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SasuNaru| Cómo echar a la calle a tu compañero de piso

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Summary

Naruto nunca pensó que su primer intento de independencia terminaría en un fracaso rotundo. Mucho menos que, tras llegar a un acuerdo con la verdadera dueña del departamento, acabaría atrapado en una convivencia forzada con un chico que claramente lo desprecia. Lo que comenzó como un simple problema de alquiler se transforma rápidamente en una guerra hasta que algunos de los dos se vaya del departamento.

Genre
Humor
Author
Daikiwoo
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 01

Naruto subía las escaleras jadeando mientras arrastraba una maleta pesada maleta, que era casi tan grande como él. El cuarto piso de la casa de alquiler no tenía ascensor, pero tenía una cantidad absurda de escalones.

¿Estas escaleras no son algo peligrosas? pensó. El apartamento, además, estaba en una zona donde todos los minimarkets cercanos cerraban temprano, y la infraestructura del barrio era espantosa, pero Naruto estaba dispuesto a perdonarlo todo. ¿Por qué? Porque ese apartamento era el más barato y estaba cerca de su campus universitario. El alquiler que pedía el casero era tan bajo que uno lo pagaría con gusto incluso por un sótano mohoso.

Estas escaleras de porquería me servirán para hacer ejercicio, se consoló.

Aun así, no puedo evitar recordar la extraña actitud del casero, cuando le pregunto porque el alquiler era tan barato.

—Es que te ves taaan buen chico, por eso te lo dejo barato— le dijo el casero, presumiendo mientras recalcaba una y otra vez que era una oportunidad irrepetible.

—¡Gracias, señor! ¡De verdad voy a esforzarme! Si alguna vez necesita ayuda con algo pesado, ¡no dude en llamarme!

—Está bien, está bien, solo firma los papeles —respondió el dueño, moviendo la mano para que se apurara. Naruto firmó y recibió una pequeña llave plateada.

—¿Dijo que vive justo en el piso de arriba, verdad? ¡Vamos juntos! ¡Le ayudo con sus cosas!

—Cof, cof, tengo unos asuntos que atender —dijo el casero, agitando la mano para que Naruto se adelantara.

—¡De verdad gracias por darme este lugar tan barato! —dijo Naruto, haciendo una última reverencia.

Naruto pensó que talvez tenía una emergencia y necesitaba el dinero urgentemente, sea cual sea la razón. No dudo en aprovechar esta oportunidad y cuando todas sus pertenecías ya estaban lista, decidió mudarse los más pronto en el departamento.

401, 401...

¡Aquí es! Naruto, jadeando por el esfuerzo, sonrió ampliamente arrastrando su maleta y al abrir la puerta en lo que se suponía iba a ser su cálido y acogedor hogar...

Dentro, había un hombre de cabello negro completamente desnudo. Acababa de salir de la ducha y se estaba secando el cabello con una toalla. Ante la puerta que Naruto había abierto de par en par, el hombre no tuvo tiempo ni de cubrirse, y simplemente se quedó mirando atónito.

—¿Eh?— Solo salían sonidos tontos de su boca.

¿Un chico de su edad? ¿Ahí? ¿Desnudo?

El primero en hablar fue el que estaba dentro, recién salido del baño.

—¿Pero qué demonios...?

—¡Ah, perdón! ¡Disculpe! —dijo Naruto, sobresaltado, cerrando la puerta de golpe. El corazón le latía con fuerza. Ver el cuerpo desnudo de alguien que no conocía, sin importar el género, era una experiencia extremadamente desconcertante. Maldita sea, ¿por qué justo tenía que equivocarme de puerta? Volvió a mirar el número en la puerta. 401.

—Pero... si es aquí.

¿Qué está pasando? Naruto se giró para mirar la puerta de enfrente. Decía 402. En ese piso solo había dos apartamentos: el 401 y el 402.

En ese momento, una extraña sensación recorrió la espalda de Naruto, como un escalofrío. Algo no andaba bien. ¿Quizá el número estaba mal puesto? Por si acaso, se acercó a la puerta del 402 y probó meter la llave. No giraba.

