca, T/N encontraba su rincón favorito, uno desde donde podía verlo sin ser vista y lo observaba sumergirse en sus textos durante horas, una figura de concentración pura que parecía existir en un plano diferente al de los simples mortales. Demetrius, por su parte, vivía en su propia burbuja, su mundo estaba compuesto por ecuaciones, textos clásicos y la presión silenciosa de ser el hijo de Donovan Desmond, no le interesaban los juegos sociales ni las trivialidades de sus compañeros, simplemente no los entendía y había renunciado a intentarlo. Para él, ellos eran ruido de fondo, variables irrelevantes en la ecuación de su existencia.

La tarde en que todo cambió comenzó como cualquier otra, el sol de la tarde bañaba los jardines de la academia y el aire estaba lleno del zumbido de las abejas y el bullicio lejano de los estudiantes. Demetrius caminaba por uno de los senderos que bordeaban los invernaderos, su mente absorta en un problema de lógica avanzada que no lograba resolver, un grupo de chicos más jóvenes, de la clase de jardinería, estaba regando las plantas cercanas. Entre ellos había uno, un niño de pelo revuelto y mirada traviesa, que albergaba un pequeño rencor contra otro compañero, en un acto de torpeza mezclada con un atisbo de venganza mal dirigida, el chico agarró la boquilla de la manguera y la giró violentamente, el chorro de agua, antes un flujo manso, se convirtió en un látigo potente y silbante.

Por un instante, todo pareció moverse en cámara lenta, los ojos de los muchachos se abrieron de par en par al ver la dirección que tomaba el agua, no apuntaba a las flores ni a su compañero de bromas, apuntaba con una precisión aterradora, hacia la espalda de la figura impasible que pasaba de largo, Demetrius Desmond, el pánico los paralizó, un grito ahogado se atascó en la garganta del culpable, el agua estaba a punto de impactar con la fuerza suficiente para empapar por completo al estudiante de segundo año, manchando no solo su uniforme, sino su impecable aura de serenidad. Fue entonces cuando una sombra oscura y elegante se interpuso, un paraguas enorme, de un negro tan profundo que parecía absorber la luz, apareció de la nada, girando sobre sí mismo con una gracia silenciosa, se posicionó de lado, justo a tiempo para recibir el embate del chorro de agua, el impacto resonó con un “Pum” sordo contra la tela tensa, desviando el torrente hacia los setos de boja, la acción fue tan repentina, tan fluida, que Demetrius, cuyo instinto lo había obligado a detenerse seco, apenas tuvo tiempo de procesarlo, giró sobre sus talones, no por el agua que casi lo moja, sino por ese movimiento inesperado que había interrumpido su trayectoria.

Sus ojos se encontraron con los de la persona que sostenía el paraguas, era T/N, su rostro estaba ligeramente sonrojado por el esfuerzo, pero su sonrisa era tranquila y segura. Él la conocía, por supuesto, sabía quién era por la reputación de su padre y por el hecho de que compartían aulas. Para él, era simplemente “La hija del científico”, otra figura más en el paisaje de Eden; pero en ese momento, bajo la protección de su paraguas, ella era algo más, era una variable inesperada, T/N le dirigió una sonrisa leve, casi imperceptible, un gesto que no pedía nada ni esperaba nada a cambio. Luego con la misma calma con la que había aparecido, cerró el paraguas con un chasquido suave, se volvió hacia los chicos de jardinería, que la miraban con una mezcla de alivio y terror, les ofreció la misma sonrisa gentil.


—Tengan más cuidado, muchachos. El agua puede ser traicionera —Dijo su voz, dulce pero firme, como una advertencia envuelta en seda.


Los niños asintieron con la cabeza, incapaces de articular una palabra, sus ojos fijos en la figura de Demetrius, que permanecía inmóvil, observando la escena con una expresión que no revelaba absolutamente nada. Para él, aquello era una anomalía, una interrupción ilógica en su día, no comprendía el gesto de T/N, no había ninguna razón aparente para que se hubiera interpuesto, no le debía nada y no eran amigos, era simplemente, un acto de bondad pura, un concepto que su mente, tan acostumbrada a la lógica y al cálculo, luchaba por procesar. La situación fue resuelta por la profesora de jardinería, una mujer con el rostro enrojecido por la furia y el sol, que llegó corriendo desde el invernadero al oír el revuelo.


—¡¿Qué ha pasado aquí?! —Gritó, sus ojos centelleando de ira al ver la manguera todavía goteando y las caras de pánico de sus alumnos—¡Ustedes dos, a la oficina del director ahora mismo! ¡Se acabaron los juegos!


Mientras los chicos eran escoltados con la cabeza gacha, T/N se volvió de nuevo hacia Demetrius. El sol de la tarde bañaba su perfil, dándole un halo casi etéreo, su sonrisa no había desaparecido, pero ahora era un poco más tímida, un poco más personal.


—Es un placer, Demetrius —Dijo, usando su nombre por primera vez y el sonido de su voz pronunciándolo pareció colgar en el aire entre ellos—Que tengas un buen día.


