31 Octubre.
Desperté con música de rock pesado, como todos los días.
¿Qué quien era yo?
Samantha Dark, la hija mayor, una hechicera, la heredera de una gran tradición.
Mi cabello estaba algo enmarañado.
Tenía un mechon de color morado y mis ojos eran de color azul cielo.
Mi familia tenía un antiguo linaje de hechiceros, dedicados a proteger a los humanos de las cosas que nadie entiende o son imperceptibles para algunos.
Yo era la siguiente en mantener esa tradición familiar.
Me senté en mi cama pensando que hoy sería la fiesta anual de la abuela.
Mi abuela se encargaba cada año de su " evento de parejas".
Evitaba cada que podía ésa fiesta,al menos los últimos años.
Mi abuela era una vidente conocida, ella podía ver, la última semana de octubre en especial, la unión de las personas.
Y vaya que era muy buena.
Sí,era un poco loco. Ella era muy exacta y respetada entre los hechiceros y algunos normales.
Una vez le pregunté cómo.
Dijo que ella veía el futuro de todas las personas que asistían a su fiesta, así fuera breve. Y eso significaba una cosa : ella sabía quién estaba destinado.
A veces me daba miedo.
Pero nunca me vió con ningún chico,tal vez porque no existía nadie para mí. Al menos no todavía.
-¡Samantha!
- Ya voy - dije bostezando.
No debí desvelarme el día anterior.
Me arreglé un poco el cabello y me lo recogí.
Mi madre tenía el desayuno listo.
- Llamó tu abuela - dijo mi madre - quiere que vayas a la fiesta.
-¿Va a decirme que estoy comprometida?
- Dice que hoy tendrás una sorpresa.
- No hay hombre capaz de seguirme el paso - dije actuando con exageración.
- Siempre hay alguien destinado a ti.
- Ah ya veo, de nuevo dirás lo mismo de todos los años.
- Mi madre predijo que me casaría con tu padre. Ese día lo conocí.
-¿También te dijo que tendrías a una hija torpe y rebelde?
- Nunca te subestimes cariño - dijo mi madre.
- No lo hago. Es que...
- Ese don de adivinar se salta una generación - dijo mi madre.
- Es una maldición - dije frustrada.
-¿Hoy vas a ir a la escuela?
- No lo sé. Tengo que ir a recoger algo.
- No seas dura con tu abuela.
- Debo irme - dije cortante.
Mi hermano pasó a mi lado medio dormido y tiró un florero al verme.
- No estorbes tonta - dijo él.
- Enano - me burlé - ten más cuidado.
Mi hermano gruñó y yo salí.
Mi padre había muerto en circunstancias misteriosas hace seis meses.
Seguía dolida,pero tenía que tomar su lugar tarde o temprano.
Y sus responsabilidades eran algo que comenzaba a pesarme un poco.
Aquel día tenía que recoger el arma de mi padre, para comenzar con mi entrenamiento como sucesora.
Porque la familia Dark se encargaba de vigilar la actividad extra normal.
Caminé distraída y cuándo llegue a mi destino casi choqué con un chico.
- Lo lamento - dije al verlo.
Usaba una capucha,pero éso no impidió que viera su largo cabello castaño y sus ojos verdes.
Sonrió nervioso y entré divagando con el chico que ví.
Por alguna razón me resultó algo familiar, algo que me dejó pensando por unos minutos, ya que no recordaba de dónde era.
Aquella oficina era la encargada de guardar los objetos personales de los hechiceros.
También se encargaba de enviar cosas entre las familias lejanas de hechiceros. Y varios trámites más.
Un aroma a frutas me inundó de pronto. Tuve un fugaz recuerdo, de algo cálido. Todo por un segundo. ¿Era el aroma del chico el que me hizo sentir eso?
Ignoré eso y avancé al mostrador,donde un hombre calvo y regordete me recibió.
- Señorita Dark - dijo el hombre muy amable - ya está listo su paquete.
- Gracias - dije incómoda.
- El chico que acaba de salir preguntó por usted.
- Si me buscaba pudo al menos hablarme - murmuré - ni siquiera lo conozco.
- Estaba muy interesado en sus armas.
-¿Mis armas?
- Tiene unos días que fue transferido por trabajo, al parecer es de una adinerada familia nórdica.
-¿No me diga que va a quitarle el trabajo a mi abuela?- pregunté sonriendo con descaro.
- Oh no, es que parecía muy interesado en usted.
- Que tenga buen día - dije al tomar mi paquete enojada.
Ahora estaba intrigada por ése extraño. ¿Qué buscaba de mi?
Salí antes de que el hombre dijera algo más sobre ese chico.
Recordé que deje algo en mi casillero, el paquete que se supone debí de haber dejado en casa hace dos días.
Maldije por mi retraso,tenía que pasar con la abuela en la siguiente hora.
Caminé apresurada con el paquete y en diez minutos llegué a la escuela.
Todos estaban emocionados con las fiestas de Halloween,por lo que pasé desapercibida para la mayoría.
No es que fuera muy popular,pero trataba de mantenerme al margen de todo.
Abrí mi casillero y me encontré con una nota que decia " No vayas a faltar a la fiesta, usa mi rosa por favor"
Genial,un admirador secreto.
Tomé el paquete y salí de la escuela a las prisas.
Llegué con la abuela a eso de las diez de la mañana.
Había prometido ayudar con la decoración, así que entre con mis llaves.
- Llegas tarde - dijo mi abuela asustandome.
- Olvide algo en la escuela.
- Si, olvidaste traer un hombre - dijo ella pensativa.
-¿Un hombre?- le pregunté riendo nerviosa- ¡Éso no es para mí!
- Eso dices ahora,pero cuando lo conozcas las cosas cambiarán.
-¿Por dónde empiezo? - pregunté mientras le cambiaba el tema.
- Ayúdame a decorar las escaleras y la entrada de la casa.
-¿Vas a decirme cuál el mi sorpresa?
-¿Por qué arruinarla?
- Sospecho que tienes algo que ver con el admirador secreto que quiere verme hoy - le dije seria.
- Hay chicos guapos en la fiesta si es lo que quieres decir.
- Chicos guapos... Nop,paso.
-¿Y qué hay del chico de ojos verdes con el tatuaje?
-¡Lo sabia!- dije emocionada - ¡La sorpresa que se llevará cuándo lo rechacé!
- Apresurate, todavía tienes que regresar a casa - dijo mi abuela.
Suspiré.
¿Así qué era eso? ¿Ése chico me propondría matrimonio?
Porque claro,eso pasaba en las fiestas de la abuela.
Cuándo ella tenía las visiones pasaban varias cosas:
Las parejas formalizaban de inmediato, se comprometían, algunos hacían locuras en los siguientes meses y... Eso terminaba por juntarlos.
También había propuestas de matrimonio entre familias.
Y los más raros, compromisos de matrimonio por acuerdo entre los padres.
La verdad es que esperaba impaciente que ése chico se me acercara para gritar en su cara que no me interesaba.








