Los días sobre las raíces
Desde que me integre al ejército mexicano todo lo que hacía era cumplir con el deber, vaya chistes de la gran mentira. Nunca me considere un patriota, de hecho, lo considero como una gran mentira para hacernos más ignorantes, pero antes, creo que debería presentarme, por algunas razones solo les diré mi alias: Yuri, soy un hombre de 25 años. Soy de piel morena, cabello chino corto. Aunque no se por cuento eso si no va a importar a futuro y debería contar lo que me ha pasado.
Fui militar de los 20 a 23 años, sin embargo, cometí el crimen de deserción militar, comencé a trabajar de sicario independiente, no quería deberle la lealtad a un jefe inestable. Trabajé como protector de figuras públicas, pagaban bien, pero todo cambio cuando fui contratado por el cartel del golfo norte, sabía quienes eran, una organización que se fundo en baja california sur, se expandió con tanta brutalidad que les quito el trabajo a otros carteles, para bien ellos si tenían palabra de no meterse con los inocentes y muchas cosas más, cuando comencé a trabajar con ellos pusieron en duda eso.
Extorciones, trata de personas, trafico de estupefacientes, asesinato selectivo. Aunque lo hacía por dinero y me daba igual el dolor ajeno, admito que eso me hizo mucho dolor mental, era un asesino, pero no soy un asesino de película. Para cual, eso daría igual y al no serle fiel a nadie todos podían usar mis servicios los jefes del cartel no tenían el deber ni la obligación de protegerme o de algo. Eso me jugo en contra, después de un trabajo que terminó en tragedia ahora tenía al cartel del golfo norte buscándome, el ejército y más específicamente la maldita Fuerza Metálica, ya no tenía a donde ir tarde o temprano me encontrarían a matarme o llevarme a una jaula tome lo poco de dinero que tenía y tome un viaje a Japón sería un viaje nocturno.
Creo que las aerolíneas se deberían fijar seriamente en ver que clase de cosas o quienes suben a los aviones, lo digo porque cuatro tipos armados quisieron secuestrar el avión quien diría que los narcos no saben pilotar un maldito avión comercial. Sí, lo estrellaron, me salve a las duras, salí de los restos la oscuridad de la noche no dejaba ver mis heridas, solo sentía un intenso dolor de mis piernas a la mitad de mi cara, creía que iba a morir en ese momento, antes de que aceptara mi destino vi la luz de una camioneta acercándose, cuando desperté tenía de las rodillas al pecho vendado, mis brazos y antebrazos igual; mi cara estaba la mitad de ella vendada. Quería pararme, solo qué, el dolor ese inmenso dolor me lo impedía siendo terco volví a levantarme, pero el dolor no me dejo y me quede de vuelta en la cama. Poco a poco me fui durmiendo sin saber que eso me cambiaria la vida.








