Crisis En Tierra X: The Bleached Cut by Broken's Dark Fantasies at Inkitt
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Crisis en Tierra X: The Bleached Cut

Summary

Tierra 10, el mundo donde El Gran Reich Alemán ganó la 2da Guerra Mundial, ha invadido y conquistado Tierra 21, un mundo donde el progresismo se alzó con el poder. La tensión política y social explotara en todos los ámbitos; incluso el sexual. Versión extendida de Crisis en Tierra X de Wattpad centrado en las interacciones sexuales de diferentes personajes.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

#1: Cuando el Amor vence al Odio

Mónica Rambeau se encontraba en su celda, leyendo un libro para intentar apaciguar su aburrimiento. Purpura Profundo era el título que se leía en la portada.

Overman ingresó a la habitación, y les ordenó a los dos soldados que se retirasen. Spectrum lo observó y sintió un frio temor recorrer su columna, pero también una extraña sensación de añoranza surgir en su estómago.

—Hola, Mónica.

—Hola, Overman —dijo la mujer, poniéndose en pie—. Creí que no volverías. No después de... lo que paso, la última vez.

La mujer desvió con vergüenza la mirada, como si se sintiese incapaz de recordar aquella situación tan bizarra como intima.

—Creo que es correcto que hablemos de eso. Pero primero quería mostrarte esto —dijo mientras apoyaba un periódico contra el cristal.

—Washington ha caído ante el Reich Alemán —leyó la mujer con incredulidad—. ¿Esto es en serio? ¿No es un periódico falso para probarme?

—Es real, Mónica. Ellis todavía no se rindió, y espero que lo haga pronto. No quiero derramar sangre de forma innecesaria. Solo quiero derramar la suya.

—¿Y qué harás luego de eso? Cuando él se rinda o tú lo mates, ¿qué harás?

—Posiblemente algún gobierno de ocupación temporal. Deberé buscar alguien en este país que sea confiable y logre guiarlos. ¿Tienes alguna sugerencia?

—Nadie que vaya a ayudarte —dijo con desanimo la mujer—. ¿Y qué pasara conmigo? ¿Ya me dejaras ir?

—Es... más complicado que eso, Mónica.

—¿Qué lo hace tan complicado? ¿Qué soy negra? ¿Qué Los Vengadores no nos someteremos ante unos nazis? Oh, disculpa. Nacional socialista, porque si digo nazi al nazi se siente ofendido.

—Sí, es ofensivo —respondió algo molesto el kryptoniano—. Pero empiezo a encontrarle la gracia a tus improperios y a tu actitud desafiante.

—Vaya. Pues me alegra ser una mascota tan divertida.

—No eres una mascota, Mónica. Jamás te consideraría algo así.

—Entonces responde qué es lo que hace tan complicado mi liberación.

—No es por tu color, sino por la amenaza que representan para el orden que queremos implantar. Pero no negare que el hecho de que seas negra si incomoda a algunos de los científicos del Reich.

—¿Por qué no me sorprende?

—En mi mundo, la población negra se extinguió antes de que surgiera alguno con poderes. Pero en tu mundo hay varios metahumanos y mutantes de raza negra. Eso está provocando debates sobre nuestro puesto como raza superior. Y sobre el puesto de tu raza como inferior.

—¿Y cuál es exactamente tu posición en todo esto?

Overman abrió ligeramente los ojos, como si la pregunta lo tomara por sorpresa. Logró mantener su compostura, pero en el fondo esa pregunta lo había perturbado.

—Debo mantenerme imparcial hasta que los científicos lleguen a una conclusión.

—No me hables como político, Overman. Quiero saber tu postura personal con respecto a esto. Con respecto a nosotros... a nosotros, los negros. Necesito saberlo.

Overman guardó silencio unos minutos, y luego movió la cabeza hacia un costado. Se concentró en usar su súper oído para estar seguro de que nadie en la cercanía lo escuchaba.

—Ya no sé si los negros son una raza inferior. Ya no sé si la raza aria es realmente la superior. Los negros y los blancos no pueden mezclarse, eso es incorrecto. Pero he visto que este mundo no piensa igual, y conocí gente que me prueba que estoy equivocado. Soy el Führer, y hay cosas sobre las cuales debo permanecer firme. Sin importar lo que yo... sienta. Pero ya no sé ni siquiera qué es lo que siento.

Para sorpresa de Mónica, Overman agachó la mirada en un claro gesto de vulneravilidad. Se lo quedó mirando fijamente, tratando de discernir cualquier pista sobre lo que realmente estaba pensando detrás de esas palabras cuidadosamente medidas. Había una tensión palpable en el aire, una energía subyacente que ella no podía ignorarla por completo.

