Capítulo único
26 Sasuke x 16 Naruto
—Sasuke Uchiha, como el comandante de primera línea más destacado del Imperio y un Alpha de alto rango, ¿Cómo pudiste cometer un error tan básico? ¿No sabes cuánto esfuerzo ha invertido el Imperio en tu formación? ¿Y tú decides abandonar esta misión por salvar a una sola persona? ¿Qué estás pensando?
La mujer vestida con un uniforme militar blanco gritaba con furia al joven frente a ella. El Imperio había invertido numerosos recursos en entrenar a sus comandantes, pero Sasuke, siendo el mejor de ellos, cometió un error gravísimo en el campo de batalla. Modificó el objetivo de la misión sin autorización, salvó a un rehén, pero eso llevó al fracaso de la misión. Aunque no hubo muertes y se logró contener la situación, el daño causado por la invasión de las criaturas fue devastador para el Imperio.
—Ni tu maestro podrá salvarte esta vez. El Imperio no tiene lugar para alguien como tú. Nos vemos en la corte marcial. —La mujer se levantó rápidamente y golpeó la mesa con furia. En su mirada había odio, ya que Sasuke, quien estaba a punto de recibir un ascenso, había arruinado todo por un error tan grave. Siempre se decía que los Uchiha estaban locos, y ahora entendía que era cierto. No tenía dudas de que Sasuke acabaría en prisión.
Sasuke estaba sentado bajo un techo humilde, mirando el borde de la galaxia de doble espiral. Las criaturas no habían vuelto a aparecer en mucho tiempo. Suspiró suavemente mientras, día tras día, registraba los cambios en la frontera del planeta Norma, un lugar donde no brillaba la luz solar. Apagó su cigarrillo mientras los recuerdos de lo sucedido en el tribunal militar inundaban su mente. Solo él sabía lo que realmente ocurrió en ese campo de batalla. Cargó con toda la culpa, sacrificando su futuro en el proceso.
—Tras la investigación, se ha determinado que Sasuke Uchiha modificó los objetivos de la misión sin autorización, lo que resultó en la aniquilación completa de la Primera Legión. Las criaturas atravesaron la línea de defensa del Imperio, causando grandes pérdidas materiales. Por ello, se ha decidido sentenciar a Sasuke Uchiha a muerte... —El juez militar leía uno a uno los cargos en su contra hasta que un asistente le entregó un nuevo documento. Al revisarlo, frunció el ceño y corrigió: —En consideración a las grandes contribuciones de Sasuke Uchiha al Imperio, la sentencia se modifica a la destitución de todos sus cargos y su exilio al planeta Norma para proteger la frontera.
Aunque sonaba menos severo, todos sabían que Norma era el planeta más pobre y peligroso de la galaxia de doble espiral. Sin permiso para pilotar mechas, Sasuke estaba condenado a morir allí. Sin embargo, no mostró oposición; solo dejó escapar un comentario despectivo: —Qué ignorantes.
El juez se quedó sin palabras. En el tribunal, muchos reaccionaron con arrepentimiento o enojo al escuchar la sentencia, pero nadie había mostrado el desprecio que Sasuke acababa de expresar. Furioso, el juez ordenó: —¡Que se ejecute de inmediato!
El ejército actuó rápidamente. En poco tiempo, llevaron a Sasuke de vuelta a su casa para recoger sus cosas. En su enorme residencia, solo tomó una cosa: la llave para acceder a los registros de su misión, donde guardaba toda la verdad. Ante las prisas de los oficiales, dejó la capital estrella sin mirar atrás y fue enviado a Norma. Odiaba a ese Imperio, un lugar sin humanidad ni futuro.
El planeta Norma era incluso más desolado de lo que había imaginado. Los oficiales que lo llevaron hasta la única residencia del lugar se marcharon rápidamente, no sin antes insultarlo antes de despegar en su nave. Antes, había sido el comandante más destacado del Imperio; ahora, todos lo despreciaban. Sasuke dejó escapar una risa fría al contemplar el vasto y solitario planeta. Por primera vez en mucho tiempo, sentía una paz indescriptible.
