Prólogo
Jeon Jungkook y Park Jimin siempre habían ocupado el centro de atención. Desde la primaria, pasando por la secundaria y hasta la universidad, dondequiera que los colocaran, ambos destacaban. Eran los populares, los que atraían miradas, susurros y envidias. Sin embargo, había algo extraño, algo que nadie lograba explicar del todo: ellos no mantenían una relación, ni amistad, ni nada que se le pareciera.
Era extraño para muchos. Su círculo social, después de todo, mantenía relaciones sexuales entre ellos con cierta naturalidad, intercambiando parejas y confidencias. Más nunca se había visto a Jungkook y Jimin juntos, entablando una conversación o algo parecido. Ni siquiera un saludo casual en los pasillos. Existían en órbitas paralelas, cercanos en distancia, lejanos en todo lo demás.
A Jimin no le importaba tener una amistad con Jungkook. Prefería no tenerla, de hecho. Los rumores que rodeaban su presencia eran suficientes para mantenerlo a una distancia prudente. No se trataba del típico “el todas mías”. Eran rumores que no terminaban, que se arrastraban de semestre en semestre, de fiesta en fiesta. Solo se sabía que las chicas que tenían sexo con él desaparecían. No porque las matara —nadie había afirmado algo tan extremo—, sino porque decían cambiarse de universidad, de ciudad y hasta de país si podían. Se esfumaban, dejaban de responder mensajes, borraban perfiles. Y no había nadie que asegurara algo concreto. Solo rumores.
“Tal vez la tiene pequeña”.
“Tal vez es malo en la cama”.
“Debe ser un psicópata”.
“Las golpea, porque solo con mujeres sale”.
Y esos eran solo unos. Así que Jimin prefería mantener una distancia. No se sentía ni atraído, aunque Jungkook era perfecto. Alto, pelinegro, musculoso, sexy, guapo. Además, era capitán del equipo de fútbol americano de la universidad. En simples palabras, era “perfecto”. Pero estaba lleno de rumores que no eran tan agradables.
En cambio, a Jungkook sí le deseaba a Jimin. Lo deseaba desde hacía tiempo, con una intensidad silenciosa que nunca había intentado traducir en acciones. Prefería mantenerse lejos de él. Si se acercaba, si cruzaba esa línea, Jimin podría huir como todas las demás. No las culpaba. Entendía el motivo, aunque nunca lo había verbalizado. Pero no quería que Jimin formara parte de esos rumores. No quería ver cómo su nombre se unía a la lista de los que desaparecían después de una noche con él.
Jungkook conocía a Jimin desde el jardín de niños. Habían sido compañeros de clase hasta que iniciaron la universidad. Mientras Jimin estudiaba danza, él estudiaba contabilidad; debía prepararse para tomar el puesto de su padre. Lo vio crecer, desarrollarse, tener pareja, sufrir su primer corazón roto. Todo. Todo. Observó desde la distancia cómo Jimin se convertía en el joven que ahora era: gracioso, talentoso, imposible de ignorar. Pero jamás hizo el intento de acercarse. Aunque ambos pertenecían a las familias más poderosas del país, aunque sus caminos se cruzaban una y otra vez en eventos sociales, en fiestas de mutuales conocidos, en los mismos clubes nocturnos, Jungkook se contenía.
Hasta que una noche, coincidieron como muchas veces más en un club por culpa de sus amigos. La música retumbaba, las luces parpadeaban en tonos rojos y azules, y el alcohol fluía con generosidad. Jimin siempre encontraba algo o alguien en quien distraerse. Jungkook, por su parte, siempre encontraba con quién tener sexo. Pero esa noche en especial, algo cambió. Surgió una conversación entre ellos. Simple al principio. Un comentario sobre la canción que sonaba. Una respuesta inesperada. Luego otra. Y otra más. Dejaron a sus amigos algo sorprendidos; nadie dijo nada, pero las miradas se cruzaron con curiosidad. Esa noche no tuvieron sexo. No hubo besos, mucho menos caricias. Solo conversaron de todo y de nada: de la universidad, de sus familias, de lo absurdo que resultaba compartir el mismo círculo social durante tantos años sin haber intercambiado más de un saludo forzado. Intercambiaron números. Y algo surgió. Algo pequeño, frágil, peligroso.
A partir de ese momento, Jimin tomó el valor de averiguar qué era lo que escondía Jungkook. Quería saber por qué quienes tenían sexo con él huían. Empezó a prestar atención a los detalles, a las medias verdades que circulaban entre sus amigos, a los silencios incómodos cuando alguien mencionaba el nombre de Jungkook en cierto contexto. Por su parte, Jungkook solo esperaba poder tener sexo con Jimin… y que este no huyera al saber el motivo por el cual todas huían. El miedo lo acompañaba cada vez que respondía un mensaje, cada vez que aceptaba quedar para un café, cada vez que la conversación se prolongaba más de lo habitual. Porque por primera vez en mucho tiempo, no quería que alguien desapareciera.
El destino es incierto. A veces todo vale la pena. Y Jimin lo supo aquella noche, cuando, entre la respiración agitada y el calor de dos cuerpos que por fin habían dejado de girar en órbitas separadas, de sus labios salió la frase que lo cambió todo:
“Este dolor sí me gusta, Jeon”.
Espero les haya gustado 💗
Esto será un one shot, solo publicado en oplot(una página) e inkitt.
Esto surgió porque me quedé sin datos y ví los videos sin conexión de tiktok, me salió y video de un episodio del programa “Caso Cerrado”, me gustó y pos esto salió.
El nombre lo dice todo. Todo. Googleen 👀
Esta “temática” ya la había leído pero en el género de fantasía y eso no me gusta, aquí hay pura realidad, nada de Jungkook demonio o algo así.
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