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YoshiKaru| Querido Yoshiki

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Summary

Yoshiki es el mejor amigo de Hikaru. A pesar de sus muchas diferencias, no hay nadie en el mundo que Hikaru quiera más que a él. Pero Yoshiki está luchando en silencio, y cuando huye de su casa para luego volver como si nada hubiera pasado, Hikaru siente que algo está mal. Su amigo, normalmente tranquilo, se muestra distante, nervioso a su alrededor y evita su mirada. Cuando Hikaru por fin empieza a salir con una chica, la reacción de Yoshiki rompe por completo su realidad y revela un terror inconcebible del que no puede escapar.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 01

—¡Ey, Yoshiki, Kaoru! ¡Vengan a encender estas benga conmigo!

Un olor a quemado impregna el aire mientras las bengalas se encienden, a pesar de que el viento lucha por apagar la llama del encendedor. Hikaru suelta una risita, mientras Yoshiki intenta una y otra vez encender otra para su hermana, pero la llama se le apaga cada vez.

—¡Ahg, ya hasta me duele el dedo! —dice frustrado, y le pasa el encendedor. Luego mira con fastidio cómo Hikaru lo consigue en apenas unos intentos.

—¡Ajá! ¡Wooow, Yoshiki! Supongo que soy muchísimo mejor que tú, ¿eh?

—En lo único que eres mejor, pfff.

Ambos se ríen, y Hikaru agita su varita chispeante. Ese pequeño sonido de siseo es tan satisfactorio, y encienden más mientras se acerca la medianoche.


Kaoru ha entrado a la casa por el frío, así que los dos chicos están sentados solos afuera compartiendo una manta, señalando cada pequeño fuego artificial que se dispara en el vecindario. Kubitachi podrá ser diminuto, pero los habitantes del pueblo lo convierten en una competencia para ver quién monta el espectáculo más llamativo cada año.

—¡Ooooh, ya casi es la hora! ¡Rápido! ¿Tienes algún deseo de Año Nuevo?

Hikaru se frota las manos. Hace frío, pero no piensa perderse los fuegos artificiales solo por ir a buscar otra manta. Yoshiki se toca la barbilla y se queda pensativo.

—Bueno, nos graduaremos pronto. Así que quiero encontrar algo que hacer después este año y asegurarme de mudarme a la ciudad lo más rápido posible. Ese sí es un deseo que quiero cumplir.

Hikaru asiente con rapidez. —Vale, lo de siempre contigo. Bueno, ahí va el mío.—Hikaru respira hondo.—Este año, estoy cien por ciento seguro de que voy a conseguir una novia. Para San Valentín, lo juro.

—Ja... —Yoshiki suelta una risita, pero no sonríe—. Ya veremos. Pero seguro que puedes lograr lo que sea si te lo propones...

Hikaru mira su teléfono. Son las 11:59. —¡Ya casi, ya casi!

—Oye, Hikaru... —Yoshiki lo mira como si quisiera decir algo. Se muerde el labio y se esfuerza por mirarlo a los ojos.

—Necesito decirte algo...

—¿Qué pasa? ¡Se va a poner súper ruidoso, oh dios, ya casi es la hora! ¡Tomemos un trago cuando volvamos a entrar! Claro, si tu mamá está de acuerdo.

—Yo... —Yoshiki aprieta los labios. Sus manos se mueven inquietas sobre su regazo. Debe de tener frío sin guantes.—Hikaru, yo...

Estallidos ensordecedores explotan sobre ellos. El cielo se ilumina como si fuera el sol: tonos rojos, azules, verdes y amarillos tiñen la noche con chispas y figuras rápidas. Hikaru grita emocionado y silba con los dedos.

—Hi... ru...

—¿¡Eh!?

—Yo...

Hikaru ve a Yoshiki mover los labios y decir unas palabras, pero el ruido es demasiado. En lugar de pedirle que repita, simplemente sonríe y lo rodea con los brazos, apretándolo en un abrazo corto. Yoshiki no le devuelve el abrazo.