Día tras día registraba los cambios en la frontera. Ya no era aquel joven lleno de energía de diecinueve años. Ahora, con veintiséis, todas sus aristas se habían limado y su mirada estaba tan tranquila como un estante muerto. Contemplaba el oscuro e infinito universo como si él mismo se hubiera convertido en esa misma oscuridad.
De repente, una luz apareció en el negro cosmos. Frunció el ceño al verla crecer y convertirse en una cápsula de escape en llamas. Atravesó el cielo y se estrelló en Norma, provocando un gran incendio. Sasuke siguió el rastro hasta encontrar la cápsula, cuya cubierta estaba rota por el impacto. Dentro había un joven rubio de ojos cerrados y con sangre en la frente. Por suerte, la cápsula había resistido bien el impacto, y Sasuke no tendría que recoger un cadáver.
Al acercarse, empujó la pantalla protectora para intentar sacar al chico, pero se quemó al instante con la temperatura del joven. Lo primero que percibió fue el aroma de su feromona con olor a girasoles. Sasuke jamás habría imaginado que el entrenamiento que había recibido para resistir las feromonas de un omega resultaría inútil en ese momento. Solo había una explicación: la compatibilidad entre ambos debía superar el noventa y cinco por ciento.
¿Cómo era posible?
El chico, inconsciente, agarró la ropa de Sasuke con debilidad. Parecía haber percibido algo agradable en el aire y, con los ojos entreabiertos, reveló un par de orbes azul marino. Intentó hablar, pero solo emitió un sonido ahogado, para luego cerrar nuevamente los ojos y desmayarse de nuevo.
¿Cómo podía estar herido durante su período de celo?
No podía dejar que muriera allí. Sasuke, tomando una decisión rápida, cargó al chico y lo llevó a su casa. En el planeta Norma había un laboratorio abandonado, y el Imperio solía enviarle suministros, entre los cuales había inhibidores. Lo sostuvo con cuidado y le inyectó una dosis directamente en la glándula del cuello, el método más efectivo para frenar un celo. Solo cuando escuchó que la respiración del joven se estabilizó, dejó que el robot médico se encargara de él.
El impacto del chico sobre él era abrumador. El aroma a girasoles de sus feromonas seguía flotando a su alrededor, y si no hacía algo, él mismo podría entrar en celo. Con los ojos ya comenzando a nublarse, Sasuke no lo pensó dos veces antes de inyectarse un inhibidor en el muslo. Mientras el líquido frío recorría su cuerpo, finalmente pudo observar al joven con más claridad.
Probablemente se hacía pasar por beta para unirse al ejército. En el Imperio, los omegas eran estrictamente controlados y, finalmente, asignados a Alphas de alto rango para criar descendencia más fuerte. Sasuke dejó escapar un suspiro. Definitivamente, era un Imperio inhumano, sin futuro alguno.
El joven durmió profundamente durante tres días antes de abrir los ojos. Al encontrarse en un entorno desconocido, inmediatamente se puso en alerta. Sentía un dolor leve en la glándula del cuello, pero no detectó la presencia de feromonas Alpha, así que asumió que le habían administrado un inhibidor. Miró rápidamente a su alrededor: el lugar estaba deteriorado, pero contaba con lo necesario para vivir. La única salida era una puerta, así que se posicionó detrás de ella, esperando su oportunidad para salir.
Cuando Sasuke abrió la puerta, lo primero que vio fue al chico rubio abalanzándose sobre él. Sin esfuerzo, sujetó sus manos y lo inmovilizó contra la pared. Solo entonces el chico se tranquilizó.
—¿Así es como le agradeces a tu salvador, Naruto Uzumaki?
—¿Fuiste tú quien me salvó? ¡Gracias! —respondió Naruto con vergüenza, girándose al darse cuenta de su error. Sin embargo, algo llamó su atención: pudo percibir las feromonas de Sasuke. Eso no era normal. Naruto siempre había sido insensible a las feromonas, a menos que fueran de un Alpha con una alta compatibilidad con él.
—Eh... tus feromonas me están ahogando. ¡Déjame ir...! —protestó Naruto, sintiendo que el aroma a sake de Sasuke comenzaba a aturdirlo. Si no hubiera recibido una dosis de inhibidores hace dos días, probablemente ya habría entrado en celo. Sin embargo, estaba sorprendido de que su “salvador” no lo hubiera marcado y hasta le hubiera administrado un inhibidor.