Rápidamente, Naruto volvió frente a la 401 y metió la llave una vez más. Clic. Sí abría. Lentamente volvió a abrir la puerta.

—Disculpe... —dijo con voz baja, mientras empujaba suavemente. La puerta apenas se abrió a la mitad cuando...

—Te lo advertí. ¿Cómo te atreves a volver de nuevo mi casa?

La puerta se abrió bruscamente. Ahora con una camiseta negra puesta, el hombre salió de golpe y agarró a Naruto del cuello de la camisa. —¡Ack! —Naruto apenas podía respirar mientras trataba de zafarse. El agarre del otro era brutal. Gritó con el rostro enrojecido.

—¿Cómo que “tu casa”? ¡Tú eres el que está en MI casa!

Naruto lo miró con rabia mientras jadeaba, adolorido. El hombre soltó una risa sarcástica. —¿Ahora te inventas cosas? ¿Con que derecho idiota? ¿Tu casa? Esta es mi casa.

—¿Qué? ¿Idiota yo? ¡Habla con respeto! ¡Mira! ¿Ves esto? —Naruto sacó la pequeña llave plateada con orgullo—. Es la llave que me dieron cuando firmé el contrato. ¡Esta es mi casa!

El hombre lo miró confundido, como si no entendiera nada. —¿También falsificaste la llave? Estás loco.

—¡Te digo que firmé un contrato! —Naruto golpeó su pecho con frustración.

Pero el hombre lo miraba como si fueran excusas baratas, sin prestarle atención. —Déjate de idioteces y lárgate.

—¡Quien te crees...! —Naruto, furioso, extendió su mano hacia el cuello de la camiseta del otro.

Naruto, frustrado, se golpeaba el pecho con ambas manos. —¡Tú entraste por la fuerza a mi casa! ¡Eso se llama allanamiento! ¡Tú eres el que está invadiendo mi propiedad! ¡Eres sordo o que! —Naruto, furioso, extendió la mano para agarrarlo del cuello de nuevo.

Justo en ese momento, una anciana bajó desde el piso de arriba, alertado por el alboroto. —¿Qué es todo este escándalo? ¿Quiénes son ustedes, chicos? ¿Por qué están armando semejante jaleo en una casa ajena?

El quinto piso era el último, y se suponía que solo vivía el dueño de la casa. Pero Naruto recordaba que el dueño era un hombre corpulento, con mucha barba. No una anciana. Aun así, Naruto se inclinó respetuosamente para saludar. A su lado, el otro hombre también asintió con la cabeza. Entonces, con voz calmada, Naruto intentó explicarse ante la anciana de mirada severa.

—Ah, abuela... Bueno, señora. Yo soy la persona que se supone que va a vivir aquí desde hoy. Ha habido un malentendido con este chico. ¿Podría decirme dónde está el dueño? Creo que, si le dice que soy Naruto, sabrá quién soy.

—Esa casa nunca fue alquilada. ¿Qué estás diciendo? Esa casa es mía.

—¿Cómo dice?

—Que no hay contrato —repitió la anciana—. Esa casa no se ha alquilado a nadie.

El hombre intervino de inmediato. —Yo sí firmé un contrato.

—¡No, no, no él! ¡Yo fui el que firmó! ¡Tengo el contrato aquí mismo! —exclamó Naruto, rebuscando desesperado entre sus cosas.

Naruto empezó a buscar desesperadamente entre sus cosas. La anciana observaba a los dos jóvenes agitados y, tras un momento de silencio, soltó un profundo suspiro. Su expresión parecía decir que ya lo había entendido todo.

—Los estafaron, chicos.

Dicha revelación se sintió como si un rayo les cayera encima a los dos.

