01
Introducción
En una de las líneas temporales más oscuras de Tokyo Revengers, Bonten domina las sombras de Japón. Liderados por Manjiro Sano (Mikey), los ocho criminales más peligrosos del país controlan ciudades enteras desde las sombras.
Todo cambia cuando una joven de 21 años llamada Aiko Nakamura presencia accidentalmente información que podría poner en peligro a toda la organización. Para evitar que revele lo que sabe, los miembros de Bonten deciden secuestrarla.
Lo que comienza como una simple operación para proteger sus secretos pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Cada uno de los miembros desarrolla una extraña obsesión por ella: algunos la consideran una amenaza, otros una responsabilidad, y algunos creen que es la única persona capaz de comprender la oscuridad que existe dentro de ellos.
Mientras Aiko busca una forma de escapar, descubrirá los secretos más profundos de Bonten y provocará cambios inesperados en el destino de todos.
La sombra de Bonten:
La lluvia caía sobre Tokio mientras Aiko Nakamura caminaba rápidamente por una calle casi vacía. Tenía 21 años y acababa de terminar su turno de trabajo.
Sin saberlo, aquella noche cambiaría su vida.
Al doblar una esquina, escuchó voces provenientes de un edificio abandonado. Se detuvo por curiosidad y miró desde cierta distancia.
—El cargamento llegará mañana —dijo un hombre.
Aiko reconoció inmediatamente uno de los rostros.
Bonten.
Había escuchado rumores sobre aquella organización criminal, pero nunca imaginó encontrarse con ellos.
Retrocedió lentamente.
No debí haber visto esto.
De repente, una voz detrás de ella la hizo quedarse paralizada.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Aiko se giró.
Un hombre de cabello oscuro la observaba con expresión seria.
Antes de que pudiera responder, aparecieron otros miembros de la organización.
—Sanzu, espera —dijo Kakucho—. Primero averigüemos quién es.
Aiko intentó correr, pero la rodearon.
—No quiero problemas —dijo ella, intentando mantener la calma.
Desde el interior del edificio apareció Mikey.
Su expresión era tranquila, pero su presencia hizo que todos guardaran silencio.
Mikey observó a Aiko durante unos segundos.
—¿Escuchaste nuestra conversación?
Aiko no respondió.
Aquello fue suficiente.
—Llévenla —ordenó Mikey.
Aiko sintió que el miedo se apoderaba de ella.
—¡Esperen! ¡No voy a decirle nada a nadie!
Pero Bonten ya había tomado su decisión.
Aquella noche, Aiko desapareció.
Y sin saberlo, acababa de entrar en el mundo más peligroso de Tokio.