—¿Cómo te llamas?
—...Sasuke Uchiha.
Naruto quedó en blanco. Jamás habría imaginado que, después de ser capturado por el laboratorio Voyager y forzado a entrar en celo, terminaría encontrándose con el hombre que casi destruyó ese laboratorio años atrás. Apretando la mano de Sasuke, le preguntó ansiosamente: —¡Tú eres el que casi acabó con el laboratorio Voyager! ¡Leí tu biografía! ¡Ese lugar está loco, hacen experimentos con humanos!
Sasuke simplemente asintió, liberando las manos del chico con una expresión impasible. Sabía que el Imperio había borrado su expediente para proteger al laboratorio Voyager. La familia de Naruto debía tener una gran influencia si él había tenido acceso a esa biografía eliminada. Sin embargo, Sasuke no respondió nada sobre su conexión con el laboratorio. Odiaba al Imperio, y sabía que ya no podía hacer nada para detener a Voyager. Con voz calmada, dijo: —Si tienes hambre, ven a comer.
Naruto quiso decir algo más, pero al ver la actitud distante de Sasuke, decidió quedarse callado y lo siguió obedientemente. El planeta Norma tenía una tierra estéril, pero el Imperio enviaba suministros regularmente, lo que le había permitido a Sasuke renovar la tierra y plantar un pequeño huerto. En él crecían tomates pequeños, frescos y cubiertos de rocío, que parecían irresistibles.
Naruto permaneció un tiempo en el planeta Norma. Después de todo, no podía regresar, así que, en su tiempo libre, se dedicaba a reparar su mecha y esperaba pacientemente que Sasuke preparara la comida. Aunque Sasuke no decía mucho, en ese tiempo el aroma de los girasoles le trajo una sensación de renacer, como si volviera a ver la luz. Sasuke nunca le preguntó cuándo se marcharía, y Naruto se quedó temporalmente en Norma. Ambos cuidaban los pequeños tomates, observaban los anillos de rocas del borde del planeta y las estrellas que caían en el horizonte.
—¿Por qué, siendo omega, estabas en el ejército? —preguntó Sasuke mientras aireaba la tierra de los tomates. Naruto, quien estaba regando las plantas, levantó la vista.
Naruto se pasó la mano por el cabello despeinado y respondió con calma: —Quiero cambiar el Imperio. Por fuera parece brillante, pero por dentro está podrido, como una manzana en descomposición. Quiero demostrar que los omegas no solo sirven para casarse; podemos luchar, podemos pilotear mechas. Además, no soy sensible a las feromonas, excepto las tuyas. Antes de encontrarte, nunca tuve un periodo de celo. En fin, no me arrepiento. ¡Yo soy Naruto Uzumaki, y lo que digo, lo cumplo!
La vida en el planeta Norma parecía una pausa en su existencia. No había entrenamientos extenuantes ni temor constante a que descubrieran que era omega. Pasaron dos años tranquilos en Norma. Durante ese tiempo, los periodos de celo y los episodios de feromonas inestables de Naruto siempre se estabilizaban gracias a las feromonas de Sasuke.
Sin embargo, un día Naruto desapareció sin previo aviso. Sasuke abrió la puerta de la casa y encontró los tomates aplastados en el suelo, frunciendo el ceño profundamente. Naruto nunca se iría sin despedirse. Su mecha aún estaba en reparación, lo que solo podía significar que había sido secuestrado.
Observando las hojas verdes destrozadas y el jugo de tomate derramado, Sasuke sintió cómo la furia característica de un Alpha se apoderaba de él. Se dio cuenta de que no solo tranquilizaba a Naruto con sus feromonas, sino que él mismo dependía del aroma de los girasoles para mantener su calma. Pero más allá de las feromonas, la convivencia diaria con Naruto lo había marcado profundamente. Recordó al Naruto vivaz, al Naruto cuidando los tomates, al Naruto reparando su mecha. Su cabello dorado, como el sol, y sus ojos azules, brillantes como el océano estrellado, se fijaron en su mente.