—¡Feliz Año Nuevo, Yoshiki! ¡Me alegra que estés aquí conmigo!


Yoshiki desaparece 18 días después. En este día perfectamente ordinario de enero, el cielo gris se extendía hasta el final del horizonte, hasta que la oscuridad del invierno se lo tragó todo unas horas después, ya entrada la tarde.

Yoshiki llevaba desaparecido desde esa mañana, y para entonces su familia ya empezaba a preocuparse. Al salir de la gélida noche y entrar en casa de su mejor amigo, nada de aquello le pareció real ni urgente. No era propio de él, pensó Hikaru. Era muy raro que no le hubiera dicho a nadie a dónde iba.

Hikaru había sido demasiado ingenuo y no sabía que todo estaba a punto de romper la cómoda realidad en la que había vivido hasta ese momento.

La habitación de Yoshiki estaba oscura, limpia, y se veía igual que siempre. Su tarea estaba sobre el escritorio, sin terminar. Como si se hubiera levantado a la mitad y simplemente la hubiera abandonado. Hikaru intentó por todos los medios encontrar alguna pista, pero finalmente se dio por vencido y se sentó en la cama, dejando que su mirada recorriera la habitación. El olor de Yoshiki aún flotaba en el aire, pero el cuarto se había vuelto frío, sin vida. Fue entonces cuando los ojos de Hikaru se fijaron en el pequeño basurero junto a los pies de la cama.

Fue allí donde lo encontró.

Una hoja de papel arrugada, cubierta de escritura por ambos lados. Al principio quiso descartarla como si no fuera nada, pero la primera línea llamó su atención en cuanto la abrió.

“Querido Hikaru,

Siempre pensé que algún día te escribiría esta carta. La idea me rondó la cabeza muchas veces en los últimos años, y ahora por fin ha llegado el momento de hacerlo. Pero eso no significa que sea fácil, porque en cuanto empecé a escribir, las ganas de llorar se me hacían mas grandes.

Era obvio que Yoshiki había escrito la carta. Pero su caligrafía, normalmente tan ordenada, aquí se veía un poco más desprolija.

“Siempre he sido egoísta y frío, y una sombra para la gente de aquí. Me aferré a ti como a mi luz, porque para ti todo te parece tan fácil. Hablar con la gente, cumplir con tus deberes, encajar, ser mi mejor amigo... Soy consciente de que ponerte en un pedestal es otro acto egoísta de mi parte. Pero durante unos años, vivir así fue la única manera que encontré de respirar.

Ahora he llegado a un punto muerto, y me aterra cómo nuestras vidas están a punto de cambiar.”

Una sensación extraña y ominosa se asentó en el estómago de Hikaru. No le gustaba hacia dónde iban las cosas, aunque todavía no estaba seguro de qué debía esperar. No entendía por qué Yoshiki de pronto derramaba sus pensamientos así, pero claramente Hikaru nunca debía ver ese mensaje en primer lugar, a juzgar por la forma en que había sido desechado.

“Uno de mis peores miedos siempre ha sido perderte y quedarme completamente solo en este mundo donde se me hace cada vez mas difícil respirar. Siempre quise irme del pueblo, pero sabía que tú tenías sueños distintos. Muchas veces pensé en convencerte de que vinieras conmigo en mi escape, en buscar felicidad en otro lugar, conmigo. Pero entonces me di cuenta... no me corresponde obligarte a hacer eso. Al final, solo soy tu mejor amigo, y a veces incluso los amigos tienen que separarse porque eligen caminos distintos en la vida. Al menos, así es como se vería desde tu perspectiva.

Había otro pensamiento, incluso más egoísta que el primero. Tenía que ver con las peores partes de mí, esas que he intentado enterrar desde el momento en que se volvieron una parte real de mí, cuando era mucho, mucho más joven.

