1- El eco de los aplausos y el polvo del camino
El destello de los reflectores solía ser el único sol que Myyu conocía. Para el resto del mundo, ella era la superestrella del pop que llenaba estadios, la voz impecable que sonaba en cada estación de radio y el rostro perfecto que adornaba espectaculares en las metrópolis más grandes. Pero detrás del maquillaje de alta definición y los trajes diseñados a medida, Myyu era una mujer exhausta, atrapada en una jaula de cristal que cada día se volvía más estrecha.
Esa noche, sin embargo, el problema no era el agotamiento habitual. Era algo mucho peor.
En el camerino del estadio principal de la capital, el aire estaba cargado de tensión. Su mánager caminaba de un lado a otro, mientras sus tres mejores amigas y miembros de su equipo de confianza -Charlotte, Sonya y Becky- observaban las pantallas de vigilancia con rostros sombríos.
-Esto cruzó la línea, Myyu -dijo Charlotte, cruzándose de brazos. Su postura era firme, la de alguien acostumbrada a gestionar crisis de alto nivel-. Ya no son solo paparazzis molestos ni admiradores intensos. El sujeto violó la seguridad del hotel ayer y hoy encontramos esto en tu coche.
Charlotte arrojó sobre la mesa de centro un sobre negro con notas escritas a mano, fotografías tomadas a corta distancia y amenazas explícitas. El acosador que llevaba meses siguiéndola había dejado de ser una sombra distante para convertirse en una amenaza real e inminente.
-La policía dice que tomará tiempo rastrear las notas -intervino Becky, ajustándose las gafas mientras revisaba su tableta-. La mejor opción, la única lógica en este momento, es que desaparezcas del mapa. Sin redes sociales, sin presentaciones, sin apariciones públicas por unos meses.
-¿Desaparecer? -Myyu suspiró, dejándose caer en el sofá de cuero. Se pasó las manos por el rostro, sintiendo el peso acumulado de semanas sin dormir-. Tengo una gira programada, lanzamientos...
-Nada de eso importa si no estás a salvo -sentenció Sonya de forma tajante-. Hablé con la familia de un contacto en el norte. Tienen un rancho aislado, lejos de las carreteras principales y de cualquier radar mediático. Es un lugar pequeño, dedicado a la agricultura y a la cría de caballos. Nadie te buscará allí.
Apenas unas horas después, el glamour de la ciudad quedó atrás. Tras un viaje nocturno en una camioneta de vidrios polarizados, las cuatro amigas dejaron la autopista principal y se adentraron en un camino de tierra flanqueado por colinas verdes, árboles frondosos y el olor penetrante a tierra mojada.
Para Myyu, el paisaje resultaba tan ajeno como si hubiera desembarcado en otro planeta.
La camioneta finalmente se detuvo frente a una vieja propiedad de madera y piedra, rodeada de corrales y sembradíos que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. El sol apenas comenzaba a asomarse por el horizonte, pintando el cielo de tonos anaranjados y violetas.
Al bajar del vehículo, Myyu estiró sus piernas cansadas. Vestía pantalones de diseñador, botas de tacón alto totalmente inadecuadas para el barro y gafas de sol oscuras a pesar de la penumbra matutina.
-Bienvenidas al Rancho San Isidro -anunció Sonya, respirando el aire fresco del campo-. Tranquilidad pura–
Antes de que Myyu pudiera responder, el sonido de cascos de caballo acercándose a gran velocidad interrumpió la conversación. Una figura desmontó con destreza de un imponente caballo azabache a pocos metros de ellas, levantando una nube de polvo que cayó directamente sobre el equipaje de marca y los zapatos de Myyu.
-¡Hey! ¿Se puede saber qué hacen estacionadas a mitad del camino de carga? -exclamó una voz firme y rasposa-
Myyu tosió ligeramente, quitándose las gafas de sol para encarar a la intrusa. Frente a ella estaba Chanya.
Chanya vestía jeans desgastados, una camisa de franela a cuadros con las mangas arremangadas, botas de trabajo cubiertas de lodo seco y un sombrero que cubría parte de su cabello despeinado. Su piel estaba tostada por el sol y sus ojos oscuros la miraban con una mezcla de fastidio e impaciencia. Era una campesina de pies a cabeza, alguien que trabajaba la tierra desde el amanecer y que claramente no tenía tiempo para sutilezas.
-Disculpa -dijo Myyu, alzando la barbilla con su habitual aire de diva refinada-. No sabíamos que el camino tenía dueño absoluto. Además, tu caballo acaba de arruinar mis maletas con ese polvo.
Chanya soltó una carcajada irónica, cruzándose de brazos mientras la examinaba de arriba a abajo, deteniéndose en sus tacones y su ropa de alta costura.
-¿Tus maletas? Por si no te has dado cuenta, princesita de ciudad, esto es un rancho de trabajo, no una pasarela de moda. Si vas a estar atravesada en el paso de los animales, el polvo va a ser el menor de tus problemas.
-¿Princesita? -Myyu dio un paso al frente, indignada. Nadie le había hablado así en años-. Soy una invitada. Deberías mostrar un poco más de respeto o al menos de cortesía básica.
-Aquí el respeto se gana trabajando, no con aires de grandeza ni con trajes caros -replicó Chanya, dando un paso hacia ella para no dejarse intimidar, la diferencia de postura y la firmeza de la campesina hicieron que Myyu diera un leve paso atrás, aunque mantuvo la mirada clavada en la suya-. Si son las invitadas que mi familia esperaba, la casa principal está al fondo, pero dejen sus exigencias de fin de semana en la entrada, porque aquí nadie va a servirles el desayuno en la cama.
Chanya tomó las riendas de su caballo y caminó hacia los establos sin volver a mirarlas, dejando a Myyu echando humo de rabia a mitad del camino.
-Qué mujer tan intolerable -masculló Myyu, limpiando frenéticamente una mancha de polvo de su chaqueta-
Charlotte y Sonya intercambiaron una mirada divertida, mientras Becky sonreía de lado.
-Bueno -comentó Charlotte, acomodándose el bolso-, dijiste que querías algo diferente a los admiradores que solo te adulan y parece que encontraste exactamente lo opuesto.
-No la soporto -sentenció Myyu con firmeza-. Y espero no tener que cruzarme con ella durante el tiempo que estemos aquí.
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¡Hola a todos! Me alegra muchísimo tenerlos aquí en el inicio de esta historia. Si aman los romances enemies to lovers, las segundas oportunidades y la calma del campo mezclada con un toque de peligro y tensión, llegaron al lugar correcto.
Acompañen a Myyu y Chanya (¡junto a sus inseparables amigas!) en esta travesía donde el amor florece despacio y entre botas de lodo.
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Sin más que agregar... ¡ajústense el sombrero y disfruten del primer capítulo!