En la inmensidad del frío y solitario universo, solo ellos dos se tenían el uno al otro. Y Sasuke sabía que, sin darse cuenta, Naruto se había convertido en una persona a la que deseaba proteger.
Todo eso terminó abruptamente ese día. El secuestro de Naruto lo devolvió a sus pesadillas más oscuras. Mirando los restos en el suelo, Sasuke apretó los puños. Estaba seguro de que el culpable era el laboratorio Voyager. Ellos eran los únicos que sabían que Naruto era omega. En el vasto universo, un omega raro como él era un objetivo codiciado por muchos. Sasuke se culpó por no haberlo protegido. Con los ojos enrojecidos por la ira, tomó sus armas y salió en busca de Naruto.
Afortunadamente, el laboratorio Voyager aún no había abandonado el planeta Norma. Después de caminar durante horas en la oscuridad, Sasuke alcanzó una pequeña nave, lo suficientemente grande para tres personas. Desde la distancia, vio el cabello dorado de Naruto. Era evidente que Naruto no era alguien que se rindiera fácilmente. Los guardias que lo custodiaban ya estaban magullados por los golpes de Naruto. Voyager había dado la orden de capturarlo vivo. Si no fuera porque era omega, probablemente ya estaría herido de gravedad.
Sasuke, sin embargo, notó algo preocupante: el rostro de Naruto estaba sonrojado. Estaba resistiendo con dificultad. Naruto sentía que el mundo se volvía negro. Los dos hombres que lo habían capturado le habían inyectado algo extraño, y ahora todo su cuerpo ardía como si lo estuvieran devorando hormigas. Apenas podía pensar. De repente, percibió el aroma de las feromonas de Sasuke, un amargor a sake que logró despertarlo brevemente. Con la vista borrosa, buscó desesperadamente a Sasuke y, al fin, vio sus ojos púrpuras. Solo entonces suspiró aliviado.
Sasuke, aprovechando que los guardias estaban contactando a su base, invocó a su gigantesco Susanoo y aplastó con fuerza a los dos hombres, arrojándolos contra la nave. Ambos quedaron inconscientes en cuestión de segundos. Una vez que todo estuvo bajo control, Sasuke se acercó a Naruto, aunque con cierta duda. Para su sorpresa, Naruto se colgó de él con debilidad.
—Sasuke... hueles muy bien.
—Debes estar delirando, cabeza hueca. —Sasuke tocó suavemente su frente y confirmó sus sospechas: Voyager le había inyectado un medicamento que inducía el celo. Su intención era capturarlo, aprovechar su periodo de celo para extraer su material genético y luego inyectarlo en betas capturados. Buscaban crear más omegas en celo para sus experimentos de cría.
Tal como había sucedido hace años, Sasuke se encontraba nuevamente en una situación similar. Los recuerdos lo llevaron de regreso a su tiempo como comandante en el frente, cuando descubrió los horrores que Voyager hacía con los omegas. En ese entonces, tomó una decisión que jamás lamentaría. Y esta vez, haría lo mismo. No importaba el Imperio ni Voyager. Lo único que importaba era salvar a Naruto.
Desde hacía tiempo, Sasuke sabía que las criaturas que Voyager intentaba crear eran fracasos de experimentos genéticos. Buscaban crear una segunda generación de mutantes con habilidades superiores, pero todos sus experimentos terminaban en fracaso. Los humanos mutados desarrollaban genes inestables, convirtiéndose en monstruos violentos y sin razón.
El único deseo de esas criaturas era regresar a casa, esperando volver desde las fronteras a sus hogares. Sin embargo, jamás imaginaron que serían cruelmente asesinados por sus propios semejantes, por el Imperio, convirtiéndose en almas errantes bajo el fuego de los cañones de las mechas, sin poder encontrar el camino de regreso.
Sasuke había registrado todas las misiones en una llave de datos, pero no quería involucrarse en esos asuntos. La supervivencia del Imperio no tenía nada que ver con él. Ahora, su única atadura era Naruto. Solo él. Sasuke llevó a Naruto, quien ardía en fiebre y murmuraba incoherencias, de regreso a casa. Durante el trayecto, Naruto, sin conciencia, se abrazaba a Sasuke, frotando su rostro contra el pecho de este como si el contacto le ofreciera algo de alivio.