El ambiente en el apartamento 401 no podía ser más deprimente. Los dos, que hasta hace poco se agarraban del cuello y se gritaban, ahora estaban sentados frente a frente, en silencio, con una expresión seria. Sobre la mesa estaban sus respectivos contratos. Naruto. Y Sasuke. Mismas cláusulas. Misma renta y depósito. Mismo formato. Contratos exactamente iguales, como si uno hubiera sido copiado y pegado del otro, con la única diferencia siendo los nombres. Después de revisar los papeles, cayó entre ellos un silencio sepulcral.

¡Sabía que ese tipo era sospechoso! Naruto se arrancaba los pelos del arrepentimiento. Me lo merezco... si sigo viviendo así, voy a acabar muy mal. Quizás debería haber escuchado las advertencias de Kakashi-sensei.

La explicación era esta: la anciana tenía un sobrino, y ese sobrino se hizo pasar por ella para firmar contratos duplicados a su nombre.

—A ese malnacido le debería haber roto las piernas, —gruñó la anciana, lamentando que el chico anduviera con que si un negocio o no sé qué. Chasqueó la lengua con fastidio. Pero después de pensarlo un poco y compadeciéndose de los dos recién ingresados a la universidad, les propuso una solución: —Vivan aquí como decía el contrato. Si no quieren, pueden irse. Pero parece que los dos están en aprietos, así que, si pueden, intenten convivir bien.

Dicho esto, y quejándose del dolor en las piernas, desapareció rápidamente. —¡Ah, y los gastos de mantenimiento van aparte!

Así fue como se dio inicio, a la fuerza, a la Primera Ronda de Negociaciones entre Compañeros de Cuarto.

Naruto echó una mirada de reojo a Sasuke. ¿En serio tengo que vivir con este imbécil? Lo único decente que tenía era la cara, todo lo demás era claramente basura de la peor clase. Su carácter estaba arruinado. Apenas lo vio, lo agarró del cuello y lo insultó llamándolo idiota. Lo reconoce, Naruto abrió la puerta de repente y terminó presenciando un show de desnudo gratuito no solicitado, pero aún así... ambos eran hombres, no era para tanto ¿no? Y desde su perspectiva, él solo había entrado en su propia casa. Sin culpa alguna.

Pero para Naruto, esa pequeña pero valiosa suma del depósito era todo lo que tenía. Era el dinero que le dieron al salir del orfanato, y tenía que usarlo con cuidado. No podía seguir pidiéndole ayuda a Kakashi-sensei. Ya era suficiente con que le hubiese pagado la matrícula de la universidad. A partir de ahora, tenía que vivir por su cuenta. Aunque le repugnara la idea de vivir con Sasuke, no le quedaba otra. Naruto decidió hacer las paces con la realidad.

—Lo de antes... lo siento. Ya que estamos en esto, ¿por qué no olvidamos lo que pasó y tratamos de llevarnos bien? Al final, vamos a vivir juntos, ¿no?

Con su actitud de chico simpático, Naruto sonrió ampliamente y le extendió la mano a Sasuke. Este, con los brazos cruzados, solo miraba la mano sin moverse.

—Lo lamento, pero...—Sasuke no le estrechó la mano. —No puedo vivir con otra persona.

—¿Eh? ¿En serio? ¿No estás tú también en un aprieto?

A Naruto se le levantó la comisura de los labios, sin darse cuenta. ¿Va a irse? Tal vez no sea tan malo después de todo. Pero Sasuke, con ese rostro perfecto y sin pestañear, soltó: —Preferiría que fueras tú quien se fuera.

—¿Qué?

—Además, mi contrato fue firmado antes. En casos como este, cuando hay fraude por contratos múltiples, la fecha es determinante. Técnicamente, estás después que yo.

—¡Qué estupidez! ¡La abuela dijo que viviéramos juntos!

—¿De verdad no piensas irte? A ti tampoco te hace feliz vivir conmigo, ¿o sí?

—¡Obvio que no! Pero si a ti no te gusta vivir con alguien, ¡entonces deberías ser tú quien se vaya!

—Ya veo. Solo quería conocer tu opinión.

Mientras Naruto se quedaba pasmado por lo absurdo de la situación, Sasuke murmuró como si no tuviera alternativa. Entonces propuso otra “negociación”, que en realidad fue una imposición.

