Capítulo 1
Toowoomba, Australia (Tiempo atrás)
Derek observaba con atención a la chica concentrada en su libro de estudio. Cualquier cosa en ella le inspiraba molestia. No importaba lo genuina que pudiese lucir, incluso si estaba de perfil, o los pequeños hoyuelos que se formaban en sus mejillas al sonreír. Nada de eso tenía relevancia.
Su nariz respingada y las pecas cubriendo gran parte de ese lado de su rostro —el cual Derek podía observar sin ningún problema— solo le hacían sentir más enojo hacia ella. Para él, cargar con el segundo lugar no era una opción aceptable, y ver a Hannah en el puesto número uno le fastidiaba el ego todos los días.
Existían muchas cosas que no podía soportar. Una de esas era que, no importaba si Hannah llegara a clases con una expresión de desconcierto, nadie tendría ningún problema si actuara de una forma extraña. De todas formas, ninguno se atrevería a hacer críticas de mal gusto hacia la joven.
Odiaba saber el hecho de que ella fuera la mejor de la clase. Siempre quiso superar esa verdad pero jamás tuvo éxito por sus propios méritos.
Después de un tiempo, en donde siempre envidió a Hannah, y gracias a sus constantes acosos y amenazas, ella finalmente había aceptado realizar todos los trabajos de él y su grupo de amigos. Se aprovechó de su soledad y debilidad para lograrlo.
Derek Holmes era uno de los chicos más importantes de la Universidad llamada "Southern". Ocupaba el segundo lugar de los mejores estudiantes, pero eso para él no era suficiente.
Siempre se decía a sí mismo que debía lograr ser el número uno a toda costa, sin importar sobre quién tuviera que pasar. Desde hacía mucho tiempo pensaba en alguna buena estrategia para que Hannah le cediera su puesto sin ningún problema, pero nada llegaba a su cabeza.
La maestra de Economía finalmente terminó con su clase. Todos se levantaron de sus asientos disponiéndose a salir del salón. Hannah Stone terminaba de guardar sus libros en su mochila para retirarse como todos lo hacían.
Derek la observó; sus ojos de color café oscuro analizaban cada una de sus acciones con sigilo. Era consciente de que lograba intimidar fácilmente a cualquier persona, y Hannah no era la excepción.
Cuando todos se retiraron del lugar, él caminó hasta su asiento. Hannah no terminaba de arreglar sus cosas, y se aprovechó de ello.
Derek golpeó su asiento fuertemente llamando su atención de inmediato. Los ojos avellana de la chica lo miraron con miedo al caer en cuenta de su presencia.
—Aún no has cumplido con tu trabajo —dijo en un tono cargado de egocentrismo.
Hannah tomó su bolso y lo colocó en su brazo para luego levantarse con rapidez del asiento sin devolverle la mirada otra vez. Su plan era marcharse sin prestarle atención, pero no pudo huir de la forma que esperaba.
—¡Suéltame! —ordenó la muchacha en voz alta.
Derek había tomado su brazo con excesiva brusquedad. La arrinconó hacia la pared más cercana.
—Escúchame bien —indicó con enojo—. Siempre lo has hecho y ahora no te vas a negar. ¿Por qué no puedes seguir haciéndolo como siempre? ¿Piensas decirle a alguien? —preguntó.
Hannah se quedó observándolo por varios segundos, sintiendo miedo al comprobar todo el enojo que causaba en él.
—Porque si es así, te juro que esto tendrá consecuencias, Hannah. Sabes quién soy, sabes lo que necesito de ti y si no sigues haciéndolo, juro que se convertirá en algo más que simples amenazas.
—No lo haré más —replicó.
—¿En serio? —preguntó con burla—. ¿Qué harás para evitar que siga obligándote? ¿Le dirás a alguien?
—Me estás lastimando —se quejó.
—Tú solo eres una chica ingenua, estás sola, no tienes a nadie que pueda ayudarte. ¿En serio crees que alguien te creerá?
Derek la miró. Odiaba cuando alguien no hacía lo que deseaba.
Luego de varios segundos la soltó. Pudo notar las lágrimas a punto de salir de sus ojos.
—Tú no vas a dejar de realizar mis deberes —la señaló con el dedo índice—. No estoy jugando, Hannah, ten cuidado con lo que haces.
Salió del salón dando un fuerte portazo.
Ella llevaba mucho tiempo haciendo lo que él quería, y no permitiría que se negara. Necesitaba seguir teniendo trabajos de calidad, y era Hannah quien debía dárselos.
—¡Derek! —Escuchó a alguien llamarlo.
El muchacho rodó los ojos al darse cuenta de que la persona que lo llamaba era Cody, un chico bastante irritante y sin gracia.
—¿Qué es lo que quieres ahora? —preguntó con fastidio.
—Nada, no deberías alterarte —aconsejó.
Derek lo miró, sintiendo su paciencia llegar a su fin al percatarse de la sonrisa que llevaba en el rostro.
—He visto lo de Hannah.
Derek suspiró al recordar cómo Hannah había tenido la osadía de negarse nuevamente.
—¿Y? —preguntó con desinterés.
Cody no se rendía. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con el fin de formar parte del grupo de Derek y dejar de ser visto como un cero a la izquierda en la universidad. Sabía que las buenas calificaciones no bastaban para alguien de su condición social, y Derek era su única oportunidad para destacar.
—Puedo ayudarte si deseas —propuso.
—¿Ayudarme en qué?
—Para que deje de negarse.
—¿Tú? —preguntó en tono de burla.
Derek se rió con ironía al escuchar las palabras de Cody.