Me di cuenta desde temprano de que albergaba estos... pensamientos y sentimientos por ti que no son normales en otras personas. En cuanto lo comprendí, se volvió dolorosamente claro que jamás podría volver atrás. Incluso ahora, finjo que no soy la persona enferma y horrible que objetivamente soy, porque todavía quiero que te caerte bien. Si me odiaras, sé que nunca podría vivir con eso, lo que significa que no puedo ser completamente honesto contigo ni siquiera mientras me despido.”

Hasta ese punto, los ojos de Hikaru habían volado rápidamente por la página, pero este párrafo lo hizo detenerse. Sentía que no podía entender del todo a qué apuntaban las palabras de Yoshiki, y aun así, en el fondo de su mente, tenía la sospecha más aterradora. La garganta se le secó. La cara le ardía de calor. No quería seguir leyendo, pero tenía que hacerlo, aunque se sintiera terriblemente intrusivo, como si estuviera espiando los pensamientos más privados de su mejor amigo.

“Así que aquí estaba yo con esta segunda opción: podía quedarme en el pueblo, para siempre a tu lado. Pero me vería obligado a verte vivir tu verdadera vida sin mí. Pronto, ya no sería la persona más importante en tu vida. Te casarías, y tu esposa y tus hijos se convertirían en todo tu mundo. Por supuesto, seguirías queriéndome como tu mejor amigo. Yo te habría permitido confiar en mí, apoyarte emocionalmente en mí, mientras mi propia tristeza me devoraría por dentro el resto de mi vida.

No sé cuál de mis futuros temía más, pero llegué a la conclusión agonizante de que, después de este año, iba a perder para siempre la relación que tenemos.

Ahora, Hikaru, no quiero que jamás pienses que esto es la razón por la que lo hice. No quiero que vivas pensando que me fui simplemente porque no pude salirme con la mía.”

Esto no estaba pasando. Nada de esto era real.

“La verdad es que me he sentido como un cadáver andante durante casi toda mi vida. Las únicas veces que me sentí vivo fueron en mi primera infancia y durante gran parte del tiempo que pasamos juntos. Pero incluso todo eso siempre estuvo manchado por las peleas de mis padres y su falta de fortaleza emocional para conectar conmigo y con mi hermana.

Tampoco los culpo. Hicieron lo mejor que pudieron, y no es su culpa: nunca eligieron activamente hacerme daño. Nunca sabré si me habrían rechazado si les hubiera dicho la verdad sobre mí.

El único al que se puede culpar es a la oscuridad que hay dentro de mí y a las expectativas sociales que jamás voy a poder cumplir. Simplemente no tengo fuerzas para seguir luchando. Ya no quiero luchar más. Nadie va a venir a salvarme de esto, porque no tengo la valentía de pedir ayuda. Esto es completamente culpa mía, del idiota que ni siquiera pudo ser honesto con su mejor amigo sobre lo asustado que estaba.

Sé que estarás triste, Hikaru.”

No me hagas esto. ¿Te estás escuchando? Te equivocas en todo. Yo te habría apoyado sin importar qué.

“Pero de verdad creo que esta decisión es lo mejor. Podrás vivir tu vida sin mi sombra colgando sobre ti; con el tiempo, seguirás adelante con el amor de tu vida y yo seré un recuerdo dulce y lejano. Mi familia tendrá una preocupación menos. Y yo, por fin, seré libre de mí mismo.

Atentamente tuyo, por siempre,

Yoshiki”

Hikaru apretó la hoja entre sus manos, sujetándola con tanta fuerza que casi le arrancó un pedazo. Una sensación caliente y húmeda le recorrió la mejilla, y vio cómo una lágrima caía sobre el papel, con el texto borroso por lo desenfocada que tenía la vista. El líquido fresco se mezcló con manchas de lágrimas ya secas, visibles sobre la tinta corrida.

El mundo a su alrededor comenzó a desmoronarse, dejándolo en un vacío absoluto. Cuando se puso de pie, sintió como si flotara sobre nubes, a pesar del peso de sus extremidades temblorosas.

Los muebles no eran más que sombras oscuras a su alrededor mientras regresaba por el pasillo aparentemente interminable de la casa de Yoshiki. Sus paredes se sentían sofocantes ahora, sin el chico de cabello negro dentro de ella.