Con una ligera inclinación de cabeza, se dio la vuelta y se alejó, caminando con una gracia serena que contrastaba con el caos que acababa de desactivar. Demetrius se quedó allí, de pie, observándola hasta que su figura se perdió en la distancia, no dijo nada, no asintió, simplemente observó, au cerebro, una máquina de analizar datos y predecir resultados, se encontraba ante un error de sistema, la variable “T/N” no encajaba en ninguna de sus ecuaciones, era un dato sin contexto, una acción sin un beneficio visible y eso para un genio como él, era infinitamente más intrigante que cualquier problema de lógica, se cansaba de pensar en las complejidades de las emociones humanas, en las motivaciones ajenas que siempre le parecían un laberinto sin salida, así que con un suspiro casi inaudible, archivó el incidente en una carpeta mental etiquetada como “Inexplicable” y continuó su camino, decidido a seguir con lo suyo, a dejar de pensar.

Pero T/N no podía dejar de pensar, mientras caminaba hacia la entrada principal donde la esperaba el coche familiar, su corazón no latía, solo bombeaba, cada latido era un eco del momento en que sus ojos se encontraron con los de él, no había visto emoción en su mirada, no había visto gratitud ni sorpresa, solo una observación profunda y calmada, como si estuviera estudiando una especie rara de insecto y para ella, eso era suficiente, había estado lo suficientemente cerca para notar el matiz de sus ojos, oscuros y profundos, la forma en que su ceño se fruncía ligeramente, no en enfado, sino en concentración. Había notado cómo su presencia llenaba el espacio a su alrededor, una aura de poder silencioso que no necesitaba gritar para ser escuchada, su rostro serio y casi idéntico al de su padre, Donovan Desmond, no la asustaba y al contrario, la atraía con una fuerza magnética. Al llegar a la verja, el chófer abrió la puerta del lujoso sedán negro, T/N se deslizó en el asiento de cuero y en el instante en que la puerta se cerró y el mundo exterior quedó aislado, la presa que había estado conteniendo se rompió, un grito una mezcla de euforia pura y nerviosismo desbordado, escapó de sus labios.


—¡AAAAAH! —Exclamó, agarrando el reposacabezas delante de ella, mientras su cuerpo temblaba de una emoción que era demasiado grande para contener—¡Hablé con él! ¡Le hablé!


El chófer, un hombre mayor y discreto que la conocía desde que era una niña, la miró por el espejo retrovisor con una sonrisa comprensiva.


—Supongo que tuvo un buen día, señorita T/N.

—¡Bueno?! ¡Fue el mejor día de mi vida! —Dijo ella, cubriéndose la cara con las manos, como si intentara atrapar el calor que sentía en las mejillas—Había una manguera y iba a mojarlo, yo... ¡Yo lo protegí con mi paraguas! ¡Y me miró! ¡Realmente me miró!


Replayeaba la escena una y otra vez en su mente, el giro del paraguas, el impacto sordo del agua, la forma en que él se había detenido. Esa mirada. Oh, esa mirada, no era una mirada de amor, lo sabía y ni siquiera era una mirada de agradecimiento, era una mirada de reconocimiento; pero para ella, en ese momento, era el comienzo de todo, era la primera vez que no era simplemente “La hija del científico” o “Otra estudiante más”, era la chica del paraguas, era una variable en su mundo perfecto y ordenado, la idea de ser una pequeña gripe en su sistema la hacía sentir de una manera que nunca antes había experimentado.


—¿Y qué dijo él? —Preguntó el chófer.

T/N bajó las manos, sus ojos brillando con una luz febril—Nada. No dijo absolutamente nada y fue... perfecto —Confesó y era la verdad. Cualquier palabra que hubiera dicho habría arruinado el momento. Su silencio era un lienzo en blanco sobre el cual ella podía pintar todas sus esperanzas—Simplemente me miró y yo le dije “Que tengas un buen día”.


Se recostó en el asiento, con la mirada perdida en el paisaje que pasaba borroso por la ventana, su mente era un torbellino de pensamientos. ¿Qué estaría pensando ahora? ¿La olvidaría en cinco minutos? ¿O la archivaría en esa carpeta mental de “Anomalías”? La idea de que él pudiera estar pensando en ella, aunque fuera por un segundo, era suficiente para enviar otra ola de escalofríos por su espalda, sabía que su enamoramiento era absurdo, una fantasia de doce años. Demetrius Desmond vivía en una estratosfera diferente, un mundo de genios y estrategias políticas donde ella no tenía cabida. Él era un Imperial Scholar, la cima de la excelencia Ella era solo una estudiante común, aunque con un apellido reconocido; pero su madre le había enseñado a trabajar por lo que quería y esto, esto lo quería con cada fibra de su ser.

Esa noche, en la habitación de su casa, llena de libros y cómoda, T/N no pudo dormir, se sentó en el alféizar de la ventana, mirando las estrellas que su padre le había enseñado a nombrar y sintió que el universo entero conspiraba a su favor, el incidente de la manguera no era solo un accidente afortunado. Para ella, era una señal, era el primer capítulo de su historia, una historia de amor que acababa de empezar, no con un beso o una declaración, sino con el silencio de un muchacho de quince años y el chorro de agua desviado por un paraguas oscuro, mientras el mundo dormía, T/N juró en silencio que encontraría una forma de cruzar ese abismo de indiferencia, no lo haría con regalos ni con el nombre de su padre, lo haría con sonrisas, con actos inesperados de bondad y con la paciencia de alguien que sabe que las mejores cosas de la vida, las que realmente valen la pena, requieren tiempo, esfuerzo y un corazón dispuesto a esperar, su historia de amor no sería un cuento de hadas; sería una estrategia, una misión silenciosa y personal, ella estaba más que dispuesta a ser la espía de su propio corazón.

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