—Entonces, ¿por qué molestarse en mantenerme con vida, si realmente crees que los negros somos tan inferiores? ¿Por qué pasar por todo este problema? ¿Por qué insistes en venir a hablar conmigo?

Overman suspiro antes de alzar la mirada hacia Mónica.

—Porque no es parte de nuestra política el exterminio de los tuyos. Los judíos, los criminales y los degenerados, son menos que animales. Son quienes verdaderamente corrompen la sociedad. Ustedes no.

Overman intentaba aferrarse a su ideología. Tenía miedo de terminar de soltarse. Pero sus palabras parecían omitir algo. Su declaración se sentía incompleta.

—¿Qué buscas al venir a hablar conmigo? —preguntó con temor, sin saber si quería una respuesta.

—A pesar de estar en veredas opuestas, admito que eres una buena mujer. Fury me dice lo que yo quiero escuchar, pero luego planifica mi caída a mis espaldas. Tú, me hablas de frente y te atreves a contradecirme. No solo eres poderosa físicamente, sino también en carácter. No quiero ser irrespetuoso, pero me siento fascinado por ti.

Spectrum escuchó las palabras de Overman, y sintió un leve calor en sus mejillas ante el inesperado cumplido. Desvíó la mirada, intentando ocultar su reacción, aunque su corazón dió un vuelco traicioneramente.

—No... no digas cosas así. Esto complica aún más la situación —dijo en medio de un profundo suspiro, empezando a frotar sus sienes mientras caminaba.

— ¿Por qué piensas que lo complica? — reguntó, mientras con su súper oído escuchaba atentamente los latidos se la mujer.

—Porque...porque no debería sentir nada más allá de la repulsión por ti y tus ideologías odiosas. Pero hay algo en ti que me hace cuestionarlo todo...

— ¿Y qué es lo que hay en mi qué te hace cuestionarlo todo? — preguntó con interés, observando detenidamente las reacciones y expresiones de su contraria.

Mónica miró fijamente a Overman, con ojos verdes llenos de incertidumbre y conflicto interno. Sacudió ligeramente la cabeza, tratando de deshacerse de los pensamientos traidores que amenazan con nublar su juicio.

—No lo sé, ¿está bien? No quiero sentir nada más que repugnancia por ti y tus horribles creencias. Pero...

—Sientes algo más. Algo que te atrae, ¿no es cierto?

Con cierto temblor en su mano, Overman tecleó unos botones y abrió el cristal, ingresando con cautela en la celda. Mónica se extemeció y dio un paso hacia atras. Sentía que su corazón iba a explotar en su pecho.

—Dime la verdad.

—No sé lo que siento... Todo esto es tan confuso. Sé que tus creencias son erradas y peligrosas, pero...

Mónica se mordió el labio con evidente tensión. No quería hablar. Quería salir volando de aquel lugar y evitar aquella situación.

—Solo dilo, Mónica, como te salga. No te juzgaré ni le diré a nadie. Esta conversación quedará entre nosotros.

Spectrum tomó una respiración profunda, cerrando los ojos por un momento antes de abrirlos nuevamente para enfrentar la mirada penetrante de Overman. Su cabeza luchaba contra el torbellino de emociones contradictorias dentro de ella.

—No puedo negar que hay una parte de mí que... que siente cierta conexión contigo.

El varón tragó saliva. Toda imagen de poder y autoridad se veía atravesada por el claro deseo que invadía sus ojos. Deseaba a Mónica, y era imposible ocultarlo.

—Y sientes que eso está mal

La vengadora sintió un escalofrío recorrer su piel al percibir el deseo evidentemente escrito en los ojos de Overman. Da otros pasos atrás hasta chocar con la pared de la celda, atrapada entre la piedra fría a su espalda y la poderosa presencia masculina ante ella.

—Sí...sabes que está mal. Absolutamente mal. No deberíamos... no podemos...

Overman no logró controlarse y tomó suavemente del mentón a Mónica, haciéndola que eleve la mirada y sus ojos se conecten. El fuerte cuerpo del hombre se encontraba a unos pocos centímetros de la mujer.

—No, no podemos. Las razas... no deben mezclarse. Por más que yo quiera, por más que el deseo atraviese mi corazón... no debo...

A pesar de la negativa en sus palabras, Overman no podía evitar aproximar su rostro al de Mónica.

