Capítulo 1
Durante décadas, las dos familias reales habían mantenido una alianza que iba mucho más allá de los tratados, las riquezas y los territorios. Sus hijos estaban destinados a casarse entre ellos, continuando una tradición que nadie se atrevía a cuestionar
En aquel mundo de oro, palacios interminables y reglas absurdas, el amor era prácticamente un privilegio que los herederos no podían permitirse
El príncipe heredero, Al-Jeon Jungkook, estaba destinado a ocupar el trono y gobernar sobre todo el mundo árabe bajo el peso de una corona que algún día también pasaría a sus propios descendientes. Desde pequeño había sido educado para mandar, obedecer las tradiciones y aceptar que su vida no le pertenecía
Su hermano menor, Al-Gwo-Go, aunque también pertenecía a la familia real, veía aquel destino de una manera completamente diferente. No deseaba una corona, ni un matrimonio arreglado, ni vivir encerrado en un palacio siguiendo órdenes, él solamente quería ser libre
Quería enamorarse de alguien que pudiera elegir por sí mismo
Al otro lado de aquella alianza se encontraba la familia Al-Park, una familia real igualmente poderosa. Sus herederos también tenían reinos que gobernar y responsabilidades que cumplir
Los hermanos Al-JiminyAl-Eun-il eran conocidos por estar profundamente unidos. Habían crecido protegiéndose el uno al otro, especialmente porque su padre era un hombre extremadamente estricto
Pero había algo que hacía diferente a Al-Jimin. Él era un doncel
Por tradición, los donceles de la familia Al-Park debían vestir completamente de negro. No podían mostrar su rostro en público y solamente tenían permitido dejar visibles sus manos, cuidadosamente adornadas con pinturas tradicionales
Nadie fuera de su familia conocía realmente su belleza. Su propio padre se había encargado de ocultarla durante años
Aquella noche, el gran salón del palacio estaba iluminado con miles de lámparas doradas. Reyes, príncipes, princesas y miembros de ambas familias habían llegado para presenciar la ceremonia que determinaría el futuro de sus hijos
Todos estaban expectantes, los herederos serían escogidos frente a sus familias.
Al-Jeon Jungkook fue llamado primero
El príncipe avanzó con seguridad mientras las miradas se posaban sobre él. Sabía perfectamente que querían entregarle al doncel de la familia Al-Park, y no estaba dispuesto a aceptarlo
Había escuchado demasiadas historias sobre aquel muchacho que siempre vestía de negro. En su imaginación, Al-Jimin debía ser alguien poco atractivo, alguien con quien jamás podría sentirse orgulloso de caminar frente a su pueblo
Entonces miró hacia los hermanos Al-Park, primero observó la figura completamente cubierta de negro y después vio a Al-Eun-il. A ella al menos podía verle los ojos y eran de un hermoso color café claro
Jungkook tomó una decisión sin siquiera pensarlo demasiado
—La elegiré a ella
El silencio duró apenas unos segundos, después, el salón estalló en aplausos. Al-Eun-il bajó la mirada, sorprendida por aquella elección
Los miembros de ambas familias comenzaron a felicitarse. Para ellos, aquello era motivo de celebración, un compromiso más había quedado sellado
Pero el rey Park había observado todo
Había visto la mirada de desprecio que su sobrino había dirigido hacia el doncel, había visto cómo había elegido a Al-Eun-il únicamente porque podía verle el rostro y aunque la ofensa le quemó por dentro, permaneció en silencio
No podía convertir aquella ceremonia en un conflicto político
Entonces llegó el turno de Al-Gwo-Go, el segundo heredero, el joven avanzó hasta quedar frente a los representantes de la familia Al-Park. El encargado de la ceremonia anunció
—El príncipe Al-Gwo-Go deberá elegir ahora a su futuro prometido
Al-Gwo-Go observó al único de los hermanos que aún quedaban disponibles y finalmente, sus ojos se detuvieron sobre la figura vestida completamente de negro
Al-Jimin, y el salón quedó en silencio, Al-Gwo-Go no tenía escapatoria. La tradición establecía que el doncel debía ser elegido si el primer heredero no lo había tomado como prometido
El sacerdote levantó la voz
—¿Aceptas al príncipe Al-Jimin como tu futuro esposo?
Al-Gwo-Go apretó la mandíbula. Miró aquella figura cubierta de negro y respondió con frialdad
—Acepto
Pero dentro de su cabeza solo existía una certeza
Jamás lo tocaría
Ni aquella noche, ni al día siguiente, ni en esta vida ni en la otra. Al-Jimin permaneció completamente inmóvil, nadie podía ver su rostro, nadie podía saber qué estaba sintiendo
Sus manos, decoradas con delicados dibujos, permanecían juntas frente a su cuerpo mientras escuchaba cómo su destino acababa de ser decidido por otras personas. A su lado, Al-Eun-il buscó discretamente su mano y entrelazó sus dedos con los de él
Un pequeño gesto, una promesa silenciosa entre hermanos
No estás solo
Al-Jimin apretó suavemente su mano, quizá aquella noche había perdido la posibilidad de elegir a quién amar. Pero todavía tenía a su hermana
Y mientras las familias celebraban los nuevos compromisos entre música, oro y copas levantadas en honor a la alianza, ninguno de ellos imaginaba que aquellas decisiones terminarían cambiando para siempre el destino de los cuatro herederos
Porque algunas veces, las personas obligadas a casarse son precisamente las que terminan encontrando el amor donde jamás esperaron encontrarlo
(...)