—Sasuke... estás fresco... hace tanto calor... —susurró Naruto.
—Deja de restregarte. —Sasuke suspiró con resignación, ajustando a Naruto entre sus brazos para que no se cayera.
—Pero tú estás tan fresco... —Naruto frotaba su mejilla contra la clavícula de Sasuke. Las feromonas de Sasuke tenían un efecto irresistible en él. Antes de su experiencia con el laboratorio Voyager, nunca había tenido un periodo de celo, y por mucho tiempo no se sintió como un omega. Ahora, sin embargo, se sentía profundamente atraído por Sasuke, deseando que lo marcara para siempre. Pero sabía que no era solo por las feromonas.
Dejando a Naruto sobre la cama, Sasuke observó el rostro enrojecido de este, su garganta moviéndose con dificultad. Sasuke no era un santo. Sabía que sus feromonas se atraían mutuamente y que ambos estaban al borde del límite. Sin embargo, no quería que Naruto lo odiara.
—¿Todavía tienes el cerebro funcionando? —le preguntó.
—Si lo tuviera dañado, ¿me estaría aferrando a ti? —respondió Naruto, con una sonrisa torpe y desorientada. Se sentía seguro porque Sasuke estaba con él, así que, sin dudarlo, lo jaló hacia la cama, colocando ambas manos sobre los hombros de Sasuke. —Márcame.
—¿Sabes lo que estás diciendo? Solo somos compatibles genéticamente.
—Lo sé. Te amo. Y no tiene nada que ver con nuestras feromonas ni con nuestra compatibilidad. Simplemente... te amo.
Antes de que Naruto pudiera terminar, Sasuke lo atrajo hacia él y depositó un suave beso en sus labios. Tal y como había imaginado, eran tan suaves como pensaba. Sin luz en el planeta Norma, incluso el tenue resplandor en la habitación desapareció, dejando solo el sonido de respiraciones entrecortadas.
Cuando Naruto despertó siete días después, nunca imaginó que encontraría al Alpha que amaría y que sería marcado por él para toda la vida. Al principio quiso quejarse, pero al mirar su reflejo en el espejo, lleno de marcas de besos, y sintiendo el cuerpo menos pesado, permaneció en silencio.
La vida en Norma volvió a ser tranquila. Tras el fracaso de la misión del laboratorio Voyager, las perturbaciones en los anillos de rocas se calmaron. Naruto regresó a sus días de trabajo en el campo, aunque por las noches, ahora tenía actividades adicionales. Sus feromonas estaban profundamente entrelazadas, y ambos se amaban intensamente.
Un día, Naruto entró misteriosamente en la habitación, se metió bajo las mantas junto a Sasuke y, después de vacilar un momento, le dijo: —Sasuke, he decidido irme. Mi mecha ya está reparada y quiero exponer los crímenes del laboratorio Voyager.
Sasuke no respondió de inmediato. Cuando Naruto comenzó a inquietarse, Sasuke finalmente dijo: —Si eso es lo que quieres, hazlo.
—El laboratorio Voyager estuvo al borde de la destrucción hace años. Por eso las fronteras han estado tranquilas todo este tiempo. Pero ahora seguramente han capturado a otros omegas y han comenzado de nuevo con sus experimentos para crear mutantes... —explicó Naruto. Aunque Sasuke no intentó detenerlo, Naruto no pudo evitar justificar su decisión. Entendía por qué Sasuke había hecho lo que hizo en el pasado. Él habría tomado las mismas decisiones. Después de todo, ¿Quién no querría salvar a los suyos?
De repente, un sonido interrumpió sus pensamientos: —¡Alerta! ¡Alerta! Objeto volador no identificado.
De repente, el sonido de una alarma resonó en la cabaña. Al mirar hacia arriba, efectivamente, el cinturón de rocas estaba experimentando grandes perturbaciones. Una nave estelar del laboratorio Voyager se dirigía hacia el planeta Norma. Al darse cuenta, Naruto guardó su mecha y siguió a Sasuke hacia el refugio de emergencia subterráneo. Era un refugio algo viejo que solo contaba con una pequeña cápsula de escape.