La mujer sintió el calor que irradia el cuerpo de kryptoniano mientras se inclina hacia ella, su gran figura casi envolviéndola. Se le cortaba la respiración, el pulso se le acelera mientras lo miraba con ojos muy abiertos y llenos de dudas. Todos sus instintos le gritaban que lo aleje, pero una atracción irresistible la mantenía clavada en el sitio.

—No deberíamos...

—Tal vez soy un demente, o un enfermo —dijo el Führer, no pudiendo evitar acercar todavía más su boca, quedando a escasos centímetros una de la otra—. Pero te deseo tanto...

Mónica sentía el calor irradiando de aquel cuerpo, envolviéndola como un aura ardiente. Sus pezones se pusieron duros bajo su traje, resaltando a la vista como evidencia de su propia excitación traicionera.

—No podemos hacer esto...

Overman se llenó de valor, y por primera vez en mucho tiempo actuó sin pensar. Le dio un apasionado beso en los labios, mandando al demonio todas sus creencias en aquel momento. Se abrazó al cuerpo de la mujer, sintiendo sus pechos y su calor, lo cual solo aumentaba su deseo. El cuerpo curvilíneo de la negra se refregaba con desesperada necesidad contra los músculos del supremacista.

Rambeau correspondió el beso con la misma intensidad, dejando escapar un suave gemido ahogado contra los labios de Overman. Sus manos se alzaron para enredarse en su cabello con desesperación.

—Por Dios, Overman... Esto es una locura...

—Lo sé — murmuró cuando sus labios se separaron—. Si ellos se enteran que yo...

El varón no quiso seguir hablando. Volvió a arremeter contra aquellos labios, mientras una de sus manos se posaba sobre la cintura de la mujer. Sus lenguas chocaron, y sus cuerpos se prensaron en un encaje perfecto. Las manos del kryptoniano la recorrían, ansiosas y descaradas, enviando descargas de placer que acrecentaban los gemidos de la humana.

—Es demasiado riesgo... Podrían descubrirnos...

—El castigo solo caería en mi... y no me importa. No ahora.

La ropa estorbaba, y pronto comenzó a caer a los suelos. Ambos sabían que ya no habría vuelta atrás si concretaban lo que tanto deseaban. Jaló un poco del cabello de la mujer para exponer su cuello, comenzando a besarlo con desesperación. Pronto comenzó a formarse una fuerte erección en los pantalones del héroe nacionalista.

Mónica podía sentir la polla de Overman presionando insistente contra su vientre y su propio cuerpo respondiendo con un intenso calor líquido entre sus muslos.

—Dios mío, Overman...

Con el calor entre ambos aumentando cada vez más, el varón sujetó la cremallera de la mujer y empezó a bajarla, descubriendo más y más de su piel morena. No tardó en comenzar a acariciar directamente su abdomen, su cintura, e incluso de meter la mano bajo su sostén. Mónica tembló de placer al sentir las caricias directas sobre su piel desnuda. Gimió roncamente cuando sus sensibles senos comenzarón a ser manoseados. Su cuerpo ardia de deseo, nublando su razón por la intensa atracción física.

—O-Overman... Es arriesgado...

—Soy un enfermo... por desearte de esta manera tan... obsesiva.

Los labios del hombre empezaron a bajar, llegando hasta los pechos de Mónica, los cuales dejó al descubierto. Tomó aquellos senos entre sus manos y empezó a besarlos, prestando atención a sus pezones.

—Si quieres que me detenga... lo haré. No voy a forzarte, por más que te desees.

Mónica gimió con descaro cuando la boca de Overman se cerró sobre su pezón erecto. Los dedos de la mujer se enterraron en el cabello del hombre, sosteniéndolo cerca mientras luchaba por mantener claridad mental a través de la neblina de lujuria.

—No...no te detengas —rogó la mujer, condenando a ambos a su destino—. Quiero esto. Te quiero a ti.

Aquellas palabras eran todo lo que Overman necesitaba escuchar. Chupó el pezón izquierdo de la fémina mientras jalaba con cuidado el derecho, y luego alterno. La piel de Mónica le parecía adictiva, y se aseguró de llenarla de besos y chupones. Pronto tuvo que seguir su camino, y acabó de rodillas frente a la mujer. Su boca había llegado a la parte baja de aquel abdomen, y sus manos comenzaron a bajarle los pantalones.

La respiración de Mónica se volvió más irregular conforme el hombre descendía, y sintió una corriente eléctrica recorrer su columna cuando sus pantalones cayeron. Su cuerpo entero palpitaba con anticipación y necesidad. Miró hacia abajo, viendo cómo los intensos ojos azules de él se clavaban en su piel expuesta, brillando con puro deseo.

—Overman... Debemos tener cuidado.

