Capítulo 1 — Indigna de ser amada
Estoy llorando desconsoladamente. La gente no paraba de reírse de mí, solo porque me gustaba un chico. No… esto viene de antes, desde que tengo memoria ocurre, ahora tengo catorce y sigue ocurriendo. A pesar de que los días pasen, no puedo dejar de pensar que la escuela es un infierno, no puedo parar de llorar, es como si mi vida estuviera destinada a la amargura de esta misma, como si a pesar de todos los intentos de ser optimista hubiera una avalancha de maldiciones que me intentan sepultar tres metros bajo tierra. Pero un día… no me sentí sola mientras lloraba, hubo alguien, alguien que de algún extraño modo forma parte de mí, alguien que me ha acompañado desde hace tiempo yacía agachado frente a mi. ¿Su nombre? Milovan…
Milovan: Vamos Annie, arriba el ánimo. Estás llorando bastante, ¿has conseguido algo con eso?
Anastasia: Puedo desahogarme.
Milovan: Sí, pero ya llevas horas en el mismo estado, no puedes encerrarte sola en esta pieza. —Dice mientras toma mi mentón con su mano derecha.
Anastasia: No estoy sola, estoy contigo. —Lo miro con desgana—. Aparte lo dices como si fuera tan fácil.
Milovan: No es fácil. —Esta vez, toma mis mejillas con ambas manos—. Aunque la verdad no me gusta verte así, entiendo que debas botar lo que sientes, pero por favor, no ensucies ese hermoso rostro solo con dolor…
Anastasia: Ojalá pudiera ser como tú. —Le quito sus manos de mis mejillas—. Tú eres todo lo que quiero ser. Eres un chico demasiado caballeroso, educado, te guardas tus problemas, y no te expones fácilmente a que te hagan daño. Sin mencionar que también eres inteligente y lindo.
Milovan: Sí, pero se te olvida que tenemos cosas en común. —Eso me toma desprevenida.
Anastasia: ¿Cómo qué?
Milovan: Como… eh… —Tal y como pensé.
Anastasia: No lo sabes. —Pero Milovan me sorprende.
Milovan: No podemos dormir en las noches por ejemplo, por eso tenemos esas lindas marcas bajo nuestros ojos.
Anastasia: ¿Qué más? Mencionar tres cosas, ya llevas una…
Milovan: Hmm… También a ambos nos gusta dibujar y aprendemos cosas rápidamente y de manera eficiente. —Me convence.
Anastasia: Ganaste.
Milovan: Así que Annie, tienes que ser tú.
Anastasia: ¿Yo? ¿A qué te refieres?
Milovan: Sí, mira: Yo por una parte no me expongo fácilmente pero, por otro lado, tú al hacerlo solo demuestras que eres honesta con las personas. Así eres incluso más linda. Eres una princesa después de todo, ¿recuerdas? —Me derrito ante sus palabras y esa postura rígida que tenía se desvanece.
Anastasia: Sí… Jeje, soy una princesa, me debo comportar como tal. Ponerme a llorar por horas no es digno de una, ¿verdad? —Le sigo el juego.
Milovan: Y aunque es natural llorar, después te dolerá la cabeza y no queremos que una princesa esté adolorida.
Anastasia: De hecho, ya me duele un poco jejeje, hmmm… Gracias Evan, eres el único que siempre está conmigo.
Milovan: Estaré aquí hasta que estés lista para dejarme. —Eso me desmotiva.
Anastasia: Así solo buscarás que arruine mi vida más. —Es un hecho, después de todo, él solo está conmigo cuando me siento mal—. No te quiero dejar ir.
Milovan: Algún día lo entenderás… —Se levanta y limpia sus rodillas por encima del pantalón—. Considérame hasta que desaparezca. —Me levanto también.
Anastasia: Está… Está bien.
Pasan los días, sigo yendo a la escuela, pero esta vez, a la salida, veo a un chico, se me hace lindo, es un curso mayor que yo, aparte, veo que también le gusta el anime como a mí. Debería hablarle.
Anastasia: Hey… —Saludo con mucha confianza.
Chico: ¡Hey! ¿Qué tal?
Anastasia: Creo que no nos conocemos, mi nombre es Anastasia, aunque mis amigos. —Milovan—. Me llaman Annie.
Chico: Jaja, genial, yo soy Ezequiel, Ezequiel Crawford, pero me puedes llamar Eze. –Se para recto con las manos en la cintura.
Anastasia: Eze… —Le doy un golpe en el hombro—. ¡Lo tendré en cuenta! —No sé para qué le di ese golpecito, pero debo admitir que tengo mucha energía.
Ezequiel: ¡Auch! Jaja, si quieres cambiamos número de teléfono, así nos juntamos en el recreo. —Un subidón más a mi cuerpo me llena por dentro.
Anastasia: ¡Sí! —Intento calmarme—. Digo… sí, me gustaría.
Así fue como conocí al chico que me cambiaría la vida. Nos estuvimos juntando durante el recreo tal y como dijo, yo estaba super feliz, era un sueño. A la semana me pidió ser su pareja con una carta, por lo que yo acepté. Era la primera vez en mi vida que me sentía querida, amada, lo que tanto buscaba, no sentirme como una persona indigna de ser amada, por fin no había algo raro en mí, solo tenía que conocer a la persona correcta.
Anastasia: ¡Evan! Adivina qué. —Con entusiasmo le hablo y para mi sorpresa…
Milovan: ¡Lo sé todo! Estoy tan feliz por ti, ¿viste? Tú nunca estuviste mal, tal y como te lo dije, eres la reina del mundo.
Anastasia: ¡Lo soy! Jajaja, ¡estoy tan contenta!
Milovan: Lo sé, Annie, lo sé, te quiero tanto… —Me abraza— ¿vas a dormir o vas a dibujar lo que te ocurrió? —Correspondo el abrazo por unos segundos y luego me suelto dulcemente.
Anastasia: Probablemente me ponga a dibujar, jeje, nos vemos luego.
Milovan: Claro reina, supongo que no me necesitarás por el momento, así que volveré cuando me necesites.
Anastasia: ¡Claro!
Ya no necesito de Milovan, al fin tengo a alguien que me quiere, que me apoya y que no sea parte de mi.
Anastasia: ¡SUÉLTAME!, ¡PARA! ¡DÉJAME! ¡N-NO QUIERO!
Hasta que fui a casa de Ezequiel.
Ezequiel: Tu boca dice no, pero tu cuerpo dice que sí, vamos, no te hagas la dificil…
Forcejeo, intento defenderme, no puedo, me quedo paralizada, él hace de las suyas, y mi mente se apaga.


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