—No tengo intención de llevarme bien contigo.

—¿Qué dijiste, idiota...?

—Yo usaré el cuarto del fondo. Tú quédate con la sala. Es más grande, así que no deberías quejarte. Si quieres el cuarto, te lo cambio. Y cuando estemos en casa, salvo por necesidad, no nos dirigiremos la palabra. Creo que eso será mejor para ambos. ¿Qué opinas?

¿Qué le pasa a este tipo? Naruto se quedó pasmado por lo increíblemente desagradable que acababa de sonar Sasuke. En ese instante lo ascendió al primer lugar de su lista de personas más insoportables que había conocido en la vida. Y eso que, como huérfano, ya había recibido desprecios de todos los colores. Pero esto no era por ser huérfano; este tipo simplemente tenía la personalidad podrida.

Furioso, Naruto le gritó: —¡Pues lo mismo digo! ¡No quiero llevarme bien contigo ni por un segundo!

—Perfecto. Entonces estamos de acuerdo.

Sasuke empujó su silla hacia atrás y se levantó para dirigirse a su cuarto. Pero antes de entrar, como si se le hubiera ocurrido algo, se giró de nuevo para mirar a Naruto.

—¿No tendrás alguna especie de voyeurismo, verdad? Me resulta muy molesto que alguien me observe el cuerpo así.

—¡¿Qué dices?! ¡Por supuesto que no!

Sasuke asintió tranquilamente, ignorando la rabia de Naruto, y se metió en su cuarto. ¡Pum! Cerró la puerta de golpe. Naruto se quedó solo, murmurando maldiciones por lo bajo, hasta que cayó desplomado sobre la mesa. Vivir con este maldito debe ser peor que vivir en la calle... Pero apenas recordó el precio absurdo de los alquileres en este país de locos, abandonó esa idea de inmediato. Aguanta, solo tienes que resistir hasta las vacaciones.

Resultado de la primera negociación entre compañeros de piso: Fracaso absoluto.


[¿Cómo te va con la casa?]

Por la mañana, Naruto recibió un mensaje de Kakashi. Se rascó la cabeza con fuerza. Casi termino durmiendo en la calle por una estafa de alquiler, pero al final voy a vivir con un loco... No podía contarle la verdad. Si lo hacía, Kakashi sin duda intentaría ayudarlo de nuevo. Tras pensarlo un momento, escribió rápidamente.

[Todo bien. ¡Me encanta!] Y hasta le agregó un emoticono de pulgar arriba.

Para el desayuno, eligió ramen. Normalmente se salteaba las comidas cuando salía apurado, pero siendo su primer día de universidad, pensó que sería bueno comer algo contundente.

Obviamente, Naruto iba a preparar solo un ramen, pero al mirar la puerta cerrada, se quedó pensando. Después de todo, hoy también es el primer día de clases para ese tipo. Aunque ayer Sasuke no paró de soltar comentarios desagradables, no verlo nunca en casa era imposible. Así que, en un intento de mejorar un poco la relación, tomó otro ramen.

Justo en ese momento, la puerta se abrió con un “clic”—Ah, ¿ya te levantaste?

Naruto lo saludó un poco incómodo. Sasuke ya estaba completamente vestido para salir. Con una camisa impecable y jeans, parecía sacado de la portada de una revista universitaria. Desde ahí, observó a Naruto, aún en pijama, con un gorro negro extraño que apenas cubría su cabello rubio.

—Eh, esto... ¿quieres comer ramen?

Naruto, algo avergonzado, le empujó un vaso de ramen hacia él. Naruto, que había logrado entrar a la facultad de deportes con perseverancia y esfuerzo, volvía a extender una mano para reconciliarse.

—Digo... en lo que respecta a la comida, es algo inevitable, así que tal vez podríamos cooperar en eso, tú sabes...

Sasuke giró la cabeza bruscamente. —No como porquerías instantáneas.