Overman observó casi hipnotizado el pubis y la vagina brillante de la mujer. Veía sus jugos escurrir por sus muslos y no pudo evitar respirar hondo el olor tan erótico de aquella zona. Estaba algo nervioso, pues nunca había hecho aquello con una mujer como ella. Pero sus deseos eran más fuertes que cualquier intento de su mente racional de tomar el control.

Spectrum lo observó fascinada. Verlo así, de rodillas ante ella, tan vulnerable y entregado a la lujuria del momento, envió un nuevo chorro de humedad entre sus piernas. A pesar de todo, lo deseaba con una intensidad que la asustaba y excitaba al mismo tiempo.

Finalmente, Karl hundió su rostro entre las piernas de la mujer. Su lengua empezó a moverse de arriba a abajo por sus pliegues, mientras sus fuerzas manos se aferraban a las caderas de la joven para mantenerla cerca. Aquel sabor lo estaba volviendo loco. La vengadora gimió y gritó al sentir aquella lengua fuerte explorar su intumidad. Sus dedos se aferraron con un salvajismo impropio en el cabello del Führer, sosteniendo su cabeza con firmeza contra su nucleo palpitante. Era tal la exitación, que Mónica empezó a mover sus caderas para restregar su sexo humedo contra el rostro de su amante.

—¡Sí, joder! ¡Justo ahí, no pares!

Kal-L no pudo evitar gemir mientras devoraba con pasión aquel coño caliente y húmedo. Era irónico pensar que él, un supremacista blanco, se encontraba de rodillas ante una mujer negra y le practicaba sexo oral con ansias. Completamente sometido al oscuro placer, su lengua se internaba tan profundo como podía dentro de aquella cavidad que tanto anhelaba.

—¡Dios sí, así! ¡Voy a correrme! ¡No te detengas!

El varón usó sus poderes y aumento la velocidad de su lengua, moviéndola más rápido y fuerte que cualquier humano. Sentir aquellos jugos orgásmicos invadir su boca y salpicar su rostro fue algo que lo llevó a un nuevo nivel de excitación. Su sabor lo embriago, y lo hacía desear más.

Mónica se aferró a Overman para no caer, quedando completamente devastada por el orgasmo más intenso que jamás experimentó. Su cuerpo entero temblaba violentamente, inundado por oleadas de éxtasis líquido.

—Oh Dios, Overman... Eso fue... increíble —jadeó, abrumada hasta sus extremos.

—Tu coño es exquisito.

El varón se puso de pie, tomando de forma posesiva el rostro de la mujer mientras hablaba.

—Tú, eres lo más delicioso que jamás he probado.

Con su mano libre tomó la de Mónica y la llevó a su miembro palpitante, aún bajo su pantalón. Se podía notar no sólo su dureza extrema, sino que también era notablemente más grande que el de un humano dotado.

La mujer tragó saliva al sentir el impresionante tamaño del miembro de Overman pulsando urgentemente bajo su tacto. Una mezcla de temor reverencial y excitación visceral recorrió su columna vertebral. Saber que había provocado tal reacción en alguien con quien no debería involucrarse solo aumentó su deseo prohibido.

—Carajo, estás muy excitado...

El hombre sacó su virilidad del pantalón y lo apoyó contra el vientre de la mujer. Aquel miembro colosal tocaba hasta por encima del ombligo de la heroína.

—Voy a azotar tu dulce coño como nadie te lo ha hecho en tu vida...

Spectrum miró con incredulidad el enorme pene de Overman presionado contra su vientre. Una parte de ella grita que esto está mal, que se estaban cruzando líneas peligrosas. Pero su cuerpo traidor se estremeció de anticipación y deseo, mojándose aún más ante la promesa de ser llena por esa monstruosidad.

El héroe la tomó de la cintura y la levantó fácilmente del suelo, para poder tener acceso a su vagina. Apoyó la cabeza de su glande y empezó a presionar, penetrando poco a poco a la mujer que lo tenía enloquecido. Su polla se iba abriendo paso con cuidado, pues el varón no quería lastimarla. La vengadora jadeó por la sorpresa y el placer mientras sentía aquel miembro deslizándose dentro de ella. Sus paredes internas se tensaron alrededor del eje invasor, adaptándose gradualmente a su tamaño.

Tras forzar unos minutos aquel coño, Overman finalmente logró hundir todo su miembro dentro de la mujer. Se tomó un momento para disfrutar de aquella sensación mientras la tomaba del mentón.

—¿Soy acaso un enfermo, por haberte deseado desde que te vi? ¿Por sentirme tan atraído hacia ti, a pesar de nuestras diferencias? —preguntó mientras la observaba con ojos llenos de lujuria, pero también un ápice de culpa—. Mira lo que has hecho conmigo. Lo que tu belleza me ha hecho...