Hikaru no sabía a dónde ir, ni qué hacer. No había ninguna pista de dónde en el mundo podía haber ido Yoshiki.

No pudo sentir el frío cuando tropezó hacia afuera y llegó hasta su bicicleta. Pero sus manos solo se aferraron sin esperanza al sillín para sostenerse, porque no tenía idea de qué hacer. El dolor intenso en el pecho comenzaba a adormecerle los sentidos; no podía ver ni oír nada.

Hikaru no se dio cuenta de que la gente salía de la casa corriendo hacia él con prisa. No oyó ni sintió sus gestos preocupados, sus preguntas desesperadas sobre qué pasaba. Lo que sí sintió fue cómo perdía el equilibrio y vaciaba el contenido de su estómago sobre la hierba congelada, de rodillas. Y después de eso, no hubo nada.


Sonidos y colores sin cuerpo empiezan a filtrarse en el vacío oscuro. Todo palpita, burbujea con un calor agradable.

—Yo... yo...

Hay un escozor más abajo en el cuerpo, en algún lugar de la zona media. La energía se redirige desde el centro retorcido y serpenteante de la existencia hacia músculos desgarrados hechos de carne y sangre, hasta llegar a ese punto donde algo no se siente bien.

La sensación desagradable se desvanece cuando la oscuridad se filtra para llenar cada grieta y desgarro, reparando lo roto, y por primera vez ve su mano frente a sus nuevos ojos con claridad. Todo es brillante, saturado y ruidoso, terriblemente sobreestimulante... pero hermoso. Es demasiado para soportarlo, así que cierra los ojos una vez más, satisfecho al saber que no será la última vez que lo vea así.


Cuando Hikaru despierta, sigue dentro de una habitación blanca y estéril de hospital. Un único cuadro grande decora la pared frente a él: rojos y verdes cálidos y formas oscuras definidas, pero están esparcidas sobre el lienzo de una manera que no logra entender. En los últimos dos días, Hikaru había mirado mucho ese cuadro. No había mucho más que hacer.

Una enfermera pasa por la puerta, y se acerca cuando nota lo perdido que se ve.

Hikaru no logra entender nada de lo que ella dice. Solo cuando de pronto escucha el nombre de Yoshiki, el mundo vuelve de golpe a enfocarse.

Todo lo golpea al mismo tiempo.

El tic-tac del reloj, el pitido distante de máquinas y pacientes tosiendo a lo lejos. Mira directamente a la enfermera y prácticamente le grita: —¿Dónde está?! ¡Quiero verlo!

Hikaru es llevado a otra habitación casi idéntica. La luz que entra por las persianas lo ciega un momento y le duele en los ojos, pero también contrasta con el cabello oscuro del chico que está ahí, sentado en la cama, vivo.

La comisura de su boca se curva en una sonrisa débil, resaltando el lunar debajo de su labio inferior. Hikaru se lanza sobre él y prácticamente lo aprieta como si fuera a sacarle la vida.

—¡Estás aquí! Tú... ¡Ja, Yoshiki!

Hikaru no puede controlar sus impulsos. Le coloca ambas manos en los hombros y las deja deslizarse por su cabello hasta la nuca antes de abrazarlo otra vez. El pelo de Yoshiki huele a hierba fresca y a tierra. Su cuerpo está cálido, tan cálido... y Hikaru puede sentir los brazos del otro chico rodeándolo.

—C-Cuidado, Hikaru... la enfermera dijo que mi hombro aún no se ha curado del todo.

—¿Tu hombro? ¿Qué pasó?

Yoshiki aparta la mirada con timidez, casi como si le diera vergüenza admitirlo.

—Me caí, en el bosque. Pero los doctores dicen que tuve suerte. Llegué hace poco, pero primero tenían que revisarme antes de decírtelo. Hikaru, yo... lo siento por haberte preocupado. Ni siquiera pensé que te ibas a preocupar tanto.