Pronto el resto de amigos del muchacho se unió. Todos los miraban; jamás eran ignorados, cualquiera se moría de envidia por estar en el lugar de alguno de ellos.
—Derek —dijo un joven. La sonrisa que llevaba se borró al notar la presencia de Cody—. ¿Qué haces hablando con este tipo?
La pregunta había ocasionado enojo en Cody, quien tuvo que reprimir su molestia. Él pensó que no era conveniente ponerse en contra de ellos.
—Hannah se ha vuelto a negar a darme el trabajo —dijo Derek ignorando su pregunta anterior.
—¿De qué estás hablando?
—Me has escuchado, Sam —masculló sin paciencia.
—Derek, Hannah nos entregó esta mañana todo el trabajo.
La mirada del moreno cambió al escuchar la confesión de su amigo.
—¿Cómo es posible que a ti no? —preguntó alguien más.
—No lo sé, Robert, es como si de pronto ya no me tuviera miedo.
Cody, quien permanecía no muy alejado del grupo, escuchaba con atención.
—No lo entiendo, la chica está sola, se dice que su único tutor solo la ve de vez en cuando y tiene el suficiente miedo hacia nosotros como para no hacer lo que queramos —especificó otro joven.
Derek se apoyó en la pared mientras mantenía su mirada en el techo.
—Yo tampoco lo entiendo —musitó el moreno después de varios segundos de incómodo silencio.
Todos se quedaron callados. Cody, por su parte, mantenía una idea en su mente que le pareció la oportunidad perfecta para demostrar de qué era capaz.
—Quizá debas darle un susto.
Los jóvenes llevaron sus miradas hasta la persona que acababa de hablar.
—¿Tú sigues aquí? —cuestionó alguien con fastidio.
Cody se resistió al terrible impulso de rodar sus ojos ante la pregunta que resultaba ofensiva en cierto punto.
—Derek, Hannah tenía miedo de ti, la intimidabas con tus amenazas y por eso hacía lo que querías. Ahora ya no teme de ellas porque no las pones en práctica.
—Oh, cielos, vete de aquí —dijo otro chico.
—Cierra la boca, Chase —ordenó Derek.
Chase lo observó sorprendido por su orden.
—¿A dónde quieres llegar con eso?
Cody sonrió ante la interrogante de Derek.
—Pues debes asustarla con algo que asegure que tengas las mejores calificaciones, incluso por encima de ella. Tú siempre has sido el segundo en todo, ¿por qué no ser el primero de ahora en adelante?
El resto de chicos pertenecientes a aquel grupo miraba a Cody con curiosidad.
—Bien. ¿Qué es lo que propones?
—Una noche en un cementerio.
La risa de todos inundó el pasillo excepto la de Derek, quien permanecía con su boca cerrada. Muchas miradas curiosas de algunos que pasaban por el sector hicieron presencia.
—¿Estás bromeando? —preguntó Sam.
—Estoy hablando con seriedad —replicó.
—¿Por qué estás proponiendo eso?
—Mi padre trabaja en uno.
Cody se sintió ofendido al percatarse de que habían olvidado que era hijo de un conserje de cementerio, pero usó esa desventaja a su favor.
—Oh, eres el hijo de un conserje, ¿cierto? —preguntó Derek con interés.
El joven asintió con la cabeza.
—Ok, fue suficiente, genio —dijo Sam entre risas—. ¿Cómo la dejaremos allí sin que nadie lo note?
—Para empezar: el lugar está apartado de la ciudad, no existe ningún medio de seguridad allí al ser relativamente nuevo, no hay nada que nos pueda delatar. Además, no es como si fuéramos a asesinar a alguien, es solo una broma que llegará a su fin por la mañana —explicó.
Sam abrió sus ojos con leve sorpresa que quería ocultar; no esperaba aquella respuesta de alguien como él.
—Supongo que alguien se hace cargo de ese lugar —intervino un joven que no había pronunciado palabra alguna antes.
—Ian, mi padre está de viaje, no hay manera de que alguien más esté allí. El dueño de ese lugar suele ir a mitad del día; para ese entonces, Hannah estará lo suficientemente asustada y decidida a dar el lugar que le corresponde a Derek en esta universidad.
—Derek, ¿sabes lo que pasaría si Hannah habla? —preguntó Ian.
—Hannah no hará nada —recalcó Cody.
—Derek —dijo Ian en tono de advertencia.
Derek sonrió al recordar la fiesta que les esperaba en casa de Sam. Sus padres vivían viajando y eso era una ventaja para ellos; asistirían muchísimos estudiantes de la universidad.
—¿Crees que vaya esta noche?
La pregunta de Derek hizo suspirar a Ian.
—Escuché que su amiga Ashley la convencía. Es su mejor amiga, tal vez la única, no creo que se niegue; además, irán muchos estudiantes.
Derek sonrió satisfecho.
—No creo que una chica como ella asista a fiestas así, a menos que alguien importante se lo sugiera; recuerda que ninguno de nosotros somos de su agrado —dijo Ian.
—Ella irá, lo sé. Puedo ayudarlos si me dejan, tengo un muy buen plan, Hannah no volverá a negarse.
Sam se rió de él nuevamente, creyendo que su plan era tonto.
—No creo que le asuste —dijo Robert.
—Es una chica indefensa. ¿Por qué no la asustaría?
Hannah pasaba en esos momentos por el pasillo; su cabello rubio estaba recogido en una coleta. Derek la observó con desprecio. La joven se percató de ello y apresuró su paso.
Derek observó a Cody mientras reía en su mente; el chico estaba dispuesto a todo por ser aceptado, y él era capaz de cualquier cosa por conseguir lo que quería.








