Gorditas de nata
México estaba bastante tenso. Le tocaba recibir a su vecino del norte en su territorio.
No es que México no fuera cálido ni hospitalario. Solo que la actitud que tenía USA en cada visita lo ponía con los nervios de punta.
Siempre con sus lentes de sol que no le dejaban leer bien los gestos de su vecino.
Les tocaba hablar nuevamente sobre los temas migratorios y las medidas de seguridad.
Ya se imaginaba lo pesado que se pondría el gringo..
La hora se la junta llegó, y ahí estaban ambos países de traje y corbata.
Cada uno en su extremo de la mesa acompañados por un séquito de políticos a sus espaldas.
Y la "Diplomática" conversación dio inicio.
Iniciaron cerca de las 2.00pm y habían terminado hasta las 8.45 de la noche.
Todos estaban agotados de los gritos y negociaciones sin sentido.
No habían llegado a ningún acuerdo que los convenciara a los dos.
México estaba harto, molesto con USA y su gobierno. Tan acaloradas fueron las negociaciones qué ni dejaron entrar a los meseros.
Y que México se había esforzado planeando un banquete para recibir a sus "invitados"...
Aun que por otro lado...
—Estoy muy cansado... ¿Me puedo ir a dormir?
—Claro, hoy hizo un gran trabajo, si lo seguímos presionando va a ceder en algún punto.
—... Como sea— por un momento quiso objetar, pero decidió callar. No tenia ganas de seguir escuchando los gritos de aquellos humanos con delirios de grandeza.
En su lugar se retiro hasta el cuarto que el Mexicano le había asignado en aquel hotel de lujo.
—so big... — checo la hora de su celular, casi las 9. Sin perder más el tiempo se dio una ducha de menos de 10 minutos. Ya se quería quitar todo el gel y la laca qué le daban esa forma cuadrada a su cabello.
Según los humanos así "imponía más respeto"
Pero a él no le gustaba.
En su lugar ahora su cabello tenía una suave y esponjosa textura ondulada y un olor a shamppo de chocolate y avellana.
Se vistió casual, una sudadera con gorro color salmón y unos panst calentitos negros. Tomó su cartera y se escabullo de aquel hotel de lujo.
Tenía hambre. Mucha hambre.
Pero no quería nada de aquel hotel de lujo. No por que la comida no fuera de su agrado. Pero era muy parecida a la que hacían algunos restaurantes mexicanos 5 estrellas en su territorio.
Quería algo diferente.
Algo más simple...
Cuando llego a las calles las recorrió en busca de algún olor que llamara su atención. La noche era bastante fría. Y las ofertas en las calles mexicanas no escaseaban.
Tacos al pastor, puestos de tortas de cesina, fonditas qué estaban cerrando, hamburguesas callejeras a pie de coladeras, puestos de elotes asados al carbón, Hot dogs, puestos de garnachas..
El gringo siguió caminando, pero no fue hasta que un dulce olor a vainilla captó su atención.
Se acercó a un pequeño puesto de una señora de edad avanzada, que les daba vuelta a unas pequeñas masas redondas en un comal rectangular y tenía varias de esas pequeñas masitas cosinadas en bolsas de plástico.
—Buenas noches joven.
—Buenas noches señito. ¿Cuanto cuestan? —
—25 pesos la bolsita de gorditas y 35 las empanadas. —
—¿me da una bolsita de gorditas? —
—Ten mijo, esta, es la más calientita— la señora le extendió al country una bolsita qué aun tenía el vapor condensado de los panecitos dentro.
—¡Gracias! — eso le había alegrado muchísimo la noche al de 50 estrellas. Pagó y rápido fue por un café al oxxo más cercano. Se quedo en una plaza comiendo su cena.
Aun que estaba solo, se sentía a gusto. La calidez de esa señora y el detalle de darle la Bolsa más calentita de aquellos manjares esponjoso, se había sentido como un apapacho a su corazón.
Cuando termino paso con la misma señora y compró otros dos paquetitos más.
Luego de eso el gringo volvió muy contento a su cuarto.
Al menos esa noche se había podido salir con la suya.
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Ya había escrito otras historias, pero por situaciones personales tuve que hacer una nueva cuenta. Hace mucho que no escribo... Así que espero que quien lea esta historia... Le sea de su agrado.