—¡Idiota! Ugh, ¡no, perdón! Pero claro que me preocupé, ¡pensé que estabas muerto! Por favor Yoshiki, a partir de ahora, habla conmigo si algo te está dando vueltas en la cabeza. Entiendo que da un miedo de mierda contarle cosas a los adultos, ¡pero yo soy tu amigo!

Piensa en mencionar esa nota, pero decide que ahora mismo quizá no es el mejor momento para una conversación tan seria.

Hikaru le agarra la mano y la aprieta con fuerza. Los ojos de Yoshiki se abren de par en par ante el contacto repentino, y mira a Hikaru intensamente, completamente sorprendido. Es como si sus ojos estuvieran absorbiendo cada detalle de Hikaru por primera vez en ese instante, pero el chico de cabello blanco lo ignora. Está demasiado eufórico como para pensar con claridad.

—Mi amigo... sí. Me alegra que te importo tanto, Hikaru. De verdad me alegra.

Los ojos de Yoshiki brillan con la luz del sol. Su sonrisa es una de las más genuinas que Hikaru ha visto jamás.

—¡Volvamos a casa pronto, Yoshiki!

—A Casa... tengo muchas ganas de volver.


Dos días después, Hikaru espera emocionado afuera de la casa de Yoshiki temprano por la mañana. El otro chico lleva una chaqueta gruesa, bufanda de lana y gorro cuando se acerca hacia él y su bicicleta.

—¡Ya estás aquí! Te tardaste lo suficiente.

Yoshiki se ríe. Se acerca y, de repente, Hikaru se encuentra dentro de un abrazo que termina antes de que siquiera pueda procesar que está ocurriendo. Se ríe, confundido, y alza una ceja. Yoshiki lo mira como si aquello fuera lo más normal del mundo.

—Bueno, parece que alguien está feliz de verme, ¿eh?

—S-Sí. Y ugh, hace un frío de mierda. Tenía que abrigarme bien o siento que me voy a convertir en un helado. ¿Listo?

—¡Si, vámonos!


Llegan a la escuela más rápido de lo normal, principalmente porque Yoshiki va tan rápido que Hikaru tiene que pedalear con más fuerza de lo habitual. En clase, Hikaru se sorprende al ver que Yoshiki, de alguna manera, había terminado toda la tarea que se perdió en la última semana, a pesar de haber tenido solo dos días para hacerlo.

—¡Guau! Sabes que el profe no esperaba que te pusieras al día con todo eso. ¡Estuviste en el hospital! ¡Esa es literalmente la mejor excusa para ignorar la tarea!

—Ja... supongo que no quería quedarme atrás —Yoshiki suspira—. Pero sí. Fue mucho. Aunque lo disfruté.

—Pfff, ¿eres una máquina o qué?

—¡Tal vez puedas hacer mi tarea también de paso! —interviene Maki, haciendo que Hikaru y Yoshiki griten al mismo tiempo: —¡Ni lo sueñes!

El día transcurre y muchos estudiantes se acercan a Yoshiki para preguntarle cómo está. Hikaru se siente más tranquilo al observar que su amigo parece estar perfectamente bien ahora, diciéndole a todos que simplemente había salido a caminar al bosque y se resbaló después de salirse del sendero por accidente.

Aun así, no puede sacudirse una horrible sensación persistente de preocupación. Hikaru todavía recuerda vívidamente el contenido de esa carta, y se da cuenta de que tarde o temprano Yoshiki probablemente notará que ya no está en la basura. Hikaru... guardó la carta por alguna razón.

De verdad quiere confrontar a Yoshiki al respecto, pero al verlo tan normal y despreocupado, le preocupa que eso pueda traer de vuelta emociones de las que su amigo intenta seguir adelante. Y, después de todo, Hikaru nunca debió ver esa información en primer lugar.

Hikaru siente que sabe demasiado, como si hubiera visto un lado de Yoshiki que estaba destinado a mantenerse en secreto. Pero no es solo lo de querer “desaparecer” lo que lo inquieta profundamente.

