Chapter 1
Ranma Saotome había recibido un beso de Mikado Sanzenin cuando se había convertido en mujer estaba asqueado por ése beso pues se sentía muy hombre había salido de la casa de los tendo su prometida akane estaba haciendo ejercicio como todos los días.
Ranma sabía que su amigo y rival ryoga estaba acampando no muy lejos de allí haci que decidió hacerle una broma y lo fue a visitar.
Ryoga le dijo que quería si venía a burlarse de él como siempre.
En ése momento Ranma lo beso en los labios.
Ryoga se quedó estático por aquel beso.
Ryoga, tras quedarse como una estatua de piedra por cinco segundos, finalmente reacciona.
Su cara se pone de un rojo tan intenso que parece que va a explotar.
La reacción de Ryoga: "¿¡P-P-Pero qué te pasa, Ranma!?", grita mientras retrocede tropezando con su propia tienda de campaña.
Su sentido de la orientación se activa por el pánico y termina corriendo en círculos dentro de un arbusto.
La lógica de Ranma, viéndolo así, suelta una carcajada nerviosa.
"¡Ja! ¡Ves lo que se siente! Un idiota llamado Mikado me hizo eso y quería ver si era tan molesto como parece. ¡Y por tu cara, veo que sí!"
El giro: Justo en ese momento, Akane, que había salido a correr por la zona, sale de entre los árboles y solo alcanza a ver a Ranma alejándose de un Ryoga colapsado.
Resultado: Akane malinterpreta todo, pensando que Ranma está molestando cruelmente a Ryoga (o algo peor), y el "Maldito Ranma" vuela por los aires junto con un mazo gigante.
¡Esto se está poniendo cada vez más enredado! La reacción de Ryoga es clásica: su nobleza y su timidez lo hacen entrar en un cortocircuito mental.
Ryoga se levantó del suelo, todavía aturdido.
El golpe de Akane a Ranma había sido tan fuerte que el chico de la trenza ya era solo una estrella brillante en el horizonte.
Sin embargo, Ryoga no sentía la satisfacción de ver a su rival derrotado; solo sentía un calor abrasador en las mejillas.
Akane se acercó a él, guardando su mazo y limpiándose el sudor de la frente con una expresión de preocupación.
— ¿Estás bien, Ryoga? —preguntó ella, suavizando el tono—.
Ranma es un idiota, no sé qué le pasa hoy.
Primero sale de la casa con una cara de asco terrible y luego viene a molestarte a ti.
¿Qué te hizo esta vez? ¿Se burló de tu orientación otra vez?
Ryoga la miró, pero sus ojos estaban desenfocados.
En su mente, la imagen del beso se repetía como un disco rayado.
"Me besó... Ranma me besó... ¡¿POR QUÉ ME BESÓ?!", gritaba su subconsciente.
— Yo... esto... —balbuceó Ryoga, llevándose una mano a los labios.
— ¿Ryoga? —Akane ladeó la cabeza, confundida por el silencio de su amigo.
— Lo siento, Akane... tengo que pensar en algunas cosas —soltó de repente, con la voz quebrada.
Sin esperar respuesta, Ryoga agarró su mochila y su paraguas. Dio media vuelta y echó a correr a toda velocidad en dirección opuesta a la ciudad.
Por supuesto, a los diez metros ya se había perdido y terminó subido a la copa de un árbol en lugar de salir del bosque, pero su corazón no dejaba de latir a mil por hora.
Mientras tanto, en el patio de los Tendo...
Ranma aterrizó de cabeza en el estanque de agua fría de la casa.
Con un sonoro ¡Puff!, una chica pelirroja salió del agua echando humo por las orejas.
— ¡Maldita Akane! ¡Ese golpe no era necesario! —gritó Ranma (mujer), saliendo del estanque.
En ese momento, Nabiki salió a la terraza con una cámara en la mano y una sonrisa maliciosa.
— Vaya, Ranma. Me han contado que fuiste a buscar a Ryoga para algo muy "especial" —dijo Nabiki mientras revisaba unas fotos borrosas que había tomado de lejos—.
No sabía que estabas tan desesperado por quitarte el mal sabor de boca de Mikado que ibas a usar a Ryoga de experimento.
— ¡Cállate, Nabiki! ¡Solo fue una broma! —exclamó Ranma, aunque por dentro empezaba a sentirse peor.
La cara de shock de Ryoga no salía de su cabeza—. Además... ese tonto de Ryoga se quedó ahí parado como un tronco.
¡Ni siquiera se defendió!
Ranma se sentó en el borde del pasillo, sintiendo una confusión extraña.
Había querido humillar a Ryoga para sentirse "más hombre" tras lo de Mikado, pero ahora, siendo mujer de nuevo, el recuerdo del beso se sentía... diferente.
Ryoga está perdido en algún tejado, convencido de que su rivalidad con Ranma ha tomado un giro que no entiende, y Akane empieza a sospechar que algo muy raro pasó entre esos dos.
¡El caos mental de Ryoga ha llegado a su punto crítico! Fiel a su estilo, ha pasado de la confusión total al descubrimiento más inesperado en medio de un parque que, por supuesto, no tiene idea de cómo llegó ahí.