El regreso al palacio Al-Park estuvo acompañado por un silencio incómodo
Las puertas doradas se cerraron detrás de la familia real y, apenas estuvieron dentro de sus aposentos privados, el rey Al-Park dejó de contenerse
—¡¿Cómo se atrevió?! —rugió
Su voz retumbó por todo el salón
Los sirvientes bajaron inmediatamente la cabeza y abandonaron el lugar. Nadie quería encontrarse en medio de la furia del rey
Al-Eun-il permanecía de pie junto a su hermano. Al-Jimin, completamente vestido de negro, mantenía las manos juntas frente a su cuerpo. El rey caminaba de un lado a otro
—¡Delante de toda la familia! ¡Delante de los consejeros! ¡Delante de los demás reinos! —golpeó la mesa con el puño— ¡Mi propio sobrino decidió humillar a mi hijo!
—Padre...
—¡No, Jimin! ¡No me digas que no importa! —Jimin bajó ligeramente la cabeza
—Está bien —el rey se detuvo
—¿Qué?
—Está bien, padre. No importa
—¿Cómo puedes decir que no importa? —Jimin respiró profundamente
—Porque no puedo obligar a alguien a quererme. Él escogió a Eun-il, eso significa que ella será la futura reina, yo solamente tengo que cumplir con mi parte del acuerdo
Al-Eun-il miró a su hermano con tristeza
—Jimin...
—Estoy bien —insistió él
Pero el rey sabía que aquellas palabras no eran ciertas, su hijo había sido humillado y lo peor no era el compromiso. Lo peor era que aquel rechazo había cambiado algo que el rey llevaba años planeando
—¡Tú debías ser el heredero! —exclamó finalmente
El salón quedó en silencio. Jimin levantó la cabeza
—¿Qué?
El rey lo miró directamente
—Desde que naciste supe que tenías todo lo necesario para gobernar. Inteligencia, disciplina, carácter y una capacidad que tu hermana todavía no comprende, yo quería prepararte para ocupar el trono
Eun-il abrió los ojos
—Padre, yo...
—No es culpa tuya —dijo el rey con suavidad— Tú también eres mi hija y tienes derecho a gobernar. Pero mi primera elección siempre fue Jimin
Jimin permaneció inmóvil
—Entonces no cambies tus planes por mí
—¡No se trata solamente de ti! —respondió el rey— Se trata del insulto que ese muchacho acaba de cometer contra nuestra familia
Jimin negó lentamente con la cabeza
—No quiero una guerra por esto —el rey soltó una amarga risa
—No habrá guerra
Su expresión cambió. La furia desapareció de sus ojos y fue reemplazada por una calma mucho más peligrosa
—Pero habrá consecuencias —Al-Eun-il conocía demasiado bien aquella mirada
—Padre...
—Al-Jungkook cree que puede escoger a su futura esposa como si estuviera comprando una joya. Cree que puede mirar a mi hijo, despreciarlo y después marcharse como si nada hubiera ocurrido
Jimin permaneció en silencio
—Que disfrute de su decisión —continuó el rey— Que disfrute de su pequeña victoria —se acercó a la ventana y contempló las luces del reino —Porque algún día se arrepentirá
—Padre, no hagas nada —pidió Jimin y el rey giró lentamente
—No voy a tocarlo —su voz era tranquila —Pero tampoco voy a olvidar
Jimin bajó la mirada
—Yo no quiero que me conviertas en una razón para destruir nuestra alianza
—Tú no eres la razón para destruirla, hijo —El rey se acercó y colocó una mano sobre su hombro— Él mismo acaba de ponerla en peligro
Después miró a sus dos hijos
—Eun-il será la heredera. Si ese es el camino que el destino ha puesto frente a nosotros, lo aceptaré
Eun-il tragó saliva
—¿Y Jimin? —el rey miró a su hijo vestido de negro
—Jimin seguirá siendo mi hijo. Y nadie volverá a tratarlo como si valiera menos que cualquier otro heredero
Jimin sintió un nudo en la garganta su padre podía ser severo, podía ser exigente. Pero en aquel momento entendió algo que jamás había dudado realmente
Su padre lo amaba. El rey volvió a mirar hacia la ventana
—Al-Jungkook pagará muy caro su osadía
—Padre...
—No con sangre —aclaró— Con tiempo, con poder, con decisiones, con el peso de su propia corona —su mirada se endureció —Porque cuando llegue el momento, descubrirá que rechazar a Al-Jimin no fue una victoria
Hizo una pausa
—Fue el error más caro de su vida
Jimin no respondió. Solo apretó las manos contra su pecho mientras, por primera vez, una extraña sensación comenzaba a crecer dentro de él
Tal vez su historia todavía no estaba escrita. Tal vez aquel compromiso que acababa de destruir sus planes sería precisamente el comienzo de algo que ninguno de ellos podía imaginar









pobre jungkook ni sabe la nota que perdió