Mónica gimoteó y se retorció de placer, completamente llena y estirada por el miembro monumental de Overman. Nunca se había sentido tan plena, tan totalmente poseída. Se sentía increíble a pesar de saber que estaban cruzando límites peligrosos.

—No... No eres un enfermo. Yo también te deseo, aunque no debería ser así.

—Eres... una negra. Una raza inferior y más salvaje.

Las caderas de Overman comenzaron a moverse con lentitud y fuerza. Cada embestida hacia temblar completamente el cuerpo de Mónica, y se hundía hasta su matriz.

—Pero eres la mujer más hermosa que he visto. Solo te deseo a ti. Solo quiero estar contigo, y que este momento sea eterno.

Mónica jadeó y gimió con cada poderoso empuje del miembro de Overman, su cuerpo entero sacudiéndose por la fuerza de sus embistes. A pesar de sus creencias odiosas, no fue capaz de negar lo increíblemente bien que se sentía ser reclamada por él de esta manera tan primitiva.

—¡Ahhh, mierda! No digas esas cosas...

Las poderosas caderas del kryptoniano iban subiendo la frecuencia y la potencia en cada penetración, disfrutando de aquel coño palpitante y los gemidos de la mujer. Overman estaba perdido en su lujuria, incluso con su ideología gritándole que se detuviera. Pero no podía evitar ver a aquella mujer como a la más hermosa y deseable.

—Al carajo, todo —jadeó, entregado al éxtasis—. Tú eres mía, y sólo mía. No me importa nada más.

Mónica se aferró a aquel hombre; a su hombre, con su cuerpo recibiendo gustoso la brutalidad del apareamiento. Gritaba de placer cuando Overman cada que Overman embestía ese punto especial en su interior, nublando su visión y juicio por la lujuria desenfrenada.

—¡Carajo, sí! ¡Más fuerte! ¡Cógeme más duro!

La verga del kryptoniano azotaba sin piedad la matriz de la mujer, sintiendo un placer que nunca había sentido antes. Estaba completamente entregado a la lujuria. Con una mano la abrazó de la cintura mientras la otra mano la apoyó en la pared.

—Quiero que lo digas. Quiero que digas que eres mía y de nadie más.

El coño de la negra apretaba con todas sus fuerzas la verga palpitante del nacionalista con cada poderosa estocada. Sentía que tocaba lugares dentro suyos que nunca habían sido alcanzados antes, enviando ondas de éxtasis por todo su cuerpo.

—¡Soy tuya, solo tuya! ¡No podría pertenecer a nadie más después de esto!

Overman se sentía más poderoso y también más extasiado que nunca. Beso con vehemencia el cuello de Mónica, buscando realmente dejarle una marca con sus chupones. Aquella era su hembra, sin importarle la raza. Y él, era completamente suyo. La vengadora se estremeció al sentir los labios y dientes de su contrario. Un ardor tan agradable se apoderó de su cuello al sentirse marcada. A pesar de todo, se sentía tan débil ante su toque, succionada por la fuerza de su deseo. Su cuerpo se tensó, a punto de alcanzar otro orgasmo.

—¡Overman, estoy tan cerca!

El varón pronto sintió el fuerte orgasmo que la mujer estaba teniendo. Y aquello lo motivo a bombear más fuerte, hasta tener su propia liberación. Grande y espesas descargas de semen rebalsaron el útero y el coño de la heroína, pues el kryptoniano estaba tan cegado por la lujuria que no sacó su miembro a pesar de sentir el orgasmo que se avecinaba.

Ambos gritaron en su éxtasis. Mónica convulsionó descontroladamente mientras sentía el esperma caliente de Overman inundando su útero. La sensación fue abrumadora, la cantidad parecía no tener fin. Su coño no dejó de contraerse alrededor de aquel miembro palpitante, ordeñándolo hasta la última gota.

Overman finalmente se fue deteniendo. Parte de su cuerpo estaba cubierto por el sudor de su pareja, pues él era casi incapaz de sudar a pesar de liberar un gran calor.

—Mónica, eso fue...

El varón fue sacando lentamente su miembro, dejando que una gran cantidad de su semen cayera de aquel coño usado.

La mujer observó con cierta fascinación morbosa cómo un río de sus fluidos combinados se derramaba de su interior, formando un charco obsceno en el suelo entre sus piernas.

—Eso fue... jodidamente intenso.

Para conocer más, lean Crisis en Tierra X en Wattpad.

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