Hikaru... realmente quiere preguntarle qué quiso decir Yoshiki cuando habló de tener pensamientos enfermizos y horribles sobre él. Sea lo que sea, y aunque Hikaru tiene una pequeña corazonada, siente que no lo molestaría tanto como Yoshiki asume que lo haría.


Ocurre cuando Hikaru está esperando solo en el pasillo más tarde ese mismo día. Un minuto está mirando su reloj y esperando que Yoshiki termine de salir del baño de una vez, y al siguiente levanta la vista y siente que su mundo entero se detiene en seco.

Una chica alta está bajando las escaleras. Su cabello largo está parcialmente cubierto por un gorro, pero con solo mirarlo, Hikaru puede darse cuenta de que debe ser increíblemente suave y bien cuidado. Su uniforme de invierno se ajusta a su pecho, y su piel se ve impecable a pesar del clima frío. Durante unos buenos diez segundos, Hikaru literalmente se olvida de cómo respirar.

Su cuerpo actúa en automático. Da un paso al frente y abre la boca; las palabras le salen torpes, desbordándose como una cascada:

—¡E-Ey! ¿Aoki-san, cierto?

Ni siquiera recuerda cómo sabe su nombre.

—¿De la clase B? ¡Soy Indou Hikaru!

La chica se gira para mirarlo de frente. Ahora que está tan cerca, Hikaru siente que está completamente fuera de su liga. Tiene pecas claras esparcidas por las mejillas, los ojos grandes, y él sabe que los está mirando directamente.

—¿Hola...? Sí, esa soy yo. Indou-kun... ah, te he visto por ahí.

Hikaru no puede creerlo. Su voz suena preciosa, un poco grave pero melódica, y la forma en que dice su nombre le revuelve la cabeza. Se siente como un completo idiota. Un idiota que está a punto de hacer la cosa más estúpida de toda su vida.

—¡Sí! Eh... me preguntaba si ¿te gustaría hablar conmigo un poco más? Y-yo sé que no hemos hablado antes, pero pensé que tal vez podríamos intercambiar números.

—¿Qué? Yo... eh...

Aoki juguetea con los botones de su uniforme y cambia nerviosa el peso de un pie al otro. Está sonrojada, pero al menos no sale corriendo de inmediato. Así que tal vez esto está yendo bien.

—A-Aquí.

Saca su teléfono y casi se le cae. Por suerte, Aoki finge que no lo vio.

—¿Si está bien?

—¡Sí! No me molestaría. Solo voy a guardar tu contacto como Indou Hikaru —murmura, mientras ambas personas escriben los números en sus teléfonos.

Hikaru se equivoca varias veces al teclear, alargando accidentalmente la interacción. Cuando terminan, intercambian miradas nerviosas, pero hay una pequeña sonrisa en los labios de ella.

—Está bien, Hikaru. ¿Hablamos luego?

Hikaru se queda mirándola mientras ella se aleja con pasos rápidos. No sale de su aturdimiento hasta que Yoshiki le da un codazo en el costado y lo arrastra hacia la siguiente clase.


En los días siguientes, mientras está sentado en clase, Hikaru a menudo siente como si algo le estuviera taladrando la nuca con la mirada. La sensación es inquietante y le recorre un escalofrío por la espalda; lo hace sentirse un poco acosado. Persiste durante todo el día sin importar la hora: sucede en los pasillos, en las aulas e incluso afuera durante el recreo.

Sin embargo, cuando se da la vuelta, por lo general no hay nada... o solo está Yoshiki mirándolo con una pequeña sonrisa nostálgica, quien entonces le hace un gesto con la mano o simplemente sigue a lo suyo. Hikaru teme que quizá solo esté en un estado general de ansiedad desde el incidente.

Así que decide escribirle a Yoshiki a menudo para calmarse. Cada mañana le manda:“¡Buen día, dormilón! Más te vale estar listo para la escuela cuando llegue a tu puerta”, y todos los días le ofrece hacer la tarea juntos para evitar separarse tanto como sea posible. Yoshiki parece apreciarlo, porque está más hablador de lo normal.