El estruendo de explosiones se escuchaba desde la superficie. Probablemente la única vivienda en Norma había sido destruida. El laboratorio Voyager ya estaba preparado para regresar con fuerza, y el planeta Norma, donde estaban Sasuke y Naruto, era su primer objetivo a eliminar.
—Abrázate fuerte a mí —dijo Sasuke.
La cápsula de escape era tan pequeña que solo podía sentarse una persona. Sin otra opción, Sasuke abrazó a Naruto, lo acomodó para que quedara frente a él, le colocó el cinturón de seguridad y, tras introducir las coordenadas que tenía, activó un salto espacial inmediato.
—Lo siento... —murmuró Naruto, con el rostro escondido en el pecho de Sasuke-. Durante una misión me vi obligado a abandonar el ejército y el laboratorio Voyager me capturó. Me inyectaron un nuevo tipo de inductor y por eso entré en celo... así fue como terminé aterrizando en Norma.
Naruto nunca quiso explicar por qué había llegado al planeta Norma, pero ahora que el laboratorio Voyager estaba destruyendo el lugar, no pudo evitar sentirse culpable por haber arrastrado a Sasuke a este desastre.
—Lo sé —respondió Sasuke, sin ninguna pizca de reproche en su tono. Ya sabía por qué Naruto había llegado a Norma. Él no tenía un hogar, y solo cuando Naruto apareció en su vida sintió que finalmente tenía uno. Sasuke simplemente lo abrazó más fuerte, mientras se enfocaba en la ruta. Habían dejado el sistema de Norma y estaban cerca de la constelación del Zorro Celestial. Recordaba que la base principal del Ejército Rebelde Konoha estaba allí, al igual que la Asociación de Protección Omega, una organización civil.
La cápsula aterrizó cerca del planeta Faer. Naruto, familiarizado con el lugar, condujo a Sasuke a través de varias capas de seguridad hasta llegar a la base principal del Ejército Rebelde Konoha. Una chica de cabello rosado, que estaba patrullando, los vio y corrió hacia ellos. Al abrazar a Naruto, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¡Naruto! ¡Sabía que no habías muerto!
—¡Claro que no, Sakura! -respondió Naruto, con su característico entusiasmo—. Además, traigo buenas noticias. ¡Sé cuál es el verdadero objetivo del Imperio y el laboratorio Voyager! ¿Dónde está la abuela Tsunade?
El rostro de Sakura se tornó serio al escuchar esas palabras. Sin demora, los llevó a la sala de conferencias más importante, donde Tsunade, la comandante en jefe del Ejército Konoha, ya los estaba esperando.
Después de confirmar que Naruto seguía vivo y de escuchar toda la verdad contenida en la llave de datos de Sasuke, el semblante de Tsunade se volvió sombrío. En el fondo, no pudo evitar sentirse conmovida al mirar a ambos. Finalmente, la tiranía del Imperio estaba a punto de llegar a su fin.
Gracias a la rápida respuesta de Tsunade, no pasó mucho tiempo antes de que llegaran las noticias: el Imperio y el laboratorio Voyager habían sido completamente destruidos. Los restos de sus fuerzas se unieron para formar una nueva Federación Interestelar.
El Instituto de la Federación trabajó día y noche para desarrollar un medicamento capaz de revertir las mutaciones genéticas, permitiendo que los humanos afectados volvieran a sus hogares. La Asociación de Protección Omega acogió a todos los sobrevivientes que no tenían un hogar y promulgó una nueva Ley de Protección Omega, otorgándoles el derecho de decidir libremente su futuro. Así comenzó una era de verdadera paz.
Entre los dos héroes que trajeron la paz, Sasuke fue restaurado en su posición y derechos dentro de la Federación, y todas las verdades salieron a la luz. Una vez rehabilitado, regresó a la vieja residencia de los Uchiha, ahora restaurada, y no pasó mucho tiempo antes de que se casara con Naruto.
El día de la boda, Sasuke finalmente obtuvo la luz que tanto había buscado.
—Nada en este mundo tiene importancia para mí -le dijo a Naruto—. Lo único que importa en mi vida eres tú, mi girasol.
Fin