Ryoga estaba sentado en una banca de un parque desconocido (que en realidad era el parque que estaba a la vuelta de la casa Tendo, aunque para él era una tierra lejana y misteriosa).
El viento soplaba, pero él no sentía el frío; solo sentía el fuego en su rostro.
Cerró los ojos y, en lugar de ver el camino de regreso, las imágenes de su pasado con Ranma empezaron a desfilar como una película.
Los días en la escuela Recordó a Ranma saltando por los pupitres, siempre tan ágil, siempre tan lleno de energía.
El entrenamiento Aquellos músculos tensos bajo el sol, la determinación en su mirada y esa sonrisa arrogante que siempre lo sacaba de quicio... pero que ahora recordaba con un detalle alarmante.
Ryoga visualizó a Ranma bajo el agua, la forma en que el agua resbalaba por su espalda...
Ryoga se cubrió la cara con ambas manos, emitiendo un gemido de desesperación.
— No puede ser... —susurró para sí mismo, mientras los niños del parque lo miraban con curiosidad.
Ranma es mi rival. Es un engreído, un tramposo... ¡y es un hombre! (Bueno, la mayor parte del tiempo).
Pero el beso seguía quemando en sus labios. No había sido el beso de una chica, había sido el beso de Ranma, y eso era lo que hacía que su corazón martilleara contra sus costillas como un Bakusai Tenketsu.
— ¿Acaso... me gusta Ranma? — se preguntó en voz alta.
Mientras tanto, Ranma (ahora de nuevo en su forma de chico tras un baño de agua caliente) caminaba por los techos buscando a Ryoga.
Se sentía extrañamente inquieto.
— Ese tonto de Ryoga... —gruñía Ranma—.
Se pierde hasta para ir al baño, seguro que ya está en otra ciudad. Solo quería ver su cara de idiota, no que se pusiera todo sentimental.
De repente, desde lo alto de un muro, Ranma divisó una figura familiar en una banca.
Era Ryoga, que parecía estar teniendo una crisis existencial.
Ranma saltó y aterrizó silenciosamente detrás de la banca.
— ¡Oye, Ryoga! —exclamó Ranma con su tono arrogante de siempre.
¡Deja de esconderte! Vine a decirte que... bueno, que te quites esa cara, que solo fue una broma para...
Ryoga se puso de pie de un salto, girándose tan rápido que casi golpea a Ranma con su mochila.
Sus ojos estaban muy abiertos, brillantes y completamente desenfocados.
— ¡Ranma! —gritó Ryoga, con la voz un octavo más aguda de lo normal.
— ¡¿Qué te pasa?! Parece que viste a un fantasma —dijo Ranma, retrocediendo un paso ante la intensidad del otro.
Ryoga lo miró fijamente.
Miró sus ojos, luego sus labios, y luego volvió a sus ojos.
El silencio se volvió extremadamente incómodo.
— Ranma... —dijo Ryoga, dando un paso hacia adelante con una seriedad que asustó al propio Saotome—.
Tengo que comprobar algo.
La tensión entre los dos rivales finalmente estalló en un caos de sensaciones que ninguno de los dos pudo controlar.
El parque, que hace un momento parecía un refugio de soledad para Ryoga, se convirtió en el escenario de una escena que desafiaba toda lógica de su rivalidad.
Un Duelo de Sensaciones
Cuando Ryoga rodeó la cintura de Ranma con fuerza, no había duda ni vacilación en sus movimientos.
Fue un impulso nacido de años de frustración, persecuciones y un sentimiento que acababa de cambiar de nombre.
Al sentir la lengua de Ryoga, Ranma abrió los ojos de par en par, sus manos quedaron suspendidas en el aire, listas para empujar al eterno perdido y lanzarlo al otro lado de la ciudad.
Pero no pudo.
El calor que emanaba de Ryoga, la intensidad de su desesperación y la extraña familiaridad de estar tan cerca del único hombre que lo conocía tan bien como él mismo, hicieron que la guardia de Ranma se derrumbara.
Los ojos de Ranma se cerraron lentamente.
Sus manos, que antes estaban tensas, bajaron hasta los hombros de Ryoga y luego se enredaron en su cabello, tirando de él para profundizar el contacto.
El instinto:Para Ranma, todo en la vida era una competencia, y en ese momento, sus instintos de lucha se transformaron en pasión.
Si Ryoga iba a besarlo así, él no se iba a quedar atrás.
Correspondía cada movimiento con la misma fuerza, convirtiendo el beso en un duelo de respiraciones entrecortadas.
Después de lo que parecieron horas, pero solo fueron minutos de puro fuego, se separaron apenas unos centímetros, jadeando.
Sus frentes se tocaban y el vapor parecía salir de sus ropajes debido a la temperatura corporal.
Ranma fue el primero en reaccionar, con el rostro más rojo que su propia camisa.
— Ryoga... tú... —Ranma intentó sonar amenazante, pero su voz salió débil y temblorosa—.
¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?! ¡Se supone que esto era una broma!
