One
Antes de comenzar, aclaro que las edades de los personajes han sido modificadas para esta historia, estableciendo que Jisung es mayor que Minho.
Advertencia de contenido: Este fanfic contiene escenas explícitas, lenguaje fuerte, infidelidad y temáticas que podrían resultar incómodas para algunos lectores. Si alguno de estos elementos no es de tu agrado, te invito cordialmente a no continuar con la lectura. Se recomienda discreción.
Los eventos y situaciones narrados son completamente ficticios, y no deben confundirse con la vida real de las personas en quienes se inspiran los personajes.
Por favor, evita spoilers y comentarios malintencionados que puedan arruinar la experiencia a otros. Si notas algún error o deseas dejar una observación constructiva, los comentarios están abiertos.
¡Disfruta la lectura!
Minho odiaba los lunes. Pero este, en particular... lo detestaba más que de costumbre.
¿La razón? Su madre regresaba de un viaje.
Y no es que le molestara verla; al contrario, incluso se alegraba un poco. El verdadero problema era lo que venía con ella. Cada vez que Yuna volvía de un viaje, traía consigo dos cosas: regalos caros y un novio nuevo. Y, usualmente, el novio nuevo era el problema.
Su madre era modelo, lo que implicaba muchos viajes y cruzarse con un sinfín de personas. Así que, siempre que volvía a casa, lo hacía con una nueva pareja.
Minho ya estaba más que acostumbrado. Incluso podía calcular, con bastante precisión, cuánto duraría cada romance, que por lo general no pasaba del mes o mes y medio antes de que su madre se aburriera y los mandara a volar.
Conocería al novio nuevo esa misma tarde, al volver de la universidad. Llevaban casi un mes saliendo, lo que, según sus cálculos, indicaba que la fecha de caducidad estaba cerca. Probablemente, para el mes siguiente su madre ya le estaría presentando a alguien más.
Nada fuera de lo normal.
O eso pensaba.
Cuando su madre le presentó al susodicho, algo no encajaba.
Por lo general, los novios de Yuna eran unos cretinos. Tipos superficiales, interesados, más preocupados por su propio reflejo que por su relación. Pero ahora, el que tenía frente a él esta vez era... ¿Cómo decirlo? ¿Todo lo contrario?
⸺ Minho, cariño, este es Jisung. ¿Recuerdas que te hablé de él? ⸺ dijo Yuna con esa sonrisa brillante que usaba cada vez que le presentaba a alguien como si fuera la primera vez.
Jisung levantó la mano en un saludo tímido desde la cocina. Al parecer, estaba preparando la cena. Porque, a diferencia de los anteriores, este novio sí cocinaba.
Minho lo escaneó de arriba a abajo sin el más mínimo disimulo, visiblemente confundido. Luego miró a su madre en busca de una explicación lógica, pero ella solo le lanzó su clásica mirada de “digas nada raro o te dejo sin cuentas bancarias”.
⸺ Hola ⸺ respondió sin más, rascándose la nuca con falsa indiferencia, escaneándolo de nuevo, esta vez con más atención.
Lo observó en silencio durante un rato. No supo cuánto, pero fue tiempo suficiente para que Jisung se pusiera incómodo y para que Yuna lo notara.
⸺ Minho, ya deja de mirarlo, me lo vas a desgastar ⸺ bromeó Yuna, riéndose. Jisung también rio, aunque lo suyo sonó más nervioso que divertido.
Minho no respondió, solo ladeó la cabeza y sonrió.
¿Estaba mal sentirse atraído por el novio de su madre?
Obviamente.
Pero considerando que esa relación ya tenía fecha de expiación... bueno, ya no sonaba tan grave, ¿no?
Pasaron un par de días en los que Yuna desaparecía durante el día por trabajo, y Jisung se encargaba de hacer el desayuno, el almuerzo, la cena y todos los quehaceres de la casa. Minho juraría que el departamento jamás había estado tan limpio, lo cual era, en partes iguales, bueno y extraño. Bueno, porque él no tenía que mover un dedo. Extraño, porque ninguno de los anteriores pretendientes de su madre habría tocado una escoba ni aunque les pagaran por ello.
¿Cómo había acabado su madre con alguien así? Era totalmente lo opuesto a lo que normalmente le gustaba... y exactamente igual a lo que él prefería.