Con un ¡Pum! La puerta se cerró de golpe y Sasuke se fue sin más. El vaso de ramen que Naruto sostenía se le cayó de la mano.

—Wow. —Y pensar que estaba a punto de ofrecerle ramen a ese desgraciado. Maldiciendo por lo bajo, Naruto comió solo. Si vuelvo a intentar llevarme bien con ese imbécil, no soy más que un perro.

Pero en una convivencia, evitar completamente al otro es casi imposible. Y lamentablemente, es especialmente difícil para Naruto.

—Ugh...

Con el estómago revuelto, Naruto abrió los ojos de golpe y se arrastró hasta el baño. Desde que entró a la universidad, no sabía si estaba yendo a clases o a bares: entre fiestas de bienvenida y eventos para novatos, el alcohol no dejaba de correr. Su cuerpo ya no aguantaba. Nunca había sabido que era tan débil para el alcohol. Después de una buena sesión de vómitos, salió del baño como un zombi. Sasuke, que estaba cocinando tranquilamente unos huevos fritos, le lanzó una mirada de desprecio.

—S-Sasuke, ¿puedes hacer uno más para mí...? Estoy tan mal que no puedo mover ni un dedo...

Naruto no quería tener nada que ver con Sasuke, pero estaba muriéndose. Con una cara tan pálida y demacrada que parecía un alma en pena, se arrastró hasta aferrarse al pantalón de Sasuke. Sálvame... Hasta un dios de la muerte reconsideraría llevarse a alguien con ese aspecto. Era patético.

Sasuke chasqueó la lengua. —Qué asco.

Y sin piedad, sacudió la pierna para soltarse. Naruto cayó al suelo y al moverse, su estómago se revolvió más. Su cara se puso aún más blanca. En ese momento, el teléfono de Sasuke vibró. Al mirar la pantalla, frunció el ceño con fastidio y se metió en su cuarto.

Naruto, aún tirado en el suelo, rechinó los dientes. —Maldito hijo de...

Fue un arranque de ira más fuerte que cualquier efecto secundario físico. ¿Sucio? ¿Le acaba de decir sucio a él?

Sí, puede que se hubiera quedado dormido sin ducharse tras beber la noche anterior, pero eso ya no existía en la mente de Naruto. Sus ojos azules ardían de furia.

Muy bien esto era una declaración de guerra ¿Quieres guerra? Pues tendrás guerra. Para atrapar a un loco, uno tenía que volverse aún más loco. Naruto se levantó tambaleando, se plantó frente al huevo frito que Sasuke acababa de preparar...

—Prueba esto, a ver si no te mueres

Y vació sin contemplaciones un frasco lleno de un polvo blanco, ¿sal? ¿azúcar? quién sabe, sobre el huevo frito recién hecho de Sasuke. Decir que lo espolvoreó sería quedarse corto: lo volcó entero. En su rostro se dibujaba una sonrisa diabólica. Pero no se detuvo ahí. También le echó un montón de sal al arroz que Sasuke había preparado. Total, él sólo comía ramen y aperitivos de bar, ese arroz no era lo suyo.

Después de eso, Naruto agarró su billetera y salió. Fue a una tienda de conveniencia, se compró un remedio para la resaca y un ramen, y por fin empezó a sentirse vivo otra vez. Lo mejor de todo era esa sensación de alivio estomacal. Seguro que Sasuke ahora mismo estaba agonizando. Imaginar a ese idiota, siempre con su cara seria y comentarios irritantes, retorciéndose del dolor con el estómago hecho trizas, le bajaba a Naruto una rabia acumulada por mil años. Esto es vivir. Más efectivo que cualquier bebida para la resaca era la imagen mental del rostro descompuesto de Sasuke. Naruto, extrañamente revitalizado, empezó a tararear.