Ryoga no retrocedió. Aún lo sostenía de la cintura, y su mirada, usualmente llena de melancolía o rabia, ahora brillaba con una determinación nueva y peligrosa.
— No parece que te estuvieras riendo, Ranma —respondió Ryoga con la voz grave, sin soltarlo—.
Si querías burlarte de mí, te salió el tiro por la culata.
Porque ahora... ahora no voy a dejar que te escapes con una simple risa.
El Peligro Acecha
Mientras el ambiente seguía cargado de electricidad, un sonido metálico se escuchó a pocos metros.
— ¿Ranma? ¿Ryoga? —
Era la voz de Akane.
Estaba parada cerca de unos arbustos, con una bolsa de compras en la mano.
La sombra de los árboles no le permitía ver con total claridad, pero estaban lo suficientemente cerca como para que el escándalo comenzara en cualquier segundo.
Ranma entró en pánico total.
Su instinto de supervivencia se activó.
— ¡Escondeos! —susurró Ranma, pero en su torpeza por separarse, tropezó con una raíz y arrastró a Ryoga con él hacia un matorral justo cuando un aspersor del parque se encendía...
¡Puff! ¡Puff!
En medio de la confusión, el agua fría los alcanzó a ambos.
Ahora, en el suelo y ocultos de Akane, no estaban dos chicos, sino una chica pelirroja y un pequeño cerdito negro con un pañuelo amarillo.
Ranma (mujer) miró a P-Chan, que estaba sobre su pecho mirándola con ojos suplicantes y el corazón todavía latiendo con fuerza.
— Ay, no... esto no puede ser peor —susurró la pelirroja, cubriéndose la boca mientras escuchaba los pasos de Akane acercarse.
La atmósfera en ese rincón apartado del parque era sofocante.
El vapor del agua caliente aún flotaba en el aire, y tras el sonido del agua cayendo, el silencio que siguió fue casi doloroso.
Ranma, ya en su forma de chico, evitaba mirar a Ryoga a los ojos; se rascaba la nuca, sintiéndose por primera vez en su vida sin una respuesta rápida o un ataque de artes marciales para salir del paso.
— Ryoga... yo... de verdad, lo de la broma fue una idiotez —murmuró Ranma, con la voz inusualmente suave—.
Solo estaba enojado por lo de Mikado y...
Pero Ryoga no quería disculpas.
Dio un paso firme hacia adelante, acortando la distancia que Ranma intentaba mantener.
Sus ojos no tenían rastro de la timidez habitual.
— ¡No me importa la broma, Ranma!—exclamó Ryoga, con una intensidad que hizo que Ranma se tensara—.
Ese beso... lo que sentí no fue una broma. Mi corazón no entiende de chistes.
Ahora estoy enamorado de ti... ¿Qué vas a hacer al respecto?
La Encrucijada de Ranma
Ranma retrocedió hasta que su espalda chocó contra el tronco de un gran cerezo.
Estaba acorralado, no por la fuerza física de su rival, sino por la honestidad brutal de sus palabras.
El dilema:Ranma siempre se había definido por su rivalidad con Ryoga y su compromiso (forzado pero real) con Akane.
Sin embargo, el recuerdo del beso ardiente de hace unos minutos seguía quemándole la memoria. No podía negar que había correspondido con la misma pasión.
La reacción: Ranma bajó la mirada, su rostro estaba tan rojo que parecía que iba a entrar en combustión espontánea.
— No puedes decir esas cosas tan a la ligera, pedazo de tonto... —dijo Ranma, apretando los puños—. Somos rivales. Se supone que debemos pelear hasta que uno caiga, no... no hacer eso.
— ¡Pues peleemos entonces! —retó Ryoga, agarrando a Ranma por las solapas de su camisa—.
Pero si gano, vas a tener que admitir que tú también sentiste algo.
¡No puedes besarme de esa forma y luego decir que no significó nada.
Un Testigo Inesperado
Mientras la tensión crecía, una risita cínica y familiar se escuchó desde lo alto de una rama.
— Vaya, vaya... Esto es mucho más valioso que cualquier foto de Ranma vestido de chica.
Era Nabiki Tendo. Estaba sentada cómodamente, con su cámara lista y una sonrisa que solo significaba problemas financieros para alguien.
— Si Akane se entera de que su prometido y su "mascota" favorita tienen este tipo de... sesiones de entrenamiento, creo que el compromiso se cancelaría en un segundo —comentó Nabiki, guardando la tarjeta de memoria en su bolsillo—.
Aunque, por el precio adecuado, podría "perder" estas fotos.
Ranma y Ryoga se separaron de un salto, ambos entrando en pánico por razones distintas.
— ¡Nabiki! ¡No es lo que parece! —gritó Ranma, volviendo a su modo defensivo habitual.
— ¡No te atrevas a involucrar a Akane en esto! —rugió Ryoga, recuperando su paraguas.
Nabiki simplemente saltó al suelo con elegancia.
— Tienen diez minutos para decidir qué van a hacer antes de que llegue a casa y le enseñe esto a mi hermana... o antes de que ustedes dos decidan si van a seguir peleando o van a terminar lo que empezaron en el matorral.
Esta historia continuará