Y no. No es que Minho tuviera una debilidad por los que limpian y cocinan. Bueno... tal vez un poco. Pero no era solo eso.
Jisung tenía una sonrisa cálida y unos ojos color avellana que brillaban de forma hermosa bajo la luz del sol. Era amable, tierno, algo torpe al hablar y, por lo que Minho alcanzaba a notar, muy emocional. Tenía esa vibra suave y vulnerable, de alguien que probablemente llora con cualquier película de Pixar. Y sí, eso simplemente le encantaba.
Pero claro, eso no era lo único que llamaba su atención. Minho también debía admitir que Jisung era guapo. Muy guapo. Tenía un cuerpo que, para su gusto, era una maldita provocación: delgado, con una cintura pequeña y, sobre todo, un trasero voluminoso que parecía diseñado para distraerlo a propósito. Le costaba no mirar. Aunque, siendo honestos, ya lo había hecho. Y varias veces.
El gran inconveniente era que seguía siendo el novio de su madre. Y aunque a Minho no le entusiasmaba la idea de ser una gata rompe hogares... cuanto más lo pensaba, más sentía que valía la pena correr el riesgo.
Además, sabía que tarde o temprano su madre lo dejaría. Podía esperar a que eso pasara y hacerle una propuesta indecente o... podía empezar desde ya. Total, el resultado sería el mismo, ¿no?
Y así, sin darle demasiadas vueltas, Minho comenzó a coquetearle a Jisung.
Era jueves por la mañana. Yuna se había ido temprano a una sesión de fotos. Jisung estaba en la cocina, preparando el desayuno. Minho acababa de salir de la ducha, cubierto solo por una toalla que apenas cumplía su función.
Se cruzaron en el pasillo. Jisung llevaba un tazón de fresas en las manos.
⸺ ¿Te gustan las fresas? ⸺ preguntó, ofreciéndole el tazón con esa sonrisa amable a la que Minho todavía no lograba acostumbrarse.
⸺ Me gustas más tú ⸺ respondió Minho, con una sonrisa ladeada.
Jisung rio, nervioso.
Y su reacción habría sido solo esa... si Minho no se hubiera acercado, mirándolo fijamente mientras tomaba una fresa del tazón y se la llevaba a la boca. No para comérsela. No todavía. Solo la sostuvo entre los labios y se inclinó hacia él.
Quedaron cerca. Muy cerca. La fruta seguía ahí, intacta, entre sus labios. Jisung no se movió. No podía. Solo tragó saliva, con una sonrisita tensa, desviando la mirada, rojo hasta las orejas.
Minho sonrió, satisfecho con la reacción. Se comió la fresa y se dio la vuelta, caminando hacia su habitación como si nada. Como si no acabara de dejar a Jisung al borde de un colapso nervioso.
Por la noche, Jisung estaba otra vez en la cocina, lavando platos. Minho lo observaba desde el marco de la puerta, con los brazos cruzados y una sonrisa entretenida en los labios.
⸺ ¿Mi madre ya se fue a dormir? ⸺ preguntó.
⸺ Sí ⸺ respondió Jisung, sin mirarlo.
⸺ Entonces puedo decirte que, si quieres quedarte más tiempo... vas a tener que hacer algo más que cocinar.
Jisung soltó una risa incómoda y giró apenas, mirándolo de reojo.
⸺ ¿Tú siempre eres así?
⸺ Solo con los chicos bonitos.
Jisung rio de nuevo, intentando mantenerse tranquilo. Como si nada pasara. Después de todo, Minho solo estaba bromeando... ¿no?
Minho estuvo a punto de decir algo más, de lanzar otra provocación... pero Jisung se le adelantó. Y lo que dijo lo dejó completamente fuera de combate.
⸺ Eres divertido, Minho. Me agradas.
...
¿Me agradas?
Repitió esas palabras en su cabeza como si no supiera traducirlas. No un “eres un imbéciles”. No un “qué atrevido”. O un “deja de insinuarte mientras tu madre duerme a cinco metros”. Solo: ¿me agradas?
¿Qué?
Y ahí, por primera vez en mucho tiempo, Minho no supo qué responder.
Gracias por leer. Lamento si hay faltas de ortografía o errores gramaticales.