Mientras tanto, tal como Naruto había predicho, Sasuke, con apenas un bocado del huevo frito, sintió un sabor salado tan intenso que casi se muerde la lengua del asco. Era como haberlo remojado en agua de mar. —Pff— Escupió como si fuera a vomitar, igual que Naruto antes, y se enjuagó la boca con agua decenas de veces. Qué infantil. pensó Sasuke, esbozando una sonrisa irónica para sí, burlándose de Naruto, y se metió una cucharada de arroz a la boca. Esta vez, era como beber directamente del océano con la cabeza sumergida.

El culpable era obvio. Ese molesto compañero de piso que había conseguido por casualidad. El que cada noche llegaba haciendo escándalo, arrastrándose tarde por la casa. Lamentablemente, el aislamiento acústico del viejo y destartalado apartamento era casi nulo, así que Sasuke escuchaba todo: desde cómo Naruto abría la puerta hasta cómo se caía en el suelo. ¿Por qué demonios bebía tanto como para acabar perdiendo el juicio? ¿Aún tendría rodillas con tanto tropezón diario? Ya había perdido la cuenta de las veces que lo había despertado el ruido.

En ese momento, la ropa de cama de Naruto llamó su atención. Los ojos de Sasuke también brotaron chispas de venganza.


Esa noche, después de calmar el estómago con una bebida del konbini, Naruto se reunió con unos compañeros de clase en un cibercafé. Cuando regresó, ya era de madrugada. Como siempre, suponía que Sasuke estaría encerrado en su habitación, así que no se esperaba cruzárselo.

Tch. Y si me lo encuentro, ¿qué? Naruto caminaba con seguridad. Con que lo derrote, basta. ¿Cómo iba a perder él en fuerza física si había entrado a la universidad en la facultad de deportes?

—¡Ya llegué! —saludó en voz alta, por costumbre, como hacía cuando vivía con Kakashi.

Se dio una ducha, se puso el pijama, incluido su gorrito negro de dormir, y entonces se dio cuenta de que faltaba algo.

—¿Qué...? ¿Dónde está mi edredón?

Y la almohada tampoco estaba. Él recordaba haber dejado todo desordenado al salir en la mañana.

Mientras estaba confundido, se escuchó un clic proveniente de la habitación de Sasuke, que normalmente estaba siempre cerrada.

—¿Estás buscando algo?

—¿Q-qué te importa a ti?

Era la primera vez que Sasuke iniciaba una conversación. Instintivamente, Naruto se sobresaltó, pero enseguida frunció el ceño y lo miró con recelo. Parecía un gato erizado. Sasuke, apoyado con desgano contra la pared, habló con indiferencia, como si no fuera nada.

—Vi que tu edredón estaba manchado con vómito, así que me tomé la molestia de tirarla. No hace falta que me des las gracias.

—¿Qué? ¿¡La tiraste!? ¡Eso no tenía nada! ¡Y aunque así fuera, ¿por qué lo tiras!?

Naruto salió corriendo del departamento. Fue al lugar donde se dejaba la basura y comenzó a hurgar desesperadamente. Pero ya no había rastro ni del edredón ni de la almohada. Alguien probablemente ya se los había llevado.

Este maldito lunático...

Una ola de furia le estalló en la cabeza. Subió de un tirón los cuatro pisos hasta su departamento sin parar a respirar. Entró bufando, furioso.

—¡¿Sasuke! ¿Estás loco o qué?!

—Lo mismo digo ¿Qué tenías en la cabeza mientras le echabas sal a mi comida?

Ambos se miraron como si quisieran matarse. Al mismo tiempo, pensaron exactamente lo mismo: No puedo vivir con este imbécil ni un segundo más.

Naruto fue el primero en soltar un bufido y, señalando a Sasuke con el dedo, gritó. Había cruzado la línea, y de largo. Ya no podía dejarlo pasar.

—Voy a lograr que salgas de esta casa tu solito.

—¿Ah, sí? Justo eso pensaba hacer yo contigo. —Sasuke no se quedó atrás y le respondió con una sonrisa sarcástica en su rostro pálido.

Una tensión letal flotaba entre los dos. A partir de ahora, esto ya no era convivencia. Era una cuestión de supervivencia. Había comenzado la guerra.

Continuará...

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