Sinceramente, Hikaru no puede creer lo bien que le está yendo la vida en este momento, a pesar de que esa cosa horrible todavía sigue ahí, instalada al fondo de su mente. Además de escribirle a Yoshiki, también decide mandarle un mensaje a Aoki. Su nombre es Saeko... le gusta cómo suena, piensa.

[Ay. ¡Mincey se ve tan tierno en esa foto! Amo a ese pequeñín, pero solo me deja acariciarlo cuando tengo comida.]

Ella responde así a una foto que él le envía para romper el hielo.

[Igualmente. A él le encanta mi mejor amigo, pero a mí me ha arañado unas cuantas veces. Tal vez simplemente soy pésimo acariciando gatos, ja,ja,ja.]

[Sí, yo también. ¡Pero yo tengo un perro! ¿Tú tienes mascotas?]

[No. La verdad nunca lo he pensado mucho. Tristemente no se me dan bien los animales.]

Hikaru piensa profundamente. De alguna manera, necesita dirigir la conversación hacia cierta dirección. Ser directo funcionó la primera vez, así que...

[Oye, Aoki, me preguntaba... ¿vas a salir con alguien en San Valentín?]

El corazón de Hikaru empieza a latir más rápido en cuanto presiona enviar. Esto es estúpido, esto es estúpido, esto es...

[No, nadie me ha invitado :c ¿Tú... estás intentando invitarme?]

Hikaru quiere estrellar el teléfono contra la pared de la emoción. Ok. Sé normal.

[Más o menos, o sea... ¡si tú quieres! Sé que no nos conocemos mucho, pero salir podría cambiar eso.]

[Eso me hace muy feliz :) ok, pensemos en un lugar para ir juntos.]

En ese mismo instante, Hikaru se siente como el primer humano abriendo la compuerta del cohete para dar el primer paso del hombre en la luna. Un millón de fuegos artificiales celebratorios estallan en su cerebro, tan fuertes que no puede escuchar nada más que sus propios pensamientos.

Tiene que contárselo a Yoshiki.


Es fin de semana y están pasando el rato en la habitación de Yoshiki. Pequeños copos de nieve bailan afuera de la ventana, derritiéndose rápido sobre el vidrio por el calor del interior. Yoshiki está sentado justo al lado del calefactor eléctrico, sin inmutarse por cómo su cuarto, lenta pero seguramente, se está convirtiendo en una sauna. Hikaru baja su manga para mirarlo, con los ojos entrecerrados en dos líneas finas.

—Oye... ¿no crees que ya hace bastante calor aquí? Estoy sudando como loco.

Yoshiki se espabila y enseguida baja un poco la potencia, pero no lo suficiente como para que se note.

—¿En serio? Siento que todavía tengo frío.

—Je... tu percepción de la temperatura está medio rara este invierno. Vas a empeorar el calentamiento global con toda esa electricidad que estás usando.

—No bromees con el calentamiento global —dice, completamente serio.

—Diooos, mira quién no aguanta una broma. Oye, Yoshiki, préstame una de tus camisetas. La mía está asquerosa, la usé en clase de educación física hace rato.

Yoshiki suspira. —Está bien, apestoso. Pero solo porque no quiero tener que olerte... —murmura con un tono divertido, y camina hacia su armario.

Hikaru se prepara levantándose la camiseta por la cabeza y decide quitarse también la camiseta interior, ya que está incluso más empapada de sudor.

Yoshiki se gira hacia él y al instante deja caer la prenda al suelo. Tose, se agacha para recogerla y se cubre ambos ojos mientras se la entrega. Hikaru lo mira con una confusión absoluta.

—¿Qué te pasa? Esta no es la primera vez que me ves sin camiseta, literalmente fuimos a nadar como diez veces el verano pasado.

—Y-Yo lo sé. ¿Y? Tal vez simplemente no quiero ver a un tipo desnudo ahora mismo.

Yoshiki sigue mirando hacia otro lado, con una mano acariciándose la cara. Se le nota un leve rojo en las mejillas y está claramente nervioso por esto. Hikaru se queda boquiabierto.

—Oye... ¿desde cuándo tienes un problema con los tipos desnudos? Estás bromeando.

—¡No! Solo ponte la camiseta.

Hikaru hace lo que le dicen, despacio. Esa sensación molesta en el estómago vuelve: ese dolor punzante que no deja de recordarle lo que descubrió en la habitación de Yoshiki. Quizá este es un momento horrible para sacarlo a la luz, pero tal vez también sea la única oportunidad que tendrá, si logra decirlo de la forma correcta. Allá va.

—Para ser sincero, yo como que asumí que te gustaban los hombres. Porque nunca pareces interesado en las chicas ni en esas cosas.

Hikaru se encoge de hombros, intentando dejar muy claro lo poco que le importa.

Pero Yoshiki se gira hacia él de una forma increíblemente intensa. Tiene el horror escrito en la cara. Está pálido, salvo por el rubor rojo oscuro, descarado. En vez de parecer alguien acusado de algo malo, parece alguien al que acaban de descubrir. Hikaru siente que dio en el clavo. Y, de alguna manera, no se siente raro. Yoshiki es Yoshiki. A Hikaru no le importa realmente quién le atraiga o quién no.

—Oye, no te estoy acusando de nada, yo solo... estoy bien con eso, ¿sí? Hasta te dejaría mirar mis increíbles abdominales si quieres —dice, guiñándole un ojo.

Su patético intento de aliviar la tensión falla casi de inmediato. Yoshiki se agarra la cara con las manos. Está todo menos tranquilo: rígido, incómodo.

—No tienes abdominales, y no soy gay, Hikaru. Tal vez no salga con nadie, pero tampoco es como si tú hicieras mucho de eso. Déjalo, ¿sí?

—Pero, ¡yo nunca te odiaría por algo así, lo ju...!

—Reaccioné de más, pero no soy... solo para. Lo digo en serio. —Yoshiki no lo dice con rabia. Suena más ansioso que otra cosa, así que Hikaru lo deja. Aun así, toda la interacción lo hace sentir mal. Tal vez el hecho de que él sea aceptante no es una solución fácil para los problemas de Yoshiki; eso sí lo entiende.

La siguiente hora la pasan en un silencio incómodo, hasta que la mamá de Yoshiki los llama para cenar. Hikaru no vuelve a mencionarlo.


Así que eso es lo que piensas, ¿eh...?

Un dedo recorre la línea de su mandíbula en el reflejo de un espejo. Lleva la punta hasta debajo de su ojo, tocando el pequeño lunar. Por alguna razón... mirar esas diminutas imperfecciones en su rostro hace que la tristeza le suba al pecho. Pero es diferente de la tristeza que sintió cuando Hikaru le dijo aquello. La tristeza que provocaron las palabras de Hikaru era más pura, casi visceral.

Sintió que si no discutía, si no se defendía, todo se acabaría y él se haría pedazos en un millón de fragmentos. Quedaría dañado de forma irreversible, y la vida que había llegado a conocer terminaría.

La idea de que todo lo que es quede expuesto, desnudo, para que otra alma lo vea... es aterradora.

Pero yo, yo no he vivido esta vida por mí mismo. No quiero que me odie. Él dijo que no me odiaría, pasara lo que pasara.

Quiere creerle al chico que brilla como una luz, mucho más cegador que cualquier otro ser en este mundo.

En este mar de almas y espíritus, quiere que esa luz sea su guía. Este cuerpo, lo que es físicamente, no puede vivir sin esa luz; y tampoco puede hacerlo la cosa que compone sus entrañas inhumanas. Es una verdad absoluta que puede sentir en lo más profundo de su mente.

Así que necesita mantenerse fuerte y reprimir esta hambre dentro de él. Todavía no entiende esa fuerza poderosa que lo impulsa, nacida de sus partes humanas, pero sabe que podría amenazar con arruinarlo todo.

Continuará...

Chapters
1. Capítulo 01
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